domingo, 20 de abril de 2014

Feliz Pascua de Resurrección 2014

Quiero aprovechar la imagen del Cristo Resucitado de mi Parroquia Santísima Trinidad para desearos una ¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!. Cristo ha vencido a la muerte dando un nuevo sentido a nuestras vidas. Que la luz que hemos recibido alumbre nuestros corazones para poder ser instrumentos del Señor y alumbrar aquellas vidas que aún no conocen la luz de Cristo que les lleve a la felicidad.


Cristo está vivo, ha resucitado!!!!

Quien diga que Dios ha muerto que salga a la luz y vea si el mundo es o no tarea de un Dios que sigue despierto, ya no es su sitio el desierto, ni en la montaña se esconde, decid si preguntan dónde, que Dios está sin mortaja en donde un hombre trabaja y un corazón le responde.


lunes, 7 de abril de 2014

Orar la semana santa con el arte de Sieger Köder

Si en entradas anteriores compartía un vía crucis con imágenes de Sieger Kóder, aquí podéis disfrutar de un momento de oración para la semana santa. Sin duda estas imágenes son evangelizadoras e invitan a la oración.
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Cuerdas


¡"Cuerdas" ha recibido el Goya al Mejor Cortometraje de Animación Español! Es una historia basada en la vida real,  entristece, emociona, se llora y al mismo tiempo, da fuerzas para seguir luchando por la vida y dar lo mejor de uno mismo a las personas que nos rodean. La inspiración real de Solis se basa en sus hijos... contada como una Historia de Amistad

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Via Crucis en la enfermedad



En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

MONICIÓN

Todos tenemos nuestro propio Vía Crucis que andar. Todos tenemos nuestro camino personal de seguir a Jesús. Es un mismo camino y es también un camino diferente para todos, porque cada uno estamos llamados a seguirle desde nuestra propia realidad.
Nos da miedo el Vía Crucis, porque todos tenemos miedo al dolor. Todos sentimos nuestros rechazos a la Cruz. Sin embargo, el camino de la Cruz, más que un camino de dolor y sufrimiento debiera ser un camino de esperanza. La Cruz de Jesús no es la Cruz que invita a la muerte sino la Cruz que invita a la vida.  Es el camino de lo nuevo. Juan Pablo II llamaba a la Cruz “la cuna del cristiano”. Y las cunas, más que de muerte hablan de vida, de futuro, de esperanzas.

Pausa de silencio

Oremos: Señor Jesucristo, colma nuestros corazones con la luz de tu Espíritu Santo, para que, siguiéndote en tu último camino, sepamos cuál es el precio de nuestra redención y seamos dignos de participar en los frutos de tu pasión, muerte y resurrección. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


PRIMERA ESTACIÓN


Jesús es condenado a muerte

V/ Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R/ Que con tu santa cruz has redimido al mundo.

Pilato le dijo: « ¿Entonces, tú eres rey?». Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz». Pilato le dijo: «Y ¿qué es la verdad?».
Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo: «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?». Volvieron a gritar: «A ese no, a Barrabás». El tal Barrabás era un bandido. (Jn 18, 37-40)

ORACIÓN Y SÚPLICA      

Señor: Nos parecemos; ahora me doy cuenta de que en algo somos iguales tú y yo. Tú condenado a muerte. Yo condenado a vivir con esta enfermedad en mi cuerpo, que también me duele en el alma. Los dos corremos la misma suerte y andamos el mismo camino.
Desde que te veo a ti condenado a muerte, ya no me atrevo a preguntarle más a Dios sobre el porqué de mi enfermedad.
Yo me creía bueno, y por tanto con derecho a una buena salud.  Pero al verte a ti, inocente, condenado a la muerte, ¿qué derechos me asisten a mí para quejarme de mi dolor?
Quiero compartir junto contigo la misma suerte y también la misma misión.
Señor, te pido que me des la capacidad de decir sí a mis sufrimientos, como tú dijiste sí a tu condena a muerte.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

V/ Señor pequé.
R/ Ten piedad y misericordia de mí.


SEGUNDA ESTACIÓN


Jesús carga con la cruz

V/ Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R/ Que con tu santa cruz has redimido al mundo.

Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: «¡Crucifícalo, crucifícalo!». Pilato les dijo: «Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él». Los judíos le contestaron: «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha hecho Hijo de Dios»… Entonces [Pilato] se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y, cargando él mismo con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota) (Jn 19, 6-7.16-17)

ORACIÓN Y SÚPLICA      

También aquí nos parecemos tú y yo, Señor.  Tú llevas la Cruz sobre tus espaldas.  Yo pongo mis espaldas sobre esta mi cruz.  Tú llevas la Cruz.  A mí me lleva mi cruz.  Y los dos caminantes por la vida pegados a la cruz.
A veces quisiera desapegarme de ella, tirarla lejos, no volver a verla más.  Pero cuanto más la rechazo más me duele.  Pienso que la única manera de hacerla menos pesada es quererla, abrazarla, convertirla en mi propio camino.
Estoy convencido que el dolor no se vence dándole de patadas, sino luchando por superarlo, y si no se puede, aceptarlo como tú lo aceptaste.
Señor, te pido que me des la gracia de ser más fuerte que la cruz que llevo en mi cuerpo de enfermo.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

V/ Señor pequé.
R/ Ten piedad y misericordia de mí.


TERCERA ESTACIÓN


Jesús cae por primera vez

V/ Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R/ Que con tu santa cruz has redimido al mundo.

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera» (Mt 11, 28-30)

ORACIÓN Y SÚPLICA      

Señor, pensaba que solamente yo era débil.  No siento alegría por tu debilidad.  Pero sí siento la alegría espiritual de verte a ti tan parecido a mí.
Tampoco tú quisiste aparentar ser un forzudo a quien la Cruz no le duele.  Veo que también tú eres tan humano como nosotros.  La verdadera fortaleza ante el dolor es no dejarse aplastar por él sino ser capaz de cargar con él.
Cuando sienta que el desaliento, el cansancio y el aburrimiento o la impotencia quieran adueñarse de mí, tu caída bajo la Cruz será para mí un aliento para luchar y salir de mi depresión.
Señor, quiero pedirte por todos mis hermanos enfermos, por todos aquellos que como yo se cansan de su enfermedad, para que encuentren en ti una palabra de aliento.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

V/ Señor pequé.
R/ Ten piedad y misericordia de mí.


CUARTA ESTACIÓN


Jesús encuentra a su Santísima Madre

V/ Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R/ Que con tu santa cruz has redimido al mundo.

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio. (Jn 19, 25-27)

ORACIÓN Y SÚPLICA      

Señor, a veces uno no sufre tanto por el hecho mismo de sufrir, sino porque se siente estorbo y fastidio que hace sufrir a los demás.  Yo creía que eso sólo me pasaba a mí.  Ahora veo que esa fue también tu historia.
No sólo sufrías tú, cargado con tu Cruz, sino que eras ocasión de dolor para el corazón de tu Madre.  Tu dolor, de alguna manera también hería y santificaba el corazón de la Madre.
Pareciera que esto me alivia un poco.  Yo no quiero sentirme un estorbo.  Prefiero pensar que en mis sufrimientos, también los demás encuentran su propio camino de gracia.  Si yo me parezco a ti en mi dolor, quiero que los demás se vean a sí mismos como los representantes de tu Madre.
Señor, te pido por aquellos que me cuidan y atienden.  Que en mis sufrimientos encuentren ellos el camino que los lleva a ti.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

V/ Señor pequé.
R/ Ten piedad y misericordia de mí.


QUINTA ESTACIÓN


El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz

V/ Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R/ Que con tu santa cruz has redimido al mundo.

Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús. (Lc 23, 26)

ORACIÓN Y SÚPLICA      

Un hombre cansado, ayudando a llevar la Cruz a otro más débil aún.  El camino de la vida no es competencia de fuertes, sino solidaridad de los débiles.  Ahora veo claro que el camino de la vida no es competencia de poderes, sin comunión en las debilidades.
Es maravilloso descubrir que los débiles, los que nos consideramos ya inútiles, también servimos para algo.
También los enfermos podemos ser una ayuda para otros que como nosotros llevan una vida de sufrimiento y nos necesitan.  También los enfermos podemos ser apoyo para los sanos.
Señor, ¿cómo podría yo hoy prestar mi ayuda a otros tan débiles como yo?  Que hoy pueda sonreír a los demás, para hacerles más llevadera su carga.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

V/ Señor pequé.
R/ Ten piedad y misericordia de mí.


SEXTA ESTACIÓN


La Verónica enjuga el rostro de Jesús

V/ Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R/ Que con tu santa cruz has redimido al mundo.

Pues el Dios que dijo: «Brille la luz del seno de las tinieblas» ha brillado en nuestros corazones, para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Cristo. (II Cor 4, 6)

ORACIÓN Y SÚPLICA      

A veces, las cosas sencillas tienen un gran valor.  La Verónica limpió tu rostro sucio por la sangre y el polvo.  Cuántas veces la gente que me atiende viene y lava mi rostro, me quita el sudor.  Casi nada. Y sin embargo siento que mi cara queda más fresca, y como que la fiebre se aligera.
Tú dejaste estampado tu rostro en aquella tela con que la caridad de una mujer limpiaba tu cara.  Yo quisiera que cuantos vengan a hacerme algún servicio regresen con más paz en su corazón y con más alegría en el alma.
Que cuantos me visitan, al irse, lleven en su corazón el don de mi sonrisa agradecida y un poco más de paz en su espíritu.
Señor: que cuantos sirven a los enfermos te reconozcan a ti en nuestros sufrimientos.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

V/ Señor pequé.
R/ Ten piedad y misericordia de mí.


SÉPTIMA ESTACIÓN


Jesús cae por segunda vez

V/ Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R/ Que con tu santa cruz has redimido al mundo.

Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca. Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban; sufriendo, no profería amenazas; sino que se entregaba al que juzga rectamente. Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. Con sus heridas fuisteis curados. (I Pe 2, 21b-24)

ORACIÓN Y SÚPLICA      

Señor el camino se hace largo y las fuerzas son cada vez más débiles.  El tiempo para el que sufre es un sufrimiento más.  Uno se va cansando de todo.  El cuerpo ya no da para más.  Todas las posturas son incómodas.  La Cruz nos parece cada vez más dura.
Tú besas por segunda vez el polvo del camino.  Y yo una vez más siento que algo me grita dentro: ¡hasta cuándo voy a estar así!  Comienzo a perder la fe en las medicinas y en los médicos y hasta siento una rebeldía contra Dios.
Señor, te admiro porque tú no protestas contra  los que te cargan la Cruz ni tampoco contra tu debilidad.  Que yo no proteste contra mis sufrimientos, ni contra los que me atienden.  Y sobre todo, que no proteste contra ti.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

V/ Señor pequé.
R/ Ten piedad y misericordia de mí.


OCTAVA ESTACIÓN


Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

V/ Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R/ Que con tu santa cruz has redimido al mundo.

Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que vienen días en los que dirán: “Bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado”. Entonces empezarán a decirles a los montes: “Caed sobre nosotros”, y a las colinas: “Cubridnos”; porque, si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?». (Lc 23, 27-31)

ORACIÓN Y SÚPLICA      

Señor, eres maravilloso, incluso cargando con la Cruz.  Eres capaz de olvidarte de ti, olvidarte del peso de la Cruz, olvidarte de tus flaquezas y debilidades, para preocuparte de los demás.
¿Crees que es el momento de pensar en esas mujeres que se quedan a la vera del camino?  ¿Crees que es el momento de consolar a los que sufren a tu lado?
Una de mis grandes tentaciones, es utilizar mi dolor para que todo el mundo se preocupe de mí, piense en mí, esté a mi servicio.  Es la tentación del egoísmo.  Es la tentación de convertir mi dolor en mi carta de derechos frente a los demás.  Yo sé que mi único derecho es ayudar y servir a los demás.
Señor, dame la gracia de no caer en la tentación del egoísmo de utilizar a los demás a mi servicio.  Dame la gracia de olvidarme de mí y preocuparme de los demás.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

V/ Señor pequé.
R/ Ten piedad y misericordia de mí.


NOVENA ESTACIÓN


Jesús cae por tercera vez

V/ Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R/ Que con tu santa cruz has redimido al mundo.

«Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo preparo para vosotros el reino como me lo preparó mi Padre a mí, de forma que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino… Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos». (Lc 22, 28-30a.31-32)

ORACIÓN Y SÚPLICA      

Señor, muchas veces siento rabia conmigo mismo, porque me siento dependiente de todos.  Los necesito para todo.  Y eso me hace sentir muy mal.  Sé que en el fondo es mi orgullo que me grita dentro porque no quiero aceptar mis limitaciones de enfermo.
Y ahora te veo a ti, caído en tierra, una vez más.  Una vez más tienen que ayudarte a levantarte, a ponerte en pie.  Una vez más, necesitas de los otros para poder andar tu camino.  Una vez más necesitas de la mano y la fuerza de los otros para no quedarte en el camino.  Y no protestas ni gritas contra tu impotencia y flaqueza.  Al contrario, agradeces la mano que se tiende.
Señor, que sepa aceptar con cariño, con amor los servicios que con tanta generosidad me brindan los míos.  Que sienta más su amor que mi propia necesidad.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

V/ Señor pequé.
R/ Ten piedad y misericordia de mí.


DÉCIMA ESTACIÓN


Jesús es despojado de sus vestiduras

V/ Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R/ Que con tu santa cruz has redimido al mundo.

Los soldados... cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron: «No la rasguemos, sino echémosla a suertes, a ver a quién le toca». Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados (Jn 19, 23-24)

ORACIÓN Y SÚPLICA      

¡Despojado de todo!  Despojado de tus derechos.  Despojado de tu inocencia.  Despojado de tu vida.  Y ahora, despojado hasta de los trapos polvorientos que cubren tu cuerpo.  A la muerte no se lleva nada.  Para morir todo estorba.  Estorban las fuerzas.  Estorba el poder.  Estorba la riqueza.  Hasta los trapos estorban.
Cada día que se prolonga esta mi enfermedad tú, Señor, me vas despojando de todo.  Ya no mando en mi casa.  Otros administran lo mío por mí.  Ya no tomo las decisiones, otros las toman por mí.  Cada día me van sobrando más las cosas de que disponía.
Señor, que mis sufrimientos que no me dejan, me vayan despojando de mí mismo, de mis orgullos, de mis pecados, de mis rebeldías, para que cada día esté más dispuesto a lo que tú quieras de mí.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

V/ Señor pequé.
R/ Ten piedad y misericordia de mí.


UNDÉCIMA ESTACIÓN


Jesús es clavado en la cruz

V/ Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R/ Que con tu santa cruz has redimido al mundo.

Lo crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos». Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas: “El Rey de los judíos”, sino: “Este ha dicho: Soy el rey de los judíos”». Pilato les contestó: «Lo escrito, escrito está». (Jn 19, 18-22)

ORACIÓN Y SÚPLICA      

Señor, ya no eres tú quien lleva la Cruz.  Ahora te han clavado a ella.  Irás a donde te lleve tu Cruz.  Clavadas las manos, que ya no pueden extenderse a otras manos para estrecharlas.  Clavados los pies, que ya no pueden caminar a ninguna parte.  Unos clavos y unos maderos son los únicos dueños de tu cuerpo y de tu vida.  ¡Qué poca cosa basta para crucificarnos!
Ya no sé cuánto tiempo llevo clavado en esta cama.  Ya he olvidado el tiempo que llevo clavado a esta silla de ruedas.  Mis manos ya no tienen fuerza para nada.  Y mis pies casi ya no me sirven de nada.  Ya no voy a ninguna parte por mí mismo sino que me llevan.  Todo me lo tienen que hacer los demás.  Total que estoy crucificado como tú.
Señor, gracias porque esta cama no se queja y me aguanta tanto tiempo.  Gracias por esta silla de ruedas que es la que camina por mí y no se queja.  Tú crucificado en mí y yo crucificado contigo.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

V/ Señor pequé.
R/ Ten piedad y misericordia de mí.


DUODÉCIMA ESTACIÓN


Jesús muere en la cruz

V/ Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R/ Que con tu santa cruz has redimido al mundo.

Sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed». Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: «Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu. (Jn 19, 28-30)

ORACIÓN Y SÚPLICA      

Señor, llegaste al final del camino.  Un final inesperado y que no te corresponde.  Tú te merecías otra muerte.  No la de un crucificado.  Y sin embargo, es tu única muerte.  La muerte por fidelidad al Padre.  La muerte por fidelidad al Reino.  La muerte por fidelidad a la causa del hombre.
Yo no sé si esta mi enfermedad será de muerte.  A uno nunca le dicen la verdad.  Prefieren tenerle a uno engañado.  ¿Engañado de qué?  ¿Engañarle a uno para que muera sin enterarse?  Quiero parecerme a ti también en el morir.  Si ha llegado mi hora, que se haga la voluntad del Padre.  ¿Qué más da morir de esta o aquella enfermedad?
Lo único que te pido, Señor, es que también mi muerte sea signo de fidelidad a mi fe bautismal, signo de mi fidelidad a la Iglesia.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

V/ Señor pequé.
R/ Ten piedad y misericordia de mí.


DECIMOTERCERA ESTACIÓN


Jesús en brazos de su Madre

V/ Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R/ Que con tu santa cruz has redimido al mundo.

Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. (Jn 19, 32-35.38)

ORACIÓN Y SÚPLICA      

Señor, a la hora de tu muerte no estabas solo.  Allí estuvo ella.  Tu Madre.  Ella te recibió en sus entrañas de virgen por obra del Espíritu Santo, en la encarnación.  Y ella te recibe ahora en sus brazos, bajado muerto de la Cruz.  Es tan bello que alguien nos ame hasta darnos la vida…  Y es tan bello que alguien nos ame hasta recibir nuestros despojos de muertos en sus brazos calientes de Madre…
Que cuando yo muera, Señor, tenga la dicha de morir en brazos de mi Madre María y de esta otra mi Madre que es la Iglesia.  Quiero que también entonces mi Madre la Iglesia que me concibió en su seno por el Bautismo, ahora me arrope con su fe, su amor y su esperanza.
Señor, a la hora de mi muerte que mi último suspiro sea un acto de fe en ti, un acto de fe en mi Madre la Iglesia.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

V/ Señor pequé.
R/ Ten piedad y misericordia de mí.


DECIMOCUARTA ESTACIÓN


Jesús es sepultado

V/ Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R/ Que con tu santa cruz has redimido al mundo.

Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús. (Jn 19, 10-42)

ORACIÓN Y SÚPLICA      

Ahora recuerdo lo que tú mismo dijiste un día: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere queda solo y no da fruto, pero si muere dará mucho fruto”.  Tú eres ese grano sepultado en la tierra.  Un grano que ya está brotando en nueva vida.  El domingo por la mañana, cuando las piadosas mujeres vayan a tu sepulcro, ya habrás brotado.  La muerte se habrá hecho vida y el crucificado habrá resucitado.
Me cuesta morir.  Me cuesta ser grano, porque aún estoy creyendo que esta vida que vivo es la única y verdadera vida.  Pero quiero pedirte que me hagas tú mismo, grano que muere, para que sea grano que brota y vive la nueva vida de resucitado contigo.
Señor, que mi esperanza sea más fuerte que mis miedos.  Que mi deseo de resurrección sea más grande que mis miedos a morir.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

V/ Señor pequé.
R/ Ten piedad y misericordia de mí.


ORACIÓN FINAL


Señor, Jesús, caminando contigo el mismo camino del sufrimiento, uno se siente más aliviado.  El dolor sigue siendo el mismo.  Pero tu presencia lo hace más llevadero.  Al terminar mi Via Crucis, yo sigo clavado en mi cruz de la enfermedad, pero siento que me duele menos.  Porque tu presencia y tu compañía ponen luz y esperanza en mi camino.  Sé que tú no me descolgarás de mi cruz, como tampoco tú quisiste bajar de la tuya.  Pero ya es bastante saber que mi dolor no te es ajeno sino que tú mismo has querido compartirlo.  Te pido, Señor, que así como tú compartes mi dolor me enseñes a compartir tu esperanza pascual.  Juntos los dos por el mismo camino de la Cruz, pero juntos también los dos camino de la pascua.  Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

*Las imágenes del Via Crucis son de Sieger Köder