miércoles, 28 de noviembre de 2012

Sobre el sacramento de la Unción de los enfermos


He tenido que preparar una corta formación sobre este tema, después de buscar entre mis apuntes e internet, he reunido estas pinceladas, os lo dejo por si os sirve: 


¿Qué es la unción de enfermos? Podemos decir que la unción es un encuentro con Cristo médico.

Durante mucho tiempo a este sacramento le hemos llamado la extremaunción, o los santos óleos y esa terminología hacía que para muchos cristianos ver aparecer al sacerdote con los santos óleos significaba que estaba a punto de morir, y muchas veces aquello quedaba como un escenario de pavor y de temor; incluso los familiares  que se preocupaban porque no querían que se asustase al enfermo. La Iglesia desde hace tiempo cambia el nombre, y en vez de la extremaunción ha hablado de la unción de los enfermos, además es un nombre que es más adecuado y es más justo con el sacramento, puesto que no es un sacramento para el momento de la muerte, sino que es un sacramento para el enfermo; por lo tanto, queda más explícito por un lado que se puede recibir varias veces en la vida, en situaciones de enfermedad grave que pueden ser muchas; y luego que queda ese tono festivo propio de un sacramento, de un encuentro con Cristo, de un encuentro sanador.

A lo largo de toda su vida, de su paso por la tierra, Jesucristo tuvo una búsqueda de los enfermos, de los que padecían algún tipo de sufrimiento, o algún dolor; de Él salía una virtud que los curaba a todos.

Además, en muchas de sus curaciones hay un contacto físico, Jesús se acerca y toca al que es ciego, al que es sordo, y él desea que este acercamiento, este contacto físico, la ternura con la que él se disponía ante la persona enferma, llegue a través de la Iglesia a cada uno de los enfermos de todos los tiempos.

Dios ha visitado a su pueblo, era la conclusión que sacaba el pueblo judío cuando veían que había cojos que andaban, ciegos que veían, sordos que oían, era la manifestación de la llegada del Reino de los cielos a Israel.

Esta compasión y cercanía que Cristo busca con ellos le lleva a identificarse con ellos: “Estuve enfermo y me visitasteis”. Es una predilección por el enfermo. Y esa cercanía de Cristo al enfermo para poder consolarle, para poder llevarle la salvación espiritual y física cuando es posible, Cristo continúa con el mismo empeño. Y ahora mismo quiere estar junto a cada enfermo con su cuerpo místico, con la Iglesia, y lo hace a través de este sacramento.

Sin embargo, Cristo no curó a todos los enfermos, ni los de su tiempo ni los de toda la historia. Sus milagros, sus curaciones, tenían un doble significado; por un lado anunciaban la llegada del Reino de los Cielos; y por otro lado lo que hace es decir que hay una salud más radical; y que Él lo que viene es a dar esa vida, esa sanación realmente del pecado y del mal.

La Unción de enfermos es ese sacramento en el que toda la Iglesia se une al enfermo para presentarlo ante Cristo, (que es el gran sufriente), y le pide al Señor, a Cristo que cuide de ese enfermo, que le salve y que le conceda la gracia que necesita. Toda la Iglesia que se une en esa petición y en ese enfermo presentándolo al Padre también le invita a que una sus sufrimientos a este Cristo salvador, para que así el enfermo ayude a la Iglesia.

Vemos que es un sacramento en el que toda la Iglesia con el enfermo va hasta Dios, y Cristo y el enfermo devuelven a la Iglesia o tratan de ayudarla o beneficiarla con ese sufrimiento convertido en amor.

En el Nuevo testamento hay referencias explícitas a este sacramento, por ejemplo cuando Jesucristo resucita habla de sus apóstoles, de los discípulos enviándoles, diciéndoles que “impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien”, en otra caso ordena a los apóstoles, “sanad a los enfermos” como recoge Mateo, y hay un testimonio más explícito acerca de un ritual que los primeros cristianos viven con respecto a los enfermos, lo escribe Santiago en su carta, dice:


«¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia que oren sobre Él, y le unjan con óleo en el nombre del Señor, y la oración de la fe sanará al enfermo y el Señor hará que se levante y si hubieran cometido pecado le sarán perdonados»


El óleo utilizado en este rito es conocido como óleo de los enfermos, y es bendecido cada año por el obispo en la misa crismal celebrada el Jueves Santo por la mañana (en esta Misa se consagra el Crisma y se bendicen el óleo de los catecúmenos y el óleo de los enfermos).

En el rito central del sacramento de la unción de los enfermos, el presbítero impone las manos sobre los enfermos y luego traza con el aceite bendecido la señal de la cruz en la frente y en cada una de las manos del enfermo, al tiempo que pronuncia las siguientes palabras:

Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad. Amén.

Es un sacramento instituido por Nuestro Señor Jesucristo para el alivio espiritual y corporal de los enfermos. Dispone a bien morir. Recordemos:

·         La materia es el aceite de oliva bendecido por el obispo el Jueves Santo. Se llaman los "santos óleos". El sacerdote hace unciones (untando) en forma de cruz sobre la frente y las manos del enfermo.

·         La forma es la oración que pronuncia el sacerdote al ungir: "Por esta Santa Unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo". Se responde: "Amén".

·         El ministro de la Unción es el capellán, pero en caso de necesidad, todo sacerdote puede administrar este sacramento.

·         El sujeto es el cristiano que ha llegado al uso de razón y se halle en peligro de muerte por con enfermedad grave o vejez. No es necesario el peligro de muerte próximo, basta que la enfermedad de suyo sea grave. El que lo recibe ha de estar en estado de gracia. Por eso, antes de recibirla, el enfermo se confiesa. Si no pudiera confesarse, bastaría, bastaría un acto de dolor de atrición y estar arrepentido. Hace falta tener la intención de recibir el sacramento y aceptar la voluntad de Dios.

Este sacramento produce dos clases de efectos: los unos relativos al alma y los otros al cuerpo.

·         Los relacionados con el alma son:

1.      Aumenta la gracia santificante.
2.      Perdona los pecados veniales, y aún los mortales, cuando el enfermo no puede confesarlos, con tal que en su corazón tenga al menos atrición, con arrepentimiento.
3.      Borra las reliquias del pecado, es decir, una parte de las penas temporales.
4.      Le da fuerzas para resistir las tentaciones, a soportar los sufrimientos de la enfermedad y a ofrecer a Dios el sacrificio de su vida.

·         El relacionado con el cuerpo es:

1.      Le concede la salud del cuerpo si le conviene y mitiga o debilita los sufrimientos de los enfermos.

Los familiares y los que asisten al enfermo no han de esperar a que el enfermo esté ya en agonía; lo prudente es que esté plenamente lúcido. Si ya ha perdido el conocimiento o se duda si vive, se le administra la Unción bajo condición.

Muchas veces se dice que en la unción tenemos el encuentro con Cristo médico, pero con el médico que todos los hombres necesitamos, y es cierto, el Papa Benedicto XVI lo dice con unas palabras muy concisas: “la unción a los enfermos constituye más bien una ayuda para aceptar el sufrimiento, tiene que ayudarme a llegar a la comunión sacramental con Cristo mediante la asunción interior del dolor y del sufrimiento”, es decir, es la ayuda a aceptar el sufrimiento en vez de rebelarme contra él; “eso no implica necesariamente curación física, la enfermedad también puede curarme espiritualmente, incluso ser necesaria a mi espíritu. Cristo al enseñarme a sufrir y sufrir conmigo (no sólo enseña, sino que se une a través del sacramento) puede convertirse Cristo en el verdadero médico de mi mismo superando la enfermedad más honda de mi alma” allí es donde actúa el sacramento de la unción.