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jueves, 9 de noviembre de 2017

Catequesis del Papa Francisco sobre la eucaristía


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Empezamos hoy una nueva serie de catequesis, que dirigirá la mirada hacia el «corazón» de la Iglesia, es decir la eucaristía. Es fundamental para nosotros cristianos comprender bien el valor y el significado de la Santa Misa, para vivir cada vez más plenamente nuestra relación con Dios.
No podemos olvidar el gran número de cristianos que, en el mundo entero, en dos mil años de historia, han resistido hasta la muerte por defender la eucaristía; y cuántos, todavía hoy, arriesgan la vida para participar en la misa dominical. En el año 304, durante las persecuciones de Diocleciano, un grupo de cristianos, del norte de África, fueron sorprendidos mientras celebraban misa en una casa y fueron arrestados. El procónsul romano, en el interrogatorio, les preguntó por qué lo hicieron, sabiendo que estaba absolutamente prohibido. Y respondieron: «Sin el domingo no podemos vivir», que quería decir: si no podemos celebrar la eucaristía, no podemos vivir, nuestra vida cristiana moriría.
De hecho, Jesús dijo a sus discípulos: «Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día» (Juan 6, 53-54).
Estos cristianos del norte de África fueron asesinados porque celebraban la eucaristía. Han dejado el testimonio de que se puede renunciar a la vida terrena por la eucaristía, porque esta nos da la vida eterna, haciéndonos partícipes de la victoria de Cristo sobre la muerte. Un testimonio que nos interpela a todos y pide una respuesta sobre qué significa para cada uno de nosotros participar en el sacrificio de la misa y acercarnos a la mesa del Señor. ¿Estamos buscando esa fuente que «fluye agua viva» para la vida eterna, que hace de nuestra vida un sacrificio espiritual de alabanza y de agradecimiento y hace de nosotros un solo cuerpo con Cristo? Este es el sentido más profundo de la santa eucaristía, que significa «agradecimiento»: agradecimiento a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo que nos atrae y nos transforma en su comunión de amor.
En las próximas catequesis quisiera dar respuesta a algunas preguntas importantes sobre la eucaristía y la misa, para redescubrir o descubrir, cómo a través de este misterio de la fe resplandece el amor de Dios.
El Concilio Vaticano II fue fuertemente animado por el deseo de conducir a los cristianos a comprender la grandeza de la fe y la belleza del encuentro con Cristo. Por este motivo era necesario sobre todo realizar, con la guía del Espíritu Santo, una adecuada renovación de la Liturgia, porque la Iglesia continuamente vive de ella y se renueva gracias a ella. Un tema central que los Padres conciliares subrayaron es la formación litúrgica de los fieles, indispensable para una verdadera renovación. Y es precisamente éste también el objetivo de este ciclo de catequesis que hoy empezamos: crecer en el conocimiento del gran don que Dios nos ha donado en la eucaristía. La eucaristía es un suceso maravilloso en el cual Jesucristo, nuestra vida, se hace presente. Participar en la misa «es vivir otra vez la pasión y la muerte redentora del Señor. Es una teofanía: el Señor se hace presente en el altar para ser ofrecido al Padre por la salvación del mundo» (Homilía en la santa misa, Casa S. Marta, 10 de febrero de 2014). El Señor está ahí con nosotros, presente. Muchas veces nosotros vamos ahí, miramos las cosas, hablamos entre nosotros mientras el sacerdote celebra la eucaristía... y no celebramos cerca de Él. ¡Pero es el Señor! Si hoy viniera aquí el presidente de la República o alguna persona muy importante del mundo, seguro que todos estaríamos cerca de él, querríamos saludarlo. Pero pienso: cuando tú vas a misa, ¡ahí está el Señor! Y tú estas distraído. ¡Es el Señor! Debemos pensar en esto. «Padre, es que las misas son aburridas” —«pero ¿qué dices, el Señor es aburrido?» —«No, no, la misa no, los sacerdotes» —«Ah, que se conviertan los sacerdotes, ¡pero es el Señor quien está allí!». ¿Entendido? No lo olvidéis. «Participar en la misa es vivir otra vez la pasión y la muerte redentora del Señor. Intentemos ahora plantearnos algunas preguntas sencillas. Por ejemplo, ¿por qué se hace la señal de la cruz y el acto penitencial al principio de la misa? Y aquí quisiera hacer un paréntesis. ¿Vosotros habéis visto cómo se hacen los niños la señal de la cruz? Tú no sabes qué hacen, si la señal de la cruz o un dibujo. Hacen así [hace un gesto confuso]. Es necesario enseñar a los niños a hacer bien la señal de la cruz. Así empieza la misa, así empieza la vida, así empieza la jornada. Esto quiere decir que nosotros somos redimidos con la cruz del Señor. Mirad a los niños y enseñadles a hacer bien la señal de la cruz. Y estas lecturas, en la misa, ¿por qué están ahí? ¿Por qué se leen el domingo tres lecturas y los otros días dos? ¿Por qué están ahí, qué significa la lectura de la misa? ¿Por qué se leen y qué tiene que ver? O ¿por qué en un determinado momento el sacerdote que preside la celebración dice: «levantemos el corazón»? No dice: «¡Levantemos nuestro móviles para hacer una fotografía!». ¡No, es algo feo! Y os digo que a mí me da mucha pena cuando celebro aquí en la plaza o en la basílica y veo muchos teléfonos levantados, no solo de los fieles, también de algunos sacerdotes y también obispos. ¡Pero por favor! La misa no es un espectáculo: es ir a encontrar la pasión y la resurrección del Señor. Por esto el sacerdote dice: «levantemos el corazón». ¿Qué quiere decir esto? Recordadlo: nada de teléfonos.
Es muy importante volver a los fundamentos, redescubrir lo que es esencial, a través de aquello que se toca y se ve en la celebración de los sacramentos. La pregunta del apóstol santo Tomas (cf Juan 20, 2 5), de poder ver y tocar las heridas de los clavos en el cuerpo de Jesús, es el deseo de poder de alguna manera «tocar» a Dios para creerle. Lo que santo Tomás pide al Señor es lo que todos nosotros necesitamos: verlo, tocarlo para poder reconocer.
Los sacramentos satisfacen esta exigencia humana. Los sacramentos y la celebración eucarística de forma particular, son los signos del amor de Dios, los caminos privilegiados para encontrarnos con Él.
Así, a través de estas catequesis que hoy empezamos, quisiera redescubrir junto a vosotros la belleza que se esconde en la celebración eucarística, y que, una vez desvelada, da pleno sentido a la vida de cada uno. Que la Virgen nos acompañen en este nuevo tramo de camino. Gracias.

Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina. Saludo a la delegación sindical argentina. Pidamos a la Virgen María que interceda por nosotros para que sintamos el deseo de conocer y amar más el misterio de la Eucaristía, sacramento del Cuerpo y la Sangre de su Hijo Jesús. Que el Señor los bendiga a todos. Muchas gracias.
(En tialiano)
Saludo a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Que el recuerdo de hoy de los Santos Mártires, cuyas reliquias se guardan aquí en la basílica de San Pedro, incremente en vosotros, queridos jóvenes, la atención al testimonio cristiano incluso en los contextos difíciles; que a vosotros, queridos enfermos, os ayude a ofrecer vuestro sufrimiento para sostener a los muchos cristianos perseguidos. A vosotros, recién casados, os animo a confiar en la ayuda de Dios y no solamente en vuestras capacidades.

PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 8 de noviembre de 2017
© Copyright - Libreria Editrice Vaticana

martes, 9 de junio de 2015

Unción de los enfermos

La Unción de los enfermos, sacramento de salvación y de curación. La Iglesia cree y confiesa que, entre los siete sacramentos, existe un sacramento especialmente destinado a reconfortar a los atribulados por la enfermedad: la Unción de los enfermos.




lunes, 16 de septiembre de 2013

Cuidado espiritual y pastoral del enfermo de depresión


miércoles, 28 de noviembre de 2012

Sobre el sacramento de la Unción de los enfermos


He tenido que preparar una corta formación sobre este tema, después de buscar entre mis apuntes e internet, he reunido estas pinceladas, os lo dejo por si os sirve: 


¿Qué es la unción de enfermos? Podemos decir que la unción es un encuentro con Cristo médico.

Durante mucho tiempo a este sacramento le hemos llamado la extremaunción, o los santos óleos y esa terminología hacía que para muchos cristianos ver aparecer al sacerdote con los santos óleos significaba que estaba a punto de morir, y muchas veces aquello quedaba como un escenario de pavor y de temor; incluso los familiares  que se preocupaban porque no querían que se asustase al enfermo. La Iglesia desde hace tiempo cambia el nombre, y en vez de la extremaunción ha hablado de la unción de los enfermos, además es un nombre que es más adecuado y es más justo con el sacramento, puesto que no es un sacramento para el momento de la muerte, sino que es un sacramento para el enfermo; por lo tanto, queda más explícito por un lado que se puede recibir varias veces en la vida, en situaciones de enfermedad grave que pueden ser muchas; y luego que queda ese tono festivo propio de un sacramento, de un encuentro con Cristo, de un encuentro sanador.

A lo largo de toda su vida, de su paso por la tierra, Jesucristo tuvo una búsqueda de los enfermos, de los que padecían algún tipo de sufrimiento, o algún dolor; de Él salía una virtud que los curaba a todos.

Además, en muchas de sus curaciones hay un contacto físico, Jesús se acerca y toca al que es ciego, al que es sordo, y él desea que este acercamiento, este contacto físico, la ternura con la que él se disponía ante la persona enferma, llegue a través de la Iglesia a cada uno de los enfermos de todos los tiempos.

Dios ha visitado a su pueblo, era la conclusión que sacaba el pueblo judío cuando veían que había cojos que andaban, ciegos que veían, sordos que oían, era la manifestación de la llegada del Reino de los cielos a Israel.

Esta compasión y cercanía que Cristo busca con ellos le lleva a identificarse con ellos: “Estuve enfermo y me visitasteis”. Es una predilección por el enfermo. Y esa cercanía de Cristo al enfermo para poder consolarle, para poder llevarle la salvación espiritual y física cuando es posible, Cristo continúa con el mismo empeño. Y ahora mismo quiere estar junto a cada enfermo con su cuerpo místico, con la Iglesia, y lo hace a través de este sacramento.

Sin embargo, Cristo no curó a todos los enfermos, ni los de su tiempo ni los de toda la historia. Sus milagros, sus curaciones, tenían un doble significado; por un lado anunciaban la llegada del Reino de los Cielos; y por otro lado lo que hace es decir que hay una salud más radical; y que Él lo que viene es a dar esa vida, esa sanación realmente del pecado y del mal.

La Unción de enfermos es ese sacramento en el que toda la Iglesia se une al enfermo para presentarlo ante Cristo, (que es el gran sufriente), y le pide al Señor, a Cristo que cuide de ese enfermo, que le salve y que le conceda la gracia que necesita. Toda la Iglesia que se une en esa petición y en ese enfermo presentándolo al Padre también le invita a que una sus sufrimientos a este Cristo salvador, para que así el enfermo ayude a la Iglesia.

Vemos que es un sacramento en el que toda la Iglesia con el enfermo va hasta Dios, y Cristo y el enfermo devuelven a la Iglesia o tratan de ayudarla o beneficiarla con ese sufrimiento convertido en amor.

En el Nuevo testamento hay referencias explícitas a este sacramento, por ejemplo cuando Jesucristo resucita habla de sus apóstoles, de los discípulos enviándoles, diciéndoles que “impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien”, en otra caso ordena a los apóstoles, “sanad a los enfermos” como recoge Mateo, y hay un testimonio más explícito acerca de un ritual que los primeros cristianos viven con respecto a los enfermos, lo escribe Santiago en su carta, dice:


«¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia que oren sobre Él, y le unjan con óleo en el nombre del Señor, y la oración de la fe sanará al enfermo y el Señor hará que se levante y si hubieran cometido pecado le sarán perdonados»


El óleo utilizado en este rito es conocido como óleo de los enfermos, y es bendecido cada año por el obispo en la misa crismal celebrada el Jueves Santo por la mañana (en esta Misa se consagra el Crisma y se bendicen el óleo de los catecúmenos y el óleo de los enfermos).

En el rito central del sacramento de la unción de los enfermos, el presbítero impone las manos sobre los enfermos y luego traza con el aceite bendecido la señal de la cruz en la frente y en cada una de las manos del enfermo, al tiempo que pronuncia las siguientes palabras:

Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad. Amén.

Es un sacramento instituido por Nuestro Señor Jesucristo para el alivio espiritual y corporal de los enfermos. Dispone a bien morir. Recordemos:

·         La materia es el aceite de oliva bendecido por el obispo el Jueves Santo. Se llaman los "santos óleos". El sacerdote hace unciones (untando) en forma de cruz sobre la frente y las manos del enfermo.

·         La forma es la oración que pronuncia el sacerdote al ungir: "Por esta Santa Unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo". Se responde: "Amén".

·         El ministro de la Unción es el capellán, pero en caso de necesidad, todo sacerdote puede administrar este sacramento.

·         El sujeto es el cristiano que ha llegado al uso de razón y se halle en peligro de muerte por con enfermedad grave o vejez. No es necesario el peligro de muerte próximo, basta que la enfermedad de suyo sea grave. El que lo recibe ha de estar en estado de gracia. Por eso, antes de recibirla, el enfermo se confiesa. Si no pudiera confesarse, bastaría, bastaría un acto de dolor de atrición y estar arrepentido. Hace falta tener la intención de recibir el sacramento y aceptar la voluntad de Dios.

Este sacramento produce dos clases de efectos: los unos relativos al alma y los otros al cuerpo.

·         Los relacionados con el alma son:

1.      Aumenta la gracia santificante.
2.      Perdona los pecados veniales, y aún los mortales, cuando el enfermo no puede confesarlos, con tal que en su corazón tenga al menos atrición, con arrepentimiento.
3.      Borra las reliquias del pecado, es decir, una parte de las penas temporales.
4.      Le da fuerzas para resistir las tentaciones, a soportar los sufrimientos de la enfermedad y a ofrecer a Dios el sacrificio de su vida.

·         El relacionado con el cuerpo es:

1.      Le concede la salud del cuerpo si le conviene y mitiga o debilita los sufrimientos de los enfermos.

Los familiares y los que asisten al enfermo no han de esperar a que el enfermo esté ya en agonía; lo prudente es que esté plenamente lúcido. Si ya ha perdido el conocimiento o se duda si vive, se le administra la Unción bajo condición.

Muchas veces se dice que en la unción tenemos el encuentro con Cristo médico, pero con el médico que todos los hombres necesitamos, y es cierto, el Papa Benedicto XVI lo dice con unas palabras muy concisas: “la unción a los enfermos constituye más bien una ayuda para aceptar el sufrimiento, tiene que ayudarme a llegar a la comunión sacramental con Cristo mediante la asunción interior del dolor y del sufrimiento”, es decir, es la ayuda a aceptar el sufrimiento en vez de rebelarme contra él; “eso no implica necesariamente curación física, la enfermedad también puede curarme espiritualmente, incluso ser necesaria a mi espíritu. Cristo al enseñarme a sufrir y sufrir conmigo (no sólo enseña, sino que se une a través del sacramento) puede convertirse Cristo en el verdadero médico de mi mismo superando la enfermedad más honda de mi alma” allí es donde actúa el sacramento de la unción.

lunes, 6 de agosto de 2012

La unción de los enfermos

El sacramento de la unción de los enfermos ha sido hasta hace poco tiempo, e incluso aún hoy, administrado casi con temor, quizá porque se le consideraba presagio de un triste suceso. Son necesarios nuevos modelos pastorales creativos y significativos para que todo lo que se ha escrito sobre el sacramento de la curación y de la esperanza se convierta en espíritu y vida en el corazón de los creyentes; un sacramento que vuelva a ser deseado y solicitado con alegría en el momento del dolor, cuando se está enfermo, no moribundo, cuando el encuentro con Cristo puede producir todos sus benéficos efectos de alivio y salud.

El padre Rosario Messina, con 'La unción de los enfermos' nos ha regalado un libro espléndido en su conjunto que consta de seis capítulos:

  1. Misión de Jesús, misión de la Iglesia
    • Jesús y los enfermos
    • El Salvador y el Médico
    • "Predicad el evangelio y curad a los enfermos"
  2. Enfermedad y pecado
    • Un accidente en el camino
    • La ascética medieval
    • La filosofía
    • La liturgia
    • Momentos de reflexión Teológica
  3. Un poco de historia
    • En los primeros siglos del cristianismo
    • Casos normales
    • Casos especiales
    • Después del siglo VIII
    • El Vaticano II
    • Momento de la administración
  4. El texto de Santiago
    • Los efectos de la sagrada unción
    • Los efectos según algunos textos litúrgicos
    • Observaciones
  5. Normativa actual y orientaciones pastorales
    • La unción en el Código de Derecho canónico
    • El ministro de la unción
    • El óleo para la unción
    • Deseos
  6. El viático: sacramento del "tránsito"
    • El sacramento del "tránsito"
    • La prenda de la resurrección
    • La oración por los moribundos

miércoles, 17 de junio de 2009

Santa Unción


Como cada año, en torno al sexto Domingo de Pascua, desde el área de psicogeriatría y cuidados somáticos, nos preparamos para celebrar un acontecimiento importante y emotivo, unos 310 residentes del Centro en el que trabajo reciben el Sacramento de la Santa Unción.

Nos podemos preguntar por qué en un Centro Hospitalario como este se realiza este tipo de celebraciones, pues la respuesta es que el sacramento de la Santa Unción da a los residentes enfermos o ancianos fuerza ante su enfermedad o momentos de dificultad, y les reconforta en su vida de fe.

Uno de los gestos más bonitos es la imposición de las manos, con este gesto la familia hospitalaria presente en la celebración, pide que el Espíritu Santo descienda al corazón de cada residente que va a recibir el Sacramento; y con el Óleo Santo, Cristo los tranquiliza, los fortalece y los sana con la fuerza de su Espíritu.

Es de agradecer la participación de todos los trabajadores, hermanos y capellanes que colaboran en la preparación de las celebraciones y que están pendientes de que todo salga estupendamente, cuidando hasta el más mínimo detalle; de los catequistas que con tanto cariño preparan y dan las catequesis de la Unción; de los voluntarios y de muchas familias, que no sólo acompañan a sus familiares, sino que además también se preparan para recibir ellos el Sacramento; y como para todos es un día de fiesta, de alegría y comunión eclesial, se termina con un buen aperitivo o comida, y sin olvidar un regalito como recordatorio de este día.


Norka C. Risso Espinoza