lunes, 31 de agosto de 2015

Canto a la cotidianidad



Tras unos días de descanso, regresamos con las pilas cargadas para iniciar un nuevo curso, y en este intento de ser parábolas y semillas de bondad, verdad y belleza, a través de este blog, iniciamos el curso con este texto de Ángel Moreno:

Quiero cantar y reconocer a todos los que en el anonimato hacen posible, cada día, de manera discreta, la convivencia y la paz.

Quiero cantar a quienes hacen del lugar doméstico un espacio cálido, atractivo y dulcifican la intemperie del frío, de la soledad, del paro, de la violencia y el desamor.

Quiero cantar a quienes ofrecen sus vidas por los demás sin que les sean parientes, ni siquiera amigos, de manera gratuita, voluntaria, amorosa, y con su entrega dan la posibilidad de que muchos sientan ayuda en su fragilidad, amparo en su indigencia, cercanía en su enfermedad.

Quiero cantar y reconocer a los que oran por otros, sin que ellos lo sepan, y permanecen en vigilia para que se alivie el dolor del hombre, la angustia y el desespero de los que se sienten sin fuerzas para resistir la prueba.

Quiero cantar y reconocer a los que miran con cariño al desconocido, escuchan con atención el desahogo de los que repiten una vez más su historia, de los que no llevan cuenta del bien hacer.

Quiero cantar y reconocer las vidas de los que habitan en el medio rural, en los pueblos vacíos, en las estepas humanas, y aguardan pacientes el curso de los días, en sobriedad y actitud serena.

Quiero cantar y agradecer a todos los que sin fama ni renombre sostienen el tejido social y hacen habitable esta hora recia.

Quiero cantar y recordar a quienes llevan en silencio su prueba, por no sobrecargar aún más el dolor del mundo, y ofrecen su sufrimiento de manera redentora, mirando a quien llegó a morir por salvar a todos.

Quiero cantar a los que sobreviven de manera clandestina y anónima por las calles de la ciudad, y confían en encontrar una manera digna de ganarse el pan.

Quiero hacerme consciente de la bondad que anida en el corazón, y agradecer todo gesto humilde, pequeño, de los que pasan por la vida ofreciendo lo más noble de sí mismos.


Con sincera admiración y gratitud a todos los que sois parábolas y semillas de bondad, verdad y belleza.