domingo, 18 de abril de 2010

Exequias


Es saludable poder decir adiós al ser querido muerto, ritualizar la despedida, honrar su memoria, agradecer su existencia... Conforta a los compañeros escuchar lo significativo que fue su ser querido para ellos, que será recordado positivamente...
En la liturgia de las exequias (responso, funeral, despedida del cadáver, etc.) la finalidad de los ritos cristianos no es venerar los cuerpos sino celebrar la memoria del difunto, afirmar el valor de la vida y situar el acontecimiento de la muerte en el horizonte de la pascua de Cristo.
Estos actos litúrgicos dan un sentido de continuidad a la vida y fomentan la pertenencia al pueblo de Dios. A su vez, facilitan la elaboración del duelo al contribuir a:
  • Afrontar la realidad de la muerte sin negarla u ocultarla.
  • Exteriorizar la pena liberando las emociones.
  • Reavivar la fe y la esperanza en los presentes.
  • Despedir comunitariamente a un paciente del centro.
  • Reflexionar sobre la muerte evangelizando la vida.
El duelo se “hace” en estos “lugares” de la persona
  • En el hablar: rompiendo el aturdimiento inicial expresando el sufrimiento, comunicándose.
  • En el corazón: desahogando la pena y canalizando la energía afectiva con un sano amor, en verdad y libertad.
  • En la mente: esclareciendo y superando concepciones erróneas, ideas insanas.
  • En la fe: esperanza en la Resurrección, vivencia de una fe madura, con sana concepción de Dios.
  • En la acción: volver a reinsertarse en la vida con un proyecto significativo de vida, con futuro, siendo feliz.

Norka C. Risso Espinoza