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sábado, 3 de marzo de 2018

Huellas en el camino: Domingo III del Tiempo de Cuaresma

Evangelio

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.
Palabra del Señor

Aprendemos



Para los peques de la casa

Este señor cambista está tan ocupado contando el dinero que no se dio cuenta que una moneda se le cayó en el laberinto. Ayúdalo a descubrir por donde saldrá la moneda perdida



Para mi vida

Para encontrar a Dios hay que dejarse encontrar por Jesús en la vida de todos los días. ¿Cómo puedes dedicar un tiempo de esta semana para orar con Jesús? 

sábado, 24 de febrero de 2018

Huellas en el camino: Domingo II del Tiempo de Cuaresma

Evangelio

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Ellas.» Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.» De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.» Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».
Palabra del Señor

Aprendemos




Para los peques de la casa

Colorea las casillas, avanzando letra a letra, en sentido horizontal y vertical (no en diagonal) y descubrirás una frase del evangelio de hoy. La flecha te indica donde comienza la frase

Para mi vida

Ser discípulo es escuchar a Jesús y aprender de sus palabras. ¿Qué enseñanzas importantes recuerdas de Jesús? Elige dos.


sábado, 17 de febrero de 2018

Huellas en el camino: Domingo I del Tiempo de Cuaresma


Evangelio

En aquel tiempo el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás, vivía entre alimañas y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creer en el Evangelio.
Palabra del Señor

Aprendemos



Para los peques de la casa

Pinta los cuadraditos según el número y el color. Averiguarás dónde estuvo Jesús durante cuarenta días preparándose antes de salir a predicar el Reino de Dios.


Para mi vida

El Espíritu conduce a Jesús al desierto para que se prepare en el silencio y la oración. Escribe una oración al Espíritu Santo, ¿qué le quieres pedir?

domingo, 11 de febrero de 2018

Gracias, Señor, por los que me sanan


Gracias por los que soñaron en mí antes de ser,
por mis padres, hermanos y maestros.
Gracias por tantos que trabajaron para que yo
fuera cubriendo mis necesidades vitales.

Gracias por quien jugó, rió, cantó y rezó a mi lado,
acompañando mi ser y mi vivir.
Gracias por las personas que me amaron,
y además me lo supieron decir y demostrar,
con abrazos, besos y ternuras
que alimentaron mi corazón y mi saber amar.

Gracias por los que supieron corregirme,
enseñándome el proceso de cumplirme.
Gracias por quien me eligió como amigo,
porque influyó en mi seguridad y me ilusionó.
Gracias por el que se atreve a recordarme un error,
porque me da la posibilidad de mejorarme.
Gracias por los que viven y trabajan a mi lado,
pues su compañía cotidiana me hace ser yo.

Gracias por los familiares y cercanos
que se interesan por mi salud y mis dificultades.
Gracias por los que se dejan cuidar por mí,
pues hacen brotar mi mejor yo.
Gracias por los que perdonan mis errores,
pues me enseñan a ser humano y disculpar.
Gracias por los que se dejan ayudar por mí,
pues me hacen sentir válido e importante.

Gracias por todos los seres humanos
pues me hacen sentirme fraterno.
Gracias por cada aprendizaje y descubrimiento
porque me vuelven sencillo y sabio a la vez.
Gracias por cada vida entretejida con la mía,
pues hacen que mi historia sea un cántico agradecido.

Mari Patxi Ayerra, La Palabra del Domingo y fiestas. Ciclo B

José Luis Redrado, OH. sobre la JME

Jornada Mundial del Enfermo 2018

José Luis Redrado, OH. Secretario Emérito del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud




El tema  que nos ofrece el Papa está tomado del evangelista Juan (19,26-27):  “Ahí tienes a tu Hijo, ahí tienes a tu madre”.
Acompañar a la familia en la enfermedad.
“La atención brindada en la familia es un testimonio extraordinario”, dice el Papa.
Curar, aliviar, consolar. ¿Cuántas veces lo hemos dicho del enfermo? ¿Cuántas veces hemos “estimulado” a los profesionales a este ejercicio? Muchas, muchísimas. Pero no es suficiente el ejercicio del profesional de la salud, es necesario integrar un aliado y no cualquiera, este aliado es la familia. Prepararla e integrarla en el proceso de cuidar, curar y aliviar. Los profesionales de un centro sanitario deben tener presente esto: la familia no es un ente ajeno, la familia sufre, se altera, “enferma” con su enfermo. ¡Qué bien lo supo definir la Pastoral Sanitaria en España cuando reflexionó con este eslogan en 1989: “La familia también cuenta” y decía “que la enfermedad provoca una crisis en la familia que puede destruirla o ayudarla a crecer en unidad y solidaridad. El enfermo no puede ser bien entendido ni atendido prescindiendo de la familia, cuyo papel es insustituible… Es preciso prepararlas y apoyarlas para que puedan superar la prueba cuando se presente”. Esto mismo hemos escuchado durante la reflexión que hemos hecho en septiembre del 2017 en las Jornadas Nacionales de Pastoral de la Salud.
La familia enferma con el familiar enfermo, se altera, sufre, y debe ser cuidada y curada para que sepa estar, para que sea medicina y alivio, curación y sanación.
La Jornada del enfermo 2018 puede ser iluminada, celebrada y aplicada como bien se merece, teniendo siempre presente que allí donde hay un enfermo hay una familia que sufre con él.
El Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial del enfermo 2018 se inspira en las palabras que Jesús dirige a su Madre: “Ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa” (Jn 19, 26-27).
Estamos ante un Mensaje muy evangélico, muy materno y muy exhortativo para los profesionales sanitarios, agentes de pastoral y para la familias que acompañan al enfermo. Subraya la materna vocación de María, vocación de cuidar hijos que transmite a Juan y a toda la Iglesia… Vocación materna de la Iglesia. Toda una historia secular. Acoge a todos los heridos (nº. 4).
“Y nos impulsa a mirar al pasado para enriquecer el presente con generosidad, sacrificio, creatividad, compromiso en la investigación científica para ofrecer a los enfermos una atención innovadora y fiable. Con ello ayudaremos a preservar a los hospitales católicos del riesgo del “empresarialismo” (nº. 5).

“Jesús entrega a su Iglesia  su poder de curar… Y la Iglesia debe mirar a los enfermos con la mirada de  su Señor… No olvidemos, dice el Papa, la ternura y perseverancia con las que muchas familia acompañan a sus hijos, padres y familiares, enfermos crónicos o discapacitados graves. La atención brindada en la familia es un testimonio extraordinario de amor por la persona humana que hay que respaldar con un reconocimiento  adecuado y con políticas apropiadas. Por tanto, médicos y enfermeros, sacerdotes, consagrados y voluntarios, familiares y todos aquellos que se comprometen  en el cuidado de los enfermos, participan en esta misión eclesial. Se trata de una corresponsabilidad compartida que enriquece el valor del servicio diario de cada uno” (nº. 6). 

sábado, 10 de febrero de 2018

Huellas en el camino: VI Domingo Tiempo Ordinario

Evangelio

En aquel tiempo se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: Si quieres, puedes limpiarme.
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: Quiero: queda limpio
La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él le despidió encargándole severamente: No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.
Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.
Palabra del Señor

Aprendemos



Para los peques de la casa

Ordena la historia que se relata en el evangelio de Marcos, y que aquí, aparece desordenada. Anota en las casillas el número de orden que corresponde a cada cuadrito, del 1 al 6. ¡Buena suerte!



Para mi vida

No hay que marginar a nadie, ni por ser enfermo, ni por nada. Así lo enseña Jesús.

¿Algún compañero está marginado? Acércate a él.

sábado, 3 de febrero de 2018

Huellas en el camino: V Domingo Tiempo Ordinario

Evangelio

En aquel tiempo, al salir Jesús de la Sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios; y como los demonios lo conocían no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: Todo el mundo te busca.
Él les respondió: Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido.
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando demonios.

Palabra del Señor

Aprendemos


Para los peques de la casa

Simón y sus compañeros fueron a buscar a Jesús y le dijeron: ¨Todo el mundo te busca¨ ¿Te atreves a buscarlo? De los 11 caminos, solamente 3 llegan hasta él. (Ten en cuenta que lo caminos son como autopistas. Vale seguirlo aunque pase por debajo de otro y no se corta.)


Para mi vida

Ayudar a los que sufren y orar cada día un momento al Señor. Así viven los amigos de Jesús.
¿A quién puedes ayudar esta semana? Y, ¿cómo va tu oración?

domingo, 28 de enero de 2018

Huellas en el camino: IV Domingo Tiempo Ordinario


Evangelio

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la Sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su enseñanza, porque no enseñaba como los letrados, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.
Jesús le increpó: Cállate y sal de él.
El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: ¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta los espíritus inmundos les manda y le obedecen.
Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.
Palabra del Señor



Aprendemos


Para los peques de la casa

Al pasar por esta sinagoga Jesús se dio cuenta que había un mensaje secreto dirigido a él. Descúbrelo cambiando los símbolos por las letras de las referencias.



Para mi vida

Jesús tiene un corazón muy sensible a los que sufren y los sana para liberarlos. ¿Qué puedes hacer por algún enfermo que conozcas? ¡Visítalo!

domingo, 21 de enero de 2018

Huellas en el camino: III Domingo Tiempo Ordinario


Evangelio

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.
Pasando junto al lado de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.
Jesús les dijo: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Palabra del Señor

Aprendemos 



Para los peques de la casa

Este discípulo tiene un problema: ¡se le han mezclado los peces en la red! Con un mismo color pinta los peces que son iguales y así podrás ayudar a separarlos.


Para mi vida

Jesús también te llama a tí para que vivas como su discípulo. ¿Cómo puedes ayudar a Jesús en su misión?

sábado, 13 de enero de 2018

Huellas en el camino: II Domingo Tiempo Ordinario


Evangelio

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» Él les dijo: «Venid y lo veréis.» Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).» 
Palabra del Señor

Aprendemos


Para los peques de la casa

Los primeros discípulos que tuvo Jesús fueron pescadores. Simón Pedro también lo era, y acaba de descubrir algo muy importante mientras estaba pescando; tanto que lo dejó todo para seguir a Jesús. Pinta el agua con los colores de las referencias, y tú también descubrirás lo que cambió para siempre la vida de los discípulos.
Para mi vida

Cuando nos encontramos con Jesús nuestra vida cambia. ¡Él la llena de alegría! ¿Qué alegrías te produce ser amigo de Jesús?


martes, 12 de diciembre de 2017

Jornada Mundial del Enfermo 2018


MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA XXVI JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2018
Mater Ecclesiae: «Ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre.
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa»  (
Jn 19,26-27)


Queridos hermanos y hermanas:

La Iglesia debe servir siempre a los enfermos y a los que cuidan de ellos con renovado vigor, en fidelidad al mandato del Señor (cf. Lc 9,2-6; Mt 10,1-8; Mc 6,7-13), siguiendo el ejemplo muy elocuente de su Fundador y Maestro.

Este año, el tema de la Jornada del Enfermo se inspira en las palabras que Jesús, desde la cruz, dirige a su madre María y a Juan: «Ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa» (Jn 19,26-27).

1. Estas palabras del Señor iluminan profundamente el misterio de la Cruz. Esta no representa una tragedia sin esperanza, sino que es el lugar donde Jesús muestra su gloria y deja sus últimas voluntades de amor, que se convierten en las reglas constitutivas de la comunidad cristiana y de la vida de todo discípulo.
En primer lugar, las palabras de Jesús son el origen de la vocación materna de María hacia la humanidad entera. Ella será la madre de los discípulos de su Hijo y cuidará de ellos y de su camino. Y sabemos que el cuidado materno de un hijo o de una hija incluye todos los aspectos de su educación, tanto los materiales como los espirituales.
El dolor indescriptible de la cruz traspasa el alma de María (cf. Lc 2,35), pero no la paraliza. Al contrario, como Madre del Señor comienza para ella un nuevo camino de entrega. En la cruz, Jesús se preocupa por la Iglesia y por la humanidad entera, y María está llamada a compartir esa misma preocupación. Los Hechos de los Apóstoles, al describir la gran efusión del Espíritu Santo en Pentecostés, nos muestran que María comenzó su misión en la primera comunidad de la Iglesia. Una tarea que no se acaba nunca.

2. El discípulo Juan, el discípulo amado, representa a la Iglesia, pueblo mesiánico. Él debe reconocer a María como su propia madre. Y al reconocerla, está llamado a acogerla, a contemplar en ella el modelo del discipulado y también la vocación materna que Jesús le ha confiado, con las inquietudes y los planes que conlleva: la Madre que ama y genera a hijos capaces de amar según el mandato de Jesús. Por lo tanto, la vocación materna de María, la vocación de cuidar a sus hijos, se transmite a Juan y a toda la Iglesia. Toda la comunidad de los discípulos está involucrada en la vocación materna de María.

3. Juan, como discípulo que lo compartió todo con Jesús, sabe que el Maestro quiere conducir a todos los hombres al encuentro con el Padre. Nos enseña cómo Jesús encontró a muchas personas enfermas en el espíritu, porque estaban llenas de orgullo (cf. Jn8,31-39) y enfermas en el cuerpo (cf. Jn 5,6). A todas les dio misericordia y perdón, y a los enfermos también curación física, un signo de la vida abundante del Reino, donde se enjuga cada lágrima. Al igual que María, los discípulos están llamados a cuidar unos de otros, pero no exclusivamente. Saben que el corazón de Jesús está abierto a todos, sin excepción. Hay que proclamar el Evangelio del Reino a todos, y la caridad de los cristianos se ha de dirigir a todos los necesitados, simplemente porque son personas, hijos de Dios.

4. Esta vocación materna de la Iglesia hacia los necesitados y los enfermos se ha concretado, en su historia bimilenaria, en una rica serie de iniciativas en favor de los enfermos. Esta historia de dedicación no se debe olvidar. Continúa hoy en todo el mundo. En los países donde existen sistemas sanitarios públicos y adecuados, el trabajo de las congregaciones católicas, de las diócesis y de sus hospitales, además de proporcionar una atención médica de calidad, trata de poner a la persona humana en el centro del proceso terapéutico y de realizar la investigación científica en el respeto de la vida y de los valores morales cristianos. En los países donde los sistemas sanitarios son inadecuados o inexistentes, la Iglesia trabaja para ofrecer a la gente la mejor atención sanitaria posible, para eliminar la mortalidad infantil y erradicar algunas enfermedades generalizadas. En todas partes trata de cuidar, incluso cuando no puede sanar. La imagen de la Iglesia como un «hospital de campaña», que acoge a todos los heridos por la vida, es una realidad muy concreta, porque en algunas partes del mundo, sólo los hospitales de los misioneros y las diócesis brindan la atención necesaria a la población.

5. La memoria de la larga historia de servicio a los enfermos es motivo de alegría para la comunidad cristiana y especialmente para aquellos que realizan ese servicio en la actualidad. Sin embargo, hace falta mirar al pasado sobre todo para dejarse enriquecer por el mismo. De él debemos aprender: la generosidad hasta el sacrificio total de muchos fundadores de institutos al servicio de los enfermos; la creatividad, impulsada por la caridad, de muchas iniciativas emprendidas a lo largo de los siglos; el compromiso en la investigación científica, para proporcionar a los enfermos una atención innovadora y fiable. Este legado del pasado ayuda a proyectar bien el futuro. Por ejemplo, ayuda a preservar los hospitales católicos del riesgo del «empresarialismo», que en todo el mundo intenta que la atención médica caiga en el ámbito del mercado y termine descartando a los pobres.
La inteligencia organizacional y la caridad requieren más bien que se respete a la persona enferma en su dignidad y se la ponga siempre en el centro del proceso de la curación. Estas deben ser las orientaciones también de los cristianos que trabajan en las estructuras públicas y que, por su servicio, están llamados a dar un buen testimonio del Evangelio.

6. Jesús entregó a la Iglesia su poder de curar: «A los que crean, les acompañarán estos signos: […] impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos» (Mc 16,17-18). En los Hechos de los Apóstoles, leemos la descripción de las curaciones realizadas por Pedro (cf. Hch 3,4-8)y Pablo (cf. Hch 14,8-11). La tarea de la Iglesia, que sabe que debe mirar a los enfermos con la misma mirada llena de ternura y compasión que su Señor, responde a este don de Jesús. La pastoral de la salud sigue siendo, y siempre será, una misión necesaria y esencial que hay que vivir con renovado ímpetu tanto en las comunidades parroquiales como en los centros de atención más excelentes. No podemos olvidar la ternura y la perseverancia con las que muchas familias acompañan a sus hijos, padres y familiares, enfermos crónicos o discapacitados graves. La atención brindada en la familia es un testimonio extraordinario de amor por la persona humana que hay que respaldar con un reconocimiento adecuado y con unas políticas apropiadas. Por lo tanto, médicos y enfermeros, sacerdotes, consagrados y voluntarios, familiares y todos aquellos que se comprometen en el cuidado de los enfermos, participan en esta misión eclesial. Se trata de una responsabilidad compartida que enriquece el valor del servicio diario de cada uno.

7. A María, Madre de la ternura, queremos confiarle todos los enfermos en el cuerpo y en el espíritu, para que los sostenga en la esperanza. Le pedimos también que nos ayude a acoger a nuestros hermanos enfermos. La Iglesia sabe que necesita una gracia especial para estar a la altura de su servicio evangélico de atención a los enfermos. Por lo tanto, la oración a la Madre del Señor nos ve unidos en una súplica insistente, para que cada miembro de la Iglesia viva con amor la vocación al servicio de la vida y de la salud. La Virgen María interceda por esta XXVI Jornada Mundial del Enfermo, ayude a las personas enfermas a vivir su sufrimiento en comunión con el Señor Jesús y apoye a quienes cuidan de ellas. A todos, enfermos, agentes sanitarios y voluntarios, imparto de corazón la Bendición Apostólica.

Vaticano, 26 de noviembre de 2017.
Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.


Francisco



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jueves, 9 de noviembre de 2017

Catequesis del Papa Francisco sobre la eucaristía


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Empezamos hoy una nueva serie de catequesis, que dirigirá la mirada hacia el «corazón» de la Iglesia, es decir la eucaristía. Es fundamental para nosotros cristianos comprender bien el valor y el significado de la Santa Misa, para vivir cada vez más plenamente nuestra relación con Dios.
No podemos olvidar el gran número de cristianos que, en el mundo entero, en dos mil años de historia, han resistido hasta la muerte por defender la eucaristía; y cuántos, todavía hoy, arriesgan la vida para participar en la misa dominical. En el año 304, durante las persecuciones de Diocleciano, un grupo de cristianos, del norte de África, fueron sorprendidos mientras celebraban misa en una casa y fueron arrestados. El procónsul romano, en el interrogatorio, les preguntó por qué lo hicieron, sabiendo que estaba absolutamente prohibido. Y respondieron: «Sin el domingo no podemos vivir», que quería decir: si no podemos celebrar la eucaristía, no podemos vivir, nuestra vida cristiana moriría.
De hecho, Jesús dijo a sus discípulos: «Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día» (Juan 6, 53-54).
Estos cristianos del norte de África fueron asesinados porque celebraban la eucaristía. Han dejado el testimonio de que se puede renunciar a la vida terrena por la eucaristía, porque esta nos da la vida eterna, haciéndonos partícipes de la victoria de Cristo sobre la muerte. Un testimonio que nos interpela a todos y pide una respuesta sobre qué significa para cada uno de nosotros participar en el sacrificio de la misa y acercarnos a la mesa del Señor. ¿Estamos buscando esa fuente que «fluye agua viva» para la vida eterna, que hace de nuestra vida un sacrificio espiritual de alabanza y de agradecimiento y hace de nosotros un solo cuerpo con Cristo? Este es el sentido más profundo de la santa eucaristía, que significa «agradecimiento»: agradecimiento a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo que nos atrae y nos transforma en su comunión de amor.
En las próximas catequesis quisiera dar respuesta a algunas preguntas importantes sobre la eucaristía y la misa, para redescubrir o descubrir, cómo a través de este misterio de la fe resplandece el amor de Dios.
El Concilio Vaticano II fue fuertemente animado por el deseo de conducir a los cristianos a comprender la grandeza de la fe y la belleza del encuentro con Cristo. Por este motivo era necesario sobre todo realizar, con la guía del Espíritu Santo, una adecuada renovación de la Liturgia, porque la Iglesia continuamente vive de ella y se renueva gracias a ella. Un tema central que los Padres conciliares subrayaron es la formación litúrgica de los fieles, indispensable para una verdadera renovación. Y es precisamente éste también el objetivo de este ciclo de catequesis que hoy empezamos: crecer en el conocimiento del gran don que Dios nos ha donado en la eucaristía. La eucaristía es un suceso maravilloso en el cual Jesucristo, nuestra vida, se hace presente. Participar en la misa «es vivir otra vez la pasión y la muerte redentora del Señor. Es una teofanía: el Señor se hace presente en el altar para ser ofrecido al Padre por la salvación del mundo» (Homilía en la santa misa, Casa S. Marta, 10 de febrero de 2014). El Señor está ahí con nosotros, presente. Muchas veces nosotros vamos ahí, miramos las cosas, hablamos entre nosotros mientras el sacerdote celebra la eucaristía... y no celebramos cerca de Él. ¡Pero es el Señor! Si hoy viniera aquí el presidente de la República o alguna persona muy importante del mundo, seguro que todos estaríamos cerca de él, querríamos saludarlo. Pero pienso: cuando tú vas a misa, ¡ahí está el Señor! Y tú estas distraído. ¡Es el Señor! Debemos pensar en esto. «Padre, es que las misas son aburridas” —«pero ¿qué dices, el Señor es aburrido?» —«No, no, la misa no, los sacerdotes» —«Ah, que se conviertan los sacerdotes, ¡pero es el Señor quien está allí!». ¿Entendido? No lo olvidéis. «Participar en la misa es vivir otra vez la pasión y la muerte redentora del Señor. Intentemos ahora plantearnos algunas preguntas sencillas. Por ejemplo, ¿por qué se hace la señal de la cruz y el acto penitencial al principio de la misa? Y aquí quisiera hacer un paréntesis. ¿Vosotros habéis visto cómo se hacen los niños la señal de la cruz? Tú no sabes qué hacen, si la señal de la cruz o un dibujo. Hacen así [hace un gesto confuso]. Es necesario enseñar a los niños a hacer bien la señal de la cruz. Así empieza la misa, así empieza la vida, así empieza la jornada. Esto quiere decir que nosotros somos redimidos con la cruz del Señor. Mirad a los niños y enseñadles a hacer bien la señal de la cruz. Y estas lecturas, en la misa, ¿por qué están ahí? ¿Por qué se leen el domingo tres lecturas y los otros días dos? ¿Por qué están ahí, qué significa la lectura de la misa? ¿Por qué se leen y qué tiene que ver? O ¿por qué en un determinado momento el sacerdote que preside la celebración dice: «levantemos el corazón»? No dice: «¡Levantemos nuestro móviles para hacer una fotografía!». ¡No, es algo feo! Y os digo que a mí me da mucha pena cuando celebro aquí en la plaza o en la basílica y veo muchos teléfonos levantados, no solo de los fieles, también de algunos sacerdotes y también obispos. ¡Pero por favor! La misa no es un espectáculo: es ir a encontrar la pasión y la resurrección del Señor. Por esto el sacerdote dice: «levantemos el corazón». ¿Qué quiere decir esto? Recordadlo: nada de teléfonos.
Es muy importante volver a los fundamentos, redescubrir lo que es esencial, a través de aquello que se toca y se ve en la celebración de los sacramentos. La pregunta del apóstol santo Tomas (cf Juan 20, 2 5), de poder ver y tocar las heridas de los clavos en el cuerpo de Jesús, es el deseo de poder de alguna manera «tocar» a Dios para creerle. Lo que santo Tomás pide al Señor es lo que todos nosotros necesitamos: verlo, tocarlo para poder reconocer.
Los sacramentos satisfacen esta exigencia humana. Los sacramentos y la celebración eucarística de forma particular, son los signos del amor de Dios, los caminos privilegiados para encontrarnos con Él.
Así, a través de estas catequesis que hoy empezamos, quisiera redescubrir junto a vosotros la belleza que se esconde en la celebración eucarística, y que, una vez desvelada, da pleno sentido a la vida de cada uno. Que la Virgen nos acompañen en este nuevo tramo de camino. Gracias.

Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina. Saludo a la delegación sindical argentina. Pidamos a la Virgen María que interceda por nosotros para que sintamos el deseo de conocer y amar más el misterio de la Eucaristía, sacramento del Cuerpo y la Sangre de su Hijo Jesús. Que el Señor los bendiga a todos. Muchas gracias.
(En tialiano)
Saludo a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Que el recuerdo de hoy de los Santos Mártires, cuyas reliquias se guardan aquí en la basílica de San Pedro, incremente en vosotros, queridos jóvenes, la atención al testimonio cristiano incluso en los contextos difíciles; que a vosotros, queridos enfermos, os ayude a ofrecer vuestro sufrimiento para sostener a los muchos cristianos perseguidos. A vosotros, recién casados, os animo a confiar en la ayuda de Dios y no solamente en vuestras capacidades.

PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 8 de noviembre de 2017
© Copyright - Libreria Editrice Vaticana

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Jornada Mundial de los Pobres 2017


Bajo el lema ‘No amemos con palabras, sino con obras’, el domingo 19 de noviembre la Iglesia celebra la I Jornada Mundial de los Pobres. Esta será una jornada en la que toda la comunidad cristiana deberá ser capaz de tender la mano a los pobres, a los débiles, a los hombres y a las mujeres a quienes con mucha frecuencia se les atropella la dignidad. El Mensaje evoca la expresión bíblica de la Primera Carta de Juan: No amemos de palabra sino con obras.  Con este lema se quiere configurar el sentido de la celebración mundial.  “Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.” (1Jn 3,18). Son las palabras del evangelista con las que el Papa Francisco introduce su Mensaje. Esta exhortación expresa un imperativo que ningún cristiano puede ignorar. Se vuelve central el señalamiento de una oposición entre la acción, el servicio concreto hecho a los últimos, y el vacío que a menudo esconden las meras palabras.  El Papa insiste en este punto:  “No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida”.
La dimensión de la reciprocidad se ve reflejada en el logo de la Jornada Mundial de los Pobres. Se nota una puerta abierta y sobre el umbral dos personas que se encuentran. Ambas extienden la mano; una para pedir ayuda, la otra porque quiere ofrecerla. En efecto, es difícil comprender quién de los dos sea el verdadero pobre. O mejor, ambos son pobres. Quien tiende la mano para ayudar está invitado a salir para compartir. Son dos manos tendidas que se encuentran donde cada una ofrece algo. Dos brazos que expresan solidaridad y que incitan a no permanecer en el umbral, sino a ir a encontrar el otro. El pobre puede entrar en la casa, una vez que en ella se ha comprendido que la ayuda es el compartir. En este contexto, las palabras que el Papa Francisco escribe en el Mensaje se cargan de un profundo significado: “Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios.”


Materiales para la celebración de la I Jornada Mundial de los Pobres: