domingo, 17 de febrero de 2013

Via Crucis



Comparto el Via Crucis propuesto por el Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios (para la Pastoral de la Salud), que retoma el tema “Anda y haz tú lo mismo” (Lc. 10,37), para la XXI Jornada Mundial del Enfermo, propuesto por el Santo Padre, haciéndolo motivo de contemplación y de oración en el itinerario que llevó a Jesús a ser en su Cruz Gloriosa el Buen Samaritano que se inclinó sobre los sufrimientos humanos hasta el tormento del máximo abandono y desgarro, para pasar de allí a la gloria de la Resurrección.


I Estación: Jesús ora en el huerto de Getsemaní
C. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
A. Porque con Tu santa cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Mateo 26, 37-39
“Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo». Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».

Meditación
Es hacia ese cáliz hacia el que Cristo siente un rechazo total: si es posible, Padre, pase de mí este cáliz. Es la sensibilidad humana la que se rebela, pero su voluntad está firme: no se haga mi voluntad, sino la tuya. También en el momento crucial del rechazo, cuando humanamente implora para que el cáliz se aleje, repite: “no se haga mi voluntad sino la tuya”, consciente de que el plan del Padre es un designio de amor y de redención a través de la cruz.

M. Estamos ante ti, Jesús, frágiles y asombrados porque aceptaste la voluntad de Dios y te ofreciste al dolor. Repitamos juntos: Señor, ten piedad de nosotros.
  • Cuando no acatamos tu voluntad, R. Señor, ten piedad de nosotros.
  • Cuando no logramos compartir el sufrimiento ajeno,R. Señor, ten piedad de nosotros.
  • Cuando pensamos demasiado en nuestras exigencias, R. Señor, ten piedad de nosotros.

A. Padre nuestro…
Santa Madre, haced que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón.


II Estación: Jesús es flagelado y condenado a muerte, toma tu cruz
C. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
A. Porque con Tu santa cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Mateo 27, 24-26
“Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo: «Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!». 25 Todo el pueblo contestó: «¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!». Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran”.

Meditación
En el fondo de todo está el amor hacia el Padre y hacia los hermanos. Cristo sabe que a los hermanos debe darles semejante precio de salvación y de ejemplo; si Él no hubiese vivido su espiritualidad de la cruz, después de Él los hombres no habrían tenido el valor ni la fuerza para hacerlo. Por los hermanos Él acepta este plan de salvación.

M. Estamos ante ti, Señor, asustados y  humillados. Respondamos a cada invocación: Quédate junto a nosotros, Señor.
  • Por quien es perseguido a causa de su fe. R. Quédate junto a nosotros, Señor.
  • Por el enfermo incurable. R. Quédate junto a nosotros, Señor.
  • Por quien acepta compartir el dolor ajeno. R. Quédate junto a nosotros, Señor.

A. Padre nuestro…
Santa Madre, haced que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón.


III Estación: Jesús cae por primera vez
C. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
A. Porque con Tu santa cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Lucas 9,23
“Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga”.

Meditación
Has caído en el polvo por nosotros, Señor, y nosotros al caminar no nos damos cuenta de los numerosos tropiezos que encontramos: superficialidad, egoísmos, resistencia a confiar en Ti hasta el fondo. Pero Tú sigues hablando de amor, de verdadero amor, perenne, amor que proviene de un Dios hecho hombre y que no abandonará nunca a sus hijos.

M. Estamos ante Ti, Señor, y Te contemplamos, humillados, mientras desde el suelo nos miras misericordioso. Respondamos a cada invocación: Ayúdanos, Señor.
  • Para que podamos tener tus mismos sentimientos de bondad y misericordia. R. Ayúdanos, Señor.
  • Para que podamos evitar todos nuestros tropiezos. R. Ayúdanos, Señor.
  • Para que ayudemos a levantarse al hermano que ha caído. R. Ayúdanos, Señor.

A. Padre nuestro…
Santa Madre, haced que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón.


IV Estación: Jesús se encuentra con su madre
C. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
A. Porque con Tu santa cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Lucas 2, 34-35
Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—”.

Meditación
Miradas intensas, rápidas como el latido del corazón, miradas como relámpagos de un amor que hiere y une. En el camino de la cruz, Madre e Hijo repiten su fiat Es una oferta única, lágrimas y sangre surcan el cuerpo de la Madre y del Hijo. En una única mirada se condensa todo el dolor y el amor del mundo.

M. Estamos ante Ti, Jesús, conmovidos y humillados, por un amor que no conoce límites y que pone en comunión todo dolor materno. Repitamos juntos: Escúchanos, Señor.
  • Por todas las madres que han visto morir a sus hijos, y su corazón ha sido atravesado por la espada del dolor, oremos. R. Escúchanos, Señor.
  • Por todas las madres que han asistido al extravío moral de sus hijos por la droga, o que han despedazado su vida en el asfalto de las carreteras, para que encuentren la esperanza de un encuentro con ellos en la eternidad, oremos. R. Escúchanos, Señor.
  • Por todas las mujeres a las que la enfermedad ha quitado belleza, para que encuentren una nueva luz en el fiat de María, oremos. R. Escúchanos, Señor.

A.  Ave María…
Santa Madre, haced que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón.


V Estación: Jesús es ayudado por el Cirineo
C. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
A. Porque con Tu santa cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Lucas 23,26
Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús”.

Meditación
El verbo llevar es empleado con sorprendente frecuencia en las Escrituras, que saben expresar con esta palabra toda la obra de Jesucristo. En realidad Él llevaba a cuestas nuestras flaquezas, había cargado con nuestros dolores… El castigo que nos procuró la paz cayó sobre Él (Is 53, 4-5). Por tanto la Biblia puede definir también toda la vida del cristiano como un llevar la cruz. Aquí se realiza la comunidad del cuerpo de Cristo, la comunidad de la cruz, en la que debemos experimentar las cargas los unos de los otros. Si no lo hiciésemos, no seríamos una comunidad cristiana. Negándonos a llevarlas, renegaríamos de la ley de Cristo.

M. Estamos delante de Ti, Señor, humillados pero también deseosos de llevar contigo la cruz, instrumento de salvación. Repitamos juntos: Mantennos firmes, Señor.
  • En ayudar a los hermanos que sufren a descubrir que la cruz que llevan durante un trecho del camino es la misma de la que Cristo es el primer portador. R. Mantennos firmes, Señor.
  • En vivir cotidianamente nuestra porción de cruz. R. Mantennos firmes, Señor.
  • En ofrecer nuestros pequeños sufrimientos para que enriquezcan la santidad de la Iglesia. R. Mantennos firmes, Señor.

A. Padre nuestro…
Santa Madre, haced que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón.


VI Estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús
C. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
A. Porque con Tu santa cruz redimiste al mundo.

Del libro del profeta Isaías 53, 2-3
“Sin figura, sin belleza.  Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores,  acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultaban los rostros, despreciado y desestimado”.

Meditación
El Señor ha premiado a la mujer bondadosa que salió de entre la multitud que le seguía en el camino hacia el Gólgota: ha dejado la huella de su rostro en ese lienzo que le ofreció para enjugar las lágrimas, la sangre, el sudor. Para dar dignidad a un rostro desfigurado por la enfermedad, para recordar a todos que un gesto de piedad nos pone en comunión con tantos hermanos y hermanas a los que el dolor ha arrebatado la frescura. Jesús, devuelve a todos un rostro sereno, consuela a los que están enfermos, concédenos la piedad.

M. Señor, nos postramos ante Ti, heridos y solidarios, y te decimos: Escúchanos, Señor.
  • Señor Jesús, imprime en nuestro corazón el sello de tu rostro. R. Escúchanos, Señor.
  • Señor Jesús, danos ojos compasivos para mirar a los hermanos que sufren. R. Escúchanos, Señor.
  • Señor Jesús, haz que veamos en cada hombre y mujer la imagen de Tu rostro. R. Escúchanos, Señor.

A. Ave María…
Santa Madre, haced que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón.


VII Estación: Jesús cae por segunda vez
C. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
A. Porque con Tu santa cruz redimiste al mundo.

De la primera Carta de San Pablo a los Corintios 1,22.25
“Nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres”.

Meditación
¡Caes una vez más, Señor! Sentimos contigo el peso de una cruz cada vez más pesada: el camino es fatigoso. No logramos captar ya tu mirada, está llena de polvo y de sangre, como ocurre a veces en nuestras jornadas, cuando el dolor ofusca los ojos y el polvo del sufrimiento deja sin fuerzas. Has compartido, Señor; sólo ésta es la fuente para volver a ser compañeros de camino.

M. Señor Jesús, nos postramos ante Ti humillados y consolados, y decimos: Danos tu apoyo, Señor.
  • Para que nuestra vida esté siempre orientada hacia algo o alguien que le dé sentido. R. Danos tu apoyo, Señor.
  • Para que logremos comprender que el bienestar interior  proviene de una vida rica en valores, capaz de dar apoyo y de aceptar el dolor. R. Danos tu apoyo, Señor.
  • Para que sepamos transformar los momentos de sufrimiento y de desconfianza en ocasiones de crecimiento. R. Danos tu apoyo, Señor.

A. Padre nuestro…
Santa Madre, haced que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón.


VIII Estación: Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén
C. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
A. Porque con Tu santa cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Lucas 23, 27-28, 31
“Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él.  Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos»… Porque, si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?

Meditación
Las palabras de Jesús son más bien duras: el leño seco al que se le arrima el fuego es el símbolo del pecado, que será reducido a cenizas por el juicio de Dios, mientras que el leño verde es el signo del hombre, Cristo mismo, al que ahora se intenta eliminar con el juicio humano. Las mujeres son las típicas plañideras profesionales que se golpeaban el pecho y se lamentaban con ocasión de los ritos funerarios. Cristo no necesita condolencias ni piadosos consuelos y, aunque no rechaza ese gesto de solidaridad, les lanza un mensaje de penitencia.

M. Nos ponemos ante Jesús, pobres y humillados, y decimos: Ten piedad de nosotros.
  • Cuando nos falta el valor para proteger a los débiles y a los enfermos. R. Ten piedad de nosotros.
  • Cuando no reconocemos que algunas injusticias proceden de nuestra cerrazón e indiferencia por lo que sucede alrededor. R. Ten piedad de nosotros.
  • Cuando no colaboramos para crear realidades que nos proponen la justicia y la solidaridad. R. Ten piedad de nosotros.

A. Padre nuestro…
Santa Madre, haced que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón.


IX Estación: Jesús cae por tercera vez
C. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
A. Porque con Tu santa cruz redimiste al mundo.

Del Salmo 40,2
“Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito”.

Meditación
El paso cansado, interrumpido de golpe. ¡Y de esta forma besaste la tierra! Tu boca ha sentido su sabor, tu cuerpo ha sabido cómo es de dura. Estás por el suelo, Señor, y ya no puedes levantarte solo: también nosotros te seguiremos, ya confortados.

M. Estamos ante Ti, Señor, cansados y humillados, y decimos: Escúchanos, Señor.
  • Señor, haz que comprender que la comunidad cristiana está viva sólo cuando se abre y se pone al servicio de todos los hombres. R. Escúchanos, Señor.
  • Señor, levanta a las familias que han caído en la pobreza y en la desconfianza en el mañana. R. Escúchanos, Señor.
  • Señor, te encomendamos a los hombres y mujeres alejados de la fe, atrapados por la enfermedad, a veces incapaces de aceptarla; haz que puedan encontrarte. R. Escúchanos, Señor.

A. Padre nuestro…
Santa Madre, haced que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón.


X Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras
C. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
A. Porque con Tu santa cruz redimiste al mundo.

De la Carta de San Pablo a los Filipenses 2, 6-7
“El cual, siendo de condición divina,  no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres”.

Meditación
Es demasiado doloroso, Señor, mirar los cuerpos desnudados por la crueldad humana. Hombres y cuerpos a los que no se les reconoce la belleza de ser criaturas que llevan el sello de tu mano divina. Demasiado triste ver cuerpos vendidos, no respetados; cuerpos abandonados en el duro sufrimiento de la enfermedad. A tu cuerpo despojado dirigimos nuestra mirada para pedirte perdón.

M. Estamos ante Ti, Señor, humillados y desnudos, conscientes de nuestros pecados y de nuestra fragilidad. 
  • Te pedimos perdón por la falta de pudor y de dignidad  a la hora de custodiar y respetar el cuerpo de nuestros hermanos enfermos y su corazón. Piedad de mí, oh Dios, según tu misericordia; por tu gran bondad borra mi pecado.
  • Lávame de todas mis culpas, límpiame de mi pecado. Reconozco mi culpa, mi pecado está siempre ante mí.
  • Contra ti, contra ti solo he pecado, lo que está mal ante tus ojos, yo lo he hecho; por eso eres justo cuando hablas, eres recto en tu juicio. He aquí que fui concebido en la culpa, en el pecado me concibió mi madre.
  • Pero tú amas la sinceridad del corazón y en lo más íntimo me enseñas la sabiduría. Rocíame con hisopo y quedaré limpio; lávame y quedaré más blanco que la nieve. (Salmo 50,1-9)

A. Gloria al Padre…
Santa Madre, haced que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón.


XI Estación: Jesús es clavado en la cruz
C. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
A. Porque con Tu santa cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según S. Juan 19, 25-27
“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio”.

Meditación
En el Calvario no están ni Pedro, ni Santiago, ni los otros Apóstoles; está solamente Juan, y también la Virgen: donde está Cristo sufriendo, no deja de estar su madre. María estaba en el Calvario porque allí tenía que convertirse en nuestra Madre. La Pasión de Cristo ocupa un puesto esencial en el Evangelio. Se ha difundido una tendencia a mantener cerradas las páginas del Evangelio que documentan el trágico epílogo de la breve vida temporal de Jesús; son páginas turbadoras. Se quisiera un Evangelio más sereno, más fácil, más cómodo, más conforme a nuestro fuerte instinto y a nuestra gran habilidad para intentar quitar de la vida el dolor, y el primero de todos el dolor voluntario, el del sacrificio. ¿Qué sería un Evangelio, es decir un cristianismo, sin la cruz, sin el dolor, sin el sacrificio de Jesús? Sería un Evangelio, un cristianismo sin la Redención, sin la salvación, de la cual –debemos reconocerlo aquí con despiadada sinceridad– tenemos absoluta necesidad. El Señor nos salvó con la cruz; nos devolvió la esperanza y el derecho a la vida con su muerte: no podemos honrar a Cristo si no le reconocemos como nuestro Salvador; y no podemos reconocer a nuestro Salvador, si no honramos el misterio de su Cruz. (Pablo VI).

M. Repitamos juntos: Intercede, oh María.
  • Cuando el dolor nos aparece sin esperanza. R. Intercede, oh María
  • Cuando desearíamos un cristianismo sin la cruz. R. Intercede, oh María.
  • Cuando desesperamos de la salvación eterna R. Intercede, oh María.

A. Ave María…
Santa Madre, haced que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón.


XII Estación: Jesús muere en la cruz
C. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
A. Porque con Tu santa cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Mateo 27,45-46.50
Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente: Elí, Elí, lemá sabaqtaní (es decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»)... Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.

Meditación
En el amor redentor que le unía siempre al Padre, Jesús nos ha asumido desde el alejamiento de Dios por el pecado, hasta el punto de decir en nuestro nombre en la Cruz: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? El suyo es un sufrir con nosotros y por nosotros, que procede del amor y lleva ya en sí mismo la redención, la victoria del amor. En el último momento, Jesús deja que su corazón exprese el dolor, pero, al mismo tiempo, deja que emerja el sentido de la presencia del Padre y el consentimiento a su designio divino de salvación de la humanidad. (Benedicto XVI).

M. Estamos ante Ti, Señor, colmados de amor por Tu amor, y Te decimos: Dale tu luz, Señor.
  • A quien se siente incapaz de cultivar una vida naciente. R. Dale tu luz, Señor.
  • A quien no tiene ningún motivo para seguir viviendo y busca la muerte. R. Dale tu luz, Señor.
  • A quien no cultiva, es más, destruye las esperanzas sencillas y cotidianas. R. Dale tu luz, Señor.

A. Padre nuestro…
Santa Madre, haced que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón.


XIII Estación: Jesús es bajado de la cruz
C. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
A. Porque con Tu santa cruz redimiste al mundo.

Del Evangelios según San Juan 19,38
“Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo”.

Meditación
Una espada te atravesará el alma. María estaba al pie de la cruz, después recibió el cuerpo exánime de Jesús y lo abrazó en una soledad inmensa. La unión íntima entre amor y dolor, que se formó mientras ella tenía entre los brazos a su divino Hijo, continúa hoy en todos aquellos que eligen vivir cerca del corazón de Dios.

M. Estamos ante ti, Señor, y participamos en tu descendimiento con la certeza de que ninguno de nosotros vive por sí mismo ni nadie muere por sí mismo. Tu muerte nos da el sentido de la vida que no muere. Con la Virgen María  y todos los santos te rogamos: Escúchanos, Señor.
  • Para que frente a la muerte podamos reelaborar el proyecto de nuestra vida. R. Escúchanos, Señor.
  • Para que quien está de luto encuentre la fuerza para superar la separación, y en Ti, Jesús, esté seguro de reencontrarse con sus seres queridos en la comunión eterna. R. Escúchanos, Señor.
  • Para que quien está desesperado pueda encontrar consuelo en la fe y fuerza en la esperanza. R. Escúchanos, Señor.

A. Ave María…
Santa Madre, haced que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón.


XIV Estación: Jesús es colocado en el sepulcro
C. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
A. Porque con Tu santa cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Juan 12, 24
“En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto”.

Meditación
Gracias a la cruz ya no andamos errantes por el desierto, porque conocemos el verdadero camino; no quedamos ya fuera del palacio del rey, porque hemos encontrado la puerta; no tememos más las flechas incendiarias del demonio, porque hemos descubierto un manantial de agua. Por su medio ya no estamos más en la soledad, porque hemos encontrado al esposo; ya no tenemos miedo al lobo, porque tenemos al buen pastor. Él mismo nos dice: Yo soy el buen pastor (Jn 10,11). Gracias a la cruz, ya no nos asusta más. (San Juan Crisóstomo)

M. Oremos juntos: Escúchanos, Señor, fuente de la vida.
  • Para que tengamos el valor de tomar sobre nosotros nuestra cruz y la cruz ajena, para la construcción del Reino de Dios. R. Escúchanos, Señor, fuente de la vida.
  • Para que ningún sufrimiento pueda matar la vida que Cristo ha infundido en nosotros mediante la acción del Espíritu Santo. R. Escúchanos, Señor, fuente de la vida.
  • Para que comprendamos que la vida la poseemos en plenitud sólo cuando se hace donación de ella. R. Escúchanos, Señor, fuente de la vida.

A. Padre nuestro…
Santa Madre, haced que las llagas del Señor queden impresas en mi corazón.

Oremos

En las aflicciones y en las dificultades no estamos solos; la familia no está sola; Jesús está presente con su amor, la sostiene con su gracia y le da la energía para seguir adelante. Y es a este amor al que tenemos que dirigirnos cuando los bandazos humanos y las dificultades corren el riesgo de herir la unidad de nuestra vida y de la familia. El misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo anima a caminar con esperanza: la fase del dolor y de la prueba, si se la vive con Cristo, con fe en Él, lleva ya en sí la luz de la resurrección, la vida nueva del mundo resucitado, la pascua de todo hombre que cree en su Palabra.

En aquel Hombre crucificado, que es el Hijo de Dios, incluso la misma muerte adquiere un nuevo significado y orientación, es rescatada y vencida, es el paso hacia la nueva vida: “si el grano de trigo, caído en la tierra, no muere, permanece solo; si en cambio muere, produce abundante fruto” (Jn 12, 24). Encomendémonos a la Madre de Cristo. Ella, que acompañó a su Hijo en la vía dolorosa, Ella, que estaba al pie de la Cruz en la hora de su muerte, Ella, que animó a la Iglesia en sus comienzos para que viviera en la presencia del Señor, conduzca nuestros corazones y los corazones de todas las familias a través del vasto mysterium passionis hacia el mysterium paschale, hacia esa luz que prorrumpe de la Resurrección de Cristo y que muestra la definitiva victoria del amor, del gozo y de la vida, sobre el mal, sobre el sufrimiento, sobre la muerte. Amén. (Benedicto XVI).