miércoles, 4 de julio de 2012

Abrir la puerta de la fe


Desde el 11 de octubre de 2012, al 24 de noviembre de 2013, el Papa Benedicto XVI nos invita a reflexionar y redescubrir la fe, convocándonos a través de ‘La puerta de la fe’ (porta fidei) a vivir el ‘AÑO DE LA FE.

Como vemos en la imagen, la puerta de la fe está siempre abierta y quien se atreve a cruzar el umbral se llena de alegría y entusiasmo; sólo se necesita, para el camino, que nos alimentemos con la Palabra de Dios y con el Pan de la vida, como nos dice Benedicto XVI en porta fidei.

Este tiempo será propicio para que cada uno desde nuestra propia realidad y desde la comunión eclesial nos paremos para volver a descubrir el camino de la fe y poder resaltar el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo.

El Año de la Fe se propone, ante todo, sostener la fe de tantos creyentes que, en medio de la fatiga cotidiana, no cesan de confiar, con convicción y valentía, su existencia al Señor Jesús. Su testimonio, que no es noticia es el que permite a la Iglesia presentarse al mundo de hoy, como en pasado, con la fuerza de la fe y con el entusiasmo de los sencillos”, como nos dijo el arzobispo Fisichella.

Pero, antes de seguir avanzando en este proyecto, lo primero que debemos tener claro es qué es la fe; ya que, durante todo el curso, la fe será el eje transversal de nuestra dinámica.

Decía J. H. Newman que la fe es según su naturaleza la aceptación de una verdad que nuestra razón no puede alcanzar; sencillamente y necesariamente en función de un testimonio.

Vamos a intentar aterrizar; en el catecismo joven de la Iglesia católica, se define la fe como: saber y confiar. Tiene siete rasgos:

  1. La fe es un puro don de Dios, que recibimos, si lo pedimos ardientemente.

  1. La fe es la fuerza sobrenatural que nos es necesaria para obtener la salvación.

  1. La fe exige la voluntad libre y el entendimiento lúcido del hombre cuando acepta la invitación divina.

  1. La fe es absolutamente cierta, porque tiene la garantía de Jesús.

  1. La fe incompleta mientras no sea efectiva en el amor.

  1. la fe aumenta si escuchamos con más atención la voz de Dios y mediante la oración estamos en un intercambio vivo con él.

  1. la fe nos permite ya ahora gustar por adelantado la alegría del cielo.

Muchos dicen que creer les parece poco, que quieren saber. Pero la palabra «creer» tiene dos significados diferentes: cuando un paracaidista pregunta al empleado del aeropuerto: «¿Está bien preparado el paracaídas?», y aquél le responde, indiferente: «Creo que sí», no será suficiente para él; esto quiere saberlo seguro. Pero si ha pedido a un amigo que le prepare el paracaídas, éste le contestará a misma pregunta: «Sí, lo he hecho personalmente. ¡Puedes confiar en mí!». Y el paracaidista replicará: «Te creo». Esta fe es mucho más que saber: es certeza. Y ésta es la fe que hizo que los mártires perseveraran hasta la muerte, ésta es la fe que aún hoy mantiene en pie a los cristianos perseguidos. Una fe que afecta a todo el hombre.

Al comienzo del acto de fe hay con frecuencia una conmoción o una inquietud. El hombre experimenta que el mundo visible y el transcurso normal de las cosas no pueden ser todo. Se siente tocado por un misterio. Sigue las pistas que le señalan la existencia de Dios y paulatinamente logra la confianza de dirigirse a Dios y finalmente de adherirse a él libremente. En el evangelio de san Juan leemos: «A Dios nadie le ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer» (Jn 1, 18). Por eso debemos creer en Jesús, el Hijo de Dios, si queremos saber qué nos quiere comunica Dios. Por eso creer es acoger a Jesús y jugarse toda la vida por él.


*  Esta imagen y muchas otras imágenes de Fano, ideales para la pastoral: http://www.diocesismalaga.es/index.php?mod=imagenes, también podéis encontrarlo en facebook
*      La presentación del año de la fe: http://www.news.va/es/news/presentacion-del-ano-de-la-fe