Mostrando entradas con la etiqueta Video. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Video. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de marzo de 2017

Magnificat de Juan de Dios. Hno Isidoro de Santiago

"Magníficat de Juan de Dios", realizado por el Hno. Isidoro de Santiago, con motivo de la fiesta de San Juan de Dios. Espero que os guste.



domingo, 31 de julio de 2016

Video Retablo de la Hospitalidad



Video con la dinámica 'Retablo de la hospitalidad' que podrás encontrar ampliado en http://pastoralsanitaria.blogspot.com.es/p/curso-2016-2017.html

sábado, 30 de julio de 2016

Discurso del Papa Francisco en el Hospital Pediátrico Universitario (UHC) de Cracovia


Viernes, 29 de julio de 2016

Queridos hermanos y hermanas:
No podía faltar, en esta mi visita a Cracovia, el encuentro con los pequeños ingresados en este hospital. Os saludo a todos y agradezco de corazón al Primer Ministro las amables palabras que me ha dirigido. Me gustaría poder estar un poco cerca de cada niño enfermo, junto a su cama, abrazarlos uno a uno, escuchar por un momento a cada uno de vosotros y juntos guardar silencio ante las preguntas para las que no existen respuestas inmediatas. Y rezar.
El Evangelio nos muestra en repetidas ocasiones al Señor Jesús que encuentra a enfermos, los acoge, y también que va con gusto a encontrarlos. Él siempre se fija en ellos, los mira como una madre mira al hijo que no está bien, siente vibrar dentro de ella la compasión.
Cómo quisiera que, como cristianos, fuésemos capaces de estar al lado de los enfermos como Jesús, con el silencio, con una caricia, con la oración. Nuestra sociedad, por desgracia, está contaminada por la cultura del «descarte», que es lo contrario de la cultura de la acogida. Y las víctimas de la cultura del descarte son precisamente las personas más débiles, más frágiles; esto es una crueldad. Sin embargo es hermoso ver que, en este hospital, los más pequeños y necesitados son acogidos y cuidados. Gracias por este signo de amor que nos ofrecéis. Esto es el signo de la verdadera civilización, humana y cristiana: poner en el centro de la atención social y política las personas más desfavorecidas.
A veces, las familias se encuentran solas para hacerse cargo de ellos. ¿Qué hacer? Desde este lugar, donde se ve el amor concreto, diría: multipliquemos las obras de la cultura de la acogida, obras animadas por el amor cristiano, el amor a Jesús crucificado, a la carne de Cristo. Servir con amor y ternura a las personas que necesitan ayuda nos hace crecer a todos en humanidad; y nos abre el camino a la vida eterna: quien practica las obras de misericordia, no tiene miedo de la muerte.
Animo a todos los que han hecho de la invitación evangélica a «visitar a los enfermos» una opción personal de vida: médicos, enfermeros, todos los trabajadores de la salud, así como los capellanes y voluntarios. Que el Señor os ayude a realizar bien vuestro trabajo, en este como en cualquier otro hospital del mundo. No quisiera olvidar aquí el trabajo de las religiosas, tantas religiosas, que entregan la vida en los hospitales. Que el Señor os recompense dándoos paz interior y un corazón siempre capaz de ternura.
Gracias a todos por este encuentro. Os llevo conmigo en el afecto y la oración. Y también vosotros, por favor, no os olvidéis de rezar por mí.

PapaFranciso
Prokocim, Cracovia

sábado, 26 de marzo de 2016

Sábado Santo



Sábado Santo, esperando en silencio con María.

Día de desierto, en oración...

Este video te puede ayudar



martes, 27 de octubre de 2015

SAER (Servicio de Atención Espiritual y Religiosa) en Córdoba

Este vídeo es un ejemplo de cómo trabajan los equipos del SAER (Servicio de atención espiritual y religiosa) en los centros de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios, en este caso, se trata de la casa de Córdoba. 
Se trataría de curar no sólo el cuerpo, sino también el alma. De hecho, una de las cosas que nos diferencia del resto es precisamente el trabajo de nuestra Pastoral y la Acogida al Paciente. Es una acción Pastoral que va más allá del enfermo, llegando también a los familiares y a los compañeros.


Video enviado por nuestro compañeros del Hospital San Juan de Dios Córdoba.

domingo, 6 de septiembre de 2015

El poder de la empatía


Si pudieras estar en el lugar del
otro,
escuchar lo que ellos oyen,
ver lo que ellos miran,
sentir lo que ellos viven…
¿los tratarías de otra manera?




domingo, 23 de agosto de 2015

El pato y la muerte



Videocuento 'El pato y la muerte', para niños y adultos. 

Hay una frase que llama la atención: "La muerte le sonrió con dulzura. Si no se tenía en cuenta quién era, hasta resultaba simpática; incluso más que simpática." 

Puedes ir directamente al vídeo o también lo puedes descargar en pdf pinchando en la siguiente imagen



sábado, 13 de junio de 2015

Cuidar al Moribundo

Una enfermedad mortal, como negación de vida, es una amenaza contra el propio ser y sitúa al moribundo en uno de los momentos más importantes y singulares de su existencia, en un tramo final que puede afianzar todos sus logros, que puede rectificar parte de sus limitaciones mejorando al final su proyecto vital, o se puede anular, empobrecer, pervertir o distorsionar toda la coherencia de su vida hasta entonces.

Por esto, es muy importante aprender a dejar morir al enfermo, sin anonadarlo con engaños o distracciones vitales, y, además, ayudarle con un acompañamiento íntimo y leal, que el permita morir en paz, de acuerdo con sus valores y preferencias. Un cuidador cercano, significativo para él –familiar, amigo o sanitario vocacionado-, puede cubrir esta necesidad, y no solo para ayudarle a prevenir los sufrimientos evitables y confortarle en los inevitables, sino, sobre todo, para reforzar su resiliencia, es decir, su capacidad de sobreponerse a fuerzas que tratan de doblegarlo, para que se mantenga entero y firme, ya que esto es lo que capacita al ser humano a hacer una vida sana en un medio insano, como puede ser el profundo dolor moral ligado a la pérdida final, en el caso que nos ocupa.

Solo de este modo el paciente desahuciado podrá terminar su realización personal de una manera más provechosa y segura, haciendo de su morir un modo de revivir, subrayando y finiquitando su existencia. No debemos olvidar que el moribundo, sobre todo si es muriente, permanece en su proceso de “llegar a ser”, sin “ser” aún, y que nunca está ni debe estar en un proceso de “dejar de ser”, por sus renuncias, angustias o cobardías. Por el contrario, todo paciente incurable debe ser apoyado para que entre en un “afán de llegar a ser”.

Paralelamente, también es importante recordar en este momento que la muerte no significa, en sí misma, el final de lo absoluto, si por tal entendemos algo más que el ser singular. Toda vida humana está engranada en un proceso en marcha transitivo y trascendente, cualquiera que sea la interpretación cognitiva que demos al hecho (mistérica, ecológica, evolucionista u otra).

Pensando en la humanidad actual y sobre todo histórica, suena bien el poema de Dyland Thomas en el que clama: “Y la muerte no tendrá dominio”. Así dice un fragmento, con la traducción ligeramente modificada por mí:

Y la muerte no tendrá dominio.
Los muertos desnudos se confundirán
con el hombre en el viento y en la luna poniente;
cuando sus huesos se limpien
y esos huesos limpios se desvanezcan,
tendrán estrellas en sus codos y en sus pies;
aunque se vuelvan locos, serán cuerdos;
aunque se hundan en el mar, surgirán de nuevo;
aunque los amantes se pierdan, el amor no se perderá.
Y la muerte no tendrá dominio.

A este valor trascendental debe contribuir, a ser posible, todo ser humano, con mejor o peor fortuna, y a ello está llamado. Por eso, ante la situación de una persona en un estado de gran debilidad física, como es el moribundo, se precisa que realice para compensarla un gran rearme moral, dotándose de una extraordinaria energía espiritual. A ello deben contribuir sus posibles personas acompañantes.

Todo ser humano, sobre todo en condiciones de gran fragilidad, merece el máximo respeto: es decir, el reconocimiento de que tiene vida propia y de que su existencia, su devenir singular y único, solo puede protagonizarlo y realizarlo él mismo.

Es normal que, ante la extraordinaria alarma de dejar de ser, la mayoría de las personas confrontados con la presentación de una muerte inmediata tengan tentaciones de huir, negando su realidad. Sin embargo, en este momento más que nunca, el humano necesita afrontar su propia muerte y su auténtico morir, salvándose del miedo paralizante a la muerte, de las tentaciones al abandonismo y/o a la resignación, así como de todo lo que en su proceso de morir, recién iniciado, le haga perder su identidad y/o su personalidad, deshumanizándole. Los cercanos a él, por parentesco o profesión, tienen la obligación de ayudarle a morir sanamente, siendo y deviniendo como él mismo, sin hacer de la muerte una enfermedad.

Preparación


Para poder cuidar al moribundo hace falta que el cuidador haya elaborado, sobre todo, su propia muerte y la tenga asumida. Asimismo, que posea un concepto claro sobre el sentido del morir y de su aportación total al conjunto de la vida personal de la persona atendida. Además, necesitará realizar cuatro tareas más:

  1. Evitar sus propios mecanismos de defensa:
-          Su identificación masiva con el enfermo.
-          Sus sentimientos de culpabilidad y su escrupulosidad exagerados.
-          Sus muy posibles vivencias de impotencia y de desánimo.
-          Sus momentos de confusión y de desconcierto.
  1. Liberarse del falso pudor paralizante.
  2. En el caso de los sanitarios, ahuyentar la profesionalidad formalista y hierática.
  3. Mantener hacia el sujeto terminal una actitud propulsiva, basada en las motivaciones al desarrollo, eliminando al máximo, las posturas defensivas, sin caer en la trampa fácil de evitar el dolor por encima de todo. En toda la vida, incluso en su fase final, el dolor es a veces necesario para realizar la naturaleza humana.

Todo lo que venimos manifestando apunta a una realidad inequívoca. Quien quiere cuidar a un paciente en el final de sus días necesita algo más que poseer una buena formación y conocimiento; precisa tener un saber experiencial en su propia existencia, para poder ser con el ayudado y no solo saber qué hacer con él. A este no hay que darle solo ayudas y remedios, hay que saberse dar.

Reconocer al moribundo


Es frecuente el error de considerar al enfermo aquejado por una patología mortal como un ser alienado, despojado de su identidad y presa de un ente exterior que lo enajena y domina. Nada más lejos de la realidad. El moribundo es un ser que vive, que es protagonista, sujeto y autor de un pasado que tiene que revisar y asumir, dueño de un porvenir a formular y vivir, y señor de un presente en el que discurre y se hace.

Por consiguiente, es, en todos sus conceptos, una persona que retiene su esencialidad, que abriga deseos, que experimenta necesidades, que sustenta esperanzas y que tiene todavía un tiempo, precioso, por argumentar.

Necesidades del moribundo


Para seguir siendo persona y para alcanzar la felicidad plena, el sujeto que contempla de cerca su muerte, si se le deja, suele experimentar necesidades muy profundas en la línea de reconocer sus raíces, de ahondar en lo auténtico y de subrayar su vida dentro de un proceso de morir que está en marcha, abierto a lo desconocido.

A fin de trabajar todo ello, la gran mayoría de los murientes necesitan una relación de ayuda que les apoye en la tarea. Se trata, en este caso, de una relación de ayuda peculiar, ya que en todos los otros casos quien oferta dicha posibilidad es alguien que ha transitado antes por el camino en el que discurre la persona a ayudar. No es este el caso que nos ocupa: la muerte es un misterio para todos los seres humanos y lo sigue siendo, en estas circunstancias, para ambos miembros del par. Por eso, la relación de ayuda en la terminalidad se instala en un estilo propio: el acompañamiento entre iguales en situación desigual. Se trata de configurar una díada en  el final de la vida que rememora y completa la díada madre-hijo del inicio, apoyando al doliente para que aspire a su liberación total y al cenit de sus posibilidades, basándose no en la experiencia, sino en la intuición y en la empatía.

Desde el punto de vista del cuidador, configurar una díada con el que se está muriendo, “una pareja de dos seres especialmente vinculados entre sí”, como reza el Diccionario de la lengua española, supone algo más que la tarea de un oficio o de un quehacer. Es una experiencia que conmueve y remueve profundamente a nivel personal, porque exige cotas muy altas de compromiso, de servicialidad y de donación. Se trata de un ejercicio muy particular de la “benefidencia” preconizada por Laín Entralgo: un darse al más necesitado de ayuda sumiéndose en su mundo, para poder así, desde su esencialidad, conocerlo verdaderamente y contribuir a su definitivo y permanente alumbramiento. Tarea noble y generosa en la que quien la ejerce también deja de ser él mismo, como diría Gadamer, reconociéndose en la desolación del otro, en su sufrimiento, y reconstituyéndose con él. Es a través de esta distintiva comunión amorosa entre el que fenece y el cuidador-amigo en la que el primero puede renacer, avivado por el ser significativo que discurre a su vera y le empuja: deudo, amigo íntimo, médico, sacerdote, etc., siempre comprometido.

El cómo: dinámicas de ayuda


La persona angustiada por su vivencia de finitud necesita, por encima de todo, alguien comprensivo y cercano que le escuche activa y profundamente, con paciencia, con simpatía, con serenidad, con sosiego, acomodada en su soledad y disfrutando del silencio de la verdad absoluta. Asimismo, precisa que ese alguien le tolere, le comprenda, le acepte y le aguante sin desmoronarse.

Sobre este bagaje de seguridad surgirán, en el entramado entre el cuidador y el atendido, las tres disposiciones afectivas básicas que deben singularizar al primero, sin las cuales cualquier tipo de ayuda sería un fiasco: el respeto, la verdad y el amor.

Toda persona abocada a la probabilidad de una terminación cercana, en sus cábalas y divagaciones, bien podría afirmar con Gustavo Adolfo Bécquer en su LXI rima:

Al ver mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
¿quién se sentará?
Cuando la trémula mano
tienda, próxima a expirar,
buscando una mano amiga,
¿quién la estrechará?

Todos, en el fondo, anhelamos un amigo íntimo, en sus múltiples acepciones, vigilando y apoyando nuestro propio expirar. Cinco son, entre otras, las grandes tareas que ese amigo íntimo puede practicar con su protegido:

  • Acogerlo: admitirlo, aceptarlo y aprobar su vida y su morir para ayudarle a que él mismo se descubra y se responsabilice.
  • Sosegarlo: logrando que se asiente, descubra sus raíces y se alimente de las mismas, para que se fortalezca en momentos tan importantes.
  • Pacificarlo: regalándole la tranquilidad del orden y de la calma, y preparando sus “aguas tranquilas”, en las que pueda ver su imagen reflejada.
  • Serenarlo: alejando de él los diversos nubarrones que le pudieran confundir u oscurecer: miedos, frivolidades, conflictos y otros.
  • Autorizarlo: reforzando su dominio sobre su vida, aún activa, para que continúe siendo el autor íntegro de la misma. Si fuera el caso, logrando que pida y asuma el perdón de sus personas ofendidas, para reparar los desperfectos de una vida insuficiente.

Para lograr lo que antecede, el cuidador de la persona que discurre sus últimos días puede utilizar tres estrategias instrumentales que se han confirmado útiles en las dinámicas que estamos contemplando:

  • La ternura: observando al ser en despedida con una visión cósmica, alejada, en perspectiva, con inmenso cariño, con risueña conmiseración y con un encendido carácter protector. Tal vez, expresando la certidumbre, la tenacidad y el talante amoroso y suave, recogidos en los versos del poema “Actitud” de Dulce María Loynaz: Inclinada estoy sobre tu vida como el sauce sobre el agua.
  • El sentido del humor: ayudando a relativizar las cosas y a penetrar en lo profundo de lo que ocurre, sin incomodar o herir.
  • El contacto, simbolizado y expresado en la mano.

La finalidad de la muerte exige la vivencia del calor amoroso de un ser querido, muchas veces, como ya apuntaba Bécquer hace unas líneas, atesorado en la mano, parte señera de la sede del ser que es el cuerpo. En ella se condensan mejor que en ninguna otra parte la confortación y el adiós, sobre todo cuando la ruptura existencial con el entorno está ya en marcha. Rabindranath Tagore pone, bellísimamente, en boca del moribundo su mensaje para quien se va a quedar:

Cuando las horas del crepúsculo
ensombrecen mi vida,
no te pido ya que me hables,
amigo mío,
sino que tiendas tu mano.
Déjame tenerla
y sentirla
en el vacío
cada vez más grande
de mi soledad.

Material obtenido del libro “Vivir la muerte. La muerte y el morir” del Dr. Vicente Madoz Jauregui, médico psiquiatra y fundador de Fundación, Argibide (Fondo Navarro para el Desarrollo de la Salud Mental). El libro está publicado en Editorial Verbo Divino, Estella 2015, capítulo 9, páginas 137-146.



Vivir la muerte garantiza saborear la vida. Resulta absurdo soslayarla. Hay que asumirla como parte esencial de la existencia, con sus contrastes, con sus miedos, también, muchas veces, con la sencilla felicidad de lo natural y cotidiano. Es necesario preverla, prepararla y acogerla. También, lograr que su duelo sea humano y enriquecedor. Podéis ver el vídeo sobre la presentación del libro en: https://www.youtube.com/watch?v=a0RdJi3Zoeo&feature=youtu.be



martes, 9 de junio de 2015

Unción de los enfermos

La Unción de los enfermos, sacramento de salvación y de curación. La Iglesia cree y confiesa que, entre los siete sacramentos, existe un sacramento especialmente destinado a reconfortar a los atribulados por la enfermedad: la Unción de los enfermos.




Cargar con la cruz

No soltemos la 'cruz' que a veces nos toca vivir por diferentes situaciones, todo tiene un para qué y un por qué... Dios nunca nos manda nada que no podamos soportar... cuando la cruz es muy pesada, no llegamos a comprender, pero confiemos, no hay que rendirse y soltar los remos.....  
Dios nunca te va a pedir que hagas algo que no puedas realmente hacer, ni algo que no te vaya a servir.  'Al  hombre grande, lo hace el esfuerzo y no el privilegio.'


miércoles, 10 de diciembre de 2014

El poder del amor



No sé lo que dice, pero desde luego, sobran las palabras...

Cuando parece que ya no se puede hacer nada desde la ciencia, siempre está lo verdaderamente humano, el amor, en este caso parece que de una madre, pero en otras ocasiones ha sido el abrazo de un hermano u otras acciones que nos llevan siempre a lo más íntimo, al cuidado, a la ternura. 

Como veis es un vídeo muy entrañable, espero que os guste y os haga reflexionar; este vídeo nos invita a trabajar, no sólo el amor, sino también la fe y la esperanza.

Lo que queda es dar gracias a Dios por la vida...

sábado, 13 de septiembre de 2014

Madre con Alzheimer reconoce a su hija

 No son ni dos minutos de duración, pero vale la pena verlo, me parece muy emotivo...


sábado, 23 de agosto de 2014

Nuevos testigos de la Hospitalidad

MÁRTIRES DEL ÉBOLA: TESTIGOS DE LA #HOSPITALIDAD



Con el fin de mantener viva la memoria de nuestros Hermanos fallecidos en África por el Ébola, hemos realizado esta presentación como un reconocimiento a su entrega y fidelidad.
Nos gustaría que llegase a todos los rincones del mundo. Seguro que entre todos podremos hacerlo.
Te animamos a compartir con tus contactos este mensaje de Hospitalidad Juandedana hasta las últimas consecuencias.
Cordiales saludos.
Hno. Isidoro

miércoles, 20 de agosto de 2014

Lección de vida

Desde luego esto es una lección de vida... Él sabe que va a morir, y es capaz de transmitirnos una lección de vida llena de esperanza, de coherencia e integridad, una lección que no tiene precio.


La vida hay que vivirla, y como nos anima el protagonista con esfuerzo, voluntad, ayuda y amor.

Si queréis saber más,podéis acceder a 'Proyecto DGeneración conexiones con sentido' (http://www.dgeneracion.com/)

sábado, 5 de julio de 2014

El duelo infantil - Ponette


Hasta hoy no había tenido la oportunidad de ver la película Ponette, dirigida por Jacques Doillon en 1996, se trata de un film francés que, desde luego, os lo recomiendo, está protagonizado por la asombrosa y pequeña actriz Victoire Thivisol.
Es una historia de incomprensión y desamparo de Ponette, una niña de cuatro años, que tiene que afrontar la muerte prematura de su madre, fallecida en un accidente de coche.
Tras ver la muerte a través de los ojos de esta niña, podemos preguntarnos cómo acompañar a estos pequeños, cómo viven ellos la fe (también la importancia de la fe, como herramienta para la vida, ya que su padre no la tiene), la ayuda de la oración, cómo dar malas noticias, la importancia de las despedidas,… y se aprecia que lo que viven los adultos no es lo mismo que lo que viven los niños; en definitiva se trataría de adentrarnos en el mundo emocional de los más pequeños y transitar por las diferentes etapas del duelo en los niños.



domingo, 20 de abril de 2014

Feliz Pascua de Resurrección 2014

Quiero aprovechar la imagen del Cristo Resucitado de mi Parroquia Santísima Trinidad para desearos una ¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!. Cristo ha vencido a la muerte dando un nuevo sentido a nuestras vidas. Que la luz que hemos recibido alumbre nuestros corazones para poder ser instrumentos del Señor y alumbrar aquellas vidas que aún no conocen la luz de Cristo que les lleve a la felicidad.


Cristo está vivo, ha resucitado!!!!

Quien diga que Dios ha muerto que salga a la luz y vea si el mundo es o no tarea de un Dios que sigue despierto, ya no es su sitio el desierto, ni en la montaña se esconde, decid si preguntan dónde, que Dios está sin mortaja en donde un hombre trabaja y un corazón le responde.


lunes, 7 de abril de 2014

Orar la semana santa con el arte de Sieger Köder

Si en entradas anteriores compartía un vía crucis con imágenes de Sieger Kóder, aquí podéis disfrutar de un momento de oración para la semana santa. Sin duda estas imágenes son evangelizadoras e invitan a la oración.


Cuerdas


¡"Cuerdas" ha recibido el Goya al Mejor Cortometraje de Animación Español! Es una historia basada en la vida real,  entristece, emociona, se llora y al mismo tiempo, da fuerzas para seguir luchando por la vida y dar lo mejor de uno mismo a las personas que nos rodean. La inspiración real de Solis se basa en sus hijos... contada como una Historia de Amistad