Aquí encontraréis reflexiones, comentarios, oraciones, vídeos... que nos ayuden a vivir en positivo desde la fe, la esperanza y la caridad; como urdimbres de la pastoral sanitaria. Este material versará sobre Pastoral de la Salud, Bioética y Cuidados Paliativos (#PASBIOPAL); siendo ésta una forma de realizar una labor evangelizadora desde la Hospitalidad, como valor del que me he ido empapando a lo largo de los años trabajados con los Hermanos de San Juan de Dios.
miércoles, 15 de mayo de 2013
lunes, 13 de mayo de 2013
domingo, 5 de mayo de 2013
Aborto
sábado, 4 de mayo de 2013
Pascua del Enfermo 2013: liturgia y mensaje de los Obispos
Pascua del Enfermo, 5 de Mayo de 2013
viernes, 3 de mayo de 2013
Escuela de Pacientes
sábado, 27 de abril de 2013
Material Pastoral Bioética Paliativos
Amigos:
He añadido en Dropbox este material, podéis acceder a más títulos relacionados con Pastoral, Bioética y Paliativos en https://www.dropbox.com/sh/de3g28xa9ygwusx/C2rUPaItk1, o pinchando en la imagen de Dropbox que encontraréis en el lateral derecho de este blog.
Los títulos son:
- Guía para profesionales de la salud ante situaciones de duelo, del Servicio Andaluz de Salud: https://www.dropbox.com/s/mlorc5l51y0hrkq/Guia%20para%20profesionales%20de%20la%20salud%20antes%20situacones%20de%20duelo%20-Varios.pdf
- Sobre la muerte y los moribundos, de E. Kübler-Ross: https://www.dropbox.com/s/vtlu18ctneh9z76/Sobre%20la%20muerte%20y%20los%20moribundos%20-%20E.%20K%C3%BCbler%20Ross.pdf
- No tengas miedo. Como superar el temor a la muerte, de J. Christoph Arnold: https://www.dropbox.com/s/rvytpm9vjr30m9u/No%20tengas%20miedo%20-J.%20Christoph%20Arnold.pdf
Espero que sea de vuestro interés, ya me iréis contando.
sábado, 20 de abril de 2013
La pastoral de la salud. Sanación global
Sal Terrae ha publicado recientemente el libro de Arnaldo Pangrazzi: ‘La pastoral de la salud. Sanación global’; este libro, de carácter pastoral, intenta ofrecer prospectivas o ventanas desde las cuales comprender y relacionarse con el complejo mundo de la salud y la enfermedad.
El objetivo de este libro es orecer un marco de referencia general para comprender el significado y el valor de las pastoral de la salud como un componente esencial del testimonio de la Iglesia, tras las huellas de Jesús, médico del cuerpo y del alma.
Los capítulos introductorios enmarcan la pastoral de la salud dentro de la dimensión bíblica, teológica e histórica de la misión de la Iglesia. Se presta atención especial a los sacerdotes como agentes primarios en la sensibilización de la comunidad en el cuidado de los enfermos; su acción será mucho más eficaz si actúan no solo inspirados por el principio de buena voluntad, sino también dispuestos a comprometerse en un camino de formación (a nivel humano, espiritual, pastoral) para servir mejor a quien sufre.
Un enfoque específico del libro consiste en subrayar que la pastoral de la salud no está destinada solo a los enfermos, sino también a las familias, a los profesionales y a la comunidad más grande. Contemplada desde esta perspectiva más amplia, la pastoral de la salud requiere, de parte de los agentes pastorales, creatividad para saber interpretar una variedad de roles según los contextos, habilidades comunicativas para relacionarse bien con las personas, competencia emocional para adentrarse y acompañar el impacto con las fragilidades, capacidad de trabajar en equipo para manejar los múltiples problemas que se presentan, y dinamismo para elaborar e implementar proyectos que encarnen la proximidad de la Iglesia en el tiempo del sufrimiento.
domingo, 31 de marzo de 2013
ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL EN LA ENFERMEDAD
Hace poco escribí este artículo que hoy quiero compartir con vosotros:
Últimamente hay un creciente interés por el tema del «acompañamiento espiritual en la enfermedad»; pero, ¿estamos siendo acompañados?, ¿cuál es nuestra experiencia de acompañamiento?
Si nos paramos y realizamos una relectura de nuestro proceso espiritual, probablemente nos percatemos de que en el camino de nuestra vida los momentos más significativos son aquellos en los que hemos tenido una presencia amiga, unas palabras de ánimo, alguien con quien compartir instantes de desahogos, soplos de alegrías y de tristezas… Y es que, en cualquier camino de fe, sea cual sea nuestra religión, lo maravilloso es vivirlo en comunión, porque es en una relación interpersonal en la que se puede transmitir la experiencia del amor.
Es un verdadero regalo reconocer que caminamos juntos en la apasionante aventura de la vida, es gozoso reconocer que nuestra fe se ha ido alimentando de tantos testigos que con su testimonio han hecho que nos cuestionemos nuestros propios itinerarios; sin embargo, como estamos enfrascados en un mundo de prisas, solemos ser conscientes de todo esto cuando el horizonte de nuestro camino se tambalea por las diferentes heridas en nuestra vida, ya sea por enfermedad, por sufrimiento, por soledad, por abandono, por incomprensión… Y es precisamente en estas circunstancias cuando volvemos nuestra mirada hacia atrás.
Pues bien, ya sabéis que “nunca es tarde si la dicha es buena”, en estas circunstancias lo que necesitamos es sobreponernos a nuestros sufrimientos e incluso resultar fortalecidos por los mismos; estos son los beneficios del acompañamiento. Pero, para ello, necesitamos poder contar con otra persona o personas que nos ayuden a poner las pilas a nuestras linternas, que nos respeten y refuercen en nuestros pequeños-grandes logros, y que nos sostengan en los momentos de falta de luz; es decir, que nos acompañen espiritualmente en las heridas (en este caso la enfermedad) para despertar lo mejor de nosotros mismos, para sacar ese enorme potencial que guardamos en nuestro interior y convertirnos en buscadores de la estrella que alumbre nuestra oscuridad.
En una de las Jornadas Nacionales de Pastoral de la salud nos decían que acompañamiento tiene una relación simbólica con lo que podría ser ‘comer pan juntos’. Pues vamos a ponernos manos a la obra y vamos a utilizar cuatro pasos para cocinar un ‘acompañamiento sabroso’ (imaginaos una ensalada, que es de lo más fácil. Aunque el ejemplo sea un poco burdo, puede servir como analogía para que resulte catequético):
· Conocer los ingredientes: el acompañante (profesional) y el acompañado (enfermo). En este paso, se da como un tanteo, nos saludamos, intercambiamos las primeras palabras… pero a la vez hay que estar atentos a lo que el enfermo es, cómo está, qué hace. Si nos guiamos por la metodología de Jesús, consistiría en el “ver”, un ver que no es superficial, ver también lo hondo del corazón. Que los enfermos sientan el interés que tenemos en querer empezar el camino, y que no queremos huir, por dura que parezca la situación; es decir, aproximarnos.
· Mezclar los ingredientes, que se dé un encuentro verdadero, que el enfermo se sienta acogido en toda su vulnerabilidad, se trata de conocernos un poco más, sería como compartir lo emocional y espiritual, aquí ya habría colaboración, los dos estamos por la labor de seguir el camino juntos. Ya podemos dar un paso más en la metodología de Jesús, poner al enfermo en el centro, como protagonista de su vida, y preguntar, desde el respeto, aunque sepamos la respuesta, para que el enfermo pueda compartir desde la libertad lo que se mueve por dentro. Que vayan sintiendo que el encuentro afectivo se convierte en efectivo; el enfermo siente una mirada amiga.
· Salpimentar al gusto: Es ahora cuando empieza la relación de ayuda pastoral, conocemos los sentimientos, preocupaciones, esperanzas; es ahora cuando se puede dar la confrontación, cuando realmente se hace camino con el enfermo; ya podemos sentarnos a la mesa emocional y espiritual del enfermo, pero, eso sí, teniendo presente que es él quien salpimenta a su gusto, es decir, que vamos a su ritmo, el que acompaña es sólo un invitado. Jesús lo hacía muy bien, Jesús operaba transformación; este paso lo daba desde la escucha y el acompañamiento de los sentimientos y las heridas. Tras conocer al enfermo, encontramos expectativas frustradas, proyectos o sueños rotos, muchas noches en vela, terapias agotadoras, cansancio; y nosotros no podemos curar el dolor, pero sí dialogar, orar, acompañar para confortar, poder transmitir un mensaje de esperanza, guiar en las decisiones éticas, pero siempre intentando ser espejo, ya que no transformamos nosotros, sino que se transforman ellos, son ellos los que van restaurando su vida.
· Presentar en plato bonito, este último paso es acompañar al enfermo en esa apertura al Misterio, si él así lo ha decidido, confirmar y celebrar su vida, hacerle sentir la gracia del Espíritu y proponerle vivir su fe desde Aquel en el que puede encontrar la plenitud. Jesús lo expresaba con pocas palabras: “decid Padre nuestro”.
Ahora bien, no todos pasan necesariamente por estos cuatro pasos, depende de la apertura que tenga el enfermo a la gracia del espíritu; desde la Pastoral y nuestra opción por Dios, se trata de dejarnos hacer por Él, y siguiendo el itinerario de Jesús nos aproximamos, luego acogemos, acompañamos, escuchamos, abrazamos, lloramos… y después de un proceso, si lo vemos oportuno, invitamos a compartir la mesa juntos; para que el enfermo pueda crecer en fe, amor y esperanza, con ocasión de su enfermedad.
Norka C.
sábado, 30 de marzo de 2013
viernes, 29 de marzo de 2013
En esta hora santa queremos estar cerca de ti
Acéptanos, Señor, en tu compañía, déjanos custodiarte y enséñanos a amar al prójimo para amarte a ti.
En estos momentos de nuestra vida, cada uno con nuestra circunstancia, ¿tenemos sueño y preferimos dormirnos, o estamos dispuestos a salir de nuestra comodidad y seguirte con todas las consecuencias que ello implica?
jueves, 21 de marzo de 2013
sábado, 16 de marzo de 2013
Manual de Bioética para jóvenes
martes, 12 de marzo de 2013
Pastoral de la Salud en Facebook
lunes, 11 de marzo de 2013
El lenguaje sobre el sufrimiento
domingo, 10 de marzo de 2013
Definición de Pastoral de la Salud
he encontrado con esta definición de Pastoral de la Salud, ¿qué opináis? ¿creéis que le falta algo?
martes, 19 de febrero de 2013
Discapacidades e inclusión social
Autoestima
- El derecho a ser tratado con respeto y dignidad.
- El derecho a tener y expresar los propios sentimientos y opiniones.
- El derecho a ser escuchado y tomado en serio.
- El derecho a juzgar mis necesidades, establecer mis prioridades y tomar mis propias decisiones.
- El derecho a decir “NO” sin sentir culpa.
- El derecho a pedir lo que quiero, dándome cuenta de que también mi interlocutor tiene derecho a decir “no”.
- El derecho a cambiar.
- El derecho a cometer errores.
- El derecho a pedir información y se informado.
- El derecho a obtener aquello por lo que pagué.
- El derecho a decidir no ser asertivo.
- El derecho a ser independiente.
- El derecho a decidir qué hacer con mis propiedades, cuerpo, tiempo, etc., mientras no se violen los derechos de otras personas.
- El derecho a tener éxito.
- El derecho a gozar y disfrutar.
- El derecho a mi descanso, aislamiento, siendo asertivo.
- El derecho a superarme, aún superando a los demás.
domingo, 17 de febrero de 2013
Via Crucis
Comparto el Via Crucis propuesto por el Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios (para la Pastoral de la Salud), que retoma el tema “Anda y haz tú lo mismo” (Lc. 10,37), para la XXI Jornada Mundial del Enfermo, propuesto por el Santo Padre, haciéndolo motivo de contemplación y de oración en el itinerario que llevó a Jesús a ser en su Cruz Gloriosa el Buen Samaritano que se inclinó sobre los sufrimientos humanos hasta el tormento del máximo abandono y desgarro, para pasar de allí a la gloria de la Resurrección.
- Cuando no acatamos tu voluntad, R. Señor, ten piedad de nosotros.
- Cuando no logramos compartir el sufrimiento ajeno,R. Señor, ten piedad de nosotros.
- Cuando pensamos demasiado en nuestras exigencias, R. Señor, ten piedad de nosotros.
- Por quien es perseguido a causa de su fe. R. Quédate junto a nosotros, Señor.
- Por el enfermo incurable. R. Quédate junto a nosotros, Señor.
- Por quien acepta compartir el dolor ajeno. R. Quédate junto a nosotros, Señor.
- Para que podamos tener tus mismos sentimientos de bondad y misericordia. R. Ayúdanos, Señor.
- Para que podamos evitar todos nuestros tropiezos. R. Ayúdanos, Señor.
- Para que ayudemos a levantarse al hermano que ha caído. R. Ayúdanos, Señor.
- Por todas las madres que han visto morir a sus hijos, y su corazón ha sido atravesado por la espada del dolor, oremos. R. Escúchanos, Señor.
- Por todas las madres que han asistido al extravío moral de sus hijos por la droga, o que han despedazado su vida en el asfalto de las carreteras, para que encuentren la esperanza de un encuentro con ellos en la eternidad, oremos. R. Escúchanos, Señor.
- Por todas las mujeres a las que la enfermedad ha quitado belleza, para que encuentren una nueva luz en el fiat de María, oremos. R. Escúchanos, Señor.
- En ayudar a los hermanos que sufren a descubrir que la cruz que llevan durante un trecho del camino es la misma de la que Cristo es el primer portador. R. Mantennos firmes, Señor.
- En vivir cotidianamente nuestra porción de cruz. R. Mantennos firmes, Señor.
- En ofrecer nuestros pequeños sufrimientos para que enriquezcan la santidad de la Iglesia. R. Mantennos firmes, Señor.
- Señor Jesús, imprime en nuestro corazón el sello de tu rostro. R. Escúchanos, Señor.
- Señor Jesús, danos ojos compasivos para mirar a los hermanos que sufren. R. Escúchanos, Señor.
- Señor Jesús, haz que veamos en cada hombre y mujer la imagen de Tu rostro. R. Escúchanos, Señor.
- Para que nuestra vida esté siempre orientada hacia algo o alguien que le dé sentido. R. Danos tu apoyo, Señor.
- Para que logremos comprender que el bienestar interior proviene de una vida rica en valores, capaz de dar apoyo y de aceptar el dolor. R. Danos tu apoyo, Señor.
- Para que sepamos transformar los momentos de sufrimiento y de desconfianza en ocasiones de crecimiento. R. Danos tu apoyo, Señor.
- Cuando nos falta el valor para proteger a los débiles y a los enfermos. R. Ten piedad de nosotros.
- Cuando no reconocemos que algunas injusticias proceden de nuestra cerrazón e indiferencia por lo que sucede alrededor. R. Ten piedad de nosotros.
- Cuando no colaboramos para crear realidades que nos proponen la justicia y la solidaridad. R. Ten piedad de nosotros.
- Señor, haz que comprender que la comunidad cristiana está viva sólo cuando se abre y se pone al servicio de todos los hombres. R. Escúchanos, Señor.
- Señor, levanta a las familias que han caído en la pobreza y en la desconfianza en el mañana. R. Escúchanos, Señor.
- Señor, te encomendamos a los hombres y mujeres alejados de la fe, atrapados por la enfermedad, a veces incapaces de aceptarla; haz que puedan encontrarte. R. Escúchanos, Señor.
- Te pedimos perdón por la falta de pudor y de dignidad a la hora de custodiar y respetar el cuerpo de nuestros hermanos enfermos y su corazón. Piedad de mí, oh Dios, según tu misericordia; por tu gran bondad borra mi pecado.
- Lávame de todas mis culpas, límpiame de mi pecado. Reconozco mi culpa, mi pecado está siempre ante mí.
- Contra ti, contra ti solo he pecado, lo que está mal ante tus ojos, yo lo he hecho; por eso eres justo cuando hablas, eres recto en tu juicio. He aquí que fui concebido en la culpa, en el pecado me concibió mi madre.
- Pero tú amas la sinceridad del corazón y en lo más íntimo me enseñas la sabiduría. Rocíame con hisopo y quedaré limpio; lávame y quedaré más blanco que la nieve. (Salmo 50,1-9)
- Cuando el dolor nos aparece sin esperanza. R. Intercede, oh María
- Cuando desearíamos un cristianismo sin la cruz. R. Intercede, oh María.
- Cuando desesperamos de la salvación eterna R. Intercede, oh María.
- A quien se siente incapaz de cultivar una vida naciente. R. Dale tu luz, Señor.
- A quien no tiene ningún motivo para seguir viviendo y busca la muerte. R. Dale tu luz, Señor.
- A quien no cultiva, es más, destruye las esperanzas sencillas y cotidianas. R. Dale tu luz, Señor.
- Para que frente a la muerte podamos reelaborar el proyecto de nuestra vida. R. Escúchanos, Señor.
- Para que quien está de luto encuentre la fuerza para superar la separación, y en Ti, Jesús, esté seguro de reencontrarse con sus seres queridos en la comunión eterna. R. Escúchanos, Señor.
- Para que quien está desesperado pueda encontrar consuelo en la fe y fuerza en la esperanza. R. Escúchanos, Señor.
- Para que tengamos el valor de tomar sobre nosotros nuestra cruz y la cruz ajena, para la construcción del Reino de Dios. R. Escúchanos, Señor, fuente de la vida.
- Para que ningún sufrimiento pueda matar la vida que Cristo ha infundido en nosotros mediante la acción del Espíritu Santo. R. Escúchanos, Señor, fuente de la vida.
- Para que comprendamos que la vida la poseemos en plenitud sólo cuando se hace donación de ella. R. Escúchanos, Señor, fuente de la vida.












