sábado, 22 de octubre de 2011

ORANDO CON «LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO» (Jn. 11,1-44)

Señor Jesús, normalmente nos pasa como a Tomás, «si no veo, no creo», parece que constantemente estamos necesitando pruebas…; sin embargo, en esta ocasión, Juan no nos quiere narrar tanto esos signos externos, como los internos, de hecho deja el gran milagro para el final, y empieza narrándonos los pequeños milagros de la vida, la fragilidad del ser humano ante el sufrimiento de los otros, ante el sufrimiento de la humanidad.

Jesús, esa es la ventaja de degustar el Evangelio de Juan, es tan minucioso, tan detallista, que no se olvida de los pequeños-grandes detalles, y así es como, en esta ocasión, podemos verte por dentro, podemos sentirte,… podemos ver cómo te conmueves, cómo te turbas y derramas lágrimas, al igual que cualquier otro hombre, ante la realidad de las miserias humanas, y más si se trata de un ser querido.


Me imagino que conmoverte, turbarte, y derramar lágrimas también te pasó con tu padre José; pero, en este caso, se trata de Lázaro, aunque en realidad, a ti lo que parece que te conmueve es el sufrimiento de María, tu amiga, y ver cómo lloraban los que la acompañan.

Sí, Jesús, lo que nos conmueve y nos turba es el sufrimiento; y ante el sufrimiento parece que se dan dos realidades: unos diremos «Mirad cómo le quería» y agradeceremos tu presencia, tu compañía, sentirte al lado, o saberte cargándonos en ese momento porque nosotros no tenemos fuerzas ni para aguantarnos en pie; otros, en cambio, los que no te conocen, sólo han oído hablar de ti y de tus hazañas, pero no te conocen, te reprocharán «Este que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que este no muriera?».

Para unos serás como una especie de ‘herramienta’ para seguir adelante desde la fe, y como el salmista podrán decirte «sé la roca de refugio, alcázar donde me salve; pues tú eres mi peña y mi alcázar, por tu nombre me guías y diriges»; para otros, serás aquel a quien poder reprochar y culpar, y motivo para alejarse de ti, porque no te han escuchado, porque no han creído. Cómo nos cuesta entender tu palabras: «si crees, verás la gloria de Dios».

Gracias, Señor, porque transformas vidas, gracias por tu acción milagrosa, que consiste en estar en contacto con las miserias humanas, y en generar actitudes de fe.



Norka C. Risso Espinoza