sábado, 18 de octubre de 2014

DOMUND 2014: Renace la alegría


Para alentar a la Iglesia en el compromiso misionero, el papa Francisco recuerda que la Jornada del DOMUND es siempre un motivo de gratitud y esperanza. La describe como “una celebración de gracia y de alegría”: “De gracia, porque el Espíritu Santo, mandado por el Padre, ofrece sabiduría y fortaleza a aquellos que son dóciles a su acción. De alegría, porque Jesucristo, Hijo del Padre, enviado para evangelizar el mundo, sostiene y acompaña nuestra obra misionera”. El punto de unidad entre gracia y alegría se encuentra en Dios Trinidad, porque el amor con que el Padre ama al Hijo llega a nosotros por obra del Espíritu Santo: “El Padre es la fuente de la alegría. El Hijo, su manifestación, y el Espíritu Santo, su animador”. Estas referencias a la esencia de la alegría como expresión de fe han sido el motivo por el que Obras Misionales Pontificias propone para celebrar esta Jornada en España el lema “Renace la alegría”, inspirado en las palabras del inicio de la exhortación apostólica Evangelii gaudium: “Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG 1).

El Papa desvela, en Evangelii gaudium, su sueño: “Una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual” (EG 27). Este es el gran desafío que tiene la Iglesia, cuyas puertas están siempre abiertas para salir a los lugares donde están los otros y para que entren quienes reciben la gracia de la conversión. Una Iglesia de puertas abiertas “no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas” (EG 47).

Los misioneros, llenos de alegría, comparten con los más pobres su experiencia de encuentro con Cristo, esa es la experiencia, por ejemplo, de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios, Miguel Pajares y Manuel García, fallecidos a causa del virus ébola, sí; pero, que se contagiaron del virus por entregar su vida a aquellas personas enfermas por este virus, que se contagiaron por vivir desde la hospitalidad al servicio de los enfermos y necesitados, al estilo de Jesús estuvieron con los predilectos de Dios, siguiendo el estilo de San Juan de Dios, aunque los llamaran locos.