Aquí encontraréis reflexiones, comentarios, oraciones, vídeos... que nos ayuden a vivir en positivo desde la fe, la esperanza y la caridad; como urdimbres de la pastoral sanitaria. Este material versará sobre Pastoral de la Salud, Bioética y Cuidados Paliativos (#PASBIOPAL); siendo ésta una forma de realizar una labor evangelizadora desde la Hospitalidad, como valor del que me he ido empapando a lo largo de los años trabajados con los Hermanos de San Juan de Dios.
martes, 10 de septiembre de 2013
lunes, 2 de septiembre de 2013
Es cierto que los niños hacen lo que ven, evítales el sufrimiento
Y puesto que pegar no es educar, aquí están algunos de los efectos que se produce en los niños:
- Daña su autoestima, genera sensación de minusvalía y promueve expectativas negativas respecto a sí mismo.
- Les enseña a ser víctimas. Existe la creencia extendida de que la agresión hace más fuertes a las personas que la sufren, les “prepara para la vida”.
- Hoy sabemos que no sólo no les hace más fuertes, sino más proclives a convertirse repetidamente en víctimas.
- Interfiere sus procesos de aprendizaje y el desarrollo de su inteligencia, sus sentidos y su emotividad.
- Se aprende a no razonar. Al excluir el diálogo y la reflexión, dificulta la capacidad para establecer relaciones causales entre su comportamiento y las consecuencias que de él se derivan.
- Les hace sentir soledad, tristeza y abandono.
- Incorporan a su forma de ver la vida una visión negativa de los demás y de la sociedad, como un lugar amenazante.
- Crea un muro que impide la comunicación padres - hijos y daña los vínculos emocionales creados entre ambos.
- Les hace sentir rabia y ganas de alejarse de casa.
- Engendra más violencia. Enseña que la violencia es un modo adecuado para resolver los problemas.
- Los niños y niñas que han sufrido castigo físico pueden presentar dificultades de integración social.
- No se aprende a cooperar con las figuras de autoridad, se aprende a someterse a las normas o a transgredirlas.
- Pueden sufrir daños físicos accidentales. Cuando alguien pega se le puede “ir la mano” y provocar más daño del que esperaba.
sábado, 31 de agosto de 2013
El arte de cuidar a los enfermos
Un amigo me ha enviado este artículo de Leonardo Boff, escrito el 28 de julio de 2013; y lo quiero compartir con vosotros/as:
En los últimos años he trabajado en profundidad la categoría de cuidado sobre todo en los libros Saber cuidar y El cuidado necesario. Cuidar más que una técnica o una virtud, entre otras, es un arte y un nuevo paradigma de respeto, con la naturaleza y con las relaciones humanas, amoroso, diligente y participativo. He tomado parte en muchas reuniones y conferencias de profesionales de la salud con los que he podido hablar y aprender, pues el cuidado es la ética natural de esta actividad tan sagrada. Retomo aquí algunas ideas referentes a las actitudes que deben estar presentes en las personas que cuidan a los enfermos ya sea en casa o en el hospital. Veamos algunas de ellas.
Compasión: es la capacidad de ponerse en el lugar del otro y sentir con él. Que perciba que no está solo en su dolor.
Caricia esencial: tocar al otro es devolverle la certeza de que pertenece a nuestra humanidad; el toque de la caricia es una manifestación de amor. A menudo, la enfermedad es una señal de que el paciente quiere comunicarse, hablar y ser escuchado. Quiere encontrar un sentido a la enfermedad. El enfermero o la enfermera y el médico o la médica pueden ayudarle a abrirse y hablar. Testimonio de una enfermera: "Cuando te toco, te cuido, cuando te cuido te toco… Si eres una persona mayor te cuido cuando estas cansado; te toco cuando te abrazo; te toco cuando estás llorando, te cuido cuando ya no puedes andar".
Asistencia sensata: El paciente necesita ayuda y la enfermera o enfermero desea cuidar. La convergencia de estos dos movimientos genera reciprocidad y la superación del sentimiento de una relación desigual. Crearle un soporte que le permita mantener una relativa autonomía. La asistencia debe ser prudente: incentivar al paciente a hacer todo lo que él pueda, animarle a hacerlo y asistirlo solamente cuando ya no puede hacerlo por sí mismo.
Devolverle la confianza en la vida: Lo que más desea el enfermo es recuperar el equilibrio perdido y volver a estar sano. De aquí que sea decisivo devolverle la confianza en la vida, en sus energías interiores, físicas, psíquicas y espirituales, pues ellas actúan como verdaderas medicinas. Incentivar gestos simbólicos cargados de afecto. No es raro que los dibujos que una niña hace para su padre enfermo susciten en él tanta energía y buen ánimo como si hubiera tomado la mejor de las medicinas. Ayudarle a acoger la condición humana: Normalmente el paciente se pregunta sorprendido: ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí ahora que todo me iba tan bien? ¿Por qué si soy joven aun me ataca esta grave enfermedad? ¿Por qué las relaciones familiares, sociales y laborales se cortan por la enfermedad? Tales interrogantes remiten a una reflexión humilde sobre la condition humaine, expuesta en todo momento a riesgos y a vulnerabilidades inesperadas.
Toda persona sana puede enfermar. Y toda enfermedad remite a la salud que es el principal valor de referencia. Pero no conseguimos saltar por encima de nuestra sombra y no hay modo de acoger la vida así como es: sana y enferma, fuerte y frágil, apasionada por vida y teniendo que aceptar eventuales enfermedades y, en última instancia, la misma muerte. En esos momentos los pacientes hacen profundas revisiones de vida, no se contentan solo con las explicaciones científicas(siempre necesarias) dadas por los médicos, sino que ansían un sentido que surge a partir de un diálogo profundo con su Self o de la palabra sabia de un sacerdote, de un pastor o de una persona espiritual. Recuperan entonces valores cotidianos que antes ni siquiera notaban, redefinen su plan de vida y maduran. Y acaban teniendo paz.
Acompañarle en la gran travesía: Hay un momento inevitable en que todos, hasta la persona más anciana del mundo, tenemos que morir. Es la ley de la vida, sujeta a la muerte. Es una travesía decisiva. Debe ser preparada por toda una vida que se ha guiado por valores morales generosos, responsables y benéficos. Sin embargo, para la gran mayoría, la muerte es sufrida como un asalto y un secuestro ante los cuales se siente impotente. Y finalmente se da cuenta de que debe entregarse.
La presencia discreta, respetuosa de la enfermera o del enfermero, dándole la mano, susurrándole palabras de consuelo, invitándolo a ir al encuentro de la Luz y al seno de Dios que es Padre y Madre de bondad pueden hacer que el moribundo salga de la vida sereno y agradecido por la existencia que vivió.
Si tiene una referencia religiosa, susurrarle al oído las palabras tan consoladoras de San Juan: Si tu corazón te acusa, recuerda que Dios es más grande que tu corazón (3,20). Puede entregarse tranquilamente a Dios cuyo corazón es de puro amor y misericordia. Morir es caer en los brazos de Dios.
Aquí el cuidado se revela mucho más como arte que como técnica y supone en el profesional de la salud densidad de vida, sentido espiritual y una mirada que va más allá de la vida y de la muerte.
Alcanzar ese estadio es una misión que el enfermero y la enfermera, también los médicos y las médicas deben buscar para ser plenamente servidores de la vida. Para todos valen estas palabras sabias: La tragedia de la vida no es la muerte, sino aquello que dejamos morir dentro de nosotros mientras vivimos.
Compasión: es la capacidad de ponerse en el lugar del otro y sentir con él. Que perciba que no está solo en su dolor.
Caricia esencial: tocar al otro es devolverle la certeza de que pertenece a nuestra humanidad; el toque de la caricia es una manifestación de amor. A menudo, la enfermedad es una señal de que el paciente quiere comunicarse, hablar y ser escuchado. Quiere encontrar un sentido a la enfermedad. El enfermero o la enfermera y el médico o la médica pueden ayudarle a abrirse y hablar. Testimonio de una enfermera: "Cuando te toco, te cuido, cuando te cuido te toco… Si eres una persona mayor te cuido cuando estas cansado; te toco cuando te abrazo; te toco cuando estás llorando, te cuido cuando ya no puedes andar".
Asistencia sensata: El paciente necesita ayuda y la enfermera o enfermero desea cuidar. La convergencia de estos dos movimientos genera reciprocidad y la superación del sentimiento de una relación desigual. Crearle un soporte que le permita mantener una relativa autonomía. La asistencia debe ser prudente: incentivar al paciente a hacer todo lo que él pueda, animarle a hacerlo y asistirlo solamente cuando ya no puede hacerlo por sí mismo.
Devolverle la confianza en la vida: Lo que más desea el enfermo es recuperar el equilibrio perdido y volver a estar sano. De aquí que sea decisivo devolverle la confianza en la vida, en sus energías interiores, físicas, psíquicas y espirituales, pues ellas actúan como verdaderas medicinas. Incentivar gestos simbólicos cargados de afecto. No es raro que los dibujos que una niña hace para su padre enfermo susciten en él tanta energía y buen ánimo como si hubiera tomado la mejor de las medicinas. Ayudarle a acoger la condición humana: Normalmente el paciente se pregunta sorprendido: ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí ahora que todo me iba tan bien? ¿Por qué si soy joven aun me ataca esta grave enfermedad? ¿Por qué las relaciones familiares, sociales y laborales se cortan por la enfermedad? Tales interrogantes remiten a una reflexión humilde sobre la condition humaine, expuesta en todo momento a riesgos y a vulnerabilidades inesperadas.
Toda persona sana puede enfermar. Y toda enfermedad remite a la salud que es el principal valor de referencia. Pero no conseguimos saltar por encima de nuestra sombra y no hay modo de acoger la vida así como es: sana y enferma, fuerte y frágil, apasionada por vida y teniendo que aceptar eventuales enfermedades y, en última instancia, la misma muerte. En esos momentos los pacientes hacen profundas revisiones de vida, no se contentan solo con las explicaciones científicas(siempre necesarias) dadas por los médicos, sino que ansían un sentido que surge a partir de un diálogo profundo con su Self o de la palabra sabia de un sacerdote, de un pastor o de una persona espiritual. Recuperan entonces valores cotidianos que antes ni siquiera notaban, redefinen su plan de vida y maduran. Y acaban teniendo paz.
Acompañarle en la gran travesía: Hay un momento inevitable en que todos, hasta la persona más anciana del mundo, tenemos que morir. Es la ley de la vida, sujeta a la muerte. Es una travesía decisiva. Debe ser preparada por toda una vida que se ha guiado por valores morales generosos, responsables y benéficos. Sin embargo, para la gran mayoría, la muerte es sufrida como un asalto y un secuestro ante los cuales se siente impotente. Y finalmente se da cuenta de que debe entregarse.
La presencia discreta, respetuosa de la enfermera o del enfermero, dándole la mano, susurrándole palabras de consuelo, invitándolo a ir al encuentro de la Luz y al seno de Dios que es Padre y Madre de bondad pueden hacer que el moribundo salga de la vida sereno y agradecido por la existencia que vivió.
Si tiene una referencia religiosa, susurrarle al oído las palabras tan consoladoras de San Juan: Si tu corazón te acusa, recuerda que Dios es más grande que tu corazón (3,20). Puede entregarse tranquilamente a Dios cuyo corazón es de puro amor y misericordia. Morir es caer en los brazos de Dios.
Aquí el cuidado se revela mucho más como arte que como técnica y supone en el profesional de la salud densidad de vida, sentido espiritual y una mirada que va más allá de la vida y de la muerte.
Alcanzar ese estadio es una misión que el enfermero y la enfermera, también los médicos y las médicas deben buscar para ser plenamente servidores de la vida. Para todos valen estas palabras sabias: La tragedia de la vida no es la muerte, sino aquello que dejamos morir dentro de nosotros mientras vivimos.
Leonardo Boff
viernes, 30 de agosto de 2013
Atención religiosa al final de la vida
"Atención religiosa al final de la vida. Conocimientos útiles sobre creencias y convicciones" es una estupenda guía sobre la atención religiosa coordinada por la Obra Social La Caixa y el Centro Unesco de Cataluña.
sábado, 24 de agosto de 2013
La espiritualidad en el final de la vida.
Otro libro de interesante lectura: LA ESPIRITUALIDAD EN EL FINAL DE LA VIDA. UNA INMERSIÓN EN LAS FRONTERAS DE LA CIENCIA, de Iosu Cabodevilla
sábado, 17 de agosto de 2013
Pastoral de la Salud
Se parte ‘de’ y se ama ‘al’
hombre y al mundo sanitario de hoy como son; creo que esta es la premisa para
realizar un verdadero trabajo de Pastoral de la Salud, donde debemos dar el
paso para encontrarnos con el rostro de Dios encarnado en muchas historias de
dolor, sufrimiento, soledad, exclusión,… donde una y otra vez hay que elegir
entre permanecer o marcharnos, entre la vida o la muerte; ya que la relación
con Dios es estar constantemente en peregrinación para adentrarnos
verdaderamente en la maleza de lo humano. Dentro del mundo sanitario, debemos
tener pasión por aquello que otros no quieren, pobreza, vejez, discapacidad,
enfermedad; pero, también por la familia, por los compañeros de trabajo; por el
deseo de amar y compartir, de transmitir sensaciones de conectar con el Espíritu;
en definitiva, la Pastoral de la Salud debe comunicar el mensaje de salvación
de Jesús, estando al servicio de la dignidad de la persona, se trata de una
evangelización atenta a la urgencia de la justicia.
También puedes encontrar sobre 'Pastoral de la Salud' en: https://www.facebook.com/pastoralsanitaria
viernes, 16 de agosto de 2013
miércoles, 14 de agosto de 2013
jueves, 8 de agosto de 2013
Rencontrarse con el otro
El Parc Sanitari de Sant Boi acerca a jóvenes en proceso de rehabilitación de patología adictiva a otros jóvenes estudiantes de su misma edad que están expuestos a esta problemática social. Esta iniciativa, una gran lección de vida, fue la ganadora del Premio Hospitalidad 2012.
miércoles, 7 de agosto de 2013
Sufrimiento espiritual según NANDA-NOC-NIC
Si nos fundamentamos en el lenguaje NANDA, NOC, NIC
(NNN), los valores y/o creencias formarían parte de los «Principios Vitales»,
es decir, de aquellos principios que subyacen en la conducta, pensamiento y
conductas sobre los actos, costumbres o instituciones contempladas como
verdaderas o poseedoras de un valor intrínseco. Los diagnósticos relacionados
con estos principios son:
- Disposición para mejorar la esperanza.
- Disposición para mejorar el bienestar espiritual.
- Conflicto de decisiones.
- Incumplimiento.
- Sufrimiento moral.
- Deterioro de la religiosidad.
- Disposición para mejorar la religiosidad.
- Sufrimiento espiritual.
- Riesgo de deterioro de la religiosidad.
- Riesgo de sufrimiento espiritual.
En entradas anteriores os he dejado esquemas de algunos de estos diagnósticos, ahora comparto con vosotros el de 'Sufrimiento espiritual'; en este esquema estás los resultados e intervenciones más importantes para este diagnóstico:
Disposición para mejorar la religiosidad según NANDA-NOC-NIC
Este es otro esquema de los diagnósticos de enfermería:
Deterioro de la religiosidad según NANDA-NOC-NIC
En este esquema están los resultado e intervenciones para el 'Deterioro de la religiosidad':
Sufrimiento moral según NANDA-NOC-NIC
Otro de los diagnósticos de enfermería es el 'sufrimiento moral', aquí os dejo un esquema sobre el mismo:
Disposición para mejorar el bienestar espiritual según NANDA-NOC-NIC
Esquema sobre la 'Disposición para mejorar el bienestar espiritual' utilizando como herramienta de trabajo el lenguaje NANDA NOC NIC.
Disposición para mejorar la esperanza según NANDA-NOC-NIC
Aquí os dejo un esquema sobre la 'Disposición para mejorar la esperanza' utilizando el lenguaje NANDA NOC NIC. Muy útil desde los cuidados de enfermería y para poder trabajar en equipo.
viernes, 2 de agosto de 2013
Hospitalidad
¡¡¡Parece
mentira, esta es la entrada número 200 de este blog!!! Y puesto que lo que
intento es poder realizar una labor evangelizadora desde la Hospitalidad, voy a
tratar precisamente sobre ello en esta entrada, dando unas pinceladas sobre la
hospitalidad en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios:
Podemos decir
que el hombre, desde siempre, ha sido hospitalario, empleando cuidados cuando
le ha tocado acompañar a un enfermo, ayudándole, consolándole, acompañándole en
el tránsito de la vida a la muerte.
Los conceptos
que se han trabajado a lo largo de la historia sobre la hospitalidad son
variados, así por ejemplo, desde los griegos donde «la hospitalidad era un
deber difundido dentro del mundo griego»[1] hasta
nuestros días, en los que podríamos decir que realmente no sabemos dónde
empieza y dónde termina el concepto de hospitalidad, ya que en ella podemos
englobar acogida, amparo, cobijo, protección, recibimiento, alojamiento, asilo,
solidaridad, compasión… o como considera actualmente la Orden Hospitalaria
de san Juan de Dios, «la hospitalidad se expresa y se concreta en los cuatro
valores guía, es decir calidad, respeto, responsabilidad y espiritualidad»[2]; por
tanto, observamos una heterogeneidad de matices.
Si
nos situamos en la actual definición que sobre hospitalidad encontramos en la Real Academia
Española (RAE)[3], esta tiene tres
acepciones:
1.
Virtud que se ejercita con peregrinos, menesterosos y
desvalidos, recogiéndolos y prestándoles la debida asistencia en sus
necesidades.
3.
Estancia de los enfermos en el hospital.
Con lo que
comprobamos que en el trasfondo del término, con todas sus connotaciones,
siempre hay algo común, que es una relación de apertura al otro, en la Grecia antigua desde un
deber, en la actualidad como una tarea o función de una entidad, pero parece
que siempre se da lo que Levinas ha venido a llamar un «ser para los demás»[4].
De hecho en las
Declaraciones del LXIII Capítulo General[5] se
pone de manifiesto que la nueva hospitalidad es, ante todo, un movimiento que
mira a la Orden
misma, a su más íntima identidad. Es, en primer lugar, la afirmación de la
primacía de la evangelización sobre las
otras tareas de la Orden. No
es un "nuevo carisma" ni su adaptación a los valores de nuestra
sociedad; la novedad no está en el contenido del carisma, que permanece
invariable. Consiste en vivir y manifestar hoy el don que hemos heredado de
Juan de Dios con un lenguaje nuevo, unos gestos y métodos de apostolado, que
respondan a las necesidades y expectativas del hombre y de la mujer que sufren
a causa de la enfermedad, edad, marginación, minusvalías, pobreza y soledad.
En resumen, la
hospitalidad en la Orden
la encontramos en las constituciones:
«Somos acogedores con las personas que llegan a nuestras casas y las recibimos
con bondad y sencillez, practicando la hospitalidad»[6],
siempre en el intento de hacer el bien, ya que «si hacemos el mal o
intencionadamente buscamos actuar con maldad, este mal nos hará sin duda
peores»[7].
[1] Beltrami M., Ocio y viajes en la historia: antigüedad y medioevo,
Edición electrónica gratuita, 2010, Texto completo en www.eumed.net/libros/2010a/646/
[2]
http://www.oh-fbf.it/Objects/Pagina.asp?ID=3798
[3]
http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=HOSPITALIDAD
[5] Cf. LXIII CAPÍTULO GENERAL, La Nueva Evangelización y la
Hospitalidad en los umbrales del tercer milenio, Bogotá,
1994.
Mama Carolina
¡Cómo la recuerdo! Estaba en
la habitación 504 de mi querido hospital. Era de muy buena familia, una santa.
Viuda y todo sacó adelante a sus cuatro hijos varones como cuatro soles. Mas el
amor entre los hermanos falleció con la muerte de su padre. Y todo por culpa
del maldito dinero. La herencia paterna abrió un abismo entre ellos.
A la madre, la señora
Carolina, nadie se lo dijo pero ella sabía que era llegada su hora y no quería
partir de este mundo dejando un infierno en casa. Pero había que esperar la
"última hora" para la reconciliación familiar.
Cuando el médico me dice
"Edelmiro, avisa a los hijos, que esto se acaba", llamo primero a un
hijo, luego a otro y a otro. Y cuando Dios me lo dio a entender los reúno a
todos y les digo; "Mamá se nos va y lleva una pena muy honda en su alma;
de vosotros depende el quitarla. Vamos, entrad". Y entraron, mejor dicho,
entramos. Dos hijos a cada lado y yo a los pies de la cama. Ella, ya no pudo hablar
pero, juntando las manos, hizo un gesto de reconciliación. ¡Qué bien la entendieron!
El hijo mayor tira de su cartera y reparte un fajo de billetes para luego fundirse
en un abrazo de hermanos en torno a la cama de la madre. Y lloramos, ¡claro que
lloramos! La madre cerró sus ojos dibujando en su rostro una sonrisa de paz. Se
fue aquella misma tarde.
Era a finales de diciembre;
la recuerdo como mi mejor Navidad. Mamá Carolina había hecho el milagro: el
amor nacía otra vez en la tierra. ¡Gloria a Dios y Paz a los hombres...!
Luego dimos sepultura a su
cuerpo en el Campo santo y su alma voló al cielo donde le esperaba Dios con
otro abrazo. ¡Misión cumplida!
A los pocos días me llaman
para celebrar la fiesta del retorno de los hijos pródigos a la casa materna...
Ya sentados a la mesa les digo: “Chicos: sois formidables. ¡Enhorabuena! Cuando
le llevaba la Sagrada Comunión a vuestra madre intuía una honda pena en su
alma, la pena de no veros hermanados. Ahora que estáis reconciliados brindemos
como hermanos.”
Alzamos la copa y brindamos.
Saltaron de nuevo las lágrimas y sonaron los abrazos en aquella comida de
fiesta y hermandad. Lágrimas de pena por la madre que se fue, y lágrimas de
alegría por los hijos que retornan a casa.
Muchas veces había meditado
la parábola de hijo pródigo pero nunca la había visto así de encarnada. Se
encendió una luz en mi alma y comprendí como nunca el Sacramento de la
Reconciliación.
Edelmiro Ulloa
Vivencias y actividades de un capellán
Lugo 2013
Acompáñeme hasta la frontera
Después de tanto
tiempo ingresado en nuestro hospital Manuel ya era de casa. Cuán cierto es que "Un hermano
puede no
ser
un amigo pero un amigo siempre es un hermano': y con el amigo
Manuel todos nos sentíamos hermanados por el cariño que le teníamos y por
carecer de familia de sangre. Él sabía que nunca le faltaba la visita diaria
del capellán. No sé si por su carácter o por la enfermedad, nuestro amigo y hermano
Manuel era reservado, de pocas palabras, y éstas, superficiales. Por eso me sorprendió
aquella mañana cuando me dijo:
- Tiene prisa,
padre?
- Ninguna, todo mi
tiempo es tuyo.
- Pues siéntese
aquí... Voy emprender un viaje. Le quiero a mi lado.
Manuel hacía
tiempo que estaba sentenciado a muerte por una enfermedad que cada día le iba
dejando más chupadito. Pronto percibo que el enfermo es consciente de su situación
terminal. Acerco la silla a su cama y le digo:
- Qué, ¿te vas a
tu tierra?
- No, más lejos.
Y le quiero pedir un favor.
- ¿Qué quieres,
Manuel? ¿Por qué quieres que te acompañe hasta la frontera?
- Porque al otro
lado ya sé quién me espera.
- ¿Y quién te
espera, Manuel?
- El Cristo del
Cachorro y la Macarena (era de Sevilla).
Se hizo silencio y
añado:
– Manuel, yo no
sé quién de los dos cruzaremos primero esa frontera, pero si eres tú te doy mi
palabra de estar a tu lado.
Luego me quedé sin
palabras.
Aquel día no me
moví de su lado toda la mañana pues presentía que mi presencia era sacramental.
Quizás lo único que necesitaba y, ciertamente, lo que único que me pedía.
Recuerdo que una
Auxiliar de Enfermería me trajo algo de comer y, a eso de las 18hs, tras un
leve suspiro, se acercó hasta la frontera. Quise hacer uso del Ritual Sacramental
pero se me cayó de las manos. De nuevo, aprieto fuerte sus manos entre las mías
y rezo:
- "Cristo
bendito del Cachorro, Virgen de la Macarena, ahí os va Manuel... lo dejo en vuestras
manos”
Esto ocurría en la
segunda planta del hospital. Instintivamente bajo a la capilla situada un piso
más abajo pero allí me sentía como fuera de sitio. Donde el Señor me quería no
era allí sino al lado de Manuel, en la habitación 217, un lugar sagrado. En aquel
momento me parecía estar en el Calvario y que Cristo acababa de morir en mis brazos.
Si la envidia es pecado, que Dios me perdone pero la fe de Manuel, en el momento
de su muerte, me resultaba santamente envidiable.
Durante mis 30
años de capellán en el hospital he visto morir mucha gente pero a muy pocas con
tanta paz y con una fe tan profunda.
Edelmiro
Ulloa,
Vivencias y actividades de un capellán,
Lugo 2013
jueves, 1 de agosto de 2013
TESTIMONIO DE FE DE UNA EXTOXICÓMANA
Para re-descubrir que la Fe es un encuentro personal, que da sentido a
nuestra vida y nos transforma tenemos el testimonio de fe de una chica que tuvo
problemas con las drogas que le llevó a tocar suelo a ir a la cárcel y allí
entre otras cosas recuperar la fe:
«La cura de desintoxicación hizo que pudiera
verme a mí misma, y horrorizarme de lo que veía. Entonces fui consciente de que
no había sido aquel hombre el que me había llevado a esa situación. Ni el
ambiente de la universidad, ni las amistades que había frecuentado. Era mucho
más sencillo y por eso más complejo de detectar: yo misma había provocado esta
situación, huyendo de Dios como Jonás, y me veía tragada por la ballena de la
desesperación y el fracaso. Dios llevaba años buscándome y yo había echado a
correr en sentido contrario. Pero era un amante celoso que no pensaba abandonar
a su amor. Esa situación límite –tocar fondo con la droga, la cárcel, tomar
plena conciencia de la degradación que había supuesto mi alejamiento de Dios-
fue la experiencia decisiva que me hizo levantarme y retomar el camino de
vuelta hacia el Padre. Sentí en mi carne la realidad del pecado: rechazo del
Amor, daño a mí misma y a los demás. Me vi abocada a un callejón sin salida, en
las garras del más absurdo sinsentido. Así se despertó en mi corazón una
imperiosa necesidad de reconciliarme con Dios, que me llevó a un armisticio
conmigo misma y con los demás. Necesitaba ser purificada, restaurada, sanada,
perdonada. Dios me ofrecía una liberación total, una vuelta del destierro al
que me había llevado mi orgullo. Fue una de las experiencias más bellas de mi
vida: me sentí inundada por la misericordia de un Dios compañero que me acogía
de nuevo con amor y llenaba mi corazón de una inmensa paz. Necesité el desierto
para escuchar el potente grito de un Dios enamorado de mí. Mi estancia en
prisión fue una etapa clave en mi maduración humana y espiritual, un tiempo que
viví con mucho dolor por la dureza que suponía pero con gran aceptación y
serenidad interior. En ningún momento sentí rebeldía, sólo impotencia y miedo.
Aproveché ese tiempo para reflexionar sobre mi situación existencial y
replantearme mi vida de cara al futuro. La prisión fue para mí una verdadera
escuela de vida. Allí entré en contacto con el mundo de la marginación y la
delincuencia, desconocido hasta entonces para mí. Aprendí a ser más humana, a
conocer más de cerca la dureza de la vida, a compartir el sufrimiento de mis
hermanas reclusas poniéndome en su lugar y tratando de comprender su situación,
a no escandalizarme de sus pecados, a no juzgar precipitadamente, pues la
experiencia me decía que todos, en unas circunstancias concretas, somos capaces
de cualquier cosa. Aprendí a ser más tolerante, más compasiva, a mirar con ojos
de misericordia a tantas víctimas de un sistema injusto que excluye a los
débiles y margina a los pequeños. Aprendí a llorar con las que lloran y a
gozarme con sus alegrías, a escuchar, a aliviar heridas, y acoger vidas rotas.
Aprendí, en definitiva, a identificarme un poco más con aquel Jesús al que
había rechazado.»
CAMINO DE EMAÚS
Agradecemos a nuestro compañero Iñaki, él tiene dos citas que le gustan
"TODO
LO QUE NO SE DA PIERDE". "GRATIS HABÉIS RECIBIDO, DADLO GRATIS",
y por eso comparte con nosotros estas
reflexiones:
“Aquel
mismo día, dos de los discípulos se dirigían a una aldea llamada Emaús, que
dista de Jerusalén unos once kilómetros. Iban hablando de todo lo sucedido.
Mientras hablaban y discutían, Jesús mismo se acercó y se puso a caminar con
ellos. Pero sus ojos estaban ofuscados y no eran capaces de reconocerlo.
Nos encontramos con dos discípulos que abandonan Jerusalén después de
la crucifixión de Jesús. Son dos
personas desesperanzadas, hundidas, en plena crisis de vida y fe. Van
discutiendo. Jesús se acerca pero tienen los ojos (la vista y el corazón)
nublados, no pueden reconocerle, pero vemos que Jesús sale a su encuentro y al
nuestro en la vida.
“Él
les dijo: -¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?”
Jesús
les pregunta y nos pregunta delicadamente qué nos pasa.
“Ellos
se detuvieron entristecidos, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió:
-¿Eres tú el único en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días?”
Vuelven
a decirnos que lo dos discípulos (y nosotros a veces) nos encontramos
entristecidos y deprimidos. Uno que se llama Cleofás (cada uno puede poner aquí
su nombre) suavemente le dice a Jesús: ¿Pero tú no te has enterado de nada? En
nuestros días diríamos: ¿Es que no has leído el periódico, oído la radio, visto
la tele o conectado a Internet?.
“Él
les preguntó: -¿Qué ha pasado?”
Jesús
tranquilamente les y nos dice: pues contármelo vosotros, ponerme al cabo de la
situación.
“Ellos
contestaron: -Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y
palabras ante Dios y ante todo el pueblo. ¿No sabes que los jefes de los
sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran y
crucificaron? Nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel. Y sin
embargo, ya hace tres días que ocurrió esto. Bien es verdad que algunas de
nuestras mujeres nos han sobresaltado, porque fueron temprano al sepulcro y no
encontraron el cuerpo. Hablaban incluso de que se les habían aparecido unos
ángeles que decían que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro
y lo hallaron todo como las mujeres decían, pero a él no le vieron.”
Aquí ellos y nosotros muestran y mostramos el punto central del
asunto. Es verdad que seguir a Jesús está muy bien, hizo grandes signos y
nosotros pensábamos que iba a cambiar esta situación pero no, toda ha acabado
en fracaso, en frustración y en sin sentido. Es cierto que ha habido algunos
signos extraños pero nuestro corazón sigue dolorido.
“Entonces
Jesús les dijo: -¡Qué torpes sois para comprender, y que cerrados estáis para
creer lo que dijeron los profetas! ¿No era preciso que el Mesías sufriera todo
esto para entrar en su gloria? Y empezando por Moisés y siguiendo por los
profetas, les explicó lo que decían de él las escrituras”.
Jesús les dice y nos dice el punto central de este encuentro ¿no
sabéis que el plan de Dios pasa por el silencio, el fracaso y la debilidad?
¿Acaso las escrituras no muestran que el camino de la fe no es una autopista
sino un sendero que sube a la montaña y lleno de obstáculos? Y Jesús por
distintos medios (acontecimientos, personas, lecturas...etc) comparte con
nosotros su mensaje.
“Al
llegar a la aldea adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos
le insistieron diciendo: -Quédate con nosotros, porque es tarde y está
anocheciendo. Y entró para quedarse con ellos.”
Jesús
le da y nos da libertad para expresar cómo nos sentimos. Ellos y nosotros nos
sentimos a gusto con Jesús y nos atrevemos a pedirle que se quede con nosotros
y él lo hace.
“Cuando
estaba sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo
dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero Jesús
desapareció de su lado.”
Jesús hace gestos para que entendamos que es él. Aquí se vuelve a
compartir delante de ellos y de nosotros y es entonces cuando podemos
reconocerle.
“Y se
dijeron uno a otro: -¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el
camino y nos explicaba las Escrituras? En aquel mismo instante se pusieron en
camino y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once y a
todos los demás, que les dijeron: -Es verdad, el Señor ha resucitado y se ha
aparecido a Simón. Y ellos contaban lo que les había ocurrido cuando iban de
camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.”
A los dos discípulos de Emaús y a nosotros nos cambia la vida y la
mirada. Cómo nos indica la pintura que tenemos en la entrada de San José II: “LA MIRADA SIEMPRE HABLA DEL CORAZÓN”.
Ahora podemos volver a Jerusalén y a
cualquier lugar y compartir nuestras experiencias y enriquecernos mutuamente.
Iñaki Mardones Aja
miércoles, 31 de julio de 2013
Religión, espiritualidad y ética para tiempos de incertidumbre
Explorar las
Tras la presentación de Francisco José Alarcos Martínez, el libro está dividido en cinco capítulos, escrito cada uno por diferentes autores:
- Religión y ética ante la incertidumbre, por Francisco José Alarcos Martínez
- ¿Qué se entiende por “espiritualidad”?, por José Serafín Béjar Bacas
- El cultivo de la inteligencia espiritual, por Francesc Torralba Roselló
- Las respuestas de las religiones ante el sufrimiento, por José Luis Sánchez Nogales
- Conflictos morales y creencias religiosas, por Eduardo López Azpitarte
lunes, 29 de julio de 2013
Oración del buen samaritano
ante el hombre herido en el camino de la vida.
Quiero acercarme
y contagiarme de tu compasión
para expresar tu ternura,
para ofrecer el aceite que cura heridas,el vino que recrea y enamora.
Tú, Jesús, buen samaritano,
acércate a mí,
como hiciste siempre.
Ven a mí para introducirme en la posada de tu corazón.
acércate a mí,
herido por las flechas de la vida,
por el dolor de tantos hermanos,
por los misiles de la guerra,
por la violencia de los poderosos.
Sí, acércate a mí,
buen samaritano;
llévame en tus hombros, pues soy oveja perdida;
carga con todas mis caídas,
ayúdame en todas mis tribulaciones,
hazte presente en todas mis horas bajas.
Ven, buen samaritano,
y hazme a mí tener tus mismos sentimientos,
para no dar nunca ningún rodeo
ante el hermano que sufre,
sino hacerme compañero de sus caminos,
amigo de tus soledades,
cercano a tus dolencias,
para ser, como Tú, "ilimitadamente bueno"
y pasar por el mundo "haciendo el bien"
y "curando las dolencias"
Amén.
sábado, 27 de julio de 2013
Responsabilidad en Pastoral de la salud
Antes de empezar resumiría esto en que actuar con responsabilidad es procurar hacer el bien a los demás, sobre todo en los contextos más vulnerables; y… ¿quiénes son los más vulnerables?
He aprendido, mejor dicho voy aprendiendo, (y me queda mucho por aprender), que hablar de responsabilidad no es quedarnos en las reflexiones teóricas que nos indican lo que debemos hacer, sino llegar al corazón, y hablar desde el sentimiento, desde lo que nos toca por dentro (desde la práctica directa): creo que es aquí donde, desde la pastoral, se hace hincapié en trabajar nuestra “humanidad”, desde el corazón, desde el amor, desde la ternura...
Cuando pensaba cómo compartir mi reflexión empecé a escribir sobre mi misión como agente de pastoral, pero, no puedo hablar de responsabilidad si sólo hablo de mi papel de agente de pastoral y mi relación con otras disciplinas, tengo que hablar de ‘pastoral de la salud’, y allí integrarme, porque, desde mi punto de vista, ser agente de pastoral es una misión eclesial, y como tal no es individual.
Sí puedo decir, que la presencia responsable de la pastoral de la salud en el mundo del dolor no se queda sólo en el acompañamiento, no se trata sólo de «ser para los demás», sino que está abierta también a una lucha profética en contra de las injusticias sanitarias, a dar importancia en la clínica al papel de los sentimientos, a aportar los dones del espíritu como herramienta de deliberación en el análisis de los problemas morales de la medicina.
Desde la Pastoral de la salud lo que se pretende es responder a cómo reivindicar la importancia al ‘tú’ al igual que nos lo encontramos en los textos bíblicos; se trata de ayudar a dar sentido a la vida, en definitiva lo que intentamos en nuestro servicio para que sea responsable es, por llamarlo de alguna forma, buscar la moral del encuentro.
Hablar de responsabilidad tiene sentido si desde el encuentro, desde la comunión entre todos los seres humanos, vivimos desde: una existencia proyectada fuera de nosotros para ofrecer a la persona vulnerable esa cercanía afectuosa, esa ayuda concreta y todos esos servicios cotidianos de los que tiene necesidad, en una misión acompañada de la caridad, logrando una humanidad en la que reinen la verdad, la justicia, la libertad y el amor, pilares fundamentales e insustituibles de una verdadera convivencia.
A través del encuentro y de la comunión entre los hermanos que sufren (creyentes y/o no creyentes) se transforma nuestra sociedad, es cuando podemos hablar de responsabilidad, porque remueve los corazones de los hombres y mujeres que desde el servicio (diakonía) quieren llegar a toda la humanidad para paliar el sufrimiento, para ‘curar y cuidar’ al enfermo, en una apuesta por la vida, incluso el final de la vida, para que ésta se viva en plenitud.
Creo que esto es el fundamento de la responsabilidad y en esto debe consistir nuestra entrega al necesitado: acoger, cuidar, mimar y comprometernos con el hombre. La responsabilidad implica la hospitalidad y la acogida a quien lo necesite.
Con todo lo dicho, mi forma personal de entender la responsabilidad, es ‘responder al amor de quien nos amó primero’.
Norka C. Risso Espinoza
Los amigos curan
Queridos lectores, nuestro compañero José Alfonso Magaña Pérez me ha enviado esta presentación para que la comparta con todos vosotros, espero que os guste:
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





