miércoles, 9 de agosto de 2017

Atención pastoral en el final de la vida


Si todo creyente está implicado en el cuidado y atención al necesitado de ayuda, en cualquier momento de su vida, cuánto más al que se encuentra en un estado de vulnerabilidad, propia de la vivencia de una vida que se apaga. La atención al enfermo ha de ser integral, porque las personas somos una realidad unitaria.

La Iglesia siempre ha querido estar presente, respondiendo a la necesidad espiritual del enfermo, en el momento final de su vida.

Esta es la razón por la que la pastoral de la salud, ha de seguir privilegiando el acompañamiento al enfermo, sobre todo, al enfermo que vive el tramo final de su existencia terrena.

Este “acompañar” peculiar es el que caracteriza a la atención pastoral, ofrecida en solidaridad a quien vive su etapa final.

Pero también es una atención ofrecida como miembro de la familia eclesial, que se siente comprometida en el cuidado y atención a quienes necesitan pasar de la muerte a la vida, del miedo a la confianza en el Señor de la Vida.

Este acompañar, no siempre se ha realizado siguiendo el mismo modelo de acercamiento al enfermo, ni los mismos recursos.

Igual que la medicina evoluciona en el conocimiento de los procesos finales de las personas, y también en lo que necesita ofrecerle para que encuentre una calidad de vida confortable, así también se necesita conocer mejor al enfermo para mejorar la ayuda pastoral y renovar los métodos y recursos.

Hoy entendemos este acompañar como una “relación de ayuda”, que incluye una mínima preparación para comprender mejor al enfermo en sus dificultades y necesidades reales, propias de su estado único, y procesual, hacia un cambio que se acerca para él produciéndole temor, angustia, inestabilidad, esperanza, confianza.

La Iglesia, en sus documentos, toma conciencia de los cambios que es preciso realizar tanto en la concepción como en la realización de la asistencia pastoral, así como de la deseable cooperación entre la asistencia sanitaria y la asistencia pastoral, en el tratamiento de las necesidades espirituales y religiosas (Comisión Episcopal de Pastoral, 1987; Benedicto XVI, 2008).

En este contexto, se hace necesario que las distintas instancias, facilitadoras de la salud para el enfermo, se coordinen y presten su servicio del modo más adecuado posible.

La instancia sanitaria podrá integrar la cobertura de las necesidades físico-biológicas, las psicológicas y las sociales, mientras que la instancia pastoral podrá aportar la cobertura de las necesidades espirituales y religiosas del enfermo.

1.     Implicación de la comunidad eclesial.

La dimensión pastoral del acompañamiento al enfermo, en su etapa final, ha de ser contemplada desde su vertiente implicativa. Y es que el agente de pastoral de la salud trata de actuar desde un compromiso que incluye vocación, formación y sentido de Iglesia. Esta implicación del agente con el enfermo ha de ejercerla desde su pertenencia comunitaria eclesial.

“Jesús ha confiado a su Iglesia la misión de asistir y cuidar a los enfermos, perpetuando así su mensaje de misericordia […] Todos los miembros de la Iglesia participan de su misión, si bien cada uno ha de realizarla en función del carisma recibido y del ministerio que la Iglesia le ha encomendado, pero siempre en corresponsabilidad con todos los demás para así hacer transparente el verdadero ser de la Iglesia (Comisión Episcopal de Pastoral, 1987, p. 145).

Evangelizar equivale a cuidar y curar a los más débiles al tiempo que se les manifiesta el amor entrañable de Dios por los más desvalidos.

La Iglesia ha venido desarrollando, a lo largo de su tradición teológica y pastoral, todo un arte de ayudar a bien morir: incluye acompañamiento, apoyo espiritual y relación de ayuda pastoral a quienes padecen enfermedad avanzada y a sus cuidadores y familiares. Por otra parte, ha ofrecido la oración, como diálogo terapéutico con Dios. Y, ofrece especialmente la vivencia de los sacramentos de la Reconciliación, la Eucaristía en forma de Viático, y la Santa Unción.

1.1 Desde una labor humanitaria.

Las claves para la labor humanitaria del acompañamiento están en la capacidad y disponibilidad de la comunidad diocesana y parroquial para ejercer una pastoral de la acogida y de la misericordia, tratando de responder a las necesidades espirituales y religiosas del enfermo, cuando se acerca al momento final de su vida histórica.

Las dimensiones espiritual y religiosa están íntimamente relacionadas. Son diferentes, pero siempre complementarias.

La dimensión espiritual abarca, como elementos fundamentales, el mundo de los valores, la necesidad del enfermo de ser reconocido como persona, la ayuda para releer la propia vida, la pregunta por el sentido último de las cosas y de uno mismo, las opciones fundamentales de la vida y las experiencias.

En cambio, cuando los valores, las opciones fundamentales, las preguntas por el sentido, cristalizan en una relación con Dios, dentro del grupo al que pertenece como creyente y en sintonía con modos concretos de expresar la fe y las relaciones, entonces hablamos de dimensión religiosa.

La Pastoral de la salud es la acción de la Iglesia al servicio del enfermo, y forma parte integrante de su misión evangelizadora. (Departamento de Pastoral de la Salud, 2006, p. 29, 35-40).

La pastoral de la salud, en la Iglesia, está destinada, por tanto, a promover la salud de la persona y de la comunidad. Y es que el vasto mundo de la salud tiene que ver con los enfermos, con sus familias, con la comunidad y con el ambiente, e incluye los acontecimientos fundamentales desde el momento de la concepción hasta la muerte natural y los interrogantes provocados por el sufrimiento y la enfermedad. (Juan Pablo II, 1985, p. 1). Por eso, la comunidad cristiana ha de traducir su participación en una pastoral de la salud, adecuada al momento existencial del enfermo y de su familia.

Por otro lado, una Pastoral de la salud organizada, en cada comunidad parroquial y en cada hospital, necesita de un equipo de personas, preparadas para ejercer este servicio delicado.

“La pastoral de enfermos ha de ser expresión también de nuestra compasión y acogida. Hay que crear equipos que promuevan y lleven a cabo la visita a los enfermos; pues ella es el gesto de acercamiento de la comunidad al propio enfermo y de ayuda y de aliento a sus familiares” (Ritual de la Unción y de la Pastoral de Enfermos, 1979, p.48).

Se trata de un grupo de personas que se reúne periódicamente, ora, aprende a acompañar en medio de la enfermedad y ofrece la salud desde la comunidad en clave de estímulo, esperanza y servicio desinteresado, al enfermo y a su familia. Para ejercer este servicio sería muy conveniente una mínima preparación técnica (conocimiento de la relación de ayuda) y formación pastoral.

Tanto en la Parroquia como en el hospital, el compromiso de atender y acompañar a los enfermos graves y moribundos “ha de ser, hoy, una de las actividades prioritarias.” (Benedicto XVI. 2008). Para ayudar a estos enfermos, son necesarias la cercanía y la competencia, de manera que, con delicadeza, se puedan explorar, identificar, conocer y atender sus necesidades espirituales.

Por otra parte, el enfermo necesita curar sus heridas del pasado, y el agente de pastoral ha de saber aliviar, estando cercano y “percibiendo su estado de ánimo, acompañándole en silencio y permitiéndole que exprese sus sentimientos y reacciones” (Comisión Episcopal de Pastoral, 1987, p. 95).

También forma parte de la atención pastoral, acompañar al enfermo para orientarlo, con la delicadeza requerida, en la la elaboración del Testamento vital o “Expresión anticipada de voluntades”. Es un ejercicio de responsabilidad testimonial y un servicio de clarificación para los profesionales sanitarios y familiares que acompañarán al enfermo hasta el final de sus días.

Pero el enfermo tiene una especial necesidad de “encontrar un sentido a la vida” en medio del sufrimiento. Y el acompañamiento del agente de pastoral ha de consistir en “unirse al enfermo en la búsqueda de dicho sentido”, sin actitudes impositivas (Comisión Episcopal de Pastoral, 1987, p. 96).

Atender pastoralmente a los enfermos graves supone un acompañamiento complementario a la labor de los sanitarios. Se trata de:

“La creación de grupos de voluntariado que con su presencia y actuación llenen uno de los vacíos más serios de la asistencia a los enfermos en el hospital” (Comisión Episcopal de Pastoral, 1987, p. 98).

La comunidad cristiana participa y se beneficia en el acontecimiento de la muerte de un creyente. La comunidad actualiza los vínculos entre sus miembros cada vez que uno de ellos se acerca al encuentro con el Padre, porque: “este encuentro del moribundo con la Fuente de la vida y del amor constituye un don que tiene valor para todos, que enriquece la comunión de todos los fieles” (Benedicto XVI, 2008).

1.2 Dimensión sacramental de la pastoral del acompañamiento al enfermo y a su familia.

La comunidad cristiana tiene una tarea muy especial. Toda ella ha de saber expresarse, como comunidad sanadora y continuadora de la Palabra que salva y del gesto que cura. Y para esta labor ha de contar, en la medida de lo posible, con el equipo de Pastoral de la Salud que ha de saber realizar eficientemente esa presencia sanadora y alentadora de la comunidad. Además de humanizar, desde la comunidad se ayudará al enfermo a “vivir el sentido pascual de la enfermedad”, a través de la reconciliación, la unción de los enfermos y la eucaristía (Comisión Episcopal de Pastoral, 1987, p. 68). El agente de pastoral ha de tener en cuenta que la dimensión sacramental encuentra su sentido en el contexto de una relación fraterna con el enfermo: “La celebración sacramental ha de constituir, habitualmente, la culminación de una relación significativa con el enfermo y el resultado de un proceso de fe realizado por éste” (Comisión Episcopal de Pastoral, 1987, p. 69).

Esa relación, por si misma ya: “Tiene un valor casi sacramental desde la perspectiva de una Iglesia sacramento de salvación para el mundo” (Comisión Episcopal de Pastoral, 1987, p. 69).

Por tanto los sacramentos: “Signos que atestiguan el amor de Dios al enfermo, no deben ser ritos aislados sino gestos situados en el corazón de una presencia fraternal” (Comisión Episcopal de Pastoral, 1987, p. 69).

Una delicada tarea pastoral para el agente. Al ofrecer los sacramentos ha de “respetar los niveles de fe cristiana” del enfermo, así como “las etapas de su caminar en la fe para actuar gradualmente con discreción”, de tal forma que el enfermo no se sienta coaccionado, sino que encuentre la ayuda que necesita para.

“Superar los condicionamientos personales y sociales... a la hora de manifestar y celebrar su fe” (Comisión Episcopal de Pastoral, 1987, p. 70; Ritual de la Unción y de la Pastoral de Enfermos, 1979, p. 75).

Y en este contexto, el agente de pastoral: “Ha de discernir pastoralmente las motivaciones de los enfermos y de sus familiares y allegados al pedir, no pedir o rechazar un sacramento” (Comisión Episcopal de Pastoral, 1987, p. 72).

Una cuestión que el agente ha de tener en cuenta es que: “Es el enfermo quien ha de solicitar o aceptar el sacramento con plena fe y celebrarlo en las mejores condiciones activa y conscientemente” (Ritual de la Unción y de la Pastoral de Enfermos, 1979. p. 13).

Y el agente de pastoral, a su vez, ha de crear un clima humano que esté en sintonía con los valores proclamados por la celebración sacramental, así como ha de procurar, igualmente, que los signos sacramentales sean verdaderamente significativos. Acompañar la profunda necesidad de reconciliación:

“El agente ha de ayudar al enfermo a mirar su vida con la misma mirada del Señor, una mirada de aceptación y de perdón. Esto le permitirá sentirse aceptado y aceptarse, sentirse perdonado y perdonar a los demás, estar en paz consigo mismo y con Dios” (Comisión Episcopal de Pastoral, 1987, p.97).

En el contexto hospitalario es difícil, a veces, encontrar espacios que permitan salvaguardar la intimidad, Por eso el agente: “No ha de insistir en la integridad de la confesión, sobre todo cuando el enfermo está débil o ha de confesarse en un lugar en el que es imposible respetar el secreto” (Comisión Episcopal de Pastoral, 1987, p. 77).

En el hospital y en sus domicilios, algunos enfermos no pueden asistir a la Eucaristía y tienen necesidad de recibir la comunión.

Puede y debe ofrecerse la comunión a los enfermos que la soliciten, personalmente o por medio de sus familiares, procurando que la distribución requiera el carácter de una verdadera celebración de fe.

Y en este contexto, se ha de favorecer la colaboración bien organizada de ministros extraordinarios de la comunión para lograr una mejor y más personalizada celebración.

Ahora nos encontramos con una tarea pastoral difícil y delicada, porque el agente de pastoral ha de preparar para recibir el Viático, que: “Es el sacramento específico para los enfermos que viven la última fase de su existencia, marca la última etapa de la peregrinación del cristiano iniciada en su bautismo; es el sacramento del tránsito, del paso de la muerte a la vida...; es la espera iluminada por la presencia privilegiada de Cristo, del cumplimiento del misterio de la muerte y resurrección en cada uno de nosotros” (Comisión Episcopal de Pastoral, 1987, p. 85).

No se trata de una comunión más, ni de la última comunión. Se trata de ayudar al enfermo a vivenciar: “Una comunión en la que el enfermo, asumiendo en la fe su camino hacia la muerte como paso con Cristo hacia la vida, se pone en las manos del Padre. Por ello “debe recibirlo en plena lucidez” (Ritual de la Unión y de la Pastoral de Enfermos, 1979, p. 79. y Comisión Episcopal de Pastoral, 1987, p. 85).

La tercera experiencia sacramental, en el contexto de la enfermedad, es la Unción de los enfermos. Hay que aclarar de inmediato que: “La unción es el sacramento específico de la enfermedad y no de la muerte, para ayudar al cristiano a vivirla conforme al sentido de la fe” (Ritual de la Unción y de la Pastoral de Enfermos, 1979, p. 47, 65 y 68).

También en este aspecto del acompañamiento al enfermo, el agente de pastoral ha de considerar atentamente el momento en que ha de celebrarse la Unción de enfermos, porque: “El binomio unción de los enfermos-muerte está aún vivo en la mentalidad popular y en la de muchos pastores” (Comisión Episcopal de Pastoral, 1987, p. 86).

Por tanto: “ha de procurar que los enfermos, gravemente afectados por su situación, reciban la Unción en el momento oportuno, es decir, cuando ellos mismos lo soliciten o pueden aceptarla con plena fe y devoción de espíritu, y evitar el riesgo de retrasar indebidamente el sacramento” (Ritual de la Unción y de la Pastoral de Enfermos, 1979, p. 13).

Es muy recomendable una catequesis a todos los niveles: “Pero sera poco eficaz o inútil la catequesis, si la práctica sacramental viniese a desmentirla dejando su celebración para última hora” (Ritual de la Unción y de la Pastoral de Enfermos, 1979, p. 66).

La Unción no es un “remedio mágico” extraordinario, ni la alternativa a una medicina limitada en sus recursos, ante la enfermedad terminal. En realidad: “Asume y estimula el deseo del enfermo de curarse dándole una significación nueva, es expresión del sentido cristiano del esfuerzo técnico y humano en bien del enfermo, es plegaria del Señor de la vida y de la muerte y signo del lo que el mismo Señor le concede al enfermo, el auxilio para vivir la enfermedad y su restablecimiento conforme al sentido de la fe” (Ritual de la Unción y de la Pastoral de Enfermos, 1979, p. 68-69).

El agente de pastoral ha de promover y fomentar, para los enfermos, las celebraciones comunitarias, tanto de la Penitencia, como de la Comunión y la Unción, a fin de subrayar el sentido eclesial del sacramento: “La Unción es el sacramento de la fe, es decir, expresa, suscita y robustece la fe de la Iglesia que lo celebra y, de manera especial, del enfermo que lo recibe” (Comisión Episcopal de Pastoral, 1987, p. 91).

2. Implicación comprometida de la comunidad civil.

La sociedad, como comunidad civil, con sus instituciones sanitarias, está llamada también a acompañar y respetar al enfermo en estado de enfermedad avanzada: “En realidad, toda la sociedad, a través de sus instituciones sanitarias y civiles, está llamada a respetar la vida y la dignidad del enfermo grave y del moribundo” (Benedicto XVI, 2008).

Por tanto, respetar la vida y la dignidad del enfermo, supone no disponer de la vida humana, ni para anticipar su final, ni para prolongarlo injustificadamente. En todo caso, corresponde al enfermo dejar constancia de cómo desea ser acompañado al final de sus días, en correspondencia con sus valores y convicciones.

La medicina paliativa es la expresión actual de la preocupación que la sociedad desarrolla en la atención y acompañamiento al enfermo, en su proceso final.

Los equipos de Cuidados Paliativos están realizando una labor muy estimable en el cuidado, la ayuda y el afrontamiento del proceso del vivir el último tramo de la vida.

“Aun conscientes de que “no es la ciencia lo que redime al hombre” (Spe salvi, 26), toda la sociedad y en particular los sectores relacionados con la ciencia médica deben expresar la solidaridad del amor, la salvaguardia y el respeto de la vida humana en todos los momentos de desarrollo terreno, sobre todo cuando se encuentra en situación de enfermedad o en su fase terminal” (Benedicto XVI, 2008).

La medicina paliativa está considerada como un equipo multidisciplinar que se aplica a ofrecer un servicio sanitario y humanitario, al enfermo y a su entorno familiar más inmediato, tratando de abordar las necesidades exploradas más significativas: “Más en concreto, se trata de asegurar a toda persona que lo necesite el apoyo necesario por medio de terapias e intervenciones médicas adecuadas, realizadas y gestionadas según los criterios de proporcionalidad médica, teniendo siempre en cuenta el deber moral de suministrar (el médico) y de acoger (el paciente) los medios de conservación de la vida que, en la situación concreta, se consideren “ordinarios” (Departamento de Pastoral de la Salud, 2006, p. 379).

Los agentes de pastoral de la salud ha de colaborar, en la medida de lo posible, con esta medicina paliativa, aportando el acompañamiento espiritual y religioso que la familia del enfermo y los propios equipos de cuidados paliativos soliciten, porque desde el contexto eclesial: “Los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de caridad desinteresada. Por esta razón deben ser alentados” (Catecismo de la Iglesia Católica, s.f, p. 2279).

3. La comunidad eclesial y civil, al unísono junto al enfermo.

Una forma específica de colaboración entre la comunidad civil y eclesial es la potenciación de voluntariados que actúen coordinadamente en el acompañamiento al enfermo y su familia: “El esfuerzo conjunto de la sociedad civil y de la comunidad de los creyentes debe orientarse a que todos puedan no sólo vivir de forma digna y responsable, sino también atravesar el momento de la prueba y de la muerte en la mejor condición de fraternidad y solidaridad, incluso cuando la muerte se produce en una familia pobre o en el lecho de un hospital” (Benedicto XVI, 2008).

En toda la labor de atención y acompañamiento al enfermo se necesita una coordinación.

La tarea evangelizadora está dependiendo de cada agente de pastoral y, al mismo tiempo, trasciende la acción de cada agente individual, es una acción de la Iglesia.

De ahí que, hoy, se contemple la tarea pastoral como una labor de equipo. Y, desde luego, es muy recomendable pastoralmente, la coordinación entre el servicio religioso del centro sanitario y las parroquias.

De esta manera, el centro sanitario será la prolongación de la parroquia de donde procede el enfermo y a donde va a regresar.

4. Conclusiones.

Nos situamos en el momento de mayor vulnerabilidad de la vida de las personas, el proceso de morir. La importancia del momento requiere el mejor aprovechamiento de los recursos disponibles en las instituciones implicadas, para ayudar a vivir bien este proceso.

Los servicios sanitarios y pastorales han de ser eficientes, y en la medida de lo posible han de saber estar bien coordinados, para que se lleve a cabo una adecuada ayuda al proceso de humanización del morir.

Es preciso una labor de concienciación, así como un esfuerzo de organización en las comunidades parroquiales, para que se creen equipos de voluntarios, suficientemente formados, con adultez y discreción, capaces de atender esta delicada tarea pastoral, que corresponde al cuidado de los más débiles y vulnerables de la comunidad parroquial.

Porque todas las necesidades pueden socorrerse de una u otra manera.

Esta cuidada asistencia al morir sólo es posible con la decidida determinación pastoral de acoger, comprender y acompañar en la esperanza.

José Manuel Álvarez Maqueda.
Delegado De Pastoral De La Salud Archidiócesis De Merida-Badajoz
(Artículo Sacado Del Número 371 De La Revista “Labor Hospitalaria”)



lunes, 7 de agosto de 2017

Traslación de las reliquias de SJD (28-11-17) Huellas en el camino


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme. Entonces los justos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”. Y el rey del dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Palabra del Señor.

*    Reflexión

En nuestro camino nos damos cuenta que Jesús se identifica con los más necesitados, los que tienen hambre, sed, miseria, enfermedad,… En el mapa, en las guías de este tramo del camino, tenemos como testigo para seguir las huellas de Jesús a San Juan de Dios, él supo acompañar todas las realidades de las que nos habla el Evangelio. «San Juan de Dios, testigo de la hospitalidad, muerto en Granada el 8 de marzo de 1550, fue sepultado en la iglesia de Santa María de la Victoria, de la Orden de San Francisco de Paula. Más tarde, el 28 de noviembre de 1664, los Hermanos Hospitalarios consiguieron que las reliquias del venerado Fundador fueran trasladadas a la iglesia de su hospital, en la misma ciudad de Granada, colocándolas honoríficamente, con gran júbilo, en el altar mayor»[1].




[1]De Textos litúrgicos propios de la Orden hospitalaria de San Juan de Dios

Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo (26-11-17) Huellas en el camino


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme. Entonces los justos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”. Y el rey del dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Entonces dirá a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”. Entonces también estos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”. Él les replicará: “En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”. Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna». Palabra del Señor.

*    Reflexión


Terminamos una etapa del camino, el próximo domingo ya no dispondremos de mapa, sin embargo tendremos una estrella que nos guíe en el camino. En el mapa, en las guías de este tramo del camino, se nos indica que seguir las huellas de Jesús es tener presente que al final de nuestras vidas seremos evaluados según el amor y que Jesús se identifica con los pequeños; por ello, una de nuestras misiones es crear entre todos un mundo mejor en el que unos estemos atentos de las necesidades del otro.

Domingo XXXIII del T. Ordinario (19-11-17) Huellas en el camino


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. Al cabo de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco”. Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante, entra en el gozo de tu señor.» Palabra del Señor.

*    Reflexión

En nuestro caminonos encontramos que el Señor confía en nosotros y nos ha dejado bienes en depósito para hacerlos producir al máximo, ya que la variedad de talentos que aportamos entre todos, enriquece nuestro camino y el mundo. En el mapa, en las guías de este tramo del camino, se nos indica que seguir las huellas de Jesús es no quedarnos con los brazos cruzados, sino que hagamos multiplicar los dones que se nos ha dado.

Patrocinio de Santa María Virgen sobre la OHSJD (18-11-17) Huellas en el camino


En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías, y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo, y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá». María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mis espíritu en Dios, mi salvador». Palabra del Señor.

*    Reflexión


Ponerse en camino y marchar aprisa hacia el lugar en el que nos necesitan debe ser uno de los rasgos más característicos del amor cristiano. La virgen visitó a Isabel, pero también a san Juan de Dios, es más, la fiesta del Patrocinio tiene su origen, según la tradición, en la promesa que la misma Madre de Dios hiciera a San Juan de Dios en su lecho de muerte: “A esta hora Juan, hijo mío, no falto yo a mis devotos; y así como cumplo esta promesa, te ofrezco de no faltar en todo tiempo a los pobres que se recogiesen en tu hospital, y amparar a todos tus hijos que siguieren tu forma de vida”. (Rev. La Caridad, 59, 1945, p. 477). En el mapa, en las guías de este tramo del camino, se nos indica que seguir las huellas de Jesús es salir al camino para experimentar la alegría de contagiar y dar vida, con nuestra presencia, donde nos necesiten.

Domingo XXXII del T. Ordinario (12-11-17) Huellas en el camino


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”. Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”. Pero las prudentes contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”. Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco”. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora». Palabra del Señor.

*    Reflexión


En este domingo se nos invita a ponernos en caminoy salir a recibir al Señor, pero no de cualquier forma, en muchas ocasiones vamos con prisas, nos centramos en lo urgente y nos olvidamos de lo importante, tendremos que aprender a vivir los momentos de espera, de estar y disfrutar del camino, no podemos quedarnos dormidos o pasivos, la espera debe ser activa. En el mapa, en las guías de este tramo del camino, se nos indica que seguir las huellas de Jesús es mantener las lámparas encendidas para mantener viva la llama de la fe.

Domingo XXXI del T. Ordinario (05-11-17) Huellas en el camino


En aquel tiempo, habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: hacer y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido». Palabra del Señor.

*    Reflexión


En nuestro camino se nos llama a dar testimonio y ser testigos que convencen, no sólo de palabra sino también con nuestras actitudes, es decir, se nos llama a hacer lo que decimos y dejar de llevarnos los méritos de otros, no sólo se trata de apariencias, sino sobre todo de sinceridad. En el mapa, en las guías de este tramo del camino, se nos indica que seguir las huellas de Jesús es que seamos todos hermanos y que actuemos como tal, cuidándonos y queriéndonos los unos a los otros. Hoy también celebramos la conmemoración de los difuntos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

Todos los Fieles Difuntos (02-11-17) Huellas en el camino


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os preparare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Jesús le responde: «yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí». Palabra del Señor.

*    Reflexión


Jesús nos dice que Él es el caminoy nos invita a andar, a avanzar, a no quedarnos parados en mitad del camino, a dejar lo que nos estorba para seguir avanzando, a descargar la mochila de lo innecesario y llevar una mochila liviana. En el mapa, en las guías de este tramo del camino, se nos indica que seguir las huellas de Jesús es apoyarnos en él en el día a día (camino), descubrir que la única verdad es el amor (verdad), es caminar con el Cristo vivo capaz de hacernos vivir (vida).

Todos los Santos (01-11-17) Huellas en el camino


En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo». Palabra del Señor.

*    Reflexión

En nuestro caminonos encontramos con las bienaventuranzas, parece que Jesús pone cabeza abajo nuestra forma de ser felices, nos dice que la dicha está en ser pobre de espíritu, en llorar, en tener hambre y sed de justicia, y es que para entender esto, tenemos que irnos a nuestro mapa, en las guías de este tramo del camino, se nos indica que seguir las huellas de Jesús es ir descubriendo que el hombre es más feliz cuando es capaz de amar, aunque en ocasiones implique sufrimiento. La verdadera felicidad la encontraremos por el camino señalado por Jesús, y aunque comienza aquí en la tierra, alcanza la plenitud en el final del camino.

Domingo XXX del T. Ordinario (29-10-17) Huellas en el camino


En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas». Palabra del Señor.

*    Reflexión


En nuestro camino también nosotros nos hacemos muchas preguntas, tal vez ahora le preguntaríamos “Maestro, ¿cuál es el secreto de la felicidad? Y lo cierto es que la respuesta sería la misma, ya que ante todas las preguntas trascendentales, por el sentido de la vida, la respuesta la encontramos en el amor. En el mapa, en las guías de este tramo del camino, se nos indica que seguir las huellas de Jesús es amar, ya que el amor es fuente de vida, y además es el mayor don que nos ha dado Dios.

Beatos Mártires del la OHSJD (25-10-17) Huellas en el camino


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también está mi servidor; a quien me sirva, el Padre le premiará». Palabra del Señor.

*    Reflexión

En nuestro caminonos encontramos con la metáfora del grano de trigo. En el mapa, en las guías de este tramo del camino, se nos indica que seguir las huellas de Jesús es traer al corazón a nuestros hermanos mártires, que dieron la vida desde la confianza en Dios y sin reservas, y los frutos de aquellas muertes las seguimos teniendo entre nosotros. «Los beatos mártires de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios sufrieron el martirio por haber mantenido y confesado su fe, sirviendo a los enfermos y necesitados, en fidelidad a la hospitalidad que habían profesado. Ellos, sin preocuparse del peligro que les acechaba, permanecieron en su puesto desempeñando el apostolado de la caridad con la ordinaria dedicación, sin dejarse intimidad por los insultos y amenazas de muerte, aceptando voluntariamente el martirio. Ellos mejor que ninguno sabían que si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto, y lo demostraron con sus vidas.»[1]



[1]De Textos litúrgicos propios de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios

Domingo XXIX del T. Ordinario (22-10-17) Huellas en el camino


En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?». Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto». Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta imagen y esta inscripción?». Le respondieron: «Del César». Entonces les replicó: «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Palabra del Señor.

*    Reflexión


Sólo puede enseñarnos el camino que conduce a Dios aquel que sabe dónde vive Dios, y ese es Jesús: Él nos dijo: “nadie va al Padre si no es por mí”, por eso Jesús es el camino. En el  mapa, en las guías de este tramo del camino, se nos indica que seguir las huellas de Jesús es dar a cada uno lo suyo, y por tanto dar a Dios lo que es de Dios. Dios está por encima de cualquier poder y por tanto, todos nuestros actos deben realizarse desde la libertad y la rectitud de conciencia.

Domingo XXVIII del T. Ordinario (15-10-17) Huellas en el camino


En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se loa merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales». Palabra del Señor.

*    Reflexión


En nuestro camino nos encontramos con una gran fiesta, y Dios nos invita, nos propone asistir a ella, depende de nosotros que queramos hacer un alto en el camino para poder gozar de la misma en presencia del Señor. En el mapa, en las guías de este tramo del camino, se nos indica que seguir las huellas de Jesús es saber que el vestido con el que debemos asistir a la fiesta es el de la caridad; ya nos diría san Juan de Dios: “Tened siempre caridad, porque donde no hay caridad no hay Dios, aunque Dios en todo lugar está”.

Domingo XXVII del T. Ordinario (08-10-17) Huellas en el camino


En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos». Palabra del Señor.

*    Reflexión


En nuestro camino nos encontramos con que Dios tiene un plan de salvación para nosotros, con mucho amor planta la mejor viña y nos la concede para trabajarla. En el mapa, en las guías de este tramo del camino, se nos indica que seguir las huellas de Jesús es caer en la cuenta que Dios nos ha dado la posibilidad de aportar nuestro granito de arena en la construcción del Reino, depende de nosotros ser -o no- buenos labradores.

Domingo XXVI del T. Ordinario (01-10-17) Huellas en el camino


En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue. ¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?». Contestaron: «El primero». Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis». Palabra del Señor.

*    Reflexión


Siempre es posible volver al camino del amor de Dios, puede ser que empecemos diciendo que no, pero nunca es tarde para rectificar, Dios quiere corazones arrepentidos y que volvamos a Él. En el mapa, en las guías de este tramo del camino, se nos indica que seguir las huellas de Jesús es aprender a ser coherentes, no podemos ir por el mundo comprometiéndonos a cosas que no vamos a cumplir, no podemos dejar las cosas en el aire y esperar que sea otro el que realice aquello que podemos realizar nosotros mismos. 

Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael (29-09-17) Huellas en el camino


En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?» Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Natanael respondió: «Rabí, tú, eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre». Palabra del Señor.

*    Reflexión

Estar en el caminocontigo facilita no caer en la tentación de la incredulidad, nos facilita pararnos a escucharte en el silencio, y ver aquello que en otras ocasiones no podemos ver ni escuchar porque el mundanal ruido nos lo impide. En el mapa, en las guías de este tramo del camino, se nos indica que seguir las huellas de Jesús es saber escuchar la llamada personal de Dios en cada instante de la vida, es saber dejar actuar a nuestros ángeles, que nos guían en el camino que nos lleva a gozar de Dios.

Domingo XXV del T. Ordinario (24-09-17) Huellas en el camino


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña.  Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.  Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos». Palabra del Señor.

*    Reflexión


En este trayecto del camino nos encontramos con que Dios no nos quiere con los brazos cruzados, sino que a lo largo de todo el día, nos llama a dar lo mejor de nosotros. Dios nos llama constantemente a la viña para desarrollar nuestros talentos. En el mapa, en las guías de este tramo del camino, se nos indica que seguir las huellas de Jesús es darnos cuenta que estamos invitados a caminar con él y colaborar en la construcción del reino, haciendo bien lo que sabemos hacer.

Domingo XXIV del T. Ordinario (17-09-17) Huellas en el camino


En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándoles la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano». Palabra del Señor.

*    Reflexión


Se nos invita a hacer un alto en el caminopara reflexionar sobre el perdón. Se dice que perdonar no es fácil, sin embargo, quien ha sentido el gozo de sentirse perdonado, debe ser capaz de perdonar al otro, debemos ser más responsables con nuestros actos, pero no sólo por el otro, sino por nosotros mismos, en la medida en que ofrecemos perdón también nos amamos a nosotros mismo y nos sentimos mejor. En el mapa, en las guías de este tramo del camino, se nos indica que seguir las huellas de Jesús es darnos cuenta que tenemos que perdonar siempre y de corazón.

Domingo XXIII del T. Ordinario (10-09-17) Huellas en el camino


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos. Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».Palabra del Señor.

*    Reflexión

En nuestro camino se nos invita a vivir desde la comunión con los hermanos, para ello, tenemos como mapa y guías, las huellas de Jesús que nos encontramos en el evangelio, una llamada a vivir desde la responsabilidad, a interpelar nuestro mundo interior para reconocer en qué podemos estar equivocados. De alguna forma se da una llamada a ayudarnos mutuamente a ser mejores personas, a escuchar al hermano en esa crítica constructiva o lo que siempre hemos conocido como corrección fraterna, aquella corrección que brota desde el  corazón, desde la amistad. 

Domingo XXII del T. Ordinario (03-09-17) Huellas en el camino



En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte». Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios». Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar la vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta». Palabra del Señor.

*    Reflexión


En nuestro camino nos podemos encontrar muchas piedras con las que tropezamos; sin embargo, lo cierto es que también aprendemos cuando tropezamos o caemos, y siempre tenemos una mano extendida que nos ayuda a levantarnos. Seguir las huellas de Jesús es darnos cuenta que, queramos o no, maduramos y crecemos, pero para ello, debemos aprender a renunciar a la satisfacción caprichosa de todos nuestros deseos, en aras de una plenitud de vida más digna. No todo vale, habrá que aprender a llevar la cruz, con Cristo es más fácil, eso es lo que nos encontramos en el mapa, en las guías, eso es lo que nos indica la brújula, para iniciar este camino.