miércoles, 16 de julio de 2008

Salud de Dios para los hombres (I)

“Por ser imagen de Dios infinito, el hombre es indefinido, nunca concluso, en perpetuo cambio inventivo, descubridor, creador en el sentido de estar asociado a la creación. Y es capaz de comprender la realidad, de escapar a su limitación para envolver en cierta medida el universo entero y hasta a su creador”[1].

Junto con la consecuencia de ser la primera maravilla de la creación, el hombre se experimenta a sí mismo con una fuerte carga de limitaciones que le frustran en su proyecto de plenitud. Hoy, la respuesta a esta situación la busca principalmente en la ciencia que le haga superar la finitud, al mismo tiempo que se afana por vivir profundamente las oportunidades temporales que tiene.

Sin embargo, el interrogante permanece, la duda del ¿por qué? sigue estando presente. Y aunque de distinta manera que la ciencia, también hay una búsqueda de sentido, de respuestas que ayuden a vivir.

Y es la pregunta que la historia y el mismo hombre le han dirigido a Dios: ¿Por qué tenemos que sufrir? ¿Por qué existe el sufrimiento? La enfermedad, la injusticia, las pérdidas morales y materiales, las catástrofes... ¿por qué?

[1] J. MARÍAS, La imagen de Dios en “Problemas del cristianismo” (BAC, Madrid, 1982)


Norka C. Risso Espinoza