viernes, 25 de marzo de 2016

Manual del Lenguaje del Cuidado

Conoce y descarga el Manual del Lenguaje del Cuidado, pincha en la imagen:

Viernes Santo

Señor, que sea capaz de mirar, que es precisamente en la cruz, donde está toda la fragilidad humana, donde se da también la grandeza de un amor que se nos da, lleno de misericordia. Señor, ¡enséñanos a mirar!

"Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quien creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. 


Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca.

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomo el pecado de muchos e intercedió por los pecadores."

Is 52, 13; 53,12





jueves, 24 de marzo de 2016

Feliz Jueves Santo

Hoy es un gran día, hay tanto para dar gracias a Dios!!!

Hoy, en este Jueves Santo, en la celebración de la Cena del Señor, conmemoramos el acontecimiento de la Institución de la Eucaristía por Cristo:


También celebramos el día del amor fraterno


Y la institución del sacerdocio


¡¡FELIZ JUEVES SANTO!!!

domingo, 6 de marzo de 2016

Misericordia y entrega en San Juan de Dios

En esta ocasión compartimos con vosotros la reflexión del Hno. Gabriel Garcia, en el quinto día de la Solemne Novena a San Juan de Dios:


Acabada su peregrinación a Guadalupe, su director espiritual le manda regresar a Granada donde fue llamado por el Señor para comenzar una nueva andadura, una nueva forma de vivir.

Ahora todo es nuevo para Juan de Dios, todo es intriga, todo ilusión, todo es esfuerzo, muchas dudas, tiene que enfrentarse con una realidad que no ha vivido antes.

Curiosamente llega a Granada por la mañana, como si le anunciasen el preludio del alba de su gran obra de misericordia, como si fuese el amanecer del servicio que quiere dar, aliviar el sufrimiento con el que se encuentra: pobres deambulando por las calles, desnudos y enfermos echados en el suelo, helados de frio porque era invierno.

Después de participar en la Misa toma la decisión de subir a la sierra (en las alturas es donde se manifiesta el Señor con más claridad). Juan de Dios intuye que la humildad es la base de toda verdadera grandeza, que para seguir al Señor, primero tiene que aprender a ser pequeño, a ser servidor de todos.

Sueña, desea tener un sitio donde poder cuidar y atender a tanta necesidad como se encuentra diariamente. Pero, ¿cómo conseguirlo? Pedir aún le da vergüenza. Comenzaré por algo sencillo, recogiendo leña y vendiéndola en la Plaza y así podré ayudar a los demás.

Sencillo el planteamiento ¿verdad? Pues cuando descendía del monte sintió tanta vergüenza que no fue capaz de entrar por la Puerta de los Molinos que está bien distante del comercio de la Ciudad y se lo dio a una pobre viuda que le pareció que tenía necesidad. Podemos ver en este episodio, nada sencillo, la lucha entre su orgullo y el desprendimiento que le pide el Señor.

Al día siguiente, avergonzado de la cobardía del día anterior, después de oír Misa se fue a por otro haz de leña y cuando regresaba a la ciudad comenzó a sentir la misma vergüenza que el día anterior y reprochándose a sí mismo y avanzando comenzó a decirle a su cuerpo: vos, don asno, que no quisiste entrar ayer en Granada con la leña, por vergüenza y conservar tu honra y dignidad, pues ahora las a va a perder y llevaras la leña hasta la plaza mayor para que te vean  todos los que te conocen y pierdas la altanería, el orgullo y la soberbia que tienes. Y así fue hasta la Plaza Bib-Rambla y como no lo habían visto desde la locura, se acercó mucha gente asombrada de verle; algunos con mucha guasa y burla le decían: ¿Qué es esto hermano Juan? ¿Cómo te fue en el Hospital con los enfermos? No hay quien te entienda, cada día cambias de oficio y manera de vivir.

Y de esta y de muchas maneras se burlaban de él con palabras y gestos los mozos ociosos. Él, alegre y humildemente recibía estos reproches sin enfadarse, al contrario les respondía con risas y así se hacía participe de lo que ellos estaban disfrutando, al tiempo que se gozaba de no rechazar lo que él pretendía, ser humillado: Hermanos, este es el juego de birlimbao, tres galeras y una nao, que mientras (más) veas menos has de aprender. Y así con estas palabras y otros semejantes chascarrillos, amorosamente respondía a los que le preguntaban por su vida, encubriendo con ellas la gracia que le había dado el Señor y se recreaba y disfrutaba de que lo tuviesen por poca cosa y de poca valía, y de esto salía bien parado con ellos, porque la gente comúnmente juzgaba que era ramalazo de locura cuando ven lo que está haciendo.

Así que más leña y más humillaciones que estos le fortalecen. “El que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”. Con perseverancia, Juan está dando comienzo a esa entrega que vivirá sin límites. Porque “Si el  grano de trigo no muere, no da fruto”.

Juan, fortalecido por la gracia y misericordia de Dios está comenzando aquí, en la Plaza Bib-Rambla, un nuevo camino; la entrega total a Dios y a los pobres y enfermos.

Quiere aliviar el sufrimiento con el que se encuentra a diario. Quiere compartir con ellos todo: sus amarguras y sus esperanzas. Quiere demostrarles que la Misericordia de Dios es Grande y Eterna.

Sabe, es consciente, que él solo no puede solucionar tanta necesidad, pero confía sólo en Jesucristo que lo ayudará, pues conoce su corazón. Juan se fortalece en la fe y en la práctica de la misericordia, al igual que comienza a ganarse la confianza de la gente y van apareciendo algunas personas solidarias que le ayudan en el alquiles de la Pescadería (primer germen de su hospital).

La misericordia de Dios transforma el corazón de Juan de Dios haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de hacer y dar misericordia, porque al experimentar en su persona la misericordia de Dios, él se hace misericordioso.

¡La Misericordia lo puede todo!

Y comienza a recoger pobres desamparados, enfermos y tullidos que encontraba. Y compró algunas esteras de anea y algunas mantas viejas para pudiesen dormir, porque no tenía para más, ni otra medicina que darles, y así les decía: Hermanos, dad muchas gracias a Dios por esta ayuda que nos concede y por la paciencia que tiene en esperarnos y les trajo un cura para que se confesasen.

Y el local de la Pescadería se queda pequeño de tanta gente que llega, pues no cabían ni de pies de los que venían a la fama de Juan de Dios.

Ya lo vemos contento, como un brazo de mar en servicio y atención a los pobres y enfermos. Dice que: hay días que no tiene tiempo ni para rezar el Padrenuestro, con esto quiere decir que como está solo, tiene que cuidar a más de ciento diez personas, hacer la comida, darles de comer, ir a pos agua a la fuente, lavarlos, limpias la casa, lavar la ropa, escaldar piojos, etc..

Como son tantos y el local es pequeño tiene que cambiarse a otro más grande y más espacioso y, acuestas traslada a sus pobres tullidos, enfermos que no podían ir por su pie hasta la cuesta de Gomerez. Aquí puso más orden y concierto, y puso  camas para los más dolientes, por distintas enfermedades y por sexo; y nuestro Señor tuvo a bien de proveerlo de enfermeros que le ayudasen a servirlos, mientras él iba a buscar la limosna y medicinas con que se curasen. Pero el trabajo es tanto que las horas del día no le san para más y el que al principio de su obra le daba vergüenza pedir, ahora resulta que es hasta original pidiendo, y comenzando la noche, después de realizar todas sus tareas, salía por las calles con su capacha y dos ollas en las manos, iba diciendo a voces: “¡Quien hace bien para si mismo! ¿Hacéis bien por amor de Dios, hermanos míos en Jesucristo?” Y como tenía voz lastimosa y la virtud que el Señor le daba, parecía que esta petición atravesaba las entrañas de todos.

Esas noches frías de Granada en que no hay nadie por la calle, pero, se asoman por la ventana para darle su limosna.

Juan de Dios, modelo ardiente de Caridad y un modelo de involucrar a los demás.

También hay gente que se cansa de darle limosna y por otra parte él no se sacia de atender a toda clase de necesidad que se encuentra: Cuida a niños que allí le dejan, socorre a las viudas, atiende a los pobres vergonzantes en sus casas de mujeres alegres y las redime y les busca trabajo digno. En una ocasión dos de estas mujeres le piden que las lleve a Toledo, con el pretexto de cambiar de vida y como él no duda, junto con Ángulo se dirigen de Granada a Toledo y en mitad del camino se les pierde una. Ángulo protesta y le dice a Juan que lo están engañando y Juan le responde: Mira, si vienes desde Motril a Granada con tres cajas de sardinas y por el camino se te estropean dos, ¿tirarás la otra también?

Hay tanta necesidad que atender en Granada que no encuentra suficiente limosna y viaja por toda Andalucía, Extremadura y Castilla hasta Valladolid pidiendo para sus pobres que son tantos que no sabe cómo se pueden sustentar. Acaba su vida desvencijado. Más no se puede entregar.

Amigos y compañeros, es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros impulsándonos a amar al prójimo como lo hizo san Juan de Dios. Porque las obras de misericordia corporales y espirituales, nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y que sobre estas obras de misericordia seremos juzgados en el último día.

A nosotros como sanitarios o como buenos samaritanos nos toca mirar, tocar, nos corresponde preguntar y escuchar, cuidar y curar, nutrir, visitar, consolar y educar al ENFERMO. Y además como dice el Papa Francisco: “practicar con ellos la CARIÑOTERAPIA”.

Sí, la CARIÑOTERAPIA ayuda a que el tiempo en que estén los enfermos a nuestro cuidado lo vivan con mayor integración, lo vivan con alegría. La cariñoterapia es muy importante que junto a la farmacología, forman las dos un complemento extraordinario, muy eficaz, curativo y complaciente.

En definitiva: “curarlo cuidándolo” porque tocar la carne de los pobres y enfermos es tocar la carne de Cristo compasivo y misericordioso (Mensaje de Cuaresma del Papa Francisco)

Así lo entendió y vivió San Juan de Dios que viendo tanta necesidad y al no poder atender a todos se le parte el corazón. Porque la misericordia y la compasión son el hilo conductor y el programa de su vida.

Es tan fina y sutil la compasión de san Juan de Dios, que se compadece hasta de un dolor de muelas que tiene Luis Bautista. Por eso nosotros somos, tenemos que ser su continuación, siendo manos, brazos y corazones que ayudan a Dios a realizar sus prodigios, sus obras de misericordia.

En ocasiones, también, aflora alguna lágrima en nuestros ojos, es normal porque también tenemos nuestro corazoncito, porque si no lloramos como Jesús y como San Juan de Dios, ante las miserias de los demás y las injusticias de nuestro mundo, es que se no ha secado la fuente de nuestros sentimientos.

Los seguidores de Cristo y de San Juan de Dios: tenemos que ser epifanía (manifestación) de la misericordia del Padre como identificados con Jesús. San Juan de Dios nos recomienda que:

“Después de nuestro trabajo tenemos que dar gracias a Nuestro Señor Jesucristo, porque usa con nosotros de tanta misericordia”. “Pues si mirásemos cuán grande es la misericordia de Dios para con nosotros, nunca dejaríamos de hacer el bien mientras pudiésemos”.

Y para finalizar: Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.


Hermano Gabriel García, OH

viernes, 4 de marzo de 2016

Misericordia y Conversión en San Juan de Dios


Como sabéis estamos en el Jubileo de la Misericordia, y no voy a hablar mucho más de ello porque lo estamos viviendo desde el 8 de diciembre de 2015; pero, también estamos en el tiempo de cuaresma, y nuestro Papa Francisco ha expresado su deseo de que “la Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios”; pues bien, en este tiempo se nos recuerda que siempre estamos necesitados de experimentar la misericordia y el amor de Dios; y que hemos de estar permanentemente en actitud de conversión y de salida de nosotros mismos para ir al encuentro de nuestro hermano, desde el amor, desde la caridad, desde la misericordia.

INTRODUCCIÓN

La cuaresma es precisamente un tiempo fuerte de encuentro, conversión y renovación.

Haciendo uso de vuestra paciencia, me gustaría compartir sobre el itinerario de conversión de san Juan de Dios, en consonancia con los domingos de cuaresma, que como ya habéis escuchado los domingos pasados, el primero y el segundo son las tentaciones y la transfiguración, y en este ciclo C del año litúrgico, se proponen textos que tratan de la conversión y del perdón de los pecados, las parábolas de la higuera estéril, del hijo pródigo y la mujer adúltera.

PRIMER DOMINGO DEL TIEMPO DE CONVERSIÓN

Hemos empezado el primer domingo de este tiempo de conversión pisando fuerte, con un evangelio que nos despierta de nuestros posibles letargos y nos pone en clave de conversión, renovación y búsqueda de la voluntad de Dios en medio del desierto que en muchas ocasiones nos ofrece la propia vida; existen muchas formas de ser llevados al desierto por el Espíritu: la enfermedad, la soledad, una ruptura familiar, una situación laboral difícil,… cada uno podemos ir pensando en nuestros propios desiertos, que para algunos es un sinsentido de la vida y para otros es encontrar un sentido.

El caso es que el camino aventurero y fascinante de Juan de Dios nos muestra las maravillas de quien se ha dejado conducir al desierto y descubre allí la acción de Dios sintiéndose hermano de los más desfavorecidos. Fue tentado en ese camino de búsqueda de muchas formas, e incluso lo pasó muy mal como soldado… hasta que llega a Granada.

Dice el Hermano Braulio Novella: «No es necesario ponderar su belleza y su rango. “La toma” fue en son de paz, con los libros al hombro, por la puerta de Elvira, donde puso su tenderete. Deslumbrado por la grandiosidad de los jardines y monumentos, asombrado por aquel hervidero humano, oía el rumor monótono de los desamparados, cayendo en la cuenta que allí donde hay muchos ricos abundan los pobres y donde se desborda el desenfreno, cunden los desgraciados. Percibió también el número ingente de personas buenas y dadivosas. Tanta belleza y suciedad juntas, lo sacaban de quicio y decía: esto no puede ser, esto no puede ser». Digamos que desde esta frase empieza el itinerario de conversión. En el desierto encontrarse con el esto no puede ser.

SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO DE CONVERSIÓN

En el segundo domingo de este tiempo de conversión, entre el tabor y lo cotidiano, se nos invita a la oración, con nuestra mentalidad práctica, tal vez nos cuestionemos si hay que subir a la montaña para rezar, y la respuesta es sí, sí hay que rezar, debemos capacitarnos en el arte del silencio interior, porque es allí donde podemos escuchar aquello de “este es mi hijo, el escogido, escuchadle”.

A mí no me gusta dar nombres, porque siempre te dejas alguno en el tintero, pero, aquí no puedo evitar compartir mi experiencia con un hermano de san Juan de Dios, para mí, otro “santo de la misericordia”; me estoy refiriendo al hermano Antonio Florido, al que todos, o casi todos, conocisteis. Él con su estilo de vida, me enseñó a escuchar, hacer silencio interior pasando por la disposición a centrarse en el otro, poniéndose así mismo entre paréntesis, aprendiendo a manejar los sentimientos que produce el encuentro con la vulnerabilidad del otro… todos los que le conocisteis tenéis que haber sentido su entrega desde el silencio, desde la escucha activa, desde ese estar sentado en su mesa engarzando bolitas  para hacer rosarios, y estando pendiente de cada uno de vosotros. Intuyo que esta escucha la aprendió el hermano Antonio Florido de Juan de Dios, y así nos los fue transmitiendo a los que tuvimos la gozosa experiencia de conocerlo.

Juan de Dios experimentó la sensibilidad de escuchar a Cristo a través de Juan de Ávila, ¿os acordáis? Juan de Dios participaba en la vida de fe que, en aquella época era lo normal en España y, en concreto, en Granada. Dentro de toda la “movida” de mercaderes, aventureros, artesanos, extranjeros… se tenían de vez en cuando lo que hoy llamaríamos charlas o conferencias, y un 20 de enero de 1539, fue a Granada, Juan de Ávila (más tarde sería San Juan de Ávila). Ese 20 de enero, día de la festividad de San Sebastián, Juan se encontraba en la capilla dedicada a este santo mártir con la finalidad de oír predicar al célere Juan de Ávila. Abstraído estaba Juan de Dios en la oración cuando el Maestro Ávila empezó su sermón. Él ya estaba en el tabor, estaba orando.

El tema de la “charla” del día, era el evangelio del seguimiento cuando Jesús dice a los suyos que “dejen todo y le sigan”. Al preguntar el famoso predicador a sus oyentes, con voz potente: «¿Qué hacéis por nuestro Cristo, que tanto os ama?» a Juan le pareció que aquellas palabras eran para él en concreto, aunque estuviera rodeado de muchas personas, y sintió algo muy extraño dentro de sí mismo, algo que no podía entender (suele pasar a veces). Era el fuego de un deseo inmenso de hacer el bien, que durante muchos años (en esa etapa de búsqueda) estaba ardiendo sin poder levantar llamas. Las palabras del sacerdote manchego habían roto aquella costra y en aquel volcán de amor y misericordia se abría una gran brecha. Las llamas, tanto tiempo reprimidas, se levantaron hasta el cielo iluminando a Juan de Dios, esa fue la transfiguración vivida por Juan de Dios, que, al ver a Dios y verse a sí, no pudo menos de salir corriendo, alucinado, con un fuerte “subidón” que dirían los más jóvenes, dando gritos por las calles granadinas: que había que seguir a Jesús.

La gente decía que Juan de Dios se había vuelto loco, pero él se percató en ese momento, que Dios misericordioso, le había desvelado el porqué de tantas cosas en su vida, hasta entonces inexplicables.

Las enseñanzas que extraemos de este episodio de su vida siguen siendo actuales, este momento lo conocemos como la conversión de San Juan de Dios; se produce tras escuchar el evangelio de las Bienaventuranzas y abrirse a la iluminación de la gracia divina y es que siempre que Jesucristo predica el evangelio, llama a la conversión. Fue el encuentro con esas palabras lo que hizo cambiar radicalmente su existencia, fue el punto álgido de este trayecto de su peregrinación.

TERCER DOMINGO DEL TIEMPO DE CONVERSIÓN

Y así llegamos a las parábolas de la conversión, porque Dios no se cansa de darnos oportunidades, y en el tercer domingo (que lo escuchamos hace dos días), el de la higuera estéril; vemos que siempre cabe la posibilidad de responder positivamente a su plan, pero claro, hay que hacer algo por crecer y abrirse al abono con el que el Señor pretende sacarnos adelante. Necesitamos tiempo para madurar y dar fruto, para convertirnos y cambiar la mentalidad del corazón. A la higuera sin fruto le falta su proceso de maduración.

Este proceso lo descubrimos en la vida de san Juan de Dios: tras los gritos desaforados, pidiendo perdón a Dios y a todo el mundo, que se tira al suelo, da  volteretas, llora… a Juan de Dios lo llevan como loco pernicioso al hospital, podríamos decir que a la sección de psiquiatría, para someterlo a la terapia de los azotes. Y parece ser que fue un ingreso voluntario, porque cuando quiso fue y pidió el alta y tuvieron que dársela, por sus muestras de cordura, sensatez, buen juicio e inteligencia superior a lo común. Siendo como era gran observador, su talento natural le llevó a descubrir allí mismo precisamente, el inmenso mundo de la enfermedad y su entorno, con los peligros que acechan al hombre sometido a cualquier tipo de dolencias. Pero necesitó su tiempo. Necesitó su tiempo para percatarse de todo esto, necesitó un parón en el camino.

A nosotros nos pasa, imaginad que cogemos la furgoneta del centro y nos vamos de paseo, y a pesar del GPS nos perdemos, sería un poco absurdo, que sabiendo que vamos en camino inadecuado siguiéramos adelante, ¿qué deberíamos hacer? Pararnos, si podemos, y ver cómo podemos regresar para coger la salida adecuada, pues algo así es la conversión, consiste en pararnos sentir esa misericordia de Dios, e ir transformando el corazón de piedra en un corazón capaz de entregarse por el prójimo.  Sí, en muchas ocasiones “andamos como barca sin remo”, que diría Juan de Dios.

CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO DE CONVERSIÓN

El cuarto domingo, tenemos la parábola del hijo pródigo, destacando la actitud misericordiosa del Padre, en la que no hay posibilidad de encontrarse con el Padre sin sentirse hermano de los otros hijos.

Esta incondicionalidad de ser hijo y hermano la descubrió Juan de Dios, ¿qué le pasó? Unos dicen que se trata de un caso típico de conversión radical por efecto de la gracia “tumbativa”, que irrumpió sobre él, como sobre Pablo de Tarso cuando iba a caballo camino de Damasco y lo derribó. Otros opinan que fue un fogonazo, un torrente de luz interior que le ofuscó. Otros, que sufrió un momentáneo trastorno mental, sin consecuencias, del que pronto se repuso. Algunos dan un sinfín de explicaciones.

Sencillamente, la respuesta podría ser, que descubrió de modo súbito y emocional (las palabras de Juan de Ávila lo empujaron), lo mucho que Dios Padre lo había amado, como era objeto de la predilección de Jesucristo, escondido en el pobre y el enfermo, y no haber correspondido a ese amor tan grande con más dedicación, a sus 44 años ya. Veía con nitidez que el hermano, su prójimo, era su vocación, la auténtica llamada a Dios, no percibida antes con tanta fuerza, no seguida con coraje. Y lloraba de dolor y de amor, que son dos caras de la misma realidad, esas son las dos caras de la conversión.

QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO DE CONVERSIÓN

Y finalmente, en el tramo final de este tiempo de conversión, nos encontramos con la mujer adúltera, y a Jesús que respeta a la persona y a cada persona, sin echar nada en cara, le dice “tampoco yo te condeno”, le da confianza y seguridad en el camino futuro. La libera para proyectar una vida nueva. Sólo Dios puede perdonar porque sólo Él es rico en misericordia. Ya diría san Juan de Dios, “si supiéramos cuán grande es la misericordia de Dios nunca dejaríamos de hacer el bien mientras pudiésemos”, y por ello en su peregrinación hacia Guadalupe, su canto será “Yo serviré a ‘mis amos y señores’, los enfermos, antes de que se me mueran y aunque se vayan a morir”, ya veis daba igual la condición del enfermo, Juan de Dios sólo quería servir, desde la caridad, sin juzgar, con misericordia, y es que la conversión, invita al compromiso.

FINAL

Cada uno de nosotros se encuentra en un momento concreto de la vida y, desde él, tiene que tomar una opción delante del Señor. También a ti y a mí nos ha llegado la hora. Pero la respuesta es algo personal que nadie puede dar por nosotros. Hay momentos en los que Dios y la persona se encuentran cara a cara. Hay momentos en los que están, frente a frente, la misericordia de Dios y nuestra limitación humana… y uno de esos momentos es la conversión, con sus distintas etapas, esto es lo que vivió Juan de Dios.

Que en este tiempo de misericordia, de conversión, podamos decir como el santo: “Confío en sólo Jesucristo que Él me desempeñará, pues Él sabe mi corazón”.

¡Viva san Juan de Dios!



 *Imágenes de internet

domingo, 28 de febrero de 2016

Via Crucis Hospitalario. Con reflexiones de San Juan de Dios

Ya en mitad de la Cuaresma, comparto con vosotros este via crucis hospitalario con reflexiones sacadas de las cartas de San Juan de Dios. 
No he tenido tiempo de compartirlo antes, hay que aprovechar los fines de semana para estas cosillas. 
Espero que os resulte útil para orar con y por los hermanos de San Juan de Dios, para pedir, en este año de la misericordia, por las vocaciones a la Orden Hospitalaria y por la perseverancia de los que están siguiendo la llamada del Señor en este carisma de la Hospitalidad. 


sábado, 27 de febrero de 2016

San Juan de Dios. Un santo de la Misericordia


Es considerado el “creador del hospital moderno”. Juan no sólo se hacía cargo de los enfermos, sino que los cuidados que ofrecía se extendían a todas las obras de misericordia. Escribía en una carta: “Son tantos los pobres que aquí llegan, que muchas veces no sé cómo pueden alimentarse, pero Jesucristo provee a todo y les da de comer, porque sólo para la leña se necesitan siete u ocho reales cada día, porque al ser la ciudad grande y muy fría, especialmente ahora en invierno, son muchos los pobres que llegan a esta casa de Dios, porque entre todos, enfermos y sanos y gente de servicio y peregrinos son más de ciento diez”.

De particular interés fue su manera de acoger y tratar a los “enfermos de mente”. Petro Bargellini escribió de él: “Aun completamente desprovisto de estudios de medicina, Juan se mostró más capaz que los mismos médicos, de modo particular en el cuidado de los enfermos mentales, inaugurando, con gran anticipación en tiempo, el método psicoanalítico y psicosomático, que sería el orgullo, cuatro siglos después, de Freud y discípulos”.

Cuando Juan quería pedir limosna para sus enfermos decía: “¿Alguien quiere hacer el bien a sí mismo? ¡Hermanos míos, por amor de Dios, haceos bien a vosotros mismos!”. No se es capaz, en efecto, de amar verdaderamente la pobreza de los demás, si primero no se descubre también la propia oculta miseria. De aquí el deber de “hacerse el bien haciéndolo a los otros”.

Tomado de Subsidios para el Año de la Misericordia 2015-2016

Ed. BAC

En este año de la misericordia, comparto con vosotros este material sobre San Juan de Dios; por si os resulta útil para conocer más sobre la vida de este santo, que desde el carisma de la HOSPITALIDAD fue, es y será un santo de la misericordia:


lunes, 8 de febrero de 2016

Orar la Cuaresma con San Juan de Dios


Aquí lo tenéis más detallado, día a día:


y por si es de vuestro interés, comparto algo de material para trabajar en este tiempo de Cuaresma, es algo de lo que pensamos trabajar en el área de psicogeriatría de nuestro Centro San Juan de Dios de Ciampozuelos:




miércoles, 3 de febrero de 2016

Esquema Misericordiae vultus 24-25



La temática global de los números 24 al 25 de Misericordiae vultus es el de María, los santos y nosotros. En estos números descubrimos a María como Madre de la Misericordia y reconocemos en los santos modelos de misericordia.


Para profundizar en el tema ver 'Misericordiosos como el Padre. Claves y propuestas para la comunidad evangelizadora'.

Esquema Misericordiae vultus 22-23



La temática global de los números 22 al 23 de Misericordiae vultus es el de la misericordia de Dios transformada en indulgencia. En estos números analizamos lo que significa la indulgencia de Dios como expresión máxima de la misericordia y ahondamos en las relaciones con otras confesiones religiosas.


Para profundizar en el tema ver 'Misericordiosos como el Padre. Claves y propuestas para la comunidad evangelizadora'.

Esquema Misericordiae vultus 20-21



La temática global de los números 20 al 21 de Misericordiae vultus es el de descubrir que justicia y misericordia van de la mano. En estos números profundizamos en la relación entre justicia y misericordia en la Biblia y descubrimos la misericordia como nuestra norma de vida.


Para profundizar en el tema ver 'Misericordiosos como el Padre. Claves y propuestas para la comunidad evangelizadora'.

Esquema Misericordiae vultus 18-19



La temática global de los números 18 al 19 de Misericordiae vultus es el de ser misioneros y anunciadores de la alegría del perdón. En estos números descubrimos situaciones de pecado y proponemos actitudes de conversión.


Para profundizar en el tema ver 'Misericordiosos como el Padre. Claves y propuestas para la comunidad evangelizadora'.

Esquema Misericordiae vultus 16-17



La temática global de los números 16 al 17 de Misericordiae vultus es el de vivir un año de gracia, viviendo y redescubriendo la misericordia. En estos números reflexionamos en lo que significa un tiempo especial para vivir la misericordia y profundizamos en lo que significa la Reconciliación.


Para profundizar en el tema ver 'Misericordiosos como el Padre. Claves y propuestas para la comunidad evangelizadora'.

Esquema Misericordiae vultus 13-15


La temática global de los números 13 al 15 de Misericordiae vultus es el de peregrinos a las periferias. En estos números nos centramos en la misericordia como estilo y programa de vida y profundizamos en las obras de misericordia y las ponemos en práctica.



Para profundizar en el tema ver 'Misericordiosos como el Padre. Claves y propuestas para la comunidad evangelizadora'.

Esquema Misericordiae vultus 10-12



La temática global de los números 10 al 12 de Misericordiae vultus es ser testigos de la misericordia y del perdón. En estos números buscamos actitudes de misericordia y hacemos un análisis crítico de las actitudes que no lo son.


Para profundizar en el tema ver 'Misericordiosos como el Padre. Claves y propuestas para la comunidad evangelizadora'.

Esquema Misericordiae vultus 6-9


La temática global de los números 6 al 9 de Misericordiae vultus es que la misericordia de Dios es para siempre. En estos números releemos las historias bíblicas en clave de misericordia y descubrimos el llamado a ser misericordiosos como Jesús.


Para profundizar en el tema ver 'Misericordiosos como el Padre. Claves y propuestas para la comunidad evangelizadora'.

Esquema Misericordiae vultus 1-5



La temática global de los primeros cinco números de Misericordiae vultus es que Dios es misericordia. En estos números descubrimos la misericordia como impulso de toda actividad cristiana y recordamos hechos importantes como el Concilio Vaticano II, en el camino de ahondamiento de la misericordia.

Para profundizar en el tema ver 'Misericordiosos como el Padre. Claves y propuestas para la comunidad evangelizadora'.

domingo, 24 de enero de 2016

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

Del 18 al 25 de enero se celebra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que este año lleva el lema, “Destinados a proclamar las grandezas del Señor”. Durante estos días, en las diócesis españolas, se organizan distintas celebraciones ecuménicas. La Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales ha editado unos materiales par facilitar su preparación que puedes encontrar aquí.


En el hemisferio norte la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos se celebra tradicionalmente del 18 al 25 de enero. Estas fechas fueron propuestas en 1908 por Paul Watson para cubrir el periodo entre la fiesta de san Pedro y la de san Pablo, que tienen un hondo significado. En el hemisferio sur donde el mes de enero es tiempo de vacaciones de verano, las Iglesias frecuentemente adoptan otras fechas para celebrar la Semana de Oración, por ejemplo en torno a Pentecostés (sugerido por el movimiento Fe y Constitución en 1926), que representa también otra fecha significativa para la unidad de la Iglesia.

Teniendo presente esta exigencia de flexibilidad, invitamos a utilizar estos materiales a lo largo de todo el año para expresar el grado de comunión que las Iglesias ya han alcanzado y para orar juntos para llegar a la plena unidad querida por Cristo. Podéis encontrar más información y material aquí

Ntra. Sra. de la Paz, patrona de la Provincia Bética



Con inmenso gozo honramos en este día a María, bajo la advocación de Ntra. Sra. de la Paz, la que fue protectora continua de San Juan de Dios llamada por él «la siempre entera». Aquella que desde los inicios de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios ha sido protectora especial, patrocinio de los Hijos de Juan de Dios y Buen Consejo en su quehacer diario junto al enfermo, en su anuncio de salvación y paz para el que sufre, para el que se siente vulnerable, para el que se siente solo.


Nos encomendamos a Ntra. Sra. de la Paz y confiamos que nos cuide y nos aliente, que nos proteja y nos guíe, y nos anime a la Familia Hospitalaria a ser fieles seguidores de su Hijo Jesús y de tu fiel seguidor San Juan de Dios.

miércoles, 20 de enero de 2016

Conversión de San Juan de Dios

Hoy 20 enero, recordamos la Conversión de San Juan de Dios. La conversión se inició en Granada, escuchando al Maestro Juan de Ávila. Desde ese momento inicia un nuevo camino, un camino de HOSPITALIDAD, de servicio  y acogida a los enfermos y necesitados.

«Horno ardiente de caridad es el corazón de Juan de Dios. Su vida está revelando a las claras el ardentísimo amor de Dios que arde en su pecho. Pero hay una hora en su vida en que este divino fuego se avivó en tal medida que abrasa su hermoso corazón. Hora memorable, de trascendencia imponderable fue aquella del día de san Sebastián, cuando el librero de Granada asiste con devota religiosidad a los solemnes cultos con que la Iglesia honraba la memoria y virtudes del ilustre Mártir Romano; hora de gracia, cuando oyendo la divina palabra caldeada en el celo encendido del Maestro Ávila, un rayo de luz celestial alumbra su alma y se enciende su corazón en las llamas de amor que el Espíritu Santo aviva.

La voz del predicador era un tubo de oro por donde el Divino Espíritu se comunicaba a los oyentes y los encendía en el fuego de la divina caridad. Juan oía la palabra y se encendía el corazón. La palabra del apóstol, cada vez más vibrante y encendida, acaba por agitar la llama, y el corazón rompe en un volcán de amor de Dios, gritando: «Misericordia, Señor, misericordia».

Las manifestaciones de amor son muchas y en su frenesí no repara medios; grita en el templo; golpea su pecho; se arroja al suelo; abofetea su rostro; y entre tanto suspira por aquel amor misericordioso que redimió al mundo del pecado. Juan quiere amar a su Dios cuanto es amable.

El amor hace locuras para granjearse el cariño del amado. Juan de Dios sale por las calles haciendo mil demostraciones de locura porque su corazón ansioso de amar más y más a Dios no halla medio más eficaz para demostrarlo. Solo él conoce qué género de locura es aquella; la muchedumbre lo ignora, por eso saliendo a su encuentro lo toma y encierra en el Hospital. Pero, ni el ardor se templa con las humillaciones; ni se enfría con los desprecios; ni es capaz su pecho de represar aquellas fuertes avenidas de amor de Dios y desprecio de sí mismo.

El espíritu de Dios se ha comunicado a Juan y todas las señales del divino espíritu se notan en él: elevación del alma, moción y enternecimiento, heridas del corazón, desarraigo y destrucción de vicios, crecimiento y arraigo de virtudes, celestial rocío de devoción, encendimiento de caridad, allegamiento a Dios del alma y de todas las facultades. El pastorcillo de Oropesa es ya un apóstol.

Juan de Dios mirando de hito en hito a Jesucristo, enamorándose de Él, encendiéndose en el fuego de su Corazón es el cuadro que falta por dibujar. En él ha de resaltar la comunicación de amor de Jesús que le convierte en el Apóstol de la caridad y en Fundador de la Orden del amor por excelencia.

El amor con todas sus delicadezas y exquisiteces, con todas sus valentías y heroísmo es,
en adelante, quien informa toda la conducta de Juan de Dios. Su vida es de caridad sin límites y todo cuanto emprende va movido por ella. Se ve tan penetrado de caridad que parece su esencia misma; ver a Juan es ver la caridad viva. Cuantas hazañas virtuosas realiza en su vida, más que otra virtud resalta el amor divino: si sufre injurias, si obedece a sus directores, si ayuna con rigor y macera su cuerpo, lo mismo que si llena el hospital de pobres y toma sobre sus hombros el alivio de ellos, si hace oración, si trabaja, en vida y en muerte, el amor de Jesús es el que visiblemente campea. ¿Y cómo así? Amor y Juan son como fuego y ascua. El fuego consume al ascua y el ascua alienta al fuego. El amor abrasa a Juan y Juan da vida al amor en su corazón endiosado. Como la esposa atrae todo el amor por la  fuerza de conquista que ha obtenido sobre el corazón de su esposo, la divina caridad con quien Juan de Dios se ha desposado atrae completamente su alma; de aquí se sigue una total transformación de Juan de Dios; porque siendo Dios la caridad, según el sagrado texto, “Deus Caritas est”, Dios es Caridad, y siendo la caridad de Juan, Dios es de Juan y Juan es totalmente de Dios.»[1]

San Juan de Dios, escribía en la Primera Carta a la Duquesa de Sesa: «Si considerásemos lo grande que es la misericordia de Dios, nunca dejaríamos de hacer el bien mientras pudiésemos; pues al dar nosotros, por su amor, a los pobres, lo que de Él mismo hemos recibido, nos promete el ciento por uno en la bienaventuranza. ¡Oh estupendo lucro y ganancia! ¿Quién no querrá dar lo que tiene a este bendito mercader? No hay para nosotros trato tan ventajoso. Por eso nos ruega, con los brazos abiertos, que nos convirtamos y lloremos nuestros pecados, y que hagamos caridad, primero a nuestras almas y después a los  prójimos, porque como el agua apaga el fuego, así la caridad borra el pecado» Estas mismas palabras nos podrían servir hoy a cada uno de nosotros para vivir el Jubileo de la Misericordia.

Si recordamos nuestro compromiso bautismal y nuestra vida cristiana no tenemos otro modelo ni medida que Jesucristo servidor y evangelizador de los pobres, el que nos muestra con su vida el corazón de Dios. Para Juan de Dios nuestra vida cristiana tiene sentido y es coherente si imitamos a Jesucristo servidor y evangelizador de los pobres, siendo fiel reflejo del amor entrañable y misericordioso del Padre.




[1] Tomado de Textos litúrgicos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

viernes, 8 de enero de 2016

Por qué sufrimos




Si existe Dios y dicen que es bueno y todopoderoso… ¿por qué no impide el mal en el mundo?, ¿por qué sufrimos? Nos encontramos ante el problema del mal, nunca completamente resuelto. Pero si quieres investigar un poco más, si no te vale cualquier respuesta, con este vídeo puedes seguir buscando.


10 PREGUNTAS SOBRE EL SENTIDO DEL SUFRIMIENTO

1. ¿Ha creado Dios el mal y el sufrimiento

Dios es Bueno, inmensa e infinitamente Bueno. En cuanto Bueno, creó cosas buenas. Entonces, ¿dónde está el mal y de dónde proviene? ¿Cómo encaja el mal dentro de un universo creado y ordenado por Dios?

Quizá, antes de preguntarnos por el origen del mal, deberíamos preguntarnos por su naturaleza, es decir, ¿qué es el mal? Esto es lo que hace san Agustín, y llega a la conclusión de que el mal no es. El mal, explica, es la ausencia de bien. Y si el mal no es, ya no es preciso discurrir sobre la procedencia de algo que no es.

2. Si Dios no ha creado el mal, ¿de dónde procede?

Lo primero que hay que hacer es distinguir entre el mal moral y el mal físico, es decir, entre el mal causado por nosotros mismos y el mal cuya causa está en la naturaleza.

De manera que el origen del mal moral está en nuestra libertad, o, mejor dicho, en el mal uso que hacemos de nuestra libertad, y es, por tanto, responsabilidad nuestra. Aquí podemos hablar del terrorismo, de las guerras, del hambre en el mundo; y también del egoísmo, de la envidia, del odio, de la incomprensión, y de un larguísimo etcétera.

El origen inmediato del mal físico es la naturaleza. A veces de ciertos fenómenos naturales se deriva destrucción y sufrimiento. Dichos fenómenos naturales se derivan de las leyes físicas y son necesarios para que el universo físico mantenga su equilibrio. En sí mismos no podemos decir que sean malos.

Sin duda alguna, el mal más profundo es el que tiene su origen en el corazón del hombre. La prueba más evidente está en el hecho de que se puede sufrir y ser feliz. Sin embargo, no se puede ser malo y auténticamente feliz. La enfermedad, la muerte, las desgracias espantosas causadas por catástrofes naturales son, ciertamente, una fuente inagotable de sufrimientos. Pero el mal que tiene su origen en el odio, en la envidia, en la crueldad, ese mal que sale del corazón es lo que ahoga la vida del ser humano y lo que se hace más insoportable.

3. ¿Podemos sacar algún bien del sufrimiento?

Hay quien sostiene que el mal y el sufrimiento son necesarios para que podamos madurar y para que podamos apreciar las cosas buenas de la vida. ¿Puede una persona que nunca ha sufrido alcanzar la madurez psíquica y emocional? El famoso escritor inglés C.S. Lewis sostiene en alguna de sus obras que el sufrimiento es como el cincel que utiliza Dios para irnos moldeando, para hacernos mejores (CS Lewis, El problema del dolor, Rialp, Madrid 1999).

En todos los tiempos y en todas las culturas encontramos proverbios que destacan el valor educativo del sufrimiento. Ciertamente, cuando alguien es capaz de enfrentarse al sufrimiento y de superarse, midiéndose con la dificultad, puede obtener algún beneficio de la prueba a la que se ha visto sometido.En este sentido se han pronunciado muchos hombres ilustres: “Hay cosas que no se ven como es debido hasta que las miran unos ojos que han llorado” (Luis Veuillot). “El hombre es un aprendiz, el dolor es su maestro, y nadie se conoce hasta que ha sufrido” (Alfred de Musset). “El hombre se mide cuando se mide con el obstáculo” (Sain-Exupéry).

Son frases bonitas, y tienen un punto de razón. Pero hay que reconocer que no producen ningún consuelo a quien se encuentra sumido en el sufrimiento. En todo caso, pueden ayudar a quien se ha enfrentado a la dificultad, al fracaso, al dolor, y lo ha superado.

4.  Ahora podríamos preguntarnos, ¿por qué no creó Dios un mundo sin pecado?

La respuesta a esta pregunta es que eso fue, precisamente, lo que Dios hizo: en el principio, Dios creó un mundo sin pecado, tal como nos cuenta el Génesis. Pero el hombre utilizó su libertad para el mal, para el pecado.

5. Entonces, podemos seguir preguntando, ¿por qué creo Dios un mundo en el que  iba a entrar el pecado con tan desastrosas consecuencias? ¿Por qué no creó Dios un hombre sin libertad para pecar?

Preguntar por qué Dios no creó seres humanos sin libertad para pecar es como preguntar por qué no creó los círculos cuadrados. Un mundo sin libertad sería un mundo sin seres humanos. La libertad es algo que pertenece a nuestra esencia. No puede haber seres humanos sin libertad. Si Dios hubiera creado un mundo sin libertad, ese sería un mundo sin odio, pero también sin amor; un mundo sin pecado, y también sin virtud; un mundo sin sufrimiento, pero también un mundo sin alegría. Dios nos ha dado una voluntad libre para que podamos amar, a Él y a los demás hombres, porque sin libertad no puede haber amor, sólo puede haber necesidad. El amor, para ser tal, tiene que ser voluntario.

Claro que, al crearnos libres Dios corría el riesgo de que el hombre utilizara su libertad no para amarle, sino para apartarse de Él; no para hacer el bien, sino para hacer el mal. En ese sentido, podemos decir que el pecado es el precio del amor. Desde el momento en que Dios decide crear al ser humano, racional y libre, estaba asumiendo la posibilidad de que el hombre pecara. ¿Por qué? Porque, Dios es de tal modo bueno y poderoso que puede sacar bien del mismo mal.

6. ¿Cómo puede Dios sacar bien incluso del mal?

Ofreciéndonos su ayuda para obtener bienes superiores de todo el mal que padecemos (aunque no por esto el mal se convierte en un bien). Ahora bien, esto no equivale a concebir la Providencia de Dios no como un plan que está colgando sobre nuestras cabezas, como un destino inexorable. La Providencia divina es una presencia, una compañía ofrecida al hombre. Presupone, por lo tanto, la entrega del hombre, su confianza y abandono en las suaves manos de Dios.

Claro, que el hombre puede admitir esa compañía, esa ayuda de Dios en su vida, o puede rechazarla. Dios no nos coacciona, no nos fuerza. Dios nos ofrece su ayuda, pero no nos la impone. Dios actúa con suma delicadeza: actúa amándonos, inspirándonos, hablándonos al oído, suscitándonos ideas y sentimientos, inclinando nuestra voluntad, atrayéndonos hacia sí. A veces Dios interviene en nuestra vida de forma misteriosa y nos cuesta reconocer el modo en que nos ha ido guiando. Otras veces podemos reconocer su intervención a través de las personas que va poniendo en nuestro camino, de los talentos que recibimos, a través de los acontecimientos que nos van sucediendo, de las inquietudes que despierta en nosotros.

De ello nos ofrece algunos ejemplos la Biblia, en la historia de José, de Moisés y de Tobías. Y también podemos encontrar ejemplos impresionantes en la vida de grandes santos, como San Ignacio de Loyola, que resultó herido en el asedio de Pamplona y su forzado reposo le permitió leer una serie de libros de espiritualidad que provocaron en él un cambio radical de vida. Un caso similar es el de San Francisco de Asís, que fue hecho prisionero y encarcelado en Perusa a la edad de veinte años, lo cual le permitió revisar toda su vida, hasta entonces vacía y superficial, y convertirse en uno de los santos más grandes de la historia de la Iglesia. Una herida de bala y una estancia obligada en la cárcel son, indudablemente, un mal. Pero Dios estaba allí para ayudar a estos dos hombres a aprovechar esos momentos de dolor y conducirles a la obtención de un bien superior.

7.  Entonces, ¿qué implica creer en la Providencia divina?

Creer en la Providencia equivale a vivir siempre confiado en Dios, sabiendo que estamos en sus manos, que nada ocurre sin que Él lo permita y que, siendo como es el Sumo Bien, todo va a redundar en beneficio nuestro. Creer en la Providencia equivale a creer que el amor de Dios no se deja vencer por el mal, sino que, “vence con el bien al mal” (Rom 12,21).

Así, cuando una persona cae enferma, los médicos tratarán de hallar la causa de dicha enfermedad, que podrá ser un virus, una bacteria, el mal funcionamiento de un órgano, o lo que sea. Pero lo que no se les ocurrirá decir es que Dios es el causante de la enfermedad. Cuando alguien se mata en un accidente de coche, la causa puede haber sido un fallo mecánico, un perro que se cruzó en la carretera o una placa de hielo. Lo que no podemos pensar es que Dios puso ahí esa placa de hielo o ese perro para que el coche se estrellara, ni que estuvo manipulando el motor la noche anterior. De la misma manera, ante una desgracia cualquiera, un cristiano no puede pensar que Dios es la causa de ese sufrimiento. Lo que el cristiano debe saber y sentir es que si Dios ha permitido ese dolor o esa desgracia, es porque va a sacar de ahí un bien superior.

De manera que el significado de la Providencia de Dios en el mundo se manifiesta verdaderamente cuando promueve y extrae el bien de todas las formas de mal existentes en el mundo y en el hombre. Este es el contenido fundamental del mensaje salvador de Cristo

8. Entonces, ¿cuál debe ser la actitud del cristiano ante el dolor y el sufrimiento?

El cristiano tiene la obligación de esforzarse por construir un mundo mejor, en el que reinen la justicia y el amor. La confianza absoluta que debemos tener en Dios no nos dispensa nunca de obrar. La afirmación bíblica de la Providencia universal de Dios no puede degenerar en fatalismo ni en apatía, pues la Biblia afirma reiteradamente que Dios ha creado a los hombres libres y que tenemos el deber de usar bien esa libertad.

Por eso, en la visión cristiana, la historia es obra conjunta de la Providencia de Dios y de la libertad del hombre: Dios crea el mundo y actúa en él mediante su Providencia; y el hombre con su inteligencia y su libertad debe colaborar con Dios en la perfección del mundo. El cristiano no puede desentenderse de las realidades mundanas, no puede quedarse “pasmado mirando al cielo”, porque tiene un compromiso en la perfección del mundo.

9.  Pero, seguimos preguntando ¿qué hace Dios ante la realidad del sufrimiento?

Si miramos a Dios buscando una respuesta ante tanto sufrimiento nos encontraremos con que la respuesta de Dios es Jesucristo en la cruz. Esa es la respuesta desconcertante de Dios. En la cruz nos encontramos con Cristo desfigurado, roto de dolor, desgarrado, rechazado por todos, maldecido por los hombres: pero sin dejar de amarlos. En la cruz encontramos a Dios que hace suyo nuestro dolor y no nos deja solos en la noche oscura del sufrimiento. Si el misterio del mal es indescifrable, el del amor de Dios lo es más todavía. Desde la cruz Cristo nos revela la locura de su amor y nos invita a volver a la casa del Padre, y sabemos que el Padre está esperándonos con los brazos abiertos.

Cristo no ha venido a suprimir el sufrimiento, ni a explicarlo: lo que ha hecho ha sido darle un sentido nuevo. Asumiendo el dolor y el sufrimiento, compartiéndolo con los hombres, lo ha convertido en misterio de salvación. La fe en el sacrificio de Cristo en la cruz es la única respuesta válida al problema del mal. Mejor dicho, no es la respuesta sino la “buena noticia”: el amor triunfa sobre el mal. Cristo ha venido al mundo para salvarnos, para librarnos del pecado. Cristo puede hacernos superar nuestras miserias, nuestros egoísmos, nuestras envidias, en definitiva, puede hacer que los hombres dejemos de hacernos el mal unos a otros. El cristianismo, por tanto, no puede suprimir el dolor ni el sufrimiento en esta vida, sólo puede, mirando a la cruz, llenarlo de sentido.

10. ¿Resignación? o ¿Esperanza

Por otra parte, sabemos que los sufrimientos de esta vida se acabarán y que en el mundo futuro que Dios nos tiene prometido, “pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él, Dios-con-ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado” (Ap 21,3-4).

Ahora bien, todo esto no nos puede llevar a una actitud de mera resignación. En el Evangelio no encontramos ni resignación ni conformismo. El Evangelio enseña que el mal puede ser vencido con el bien y, por tanto, no levanta la bandera de la resignación sino la bandera de la esperanza.Como decía Martín Descalzo que “no hay que confundir resignación con aceptación serena de la realidad, siempre que se entienda que la realidad no es una piedra para sentarse en ella a llorar, sino un trampolín en el que hay que apoyar bien los pies para saltar constantemente hacia otra realidad mejor. La resignación pasiva es un suicidio diario. La aceptación cristiana es el esfuerzo diario por levantarse tras un tropezón” (Martín Descalzo, Razones para el amor. Atenas, Madrid 1996).

La actitud del cristiano ante el dolor y el sufrimiento debe consistir en luchar por superarlo y, cuando no es posible, asociarlo al sufrimiento de Cristo en la cruz y vivirlo como una experiencia salvífica y de plenitud.



Artículo obtenido de atreveteabuscar.com