domingo, 6 de marzo de 2016

Misericordia y entrega en San Juan de Dios

En esta ocasión compartimos con vosotros la reflexión del Hno. Gabriel Garcia, en el quinto día de la Solemne Novena a San Juan de Dios:


Acabada su peregrinación a Guadalupe, su director espiritual le manda regresar a Granada donde fue llamado por el Señor para comenzar una nueva andadura, una nueva forma de vivir.

Ahora todo es nuevo para Juan de Dios, todo es intriga, todo ilusión, todo es esfuerzo, muchas dudas, tiene que enfrentarse con una realidad que no ha vivido antes.

Curiosamente llega a Granada por la mañana, como si le anunciasen el preludio del alba de su gran obra de misericordia, como si fuese el amanecer del servicio que quiere dar, aliviar el sufrimiento con el que se encuentra: pobres deambulando por las calles, desnudos y enfermos echados en el suelo, helados de frio porque era invierno.

Después de participar en la Misa toma la decisión de subir a la sierra (en las alturas es donde se manifiesta el Señor con más claridad). Juan de Dios intuye que la humildad es la base de toda verdadera grandeza, que para seguir al Señor, primero tiene que aprender a ser pequeño, a ser servidor de todos.

Sueña, desea tener un sitio donde poder cuidar y atender a tanta necesidad como se encuentra diariamente. Pero, ¿cómo conseguirlo? Pedir aún le da vergüenza. Comenzaré por algo sencillo, recogiendo leña y vendiéndola en la Plaza y así podré ayudar a los demás.

Sencillo el planteamiento ¿verdad? Pues cuando descendía del monte sintió tanta vergüenza que no fue capaz de entrar por la Puerta de los Molinos que está bien distante del comercio de la Ciudad y se lo dio a una pobre viuda que le pareció que tenía necesidad. Podemos ver en este episodio, nada sencillo, la lucha entre su orgullo y el desprendimiento que le pide el Señor.

Al día siguiente, avergonzado de la cobardía del día anterior, después de oír Misa se fue a por otro haz de leña y cuando regresaba a la ciudad comenzó a sentir la misma vergüenza que el día anterior y reprochándose a sí mismo y avanzando comenzó a decirle a su cuerpo: vos, don asno, que no quisiste entrar ayer en Granada con la leña, por vergüenza y conservar tu honra y dignidad, pues ahora las a va a perder y llevaras la leña hasta la plaza mayor para que te vean  todos los que te conocen y pierdas la altanería, el orgullo y la soberbia que tienes. Y así fue hasta la Plaza Bib-Rambla y como no lo habían visto desde la locura, se acercó mucha gente asombrada de verle; algunos con mucha guasa y burla le decían: ¿Qué es esto hermano Juan? ¿Cómo te fue en el Hospital con los enfermos? No hay quien te entienda, cada día cambias de oficio y manera de vivir.

Y de esta y de muchas maneras se burlaban de él con palabras y gestos los mozos ociosos. Él, alegre y humildemente recibía estos reproches sin enfadarse, al contrario les respondía con risas y así se hacía participe de lo que ellos estaban disfrutando, al tiempo que se gozaba de no rechazar lo que él pretendía, ser humillado: Hermanos, este es el juego de birlimbao, tres galeras y una nao, que mientras (más) veas menos has de aprender. Y así con estas palabras y otros semejantes chascarrillos, amorosamente respondía a los que le preguntaban por su vida, encubriendo con ellas la gracia que le había dado el Señor y se recreaba y disfrutaba de que lo tuviesen por poca cosa y de poca valía, y de esto salía bien parado con ellos, porque la gente comúnmente juzgaba que era ramalazo de locura cuando ven lo que está haciendo.

Así que más leña y más humillaciones que estos le fortalecen. “El que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”. Con perseverancia, Juan está dando comienzo a esa entrega que vivirá sin límites. Porque “Si el  grano de trigo no muere, no da fruto”.

Juan, fortalecido por la gracia y misericordia de Dios está comenzando aquí, en la Plaza Bib-Rambla, un nuevo camino; la entrega total a Dios y a los pobres y enfermos.

Quiere aliviar el sufrimiento con el que se encuentra a diario. Quiere compartir con ellos todo: sus amarguras y sus esperanzas. Quiere demostrarles que la Misericordia de Dios es Grande y Eterna.

Sabe, es consciente, que él solo no puede solucionar tanta necesidad, pero confía sólo en Jesucristo que lo ayudará, pues conoce su corazón. Juan se fortalece en la fe y en la práctica de la misericordia, al igual que comienza a ganarse la confianza de la gente y van apareciendo algunas personas solidarias que le ayudan en el alquiles de la Pescadería (primer germen de su hospital).

La misericordia de Dios transforma el corazón de Juan de Dios haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de hacer y dar misericordia, porque al experimentar en su persona la misericordia de Dios, él se hace misericordioso.

¡La Misericordia lo puede todo!

Y comienza a recoger pobres desamparados, enfermos y tullidos que encontraba. Y compró algunas esteras de anea y algunas mantas viejas para pudiesen dormir, porque no tenía para más, ni otra medicina que darles, y así les decía: Hermanos, dad muchas gracias a Dios por esta ayuda que nos concede y por la paciencia que tiene en esperarnos y les trajo un cura para que se confesasen.

Y el local de la Pescadería se queda pequeño de tanta gente que llega, pues no cabían ni de pies de los que venían a la fama de Juan de Dios.

Ya lo vemos contento, como un brazo de mar en servicio y atención a los pobres y enfermos. Dice que: hay días que no tiene tiempo ni para rezar el Padrenuestro, con esto quiere decir que como está solo, tiene que cuidar a más de ciento diez personas, hacer la comida, darles de comer, ir a pos agua a la fuente, lavarlos, limpias la casa, lavar la ropa, escaldar piojos, etc..

Como son tantos y el local es pequeño tiene que cambiarse a otro más grande y más espacioso y, acuestas traslada a sus pobres tullidos, enfermos que no podían ir por su pie hasta la cuesta de Gomerez. Aquí puso más orden y concierto, y puso  camas para los más dolientes, por distintas enfermedades y por sexo; y nuestro Señor tuvo a bien de proveerlo de enfermeros que le ayudasen a servirlos, mientras él iba a buscar la limosna y medicinas con que se curasen. Pero el trabajo es tanto que las horas del día no le san para más y el que al principio de su obra le daba vergüenza pedir, ahora resulta que es hasta original pidiendo, y comenzando la noche, después de realizar todas sus tareas, salía por las calles con su capacha y dos ollas en las manos, iba diciendo a voces: “¡Quien hace bien para si mismo! ¿Hacéis bien por amor de Dios, hermanos míos en Jesucristo?” Y como tenía voz lastimosa y la virtud que el Señor le daba, parecía que esta petición atravesaba las entrañas de todos.

Esas noches frías de Granada en que no hay nadie por la calle, pero, se asoman por la ventana para darle su limosna.

Juan de Dios, modelo ardiente de Caridad y un modelo de involucrar a los demás.

También hay gente que se cansa de darle limosna y por otra parte él no se sacia de atender a toda clase de necesidad que se encuentra: Cuida a niños que allí le dejan, socorre a las viudas, atiende a los pobres vergonzantes en sus casas de mujeres alegres y las redime y les busca trabajo digno. En una ocasión dos de estas mujeres le piden que las lleve a Toledo, con el pretexto de cambiar de vida y como él no duda, junto con Ángulo se dirigen de Granada a Toledo y en mitad del camino se les pierde una. Ángulo protesta y le dice a Juan que lo están engañando y Juan le responde: Mira, si vienes desde Motril a Granada con tres cajas de sardinas y por el camino se te estropean dos, ¿tirarás la otra también?

Hay tanta necesidad que atender en Granada que no encuentra suficiente limosna y viaja por toda Andalucía, Extremadura y Castilla hasta Valladolid pidiendo para sus pobres que son tantos que no sabe cómo se pueden sustentar. Acaba su vida desvencijado. Más no se puede entregar.

Amigos y compañeros, es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros impulsándonos a amar al prójimo como lo hizo san Juan de Dios. Porque las obras de misericordia corporales y espirituales, nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y que sobre estas obras de misericordia seremos juzgados en el último día.

A nosotros como sanitarios o como buenos samaritanos nos toca mirar, tocar, nos corresponde preguntar y escuchar, cuidar y curar, nutrir, visitar, consolar y educar al ENFERMO. Y además como dice el Papa Francisco: “practicar con ellos la CARIÑOTERAPIA”.

Sí, la CARIÑOTERAPIA ayuda a que el tiempo en que estén los enfermos a nuestro cuidado lo vivan con mayor integración, lo vivan con alegría. La cariñoterapia es muy importante que junto a la farmacología, forman las dos un complemento extraordinario, muy eficaz, curativo y complaciente.

En definitiva: “curarlo cuidándolo” porque tocar la carne de los pobres y enfermos es tocar la carne de Cristo compasivo y misericordioso (Mensaje de Cuaresma del Papa Francisco)

Así lo entendió y vivió San Juan de Dios que viendo tanta necesidad y al no poder atender a todos se le parte el corazón. Porque la misericordia y la compasión son el hilo conductor y el programa de su vida.

Es tan fina y sutil la compasión de san Juan de Dios, que se compadece hasta de un dolor de muelas que tiene Luis Bautista. Por eso nosotros somos, tenemos que ser su continuación, siendo manos, brazos y corazones que ayudan a Dios a realizar sus prodigios, sus obras de misericordia.

En ocasiones, también, aflora alguna lágrima en nuestros ojos, es normal porque también tenemos nuestro corazoncito, porque si no lloramos como Jesús y como San Juan de Dios, ante las miserias de los demás y las injusticias de nuestro mundo, es que se no ha secado la fuente de nuestros sentimientos.

Los seguidores de Cristo y de San Juan de Dios: tenemos que ser epifanía (manifestación) de la misericordia del Padre como identificados con Jesús. San Juan de Dios nos recomienda que:

“Después de nuestro trabajo tenemos que dar gracias a Nuestro Señor Jesucristo, porque usa con nosotros de tanta misericordia”. “Pues si mirásemos cuán grande es la misericordia de Dios para con nosotros, nunca dejaríamos de hacer el bien mientras pudiésemos”.

Y para finalizar: Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.


Hermano Gabriel García, OH