viernes, 25 de enero de 2013

Pérdidas - Duelos


Todos los seres humanos sufren en alguna ocasión. Si nos comprometemos con la vida, acabaremos experimentando alguna pérdida, y las pérdidas son dolorosas. Nuestras pérdidas pueden ser grandes o pequeñas. Pueden ser tan intrascendentes como la privación de una rutina a la que estábamos acostumbrados o tan grandes como la pérdida de alguien a quien queríamos profundamente.
Debemos dedicar a cada pérdida lo que se merece, aceptando el sufrimiento al que nos estemos enfrentando, sea cual sea, y concediendo a nuestro dolor el tiempo, el espacio y la atención necesarios para que siga su curso. No hay ningún calendario establecido para el duelo; debes dejar que sea la sabiduría de tu cuerpo quien te guíe.

La oración puede servirte de ayuda en numerosas fases de confusión, negación, enfado, dolor, remordimiento, tristeza e incluso gratitud. La clave es rezar desde donde de verdad te encuentres, no desde donde crees que Dios considera que debes estar. No te eches atrás. Reza durante todo el proceso de tu dolor, y Dios, a su debido tiempo, te conducirá a una nueva plenitud y alivio en los que tu pérdida también tendrá cabida.

Tom McGrath