lunes, 25 de abril de 2011

Luz en el sufrimiento

A veces nos parece que nuestras fuerzas flaquean,
que nuestra mente se enturbia,
que en el vaivén de nuestra noria el corazón se marea;
sin embargo, sabemos, sentimos,
que Tú eres nuestra fortaleza.

¡Todo parece tan lento, tan contradictorio!,
pero, como Juan, el discípulo amado,
permítenos apoyar nuestra cabeza en tu pecho
y al sentir tu abrazo misericordioso, pedirte, Señor,
que aceptes nuestras limitaciones,
alivies nuestros cansancios,
fortalezcas nuestra debilidad,…

Anhelamos que, como lluvia,
tu esperanza, consuelo y alivio inunde nuestros corazones,
y nos haga ver que el amor es más fuerte que el dolor.
Anhelamos que, a pesar del Getsemaní de nuestros sufrimientos,
cuando la angustia atenaza el pecho,
seamos capaces de responder a tu llamada,
y hacer tu voluntad.

Gracias, Señor, por ser luz que guía nuestro caminar,
que no nos ciega ante el sufrimiento,
sino todo lo contrario, iluminas nuestra oscuridad
y aunque no seamos conscientes de ello
nos ayudas a ser luz para el que sufre a nuestro lado.

Norka C. Risso Espinoza