sábado, 11 de octubre de 2014

La vida y la muerte

Para hablar de la vida después de la muerte, quiero utilizar esta historia, según comenta su autor Wayne W.
Dyer en el libro ‘Tu zonas sagradas’ es una adaptación de una historia relatada por Henri J. M. Nouwen; pero, no he encontrado en qué libro de H. Nouwen aparece esta parábola.

En internet aparecen muchas adaptaciones, pero, al no encontrar el original, voy a utilizar la adaptación de W. Dyer[1]:

«Dos bebes se encuentran en el útero, confinados en las paredes del seno materno, y mantienen una conversación. Para entendernos, a estos gemelos les llamaremos Ego y Espíritu.
Espíritu le dice a Ego:
Sé que esto va a resultarte difícil de aceptar, pero yo creo de verdad en que hay vida después del nacimiento.
Ego responde:
No seas ridículo. Mira a tu alrededor. Esto es lo único que hay. ¿Por qué siempre tienes que estar pensando en que hay algo más aparte de esta realidad? Acepta tu destino en la vida. Olvídate de todas esas tonterías de vida después del nacimiento.
Espíritu calla durante un rato, pero su voz interior no le permite permanecer en silencio durante más tiempo.
Ego, no te enfades, pero tengo algo más que decir. También creo que hay una madre.
¡Una madre! —exclama Ego con una carcajada—. ¿Cómo puedes ser tan absurdo? Nunca has visto una madre. ¿Por qué no puedes aceptar que esto es lo único que hay? La idea de una madre es descabellada. Aquí no hay nadie más que tú y yo. Esta es tu realidad. Ahora cógete a ese cordón. Vete a tu rincón y deja de ser tan tonto. Créeme, no hay ninguna madre.
Espíritu deja, con renuencia, la conversación, pero la inquietud puede con él al cabo de poco.
Ego —implora—, por favor, escucha, no rechaces mi idea. De alguna forma, pienso que esas constantes presiones que sentimos los dos, esos movimientos que a veces nos hacen sentir tan incomodos, esa continua recolocación y ese estrechamiento del entorno que parece producirse a medida que crecemos, nos prepara para un lugar de luz deslumbrante, y lo experimentaremos muy pronto.
Ahora sé que estás completamente loco —replica Ego—. Lo único que has conocido es la oscuridad. Nunca has visto luz. ¿Cómo puedes llegar a tener semejante idea? Esos movimientos y presiones que sientes son tu realidad. Eres un ser individual e independiente. Este es tu viaje. Oscuridad, presiones y una sensación de estrechamiento a tu alrededor constituyen la totalidad de la vida. Tendrás que luchar contra eso mientras vivas. Ahora, aférrate a tu cordón y, por favor, estate quieto.
Espíritu se relaja durante un rato, pero al fin no puede contenerse por más tiempo.
Ego, tengo una sola cosa más que decir, y luego no volveré a molestarte.
Adelante —responde Ego, impaciente.
Creo que todas estas presiones y toda esta incomodidad no solo van a llevarnos a una nueva luz celestial, sino que cuando eso suceda vamos a encontrarnos con la madre cara a cara, y conocer un éxtasis que superara todo lo que hemos experimentado hasta ahora.
Estás realmente loco. Ahora sí que estoy convencido.»

Como os he dicho en internet aparecen muchas adaptaciones, esta es una de ellas, que tal vez también os guste:

«Dos seres iban –juntos– de camino hacia la vida y sucedió que se pusieron a conversar entre ellos sobre qué era lo que les esperaba cuando llegasen al término del camino...
Fueron concebidos los dos gemelos en un seno. Pasaron las semanas y éstos crecieron. A medida que fueron tomando conciencia, su alegría rebosaba:
Dime: -¿No es increíble que vivamos? ¿No es maravilloso estar aquí?
Los gemelos empezaron a descubrir su mundo. Cuando encontraron el cordón que los unía a su madre y a través del cual les llegaba el alimento, exclamaron llenos de gozo:
¡Tanto nos ama nuestra madre que comparte su vida con nosotros!.
Pasaron las semanas, luego los meses. De repente se dieron cuenta de cuánto habían cambiado. -¿Qué significará esto?– preguntó uno.
Esto significa –respondió el otro– que pronto no cabremos aquí dentro.
No podemos quedarnos aquí: naceremos.
¡En ningún caso quiero verme fuera de aquí –objetó el primero.
¡Yo quiero quedarme siempre aquí!.                                             
Reflexiona. No tenemos otra salida –dijo su hermano–.
Acaso haya otra vida después del nacimiento.
¿Cómo puede ser esto? –repuso el primero con energía–.
Sin el cordón de la vida no es posible vivir. Además, otros antes de nosotros han abandonado el seno materno y ninguno de ellos ha vuelto a decirnos que hay una vida tras el nacimiento. -¡No, con el nacimiento se acaba todo! ¡Es el final!.
El otro guardó las palabras de su hermano en su corazón y quedó hondamente preocupado. Pensaba:-Si la concepción acaba con el nacimiento, ¿qué sentido tiene ésta vida aquí? No tiene ningún sentido. A lo mejor resulta que ni existe una madre como siempre hemos creído.
Sí que debe existir –protestaba el primero. De lo contrario, ya no nos queda nada.
¿Has visto alguna vez a nuestra madre? –preguntó el otro–. A lo mejor sólo nos la hemos inventado. Nos la hemos forjado para podernos explicar mejor nuestra vida aquí”.
Así, entre dudas y preguntas, sumidos en profunda angustia, trascurrieron los últimos días de los dos hermanos en el seno materno.
Por fin llegó el momento del nacimiento.
Cuando los dos gemelos dejaron su mundo, abrieron los ojos y lanzaron un grito. Lo que vieron superó sus más atrevidos sueños.»
                                                                 




[1] Dyer W. Tus Zonas Sagradas. Decídete a ser libre. Ed Grijalbo. 1995 P. 13-14. El libro lo puedes leer en el siguiente enlace: https://docs.google.com/file/d/0B8mpi7oji088M0R5aVhiTWZaV0U/edit