lunes, 8 de febrero de 2016

Orar la Cuaresma con San Juan de Dios


Aquí lo tenéis más detallado, día a día:


y por si es de vuestro interés, comparto algo de material para trabajar en este tiempo de Cuaresma, es algo de lo que pensamos trabajar en el área de psicogeriatría de nuestro Centro San Juan de Dios de Ciampozuelos:




miércoles, 3 de febrero de 2016

Esquema Misericordiae vultus 24-25



La temática global de los números 24 al 25 de Misericordiae vultus es el de María, los santos y nosotros. En estos números descubrimos a María como Madre de la Misericordia y reconocemos en los santos modelos de misericordia.


Para profundizar en el tema ver 'Misericordiosos como el Padre. Claves y propuestas para la comunidad evangelizadora'.

Esquema Misericordiae vultus 22-23



La temática global de los números 22 al 23 de Misericordiae vultus es el de la misericordia de Dios transformada en indulgencia. En estos números analizamos lo que significa la indulgencia de Dios como expresión máxima de la misericordia y ahondamos en las relaciones con otras confesiones religiosas.


Para profundizar en el tema ver 'Misericordiosos como el Padre. Claves y propuestas para la comunidad evangelizadora'.

Esquema Misericordiae vultus 20-21



La temática global de los números 20 al 21 de Misericordiae vultus es el de descubrir que justicia y misericordia van de la mano. En estos números profundizamos en la relación entre justicia y misericordia en la Biblia y descubrimos la misericordia como nuestra norma de vida.


Para profundizar en el tema ver 'Misericordiosos como el Padre. Claves y propuestas para la comunidad evangelizadora'.

Esquema Misericordiae vultus 18-19



La temática global de los números 18 al 19 de Misericordiae vultus es el de ser misioneros y anunciadores de la alegría del perdón. En estos números descubrimos situaciones de pecado y proponemos actitudes de conversión.


Para profundizar en el tema ver 'Misericordiosos como el Padre. Claves y propuestas para la comunidad evangelizadora'.

Esquema Misericordiae vultus 16-17



La temática global de los números 16 al 17 de Misericordiae vultus es el de vivir un año de gracia, viviendo y redescubriendo la misericordia. En estos números reflexionamos en lo que significa un tiempo especial para vivir la misericordia y profundizamos en lo que significa la Reconciliación.


Para profundizar en el tema ver 'Misericordiosos como el Padre. Claves y propuestas para la comunidad evangelizadora'.

Esquema Misericordiae vultus 13-15


La temática global de los números 13 al 15 de Misericordiae vultus es el de peregrinos a las periferias. En estos números nos centramos en la misericordia como estilo y programa de vida y profundizamos en las obras de misericordia y las ponemos en práctica.



Para profundizar en el tema ver 'Misericordiosos como el Padre. Claves y propuestas para la comunidad evangelizadora'.

Esquema Misericordiae vultus 10-12



La temática global de los números 10 al 12 de Misericordiae vultus es ser testigos de la misericordia y del perdón. En estos números buscamos actitudes de misericordia y hacemos un análisis crítico de las actitudes que no lo son.


Para profundizar en el tema ver 'Misericordiosos como el Padre. Claves y propuestas para la comunidad evangelizadora'.

Esquema Misericordiae vultus 6-9


La temática global de los números 6 al 9 de Misericordiae vultus es que la misericordia de Dios es para siempre. En estos números releemos las historias bíblicas en clave de misericordia y descubrimos el llamado a ser misericordiosos como Jesús.


Para profundizar en el tema ver 'Misericordiosos como el Padre. Claves y propuestas para la comunidad evangelizadora'.

Esquema Misericordiae vultus 1-5



La temática global de los primeros cinco números de Misericordiae vultus es que Dios es misericordia. En estos números descubrimos la misericordia como impulso de toda actividad cristiana y recordamos hechos importantes como el Concilio Vaticano II, en el camino de ahondamiento de la misericordia.

Para profundizar en el tema ver 'Misericordiosos como el Padre. Claves y propuestas para la comunidad evangelizadora'.

domingo, 24 de enero de 2016

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

Del 18 al 25 de enero se celebra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que este año lleva el lema, “Destinados a proclamar las grandezas del Señor”. Durante estos días, en las diócesis españolas, se organizan distintas celebraciones ecuménicas. La Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales ha editado unos materiales par facilitar su preparación que puedes encontrar aquí.


En el hemisferio norte la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos se celebra tradicionalmente del 18 al 25 de enero. Estas fechas fueron propuestas en 1908 por Paul Watson para cubrir el periodo entre la fiesta de san Pedro y la de san Pablo, que tienen un hondo significado. En el hemisferio sur donde el mes de enero es tiempo de vacaciones de verano, las Iglesias frecuentemente adoptan otras fechas para celebrar la Semana de Oración, por ejemplo en torno a Pentecostés (sugerido por el movimiento Fe y Constitución en 1926), que representa también otra fecha significativa para la unidad de la Iglesia.

Teniendo presente esta exigencia de flexibilidad, invitamos a utilizar estos materiales a lo largo de todo el año para expresar el grado de comunión que las Iglesias ya han alcanzado y para orar juntos para llegar a la plena unidad querida por Cristo. Podéis encontrar más información y material aquí

Ntra. Sra. de la Paz, patrona de la Provincia Bética



Con inmenso gozo honramos en este día a María, bajo la advocación de Ntra. Sra. de la Paz, la que fue protectora continua de San Juan de Dios llamada por él «la siempre entera». Aquella que desde los inicios de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios ha sido protectora especial, patrocinio de los Hijos de Juan de Dios y Buen Consejo en su quehacer diario junto al enfermo, en su anuncio de salvación y paz para el que sufre, para el que se siente vulnerable, para el que se siente solo.


Nos encomendamos a Ntra. Sra. de la Paz y confiamos que nos cuide y nos aliente, que nos proteja y nos guíe, y nos anime a la Familia Hospitalaria a ser fieles seguidores de su Hijo Jesús y de tu fiel seguidor San Juan de Dios.

miércoles, 20 de enero de 2016

Conversión de San Juan de Dios

Hoy 20 enero, recordamos la Conversión de San Juan de Dios. La conversión se inició en Granada, escuchando al Maestro Juan de Ávila. Desde ese momento inicia un nuevo camino, un camino de HOSPITALIDAD, de servicio  y acogida a los enfermos y necesitados.

«Horno ardiente de caridad es el corazón de Juan de Dios. Su vida está revelando a las claras el ardentísimo amor de Dios que arde en su pecho. Pero hay una hora en su vida en que este divino fuego se avivó en tal medida que abrasa su hermoso corazón. Hora memorable, de trascendencia imponderable fue aquella del día de san Sebastián, cuando el librero de Granada asiste con devota religiosidad a los solemnes cultos con que la Iglesia honraba la memoria y virtudes del ilustre Mártir Romano; hora de gracia, cuando oyendo la divina palabra caldeada en el celo encendido del Maestro Ávila, un rayo de luz celestial alumbra su alma y se enciende su corazón en las llamas de amor que el Espíritu Santo aviva.

La voz del predicador era un tubo de oro por donde el Divino Espíritu se comunicaba a los oyentes y los encendía en el fuego de la divina caridad. Juan oía la palabra y se encendía el corazón. La palabra del apóstol, cada vez más vibrante y encendida, acaba por agitar la llama, y el corazón rompe en un volcán de amor de Dios, gritando: «Misericordia, Señor, misericordia».

Las manifestaciones de amor son muchas y en su frenesí no repara medios; grita en el templo; golpea su pecho; se arroja al suelo; abofetea su rostro; y entre tanto suspira por aquel amor misericordioso que redimió al mundo del pecado. Juan quiere amar a su Dios cuanto es amable.

El amor hace locuras para granjearse el cariño del amado. Juan de Dios sale por las calles haciendo mil demostraciones de locura porque su corazón ansioso de amar más y más a Dios no halla medio más eficaz para demostrarlo. Solo él conoce qué género de locura es aquella; la muchedumbre lo ignora, por eso saliendo a su encuentro lo toma y encierra en el Hospital. Pero, ni el ardor se templa con las humillaciones; ni se enfría con los desprecios; ni es capaz su pecho de represar aquellas fuertes avenidas de amor de Dios y desprecio de sí mismo.

El espíritu de Dios se ha comunicado a Juan y todas las señales del divino espíritu se notan en él: elevación del alma, moción y enternecimiento, heridas del corazón, desarraigo y destrucción de vicios, crecimiento y arraigo de virtudes, celestial rocío de devoción, encendimiento de caridad, allegamiento a Dios del alma y de todas las facultades. El pastorcillo de Oropesa es ya un apóstol.

Juan de Dios mirando de hito en hito a Jesucristo, enamorándose de Él, encendiéndose en el fuego de su Corazón es el cuadro que falta por dibujar. En él ha de resaltar la comunicación de amor de Jesús que le convierte en el Apóstol de la caridad y en Fundador de la Orden del amor por excelencia.

El amor con todas sus delicadezas y exquisiteces, con todas sus valentías y heroísmo es,
en adelante, quien informa toda la conducta de Juan de Dios. Su vida es de caridad sin límites y todo cuanto emprende va movido por ella. Se ve tan penetrado de caridad que parece su esencia misma; ver a Juan es ver la caridad viva. Cuantas hazañas virtuosas realiza en su vida, más que otra virtud resalta el amor divino: si sufre injurias, si obedece a sus directores, si ayuna con rigor y macera su cuerpo, lo mismo que si llena el hospital de pobres y toma sobre sus hombros el alivio de ellos, si hace oración, si trabaja, en vida y en muerte, el amor de Jesús es el que visiblemente campea. ¿Y cómo así? Amor y Juan son como fuego y ascua. El fuego consume al ascua y el ascua alienta al fuego. El amor abrasa a Juan y Juan da vida al amor en su corazón endiosado. Como la esposa atrae todo el amor por la  fuerza de conquista que ha obtenido sobre el corazón de su esposo, la divina caridad con quien Juan de Dios se ha desposado atrae completamente su alma; de aquí se sigue una total transformación de Juan de Dios; porque siendo Dios la caridad, según el sagrado texto, “Deus Caritas est”, Dios es Caridad, y siendo la caridad de Juan, Dios es de Juan y Juan es totalmente de Dios.»[1]

San Juan de Dios, escribía en la Primera Carta a la Duquesa de Sesa: «Si considerásemos lo grande que es la misericordia de Dios, nunca dejaríamos de hacer el bien mientras pudiésemos; pues al dar nosotros, por su amor, a los pobres, lo que de Él mismo hemos recibido, nos promete el ciento por uno en la bienaventuranza. ¡Oh estupendo lucro y ganancia! ¿Quién no querrá dar lo que tiene a este bendito mercader? No hay para nosotros trato tan ventajoso. Por eso nos ruega, con los brazos abiertos, que nos convirtamos y lloremos nuestros pecados, y que hagamos caridad, primero a nuestras almas y después a los  prójimos, porque como el agua apaga el fuego, así la caridad borra el pecado» Estas mismas palabras nos podrían servir hoy a cada uno de nosotros para vivir el Jubileo de la Misericordia.

Si recordamos nuestro compromiso bautismal y nuestra vida cristiana no tenemos otro modelo ni medida que Jesucristo servidor y evangelizador de los pobres, el que nos muestra con su vida el corazón de Dios. Para Juan de Dios nuestra vida cristiana tiene sentido y es coherente si imitamos a Jesucristo servidor y evangelizador de los pobres, siendo fiel reflejo del amor entrañable y misericordioso del Padre.




[1] Tomado de Textos litúrgicos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

viernes, 8 de enero de 2016

Por qué sufrimos




Si existe Dios y dicen que es bueno y todopoderoso… ¿por qué no impide el mal en el mundo?, ¿por qué sufrimos? Nos encontramos ante el problema del mal, nunca completamente resuelto. Pero si quieres investigar un poco más, si no te vale cualquier respuesta, con este vídeo puedes seguir buscando.


10 PREGUNTAS SOBRE EL SENTIDO DEL SUFRIMIENTO

1. ¿Ha creado Dios el mal y el sufrimiento

Dios es Bueno, inmensa e infinitamente Bueno. En cuanto Bueno, creó cosas buenas. Entonces, ¿dónde está el mal y de dónde proviene? ¿Cómo encaja el mal dentro de un universo creado y ordenado por Dios?

Quizá, antes de preguntarnos por el origen del mal, deberíamos preguntarnos por su naturaleza, es decir, ¿qué es el mal? Esto es lo que hace san Agustín, y llega a la conclusión de que el mal no es. El mal, explica, es la ausencia de bien. Y si el mal no es, ya no es preciso discurrir sobre la procedencia de algo que no es.

2. Si Dios no ha creado el mal, ¿de dónde procede?

Lo primero que hay que hacer es distinguir entre el mal moral y el mal físico, es decir, entre el mal causado por nosotros mismos y el mal cuya causa está en la naturaleza.

De manera que el origen del mal moral está en nuestra libertad, o, mejor dicho, en el mal uso que hacemos de nuestra libertad, y es, por tanto, responsabilidad nuestra. Aquí podemos hablar del terrorismo, de las guerras, del hambre en el mundo; y también del egoísmo, de la envidia, del odio, de la incomprensión, y de un larguísimo etcétera.

El origen inmediato del mal físico es la naturaleza. A veces de ciertos fenómenos naturales se deriva destrucción y sufrimiento. Dichos fenómenos naturales se derivan de las leyes físicas y son necesarios para que el universo físico mantenga su equilibrio. En sí mismos no podemos decir que sean malos.

Sin duda alguna, el mal más profundo es el que tiene su origen en el corazón del hombre. La prueba más evidente está en el hecho de que se puede sufrir y ser feliz. Sin embargo, no se puede ser malo y auténticamente feliz. La enfermedad, la muerte, las desgracias espantosas causadas por catástrofes naturales son, ciertamente, una fuente inagotable de sufrimientos. Pero el mal que tiene su origen en el odio, en la envidia, en la crueldad, ese mal que sale del corazón es lo que ahoga la vida del ser humano y lo que se hace más insoportable.

3. ¿Podemos sacar algún bien del sufrimiento?

Hay quien sostiene que el mal y el sufrimiento son necesarios para que podamos madurar y para que podamos apreciar las cosas buenas de la vida. ¿Puede una persona que nunca ha sufrido alcanzar la madurez psíquica y emocional? El famoso escritor inglés C.S. Lewis sostiene en alguna de sus obras que el sufrimiento es como el cincel que utiliza Dios para irnos moldeando, para hacernos mejores (CS Lewis, El problema del dolor, Rialp, Madrid 1999).

En todos los tiempos y en todas las culturas encontramos proverbios que destacan el valor educativo del sufrimiento. Ciertamente, cuando alguien es capaz de enfrentarse al sufrimiento y de superarse, midiéndose con la dificultad, puede obtener algún beneficio de la prueba a la que se ha visto sometido.En este sentido se han pronunciado muchos hombres ilustres: “Hay cosas que no se ven como es debido hasta que las miran unos ojos que han llorado” (Luis Veuillot). “El hombre es un aprendiz, el dolor es su maestro, y nadie se conoce hasta que ha sufrido” (Alfred de Musset). “El hombre se mide cuando se mide con el obstáculo” (Sain-Exupéry).

Son frases bonitas, y tienen un punto de razón. Pero hay que reconocer que no producen ningún consuelo a quien se encuentra sumido en el sufrimiento. En todo caso, pueden ayudar a quien se ha enfrentado a la dificultad, al fracaso, al dolor, y lo ha superado.

4.  Ahora podríamos preguntarnos, ¿por qué no creó Dios un mundo sin pecado?

La respuesta a esta pregunta es que eso fue, precisamente, lo que Dios hizo: en el principio, Dios creó un mundo sin pecado, tal como nos cuenta el Génesis. Pero el hombre utilizó su libertad para el mal, para el pecado.

5. Entonces, podemos seguir preguntando, ¿por qué creo Dios un mundo en el que  iba a entrar el pecado con tan desastrosas consecuencias? ¿Por qué no creó Dios un hombre sin libertad para pecar?

Preguntar por qué Dios no creó seres humanos sin libertad para pecar es como preguntar por qué no creó los círculos cuadrados. Un mundo sin libertad sería un mundo sin seres humanos. La libertad es algo que pertenece a nuestra esencia. No puede haber seres humanos sin libertad. Si Dios hubiera creado un mundo sin libertad, ese sería un mundo sin odio, pero también sin amor; un mundo sin pecado, y también sin virtud; un mundo sin sufrimiento, pero también un mundo sin alegría. Dios nos ha dado una voluntad libre para que podamos amar, a Él y a los demás hombres, porque sin libertad no puede haber amor, sólo puede haber necesidad. El amor, para ser tal, tiene que ser voluntario.

Claro que, al crearnos libres Dios corría el riesgo de que el hombre utilizara su libertad no para amarle, sino para apartarse de Él; no para hacer el bien, sino para hacer el mal. En ese sentido, podemos decir que el pecado es el precio del amor. Desde el momento en que Dios decide crear al ser humano, racional y libre, estaba asumiendo la posibilidad de que el hombre pecara. ¿Por qué? Porque, Dios es de tal modo bueno y poderoso que puede sacar bien del mismo mal.

6. ¿Cómo puede Dios sacar bien incluso del mal?

Ofreciéndonos su ayuda para obtener bienes superiores de todo el mal que padecemos (aunque no por esto el mal se convierte en un bien). Ahora bien, esto no equivale a concebir la Providencia de Dios no como un plan que está colgando sobre nuestras cabezas, como un destino inexorable. La Providencia divina es una presencia, una compañía ofrecida al hombre. Presupone, por lo tanto, la entrega del hombre, su confianza y abandono en las suaves manos de Dios.

Claro, que el hombre puede admitir esa compañía, esa ayuda de Dios en su vida, o puede rechazarla. Dios no nos coacciona, no nos fuerza. Dios nos ofrece su ayuda, pero no nos la impone. Dios actúa con suma delicadeza: actúa amándonos, inspirándonos, hablándonos al oído, suscitándonos ideas y sentimientos, inclinando nuestra voluntad, atrayéndonos hacia sí. A veces Dios interviene en nuestra vida de forma misteriosa y nos cuesta reconocer el modo en que nos ha ido guiando. Otras veces podemos reconocer su intervención a través de las personas que va poniendo en nuestro camino, de los talentos que recibimos, a través de los acontecimientos que nos van sucediendo, de las inquietudes que despierta en nosotros.

De ello nos ofrece algunos ejemplos la Biblia, en la historia de José, de Moisés y de Tobías. Y también podemos encontrar ejemplos impresionantes en la vida de grandes santos, como San Ignacio de Loyola, que resultó herido en el asedio de Pamplona y su forzado reposo le permitió leer una serie de libros de espiritualidad que provocaron en él un cambio radical de vida. Un caso similar es el de San Francisco de Asís, que fue hecho prisionero y encarcelado en Perusa a la edad de veinte años, lo cual le permitió revisar toda su vida, hasta entonces vacía y superficial, y convertirse en uno de los santos más grandes de la historia de la Iglesia. Una herida de bala y una estancia obligada en la cárcel son, indudablemente, un mal. Pero Dios estaba allí para ayudar a estos dos hombres a aprovechar esos momentos de dolor y conducirles a la obtención de un bien superior.

7.  Entonces, ¿qué implica creer en la Providencia divina?

Creer en la Providencia equivale a vivir siempre confiado en Dios, sabiendo que estamos en sus manos, que nada ocurre sin que Él lo permita y que, siendo como es el Sumo Bien, todo va a redundar en beneficio nuestro. Creer en la Providencia equivale a creer que el amor de Dios no se deja vencer por el mal, sino que, “vence con el bien al mal” (Rom 12,21).

Así, cuando una persona cae enferma, los médicos tratarán de hallar la causa de dicha enfermedad, que podrá ser un virus, una bacteria, el mal funcionamiento de un órgano, o lo que sea. Pero lo que no se les ocurrirá decir es que Dios es el causante de la enfermedad. Cuando alguien se mata en un accidente de coche, la causa puede haber sido un fallo mecánico, un perro que se cruzó en la carretera o una placa de hielo. Lo que no podemos pensar es que Dios puso ahí esa placa de hielo o ese perro para que el coche se estrellara, ni que estuvo manipulando el motor la noche anterior. De la misma manera, ante una desgracia cualquiera, un cristiano no puede pensar que Dios es la causa de ese sufrimiento. Lo que el cristiano debe saber y sentir es que si Dios ha permitido ese dolor o esa desgracia, es porque va a sacar de ahí un bien superior.

De manera que el significado de la Providencia de Dios en el mundo se manifiesta verdaderamente cuando promueve y extrae el bien de todas las formas de mal existentes en el mundo y en el hombre. Este es el contenido fundamental del mensaje salvador de Cristo

8. Entonces, ¿cuál debe ser la actitud del cristiano ante el dolor y el sufrimiento?

El cristiano tiene la obligación de esforzarse por construir un mundo mejor, en el que reinen la justicia y el amor. La confianza absoluta que debemos tener en Dios no nos dispensa nunca de obrar. La afirmación bíblica de la Providencia universal de Dios no puede degenerar en fatalismo ni en apatía, pues la Biblia afirma reiteradamente que Dios ha creado a los hombres libres y que tenemos el deber de usar bien esa libertad.

Por eso, en la visión cristiana, la historia es obra conjunta de la Providencia de Dios y de la libertad del hombre: Dios crea el mundo y actúa en él mediante su Providencia; y el hombre con su inteligencia y su libertad debe colaborar con Dios en la perfección del mundo. El cristiano no puede desentenderse de las realidades mundanas, no puede quedarse “pasmado mirando al cielo”, porque tiene un compromiso en la perfección del mundo.

9.  Pero, seguimos preguntando ¿qué hace Dios ante la realidad del sufrimiento?

Si miramos a Dios buscando una respuesta ante tanto sufrimiento nos encontraremos con que la respuesta de Dios es Jesucristo en la cruz. Esa es la respuesta desconcertante de Dios. En la cruz nos encontramos con Cristo desfigurado, roto de dolor, desgarrado, rechazado por todos, maldecido por los hombres: pero sin dejar de amarlos. En la cruz encontramos a Dios que hace suyo nuestro dolor y no nos deja solos en la noche oscura del sufrimiento. Si el misterio del mal es indescifrable, el del amor de Dios lo es más todavía. Desde la cruz Cristo nos revela la locura de su amor y nos invita a volver a la casa del Padre, y sabemos que el Padre está esperándonos con los brazos abiertos.

Cristo no ha venido a suprimir el sufrimiento, ni a explicarlo: lo que ha hecho ha sido darle un sentido nuevo. Asumiendo el dolor y el sufrimiento, compartiéndolo con los hombres, lo ha convertido en misterio de salvación. La fe en el sacrificio de Cristo en la cruz es la única respuesta válida al problema del mal. Mejor dicho, no es la respuesta sino la “buena noticia”: el amor triunfa sobre el mal. Cristo ha venido al mundo para salvarnos, para librarnos del pecado. Cristo puede hacernos superar nuestras miserias, nuestros egoísmos, nuestras envidias, en definitiva, puede hacer que los hombres dejemos de hacernos el mal unos a otros. El cristianismo, por tanto, no puede suprimir el dolor ni el sufrimiento en esta vida, sólo puede, mirando a la cruz, llenarlo de sentido.

10. ¿Resignación? o ¿Esperanza

Por otra parte, sabemos que los sufrimientos de esta vida se acabarán y que en el mundo futuro que Dios nos tiene prometido, “pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él, Dios-con-ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado” (Ap 21,3-4).

Ahora bien, todo esto no nos puede llevar a una actitud de mera resignación. En el Evangelio no encontramos ni resignación ni conformismo. El Evangelio enseña que el mal puede ser vencido con el bien y, por tanto, no levanta la bandera de la resignación sino la bandera de la esperanza.Como decía Martín Descalzo que “no hay que confundir resignación con aceptación serena de la realidad, siempre que se entienda que la realidad no es una piedra para sentarse en ella a llorar, sino un trampolín en el que hay que apoyar bien los pies para saltar constantemente hacia otra realidad mejor. La resignación pasiva es un suicidio diario. La aceptación cristiana es el esfuerzo diario por levantarse tras un tropezón” (Martín Descalzo, Razones para el amor. Atenas, Madrid 1996).

La actitud del cristiano ante el dolor y el sufrimiento debe consistir en luchar por superarlo y, cuando no es posible, asociarlo al sufrimiento de Cristo en la cruz y vivirlo como una experiencia salvífica y de plenitud.



Artículo obtenido de atreveteabuscar.com

martes, 5 de enero de 2016

Epifanía

Feliz Epifanía!!! 

Feliz manifestación del Señor!!!

"Los magos, abrieron sus cofres, 

ofrecieron al Señor oro, incienso y mirra."

Señor, tú que manifestaste a tu Hijo en este día a todas las naciones por medio de una estrella, concédenos a los que ya te conocemos por la fe, llegar a contemplar, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria; y a los que aún no te conocen, hazte el encontradizo entre ellos.
Que todos nos sintamos acompañados por tu misericordia, sobre todo en nuestros momentos de dificultad, y cuando lo necesitemos encontremos aquellas estrellas que nos guían hasta ti.



martes, 22 de diciembre de 2015

Feliz Navidad

En este Año de la Misericordia, 
el Señor viene a recordarnos que su amor no tiene fin. 
Feliz Navidad
Feliz Año Nuevo 2016
y
Feliz Año de la Misericordia



lunes, 21 de diciembre de 2015

Antibióticos de la Misericordia, del Papa Francisco

El Papa Francisco ha tenido este lunes 21 de diciembre de 2015 su encuentro anual con la Curia Vaticana para intercambiar las felicitaciones de Navidad, en su discurso comentó que si bien el año pasado habló de las enfermedades curiales a las que está expuesta la Iglesia, y que debilitan el servicio a Cristo; este año quería presentar los “antibióticos curiales” en clave de misericordia.



1. Misionariedad y pastoralidad. La misionariedad es lo que hace y muestra a la curia fértil y fecunda; es prueba de la eficacia, la capacidad y la autenticidad de nuestro obrar. La pastoralidad sana es la búsqueda cotidiana de seguir al Buen Pastor que cuida de sus ovejas y da su vida para salvar la vida de los demás.

2. Idoneidad y sagacidad. La idoneidad necesita el esfuerzo personal de adquirir los requisitos necesarios y exigidos para realizar del mejor modo las propias tareas y actividades, con la inteligencia y la intuición. La sagacidad es la prontitud de mente para comprender y para afrontar las situaciones con sabiduría y creatividad.

3. Espiritualidad y humanidad. La espiritualidad es la columna vertebral de cualquier servicio en la Iglesia y en la vida cristiana. Esta alimenta todo nuestro obrar, lo corrige y lo protege de la fragilidad humana y de las tentaciones cotidianas. La humanidad es aquello que encarna la autenticidad de nuestra fe.

4. Ejemplaridad y fidelidad. Ejemplaridad para evitar los escándalos que hieren las almas y amenazan la credibilidad de nuestro testimonio. Fidelidad a nuestra consagración, a nuestra vocación.

5. Racionalidad y amabilidad. La racionalidad sirve para evitar los excesos emotivos, y la amabilidad para evitar los excesos de la burocracia, las programaciones y las planificaciones.

6. Inocuidad y determinación. La inocuidad, que hace cautos en el juicio, capaces de abstenernos de acciones impulsivas y apresuradas, es la capacidad de sacar lo mejor de nosotros mismos, de los demás y de las situaciones, actuando con atención y comprensión. La determinación es la capacidad de actuar con voluntad decidida, visión clara y obediencia a Dios, y sólo por la suprema ley de la salus animarum.

7. Caridad y verdad. Dos virtudes inseparables de la existencia cristiana: «realizar la verdad en la caridad y vivir la caridad en la verdad»

8. Honestidad y madurez. La honestidad es la rectitud, la coherencia y el actuar con sinceridad absoluta con nosotros mismos y con Dios. La madurez es el esfuerzo para alcanzar una armonía entre nuestras capacidades físicas, psíquicas y espirituales.

9. Respetuosidad y humildad. La respetuosidad es una cualidad de las almas nobles y delicadas; de las personas que tratan siempre de demostrar respeto auténtico a los demás, al propio cometido, a los superiores y a los subordinados, a los legajos, a los documentos, al secreto y a la discreción; es la capacidad de saber escuchar atentamente y hablar educadamente. La humildad, en cambio, es la virtud de los santos y de las personas llenas de Dios, que cuanto más crecen en importancia, más aumenta en ellas la conciencia de su nulidad y de no poder hacer nada sin la gracia de Dios.

10. Dadivosidad y atención. Seremos mucho más dadivosos de alma y más generosos en dar, cuanta más confianza tengamos en Dios y en su providencia, conscientes de que cuanto más damos, más recibimos. En realidad, sería inútil abrir todas las puertas santas de todas las basílicas del mundo si la puerta de nuestro corazón permanece cerrada al amor, si nuestras manos no son capaces de dar, si nuestras casas se cierran a la hospitalidad y nuestras iglesias a la acogida. La atención consiste en cuidar los detalles y ofrecer lo mejor de nosotros mismos, y también en no bajar nunca la guardia sobre nuestros vicios y carencias.

11. Impavidez y prontitud. Ser impávido significa no dejarse intimidar por las dificultades; significa ser capaz de dar el primer paso sin titubeos. La prontitud, en cambio, consiste en saber actuar con libertad y agilidad, sin apegarse a las efímeras cosas materiales.

12. Atendibilidad y sobriedad. El atendible es quien sabe mantener los compromisos con seriedad y fiabilidad cuando se cumplen, pero sobre todo cuando se encuentra solo; es aquel que irradia a su alrededor una sensación de tranquilidad, porque nunca traiciona la confianza que se ha puesto en él. La sobriedad —la última virtud de esta lista, aunque no por importancia— es la capacidad de renunciar a lo superfluo y resistir a la lógica consumista dominante. La sobriedad es prudencia, sencillez, esencialidad, equilibrio y moderación. La sobriedad es mirar el mundo con los ojos de Dios y con la mirada de los pobres y desde la parte de los pobres.

Para entender los 12 elementos de la lista, el Papa invitó a leer una bella oración, comúnmente atribuida al beato Oscar Arnulfo Romero, pero que fue pronunciada por primera vez por el cardenal John Dearden.

De vez en cuando, dar un paso atrás nos ayuda
a tomar una perspectiva mejor.
El Reino no sólo está más allá de nuestros esfuerzos,
sino incluso más allá de nuestra visión.
Durante nuestra vida, sólo realizamos una minúscula parte
de esa magnífica empresa que es la obra de Dios.
Nada de lo que hacemos está acabado,
lo que significa que el Reino está siempre ante nosotros.
Ninguna declaración dice todo lo que podría decirse.
Ninguna oración puede expresar plenamente nuestra fe.
Ninguna confesión trae la perfección,
ninguna visita pastoral trae la integridad.
Ningún programa realiza la misión de la Iglesia.
En ningún esquema de metas y objetivos se incluye todo.
Esto es lo que intentamos hacer:
plantamos semillas que un día crecerán;
regamos semillas ya plantadas,
sabiendo que son promesa de futuro.
Sentamos bases que necesitarán un mayor desarrollo.
Los efectos de la levadura que proporcionamos
van más allá de nuestras posibilidades.
No podemos hacerlo todo y, al darnos cuenta de ello,
sentimos una cierta liberación.
Ella nos capacita a hacer algo, y a hacerlo muy bien.
Puede que sea incompleto, pero es un principio,
un paso en el camino,
una ocasión para que entre la gracia del Señor y haga el resto.
Es posible que no veamos nunca los resultados finales,
pero esa es la diferencia entre el jefe de obras y el albañil.
Somos albañiles, no jefes de obra, ministros, no el Mesías.
Somos profetas de un futuro que no es nuestro.


miércoles, 16 de diciembre de 2015

Navidad: Acoger a Dios


Ya cerca de la Navidad, comparto con vosotros la dinámica de Navidad que se ha preparado para el área de geriatría del centro San Juan de Dios de Ciempozuelos. Espero que os resulte útil:

domingo, 29 de noviembre de 2015

Cómo podemos ser misericordiosos



Ayer iniciábamos el tiempo de Adviento con una vigilia en la parroquia, Santísima Trinidad, a la que estuvimos todos invitados a prepararnos espiritualmente para vivir este tiempo litúrgico con más intensidad. Y nos hemos traído para nuestra vida algunas pistas que nos pueden ayudar a ser misericordiosos, las comparto con vosotros.

Mirando al prójimo con el corazón conmovido.
Iluminando la vida de quien te necesita.
Sirviendo sin esperar agradecimiento.
Escuchando lo que no dice el que sufre.
Recogiendo lo que nuestro mundo desprecia.
Infundiendo esperanza al desheredado.
Compartiendo nuestros talentos y bienes.
Orando al Padre en lo secreto.
Reflejando el amor de Dios.
Dando oportunidades a quien las perdió.
Imitando al buen samaritano.
Amando como Dios nos ama.

Adviento 2015: Abre tu corazón y acógelo




Aquí os dejo la dinámica de Adviento que se va a utilizar en el área de geriatría del centro San Juan de Dios de Ciempozuelos. Espero que os resulte útil:



sábado, 31 de octubre de 2015

martes, 27 de octubre de 2015

SAER (Servicio de Atención Espiritual y Religiosa) en Córdoba

Este vídeo es un ejemplo de cómo trabajan los equipos del SAER (Servicio de atención espiritual y religiosa) en los centros de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios, en este caso, se trata de la casa de Córdoba. 
Se trataría de curar no sólo el cuerpo, sino también el alma. De hecho, una de las cosas que nos diferencia del resto es precisamente el trabajo de nuestra Pastoral y la Acogida al Paciente. Es una acción Pastoral que va más allá del enfermo, llegando también a los familiares y a los compañeros.

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Video enviado por nuestro compañeros del Hospital San Juan de Dios Córdoba.

sábado, 24 de octubre de 2015

Un reconocimiento a la HOSPITALIDAD


El 23 de octubre, la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios ha recogido el premio Princesa de Asturias de la Concordia 2015. 

Un momento emotivo, de alegría, por el reconocimiento a la Hospitalidad; por estos cinco siglos siguiendo las huellas de San Juan de Dios en el servicio y asistencia a los pobres y a los enfermos, a todos los que se van cruzando en el camino de la Institución, haciendo vida el evangelio de la misericordia.


¡Enhorabuena a la Familia Hospitalaria de San Juan de Dios!

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Orden Hospitalaria San Juan de Dios,
Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2015.
Un reconocimiento a la Hospitalidad.

"reconocimiento a una ejemplar labor asistencial desarrollada a lo largo de cinco siglos, que en más de 50 países, se centra en cuestiones tan sensibles como la epidemia del ébola, las crisis migratorias y, en general, la protección de las personas más desfavorecidas y en riesgo de exclusión"