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miércoles, 18 de octubre de 2017

Catequesis del Papa sobre la esperanza cristiana ante la muerte


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy quisiera poner en contraste la esperanza cristiana con la realidad de la muerte, una realidad que nuestra civilización moderna tiende cada vez más a cancelar. Tanto que, cuando la muerte llega, a quien nos está cerca o a nosotros mismos, no nos encontramos preparados, privados incluso de un “alfabeto” adecuado para esbozar palabras de sentido en relación a su misterio, que de todos modos permanece. Y sin embargo los primeros signos de civilización humana han transitado justamente a través de este enigma. Podríamos decir que el hombre ha nacido con el culto a los muertos.
Otras civilizaciones, antes de la nuestra, han tenido la valentía de mirarla en la cara. Era un acontecimiento narrado por los viejos a las nuevas generaciones, como una realidad ineludible que obligaba al hombre a vivir para algo de absoluto. Recita el salmo 90: «Enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la sabiduría» (v. 12). Contar los propios días es como el corazón se hace sabio. Palabras que nos conducen a un sano realismo, expulsando el delirio de omnipotencia. ¿Qué somos nosotros? Somos «casi nada», dice otro salmo (Cfr. 88,48); nuestros días transcurren velozmente: si viviéramos incluso cien años, al final nos parecerá que todo haya sido un soplo. ¡He escuchado tantas veces a los ancianos decir: “La vida se me ha pasado como un soplo”!
Así la muerte pone al desnudo nuestra vida. Nos hace descubrir que nuestros actos de orgullo, de ira y de odio eran vanidad: pura vanidad. Nos damos cuenta con tristeza de no haber amado lo suficiente y de no haber buscado lo que era esencial. Y, por el contrario, vemos lo que hemos sembrado verdaderamente bueno: los afectos por los cuales nos hemos sacrificado, y que ahora nos sujetan la mano.
Jesús ha iluminado el misterio de nuestra muerte. Con su comportamiento, nos autoriza a sentirnos dolidos cuando una persona querida se va. Él se conmovió «profundamente» ante la tumba de su amigo Lázaro, y «lloró» (Jn 11,35). En esta actitud, sentimos a Jesús muy cerca, nuestro hermano. Él lloró por su amigo Lázaro.
Y entonces Jesús pide al Padre, fuente de la vida, y ordena a Lázaro salir del sepulcro. Y así sucede. La esperanza cristiana recurre a esta actitud que Jesús asume contra la muerte humana: si ella está presente en la creación, pero ella es un signo que desfigura el diseño de amor de Dios, y el Salvador quiere sanarla.
En otro pasaje los evangelios narran de un padre que tenía una hija muy enferma, y se dirige con fe a Jesús para que la salve (Cfr. Mc 5,21-24.35-43). No existe una figura más conmovedora que aquella de un padre o de una madre con un hijo enfermo. Y enseguida Jesús se dirige con aquel hombre, que se llamaba Jairo. En cierto momento llega alguien de la casa de Jairo y le dice que la niña está muerta, y no hay más necesidad de molestar al Maestro. Pero Jesús dice a Jairo: «No temas, basta que creas» (Mc 5,36). Jesús sabe que este hombre está tentado de reaccionar con rabia y desesperación, porque ha muerto la niña, y le pide custodiar la pequeña llama que está encendida en su corazón: fe. “¡No temas, sólo ten fe!”. “¡No tengas miedo, continúa solamente teniendo encendida esa llama!” Y después, llegados a la casa, despierta a la niña de la muerte y la restituirá viva a sus seres queridos.
Jesús nos pone sobre esta “cima” de la fe. A Marta que llora por la desaparición del hermano Lázaro presenta la luz de un dogma: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». (Jn 11,25-26). Es lo que Jesús repite a cada uno de nosotros, cada vez que la muerte viene a arrancar el tejido de la vida y de los afectos. Toda nuestra existencia se juega aquí, entre el lado de la fe y el precipicio del miedo. “Yo no soy la muerte, dice Jesús, yo soy la resurrección y la vida, ¿crees tú esto?, ¿crees tú esto?” Nosotros, que hoy estamos aquí en la Plaza, ¿creemos en esto?
Somos todos pequeños e indefensos ante el misterio de la muerte. ¡Pero, que gracia si en ese momento custodiamos en el corazón la llama de la fe! Jesús nos tomará de la mano, como tomó de la mano a la hija de Jairo, y repetirá todavía una vez: “Talitá kum”, “¡Niña, levántate!” (Mc 5,41). Lo dirá a nosotros, a cada uno de nosotros: “¡Levántate, resurge!” Yo les invito, ahora, a cerrar los ojos y a pensar en aquel momento: de nuestra muerte. Cada uno de nosotros piense en su propia muerte, y se imagine ese momento que llegará, cuando Jesús nos tomará de la mano y nos dirá: “Ven, ven conmigo, levántate”. Ahí terminará la esperanza y será la realidad, la realidad de la vida. Piensen bien: Jesús mismo vendrá a cada uno de nosotros y nos tomará de la mano, con su ternura, su humildad, su amor. Y cada uno repita en su corazón la palabra de Jesús: “¡Levántate, ven. Levántate, ven. Levántate, resurge!”

Esta es nuestra esperanza ante la muerte. Para quién cree, es una puerta que se abre completamente; para quién duda es un resquicio de luz que filtra de una puerta que no se ha cerrado del todo. Pero para todos nosotros será una gracia, cuando esta luz, del encuentro con Jesús, nos iluminará. Gracias.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Diagnósticos Espirituales en Pastoral de la Salud


La atención de las necesidades espirituales y religiosas de los seres humanos, es uno de los ámbitos de actuación que realizamos desde el Servicio de Atención Espiritual y Religiosa (SAER) de los Centros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios; pero, es fundamental que esta atención la llevemos a cabo en equipo, ya que «la sanidad y la asistencia son realidades seculares, con sus reglas propias; compartimos la vida y el servicio con personas que profesionalmente están animadas por valores e intereses que no siempre coinciden con los nuestros; las personas que llegan a nuestros centros buscando respuestas que solucionen sus problemática personal, forman parte de una sociedad en la que Dios parece no importar o que cuenta poco en la mayoría de las opciones y decisiones de la vida»[1].

Cuando hablamos de atender a un usuario, lo hacemos en términos de atención holística, lo cual implica, la dimensión psicológica, biológica, social y espiritual del ser humano.

Sabemos que existen los primeros auxilios básicos[2], que sería la atención inmediata que se da a un ser humano antes de que el personal profesional se haga cargo de la situación, se suele llevar a cabo por personas no tituladas en medicina, pero con unos conocimientos básicos que por lo general son bastante limitados. Podríamos decir que son los primeros auxilios que abordan la dimensión biológica.

También conocemos los PAP o primeros auxilios psicológicos que pueden ser aplicados por cualquier persona que haya sido entrenada para ello y que forme parte de los equipos y las organizaciones de respuesta a los incidentes críticos, y no hablamos de que esta atención sea exclusiva de los profesionales en psicología.[3]

Desconozco si existen primeros auxilios a nivel social; pero sí he deseado aportar una posible intervención a nivel espiritual, es decir, unos primeros auxilios espirituales, que al igual que en las anteriores ocasiones puede ser atendidos por cualquier persona con unos mínimos conocimientos, hasta que pueda intervenir el SAER, de ello escribí en una entrada en mayo de 2016, que titulé: Itinerario AVIC en los Primeros AuxiliosEspirituales en Clínica.


En esta entrada quiero dar un salto más y deseo compartir con vosotros lo que he llamado DIAGNÓSTICOS ESPIRITUALES EN PASTORAL DE LA SALUD.

«Diagnosticar es definir, después de comprobar las necesidades, cuál es la situación real de la persona en la dimensión espiritual y religiosa, cómo la vive y qué necesita en esas circunstancias.»[4] Por ello, deseo nombrar unos posibles diagnósticos de pastoral, desde mi humilde experiencia, y desde el conocimiento de las necesidades espirituales del ser humano, como pueden ser las de Torralba, (o la de otros autores, creo que la SECPAL  tiene un artículo sobre las necesidades espirituales):

·        Necesidad de sentido
·        Necesidad de reconciliación
·        Necesidad de reconocimiento de la identidad
·        Necesidad de orden
·        Necesidad de verdad
·        Necesidad de libertad
·        Necesidad de arraigo
·        Necesidad de orar
·        Necesidad simbólico-ritual
·        Necesidad de soledad-silencio
·        Necesidad de cumplir el deber
·        Necesidad de gratitud

Personalmente las englobaría en necesidad de: 

  • dar sentido a la vida
  • reconciliarse
  •  expresar sentimientos y vivencias religiosas
  • la trascendencia
  • comunión
  • practicar las virtudes teologales


Desde estas necesidades, quiero hablar de los diagnósticos espirituales, refiriéndome a los síntomas espirituales y/o emocionales que no necesariamente tienen una base orgánica observable y a las que se llega a través de entrevistas. 

Las definiciones que me encuentro de diagnóstico son: determinar o identificar una enfermedad mediante examen de los signos y los síntomas que presenta, o examinar una cosa, un hecho o una situación para realizar un análisis o para buscar una solución a sus problemas o dificultades. 

Desde estas definiciones, después de todo lo que he leído y desde mi experiencia, quiero realizar un intento de definición de los siguientes DIAGNÓSTICOS ESPIRITUALES EN PASTORAL DE LA SALUD, que condensaría en seis (no incluyo lo que muchos llaman bienestar espiritual, porque si se está bien espiritualmente no se necesita diagnosticar; sin embargo sí incluyo alteración del bienestar espiritual, porque entonces sí habría un "problema"):
  1. Alteración de la esperanza: estado en el que la persona vive en desarmonía,  que generalmente le induce a realizar deducciones negativas sobre las cosas; el no encontrar estrategias para modificar este estado le lleva a sentirse incapaz de movilizar su energía vital y no esperar nada ni de sí mismo, ni de nadie.
  2. Alteración de la religiosidad[5]: estado en el que la persona ve dificultada su capacidad para confiar en sus creencias religiosas , para hacer experiencia de la divinidad y cultivar la relación con él, o participar en las celebraciones o recursos religiosos de acorde a sus creencias religiosas.
  3. Alteración del bienestar espiritual: estado en el que la persona siente obstaculizado el proceso de inmanencia o trascendencia que le ayude a seguir creciendo espiritualmente; dándose un impedimento de conexión con el yo o la alteridad. 
  4. Incomunicación espiritual: estado vital de la persona que por diferentes motivos, no puede comunicar sus vivencias espirituales y religiosas a los demás. También puede darse que se haga negación de todo lo referente a la dimensión espiritual por no haberla cultivado, por tener experiencias negativas o por una opción personal.
  5. Sufrimiento espiritual: estado en el que la persona experimenta un sentimiento de carencia o insatisfacción por el ‘deseo’ consciente a alcanzar, podríamos decir por la falta de sentido, de felicidad y/o de vacío existencial.
  6. Sufrimiento moral: estado en el que la persona considera que las decisiones que toma a nivel individual como resultado de su propia reflexión (lo que quiere hacer) no están en equilibrio con las normas externas de conducta y convivencia (lo que debe hacer).


Más adelante intentaré describir más estos diagnósticos espirituales, cómo se puede llegar a ellos y cómo se puede actuar, pero eso será en otra entrada del Blog.

Norka C. Risso Espinoza


En todo caso comparto con vosotros la bibliografía utilizada:

  • Aguilar J.M., Trascendencia y alteridad. Estudio sobre E. Lévinas. Pamplona: Universidad de Navarra; 1992
  • Alarcos F.J., Bioética y pastoral de la salud. Madrid: San Pablo; 2002.
  • Bermejo J.C., Empatía Terapéutica. La compasión del sanador herido. Bilbao: Desclée de Brouwer; 2012.
  • Bimbela J.L., Yo decido. La tecnología con alma. Bilbao: Desclée de Brouwer; 2014.
  • Bulechek GM, Butcher HK, Dochterman JM, Wagner CM, editores. Clasificación de resultados de enfermería (NIC). 6ª ed. Madrid: Elsevier; 2014.
  • Cucci G., La fuerza que nace de la debilidad. Aspectos psicológicos de la vida espiritual. Santander: Sal Terrae; 2014.
  • Herdman TH, editora. NANDA International. Diagnósticos enfermeros: definiciones y clasificación 2012-2014. Madrid: Elsevier; 2013.
  • Johnson M, Bulechek G, Butcher H, McCloskey-Dochterman J, Maas M, Moorehead S, et al, editores. Interrelaciones NANDA, NIC, NOC. Diagnósticos enfermeros, resultados e intervenciones. 2ª ed. Madrid: Elsevier; 2007.
  • Johnson M, Moorehead S,  Bulechek G, Butcher H, Maas M, Swanson E, , et al, editores. Vínculos de NOC y NIC a NANDA-I y diagnósticos médicos. Soporte para el razonamiento crítico y la calidad de los cuidados. España: Elsevier; 2012.
  • Moorhead S, Johnson M, Maas ML, Swanson E, editoras. Clasificación de resultados de enfermería (NOC). Medición de resultados en salud. 5ª ed. Madrid: Elsevier; 2014.
  • Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, La Pastoral según el estilo de San Juan de Dios. Roma: Curia General Orden Hospitalaria de San Juan de Dios; 2012.
  • Provincia de Castilla Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, Evangelizar desde la Hospitalidad. Documento Marco de Pastoral. Madrid: Fundación San Juan de Dios; 2010.
  • Rivas F., Terapia de las enfermedades espirituales en los Padres de la Iglesia. Madrid: San Pablo; 2007.
  • Schreurs A., Psicoterapia y espiritualidad. La integración dela dimensión espiritual en la práctica terapéutica. Bilbao: Desclée de Brouwer; 2004.
  • Torralba F., Jesucristo 2.0. Madrid: PPC; 2012.
  • Torralba F., Necesidades Espirituales del ser humano. Cuestiones preliminares. Labor Hospitalaria. 2004; 36 (271): 7-16.
  • Vicente J.C., Manipuladores cotidianos. Manual de supervivencia. Bilbao: Desclée de Brouwer; 2006.



[1] Provincia de Castilla Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, Evangelizar desde la Hospitalidad. Documento Marco de Pastoral, Fundación San Juan de Dios, Madrid 2010, p. 38.
[2] Para la Real Academia Española la definición de primero es “dicho de una persona o de una cosa: que precede a las demás de su especie en orden, tiempo, lugar, situación, clase o jerarquía”; “excelente, grande y que sobresale y excede a otros”.
En cuanto a auxilio lo define como “ayuda, socorro, amparo”.
El Diccionario Mosby – Medicina, Enfermería y Ciencias de la Salud define a esta locución como “asistencia inmediata que se presta a una persona herida o enferma antes de ser tratada por personal médico. La asistencia se dirige en primer lugar a los problemas más graves: valoración de la permeabilidad de las vías respiratorias, presencia de hemorragia e idoneidad de la función cardíaca.” “Clasificación de intervenciones de enfermería definida como los cuidados iniciales de una lesión menor.”
Para la Enciclopedia Universal, 2012 “son una serie de procedimientos  médicos simples, destinados a salvar la vida de una persona en situaciones de emergencia médica, generalmente llevados a cabo por persona no titulada en Medicina antes de la intervención de los servicios de emergencia o de un profesional médico”.
[3] Apuntes del curso Primeros Auxilios Psicológicos (PAP), impartidos por la Universidad Autónoma de Barcelona: En las emergencias masivas, los proveedores de PAP deben intervenir siendo coordinados por los equipos de primera respuesta y/o los servicios de atención a los incidentes críticos. En los incidentes críticos cotidianos, los PAP suelen ser aplicados por personas del contexto habitual de la familia afectada (maestros, enfermeras, religiosos, líderes comunitarios) que hayan sido formados en esta técnica.
[4] La Pastoral según el estilo de San Juan de Dios. Orden hospitalaria de San Juan de Dios. Comisión General de Pastoral. Roma, 2012. Pag 78
[5] Diferencio deterioro de la religiosidad del deterioro de bienestar espiritual porque considero que hay personas que no profesan una religión y sin embargo sí tienen una dimensión espiritual que se puede ver deteriorada.

jueves, 21 de julio de 2016

Meditación cristiana en el duelo


¿Por qué lloras? ¿A quién buscas? Meditación cristiana en el duelo

El GRUPO ASV Servicios Funerarios y el Obispado de Orihuela-Alicante, ponen a vuestro alcance e l manual “¿Por qué lloras? ¿A quién buscas? Meditacióncristiana en el duelo” está formado por seis partes, “Acompañarte”, “El camino del duelo“, “El camino de la fe”, “Imágenes para acompañar el duelo como testigos”, “El duelo y los niños” y “Sentido de las Exequias”, a través de estos seis capítulos se intenta acompañar a los católicos en los momentos de duelo y de fe.

Para acceder al texto íntegro, pincha sobre la imagen.

sábado, 7 de mayo de 2016

Itinerario AVIC en los Primeros Auxilios Espirituales en Clínica

Para adentrarme en este tema, lo primero es realizar un intento de definición de espiritualidad, lo entiendo como el aspecto que tiene que ver con la vida interior del ser humano; es decir, que tiene que ver con sus actitudes, pensamientos, sentimientos, ideales y diálogo con lo trascendente, Agneta Schreurs diría lo que se refiere «al aspecto personal y relacional»[1].

Me gustaría no confundir espiritualidad con religiosidad. «Dimensión espiritual y dimensión religiosa no son sinónimos, aunque entre ambas existen referencias recíprocas. Ambas se complementan, pero no se identifican totalmente. Toda experiencia religiosa es espiritual, pero no siempre la experiencia espiritual conlleva una opción religiosa»[2].

Casi todo lo que he leído sobre espiritualidad en clínica está relacionado con los Cuidados Paliativos, es fantástico que este campo esté cada día más en auge; pero, si «vivimos inmersos en un caleidoscopio espiritual; la búsqueda es constante y se expresa de muchas maneras»[3], ¿es necesario dejarlo únicamente para el final de la vida? ¿por qué no realizarla en todo momento de vulnerabilidad?.

Con Primeros Auxilios Espirituales (PAE) me quiero referir a la intervención de acompañamiento espiritual, que se realiza como una intervención puntual, breve e inmediata, que se realiza en un momento concreto de vulnerabilidad, en el que el ser humano se siente inseguro y necesita recobrar la «homeostasis»[4] o equilibrio vital, para volver a situarse con ánimos de esperanza.

Digamos que los primeros auxilios espirituales son una intervención de apoyo, que pueden ser aplicados por cualquier persona que tenga una mínima formación sobre espiritualidad, ya sea familiar, voluntario o profesional sociosanitario y que posteriormente se pueda coordinar con el Servicio de Atención espiritual y religiosa (SAER). Sería como un primer nivel de intervención. Considero que la persona que realiza los PAE, debe tener un mínimo de conocimiento del tema, para que en la interactuación se produzca una colaboración y no una «manipulación»[5], de tal forma que al final del proceso la que decide es la persona vulnerable. Es ayudarle a retomar el poder sobre su vida, «empoderarle, para la salud, el bienestar y la felicidad»[6].

Considero aconsejable que el lugar en el que se aplique sea un lugar tranquilo, a ser posible aislado de ruido e interrupción de otras personas que distorsionen el ambiente de tranquilidad, así «es más fácil reforzar la confianza»[7].

El itinerario de intervención espiritual lo voy a llamar ‘Itinerario AVIC', consistiría en 4 etapas:


·         Acercarse
·         Valorar
·         Intervenir
·         Confiar

Se trataría de personalizar a la luz de la espiritualidad:

Itinerario AVIC en Primeros Auxilios Espirituales, por Norka C. Risso Espinoza

Acercarse: aproximarse al prójimo de forma espontánea, devuelve a la persona vulnerable su dignidad y su valor.
La persona vulnerable, ante el acercamiento de otra persona hace suya la realidad, es como un detenerse para ‘darse cuenta’, tanto de lo terrenal como de lo trascendental.

Valorar: reconocer las cualidades y recursos de la persona vulnerable, desde una perspectiva asistencial afectiva.
Todo acompañamiento que quiera ser verdaderamente encarnado y eficaz ha de comenzar analizando cuidadosamente la situación y necesidad de los destinatarios.
La actuación desinteresada de dar/recibir atención y caridad, con todo lo que ello implica, provoca la curación interior del ser humano, al devolver la estima por sí mismo y por los demás.
La persona vulnerable al sentirse interpelada, se autopercibe, y se permite vivir su espiritualidad desde adentro hacia afuera.

Intervenir: ser pro-activo en la acción y conectar al ser humano con sus propios recursos espirituales, reconduciendo los estilos evitativos, y facilitando si es posible, poder compartirlos; o por lo menos que sea consciente de la experiencia de «amor»[8] gratuito, que le ayuda a sacar lo mejor de sí mismo desde su interioridad.
La pedagogía del acompañamiento, no se queda en aplicar las actitudes de la empatía, el respeto positivo incondicional, autenticidad,… sino que su compañía se propone como ofrecimiento de sentido, a través de la explicación que hace de toda la realidad que previamente ha valorado.
El hecho de que una persona intervenga en el cuidado del prójimo está efectivamente permeado por la convicción de que este prójimo posee una dignidad inalienable y que respetarla es algo intrínsecamente humano.
En esta etapa la persona vulnerable se posibilita el poder compartir su realidad desde cualquier nivel o necesidad espiritual, es ella la que decide por dónde quiere que se cultiven sus necesidades espirituales y por tanto, permitir ser ayudada en ese momento.

Confiar: creer en los recursos de la persona y dar esperanza. Con autenticidad y respeto, habrá que conducir a la persona vulnerable más allá de la reflexión etiológica sobre lo que le hace vulnerable, a la oportunidad de encontrar un deseo (Presencia, principios, valores, actitudes) que, le vuelva a encender el gusto por la vida, más allá de la vulnerabilidad. Se trataría de ayudar a vivir desde la «paciencia y la esperanza como elementos configuradores de sentido»[9].
La persona vulnerable, ha podido encontrar serenidad, y se siente capaz de reiniciar el camino hacia la esperanza.

Norka C. Risso Espinoza






[1] Schreurs A., Psicoterapia y espiritualidad. La integración dela dimensión espiritual en la práctica terapéutica, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2004, p.41
[2] VV.AA., La Pastoral al Estilo de San Juan de Dios, Curia General Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, Roma, 2012, Apartado 3.1.
[3] Torralba F., Jesucristo 2.0, PPC, Madrid, 2012, p. 19
[4] Cucci G., La fuerza que nace de la debilidad. Aspectos psicológicos de la vida espiritual, Sal Terrae, Santander, 2014, p. 122
[5] Vicente J.C., Manipuladores cotidianos. Manual de supervivencia, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2006, p. 19-52
[6] Bimbela J.L., Yo decido. La tecnología con alma, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2014, p. 79-93
[7] Bermejo J.C., Empatía Terapéutica. La compasión del sanador herido. Desclée de Brouwer, Bilbao, 2012, p. 76
[8] Rivas F., Terapia de las enfermedades espirituales en los Padres de la Iglesia, San Pablo, Madrid, 2007, p. 239-243
[9] Alarcos F.J., Bioética y pastoral de la salud, San Pablo, Madrid, 2002, p. 262-268

martes, 27 de octubre de 2015

SAER (Servicio de Atención Espiritual y Religiosa) en Córdoba

Este vídeo es un ejemplo de cómo trabajan los equipos del SAER (Servicio de atención espiritual y religiosa) en los centros de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios, en este caso, se trata de la casa de Córdoba. 
Se trataría de curar no sólo el cuerpo, sino también el alma. De hecho, una de las cosas que nos diferencia del resto es precisamente el trabajo de nuestra Pastoral y la Acogida al Paciente. Es una acción Pastoral que va más allá del enfermo, llegando también a los familiares y a los compañeros.


Video enviado por nuestro compañeros del Hospital San Juan de Dios Córdoba.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Espiritualidad en clínica

'ESPIRITUALIDAD EN CLÍNICA. Una propuesta de evaluación y acompañamiento espiritual en Cuidados Paliativos', esta es la nueva monografía de la SECPAL que puedes leer en http://www.secpal.com/%5CDocumentos%5CBlog%5CMonografia%20secpal.pdf



domingo, 14 de diciembre de 2014

Espiritualidad vs. Religiosidad

La OHSJD da un gran valor a la atención espiritual y religiosa de los enfermos. Esta institución que cuenta con más de 500 años de existencia, con gran experiencia en el cuidado y la asistencia a todo tipo de enfermos y necesitados menciona en su carta de identidad:

«Nuestra aportación a la sociedad será creíble en la medida en que incorpore los progresos de la técnica y la evolución de las ciencias y la sepa enriquecer con sus logros; de ahí la importancia de que nuestra respuesta asistencial mantenga una inquietud por estar permanentemente actualizada en su vertiente técnica y profesional. A partir de ahí deberemos dar una asistencia que considere todas las dimensiones de la persona humana –biológica, psíquica, social y espiritual-. Solamente una atención que trate todas estas dimensiones, al menos como criterio de trabajo y como objetivo que lograr, podrá considerarse como asistencia integral.
Hablar de atención integral implica atender y cuidar la dimensión espiritual de la persona.»


Ahora bien, la realidad es que si la espiritualidad va adquiriendo mayor reconocimiento y atención, no sólo en el campo de la salud y de la asistencia, sino en todos los órdenes de la vida, incluso en el mundo empresarial, asistimos también a la existencia de cierta confusión, cuando menos terminológica. Se habla de espiritualidad, religiosidad, esoterismo, técnicas de autoconocimiento y otros términos que no siempre significan lo mismo. Me referiré a continuación a los términos ‘espiritualidad’ y ‘religiosidad’ por ser los que nos interesan en este momento.

Decía Arnaldo Pangrazzi, que cuando se habla de espiritualidad, hay quienes tienden a considerarla como sinónimo de pertenencia a una determinada religión. Aunque es verdad que para muchos la espiritualidad está directamente relacionada con su propia tradición religiosa, para otros no es así. Actualmente las religiones tradicionales están perdiendo influjo y dominio, mientras que crece el interés por la espiritualidad. Hay un elevado número de personas que no conocen ni frecuentan la iglesia (lugar de culto católico), la mezquita (lugar de culto islámico) o la pagoda (lugar de culto budista), pero que poseen una rica espiritualidad.

La ESPIRITUALIDAD se refiere a la llamada interna de toda persona a orientar y a crecer en su vida mediante transformaciones internas permanentes, en búsqueda de la plenitud, la felicidad, el paraíso, la realización plena del proyecto vital, la autorrealización, el nirvana… u otros nombres que se refieren a lo mismo.
Es vivir la dimensión espiritual en profundidad, y por tanto, exige el contacto con ella. Aunque pertenece a la intimidad del ser humano, atraviesa toda la realidad de la persona de dentro hacia fuera, llenando la vida de luz y sentido.
Al igual que todas las dimensiones constitutivas de la persona, física, psicológica y social, el ser humano puede bloquear e incluso negar la realidad de lo espiritual dentro de sí mismo, perdiendo así la oportunidad de madurar y crecer, en definitiva, de reconocer y experimentar la profundidad y las posibilidades a las que está llamado. Esto se constata frecuentemente en muchos enfermos, pero de modo especial en los enfermos en el proceso terminal de sus vidas. Aquellos que han cultivado y desarrollado en su vida la espiritualidad encuentran en los momentos de crisis importantes apoyos para vivir saludablemente esas situaciones, y viceversa. Lo vemos en nuestros residentes

De una forma sintética, el contenido de la vida espiritual de las personas se refiere a los siguientes aspectos:

  • Al sentido de la vida: especialmente a las grandes preguntas y respuestas sobre el sentido de la vida, de la muerte, del sufrimiento, del gozo, del trabajo, de las opciones que se toman en la vida. El sentido de las realidades que dan peso específico a nuestra vida. ¿por qué a mí? ¿existe algo después de la muerte? ¿qué será de los míos? ¿tiene sentido vivir sufriendo? ¿estoy satisfecho con mi vida? Y muchos otros interrogantes que cada persona se hace en su momento.
  • A los valores: aquellos que definitivamente motivan el sentido de nuestra vida y hacen que tomemos una opción, decisión o conducta, o tomemos otra. Sobre su base se constituye su escala de valores. Aquello que de verdad valoramos en la vida y de lo cual tratamos de hacernos virtuosos con la práctica habitual en nuestra vida. Son las puntas de lanza que mueven al ser humano en su vida. Los hay de muchos tipos y clases, y en función de ellos vivimos, en función de ellos también vivimos la enfermedad y se afronta el proceso final de la vida.
  • Las creencias que todo ser humano tiene y de las que está convencido. Pueden ser de muchos tipos, pero en razón de las síntesis hablaremos de aquellas que abren a la persona a la trascendencia divina (Dios, que puede tener muchos nombres) y las que tienen una orientación existencialista y humana (ciencia, cultura, familia, política, deporte…) hay que decir que pueden darse varios tipos en una misma persona, aunque siempre hay unas con mayor peso específico que otras. Las creencias tienen también su proceso de elaboración y maduración. Muchas veces quedan en un nivel puramente mágico o ritual. Otras veces están más formadas y elaboradas razonablemente. En todo caso es importante no caer en fundamentalismos. En la asistencia a todos los enfermos, resulta de capital importancia estar atentos a este aspecto, que será en muchas ocasiones la llave para afrontar adecuadamente su enfermedad.


La RELIGIOSISDAD es la capacidad del ser humano de vivir una experiencia religiosa en una religión concreta. Exige una opción de la persona por un Dios concreto, por una religión determinada, que tiene un cuerpo doctrinal definido y orientado para ofrecer a los creyentes su escala de valores así como las respuestas a los grandes interrogantes de la existencia, aun cuando en ocasiones sea dentro del misterio que también forma parte de ella. Sus rasgos básicos y de manera sintética son los siguientes:
  • Exige la fe en Dios: un acto libre y voluntario. Es la respuesta a una llamada que comporta entender y vivir de una forma concreta. Es un don que no se alcanza por méritos propios y al que hay que responder. Es una experiencia dinámica que necesita del silencio interior para escuchar frecuentemente la llamada y poder responder. Por encima de doctrinas, normas y reglas, que también existen, se trata de una experiencia personal y comunitaria capaz de transformar la vida y orientarla de acuerdo con el Dios en el que se cree.
  • Comunidad: no hay religión sin comunidad, asamblea, Iglesia, comunidad vertical (relación persona-Dios) y comunidad horizontal (relación interpersonal entre los miembros de la comunidad), unidos por el eje común de la fe. Tiene una doctrina que se comparte, se vive, ayuda, orienta y da respuestas a las grandes preguntas por el sentido de la vida, de la muerte, del sufrimiento… ordena la escala de valores de sus miembros y ayuda a profundizar en las creencias y la fe en el Dios de la comunidad. Es el espacio adecuado donde se celebran las liturgias y los ritos, donde se forma a los nuevos creyentes y habitualmente se preocupa por las necesidades tanto espirituales como materiales de sus miembros.
  • Descentramiento: es la experiencia de «salida de sí mismo». Poner el centro de la vida fuera de uno mismo. Uno se constituye en siervo de ese Centro que hay en el creyente (Dios-Amor en el cristianismo, por ejemplo). Es uno de los criterios de discernimiento sobre la madurez y lo saludable de una experiencia religiosa. La fe en Dios, para que sea auténtica y sana, debe ayudar al creyente a superar el egocentrismo que pone a la persona como centro del mundo y de la propia comunidad, por encima incluso de Dios. Sin embargo, la experiencia de encuentro con Dios, sea cual sea, ha de llevar a la persona a abrirse a Dios, fuente de la vida y la existencia, al mundo del que formamos parte y a las personas con quien está llamada a constituir la comunidad humana que viva en paz, justicia, libertad y solidaridad. Por ello es frecuente que las comunidades de cualquier religión no miren solo a su propio grupo, sino que están abiertas a trabajar en unidad por el bien común de la sociedad.
  • Símbolos: la fe solo puede expresarse con el lenguaje simbólico (no científico). La comunidad necesita símbolos para expresar lo que no puede ser dicho con claridad por el lenguaje verbal y escrito. De ahí que la liturgia en las religiones ocupe un espacio muy importante para celebrar la fe y para crecer en ella, para vivirla. La liturgia en las religiones está llena de símbolos, que remiten al creyente a una realidad diversa y superior. Un ejemplo claro en la liturgia cristiana católica son los sacramentos.


En definitiva, la religiosidad es la expresión comportamental del sistema de creencias y cultos organizados de la religión.

La persona puede vivir su religiosidad de dos formas:

1. Una ejercida como medio para acceder a la experiencia de lo divino. De esta forma cumple su fin último que es la espiritualidad. El religioso vive su religión y vivencia su fe como el valor más alto de su vida.
2. La otra manera es cuando la religiosidad se convierte en un fin en sí misma, la experiencia de lo divino se desvanece, y la religiosidad adquiere un carácter instrumental, y supersticioso, que aleja a la persona de lo espiritual. En este caso el religioso usa la religión en un sentido estrictamente utilitario para ganar seguridad, posición social, u otras metas no religiosas.

Aquello que dota de realidad y sentido esencial a esta vida religiosa es justamente la espiritualidad. Sin espiritualidad, la vida religiosa es sólo apariencia, máscara, vacío de lo divino.

Benjamin Beit-Hallahmi y Michael Argyle proponen la consideración de la religión como una actitud compuesta de tres dimensiones:


  • cognitiva (creencias religiosas), estaríamos hablando de conceptos teológicos, como trinidad, cristología, eclesiología, escatología...
  • comportamental (comportamientos religiosos y rituales más o menos institucionalizados y convencionales), aquí estarían los sacramentos, entre ellos la comunión, la reconciliación, la unción de enfermos, que son los sacramentos propios de la enfermedad.
  • afectiva (vínculos entre el hombre y la transcendencia), podría incluir aquí la oración, teniendo presente que esa relación con mi invita a salir de mí mismo para llegar al hermano.

EJEMPLO para ver las diferentes respuestas entre quien estaría viviendo una espiritualidad religiosa y otro que no: Cuando la persona se pregunta ¿quién soy yo? Encontraremos una postura como la de Descartes, quien dijo “pienso, luego existo”; se encuentra con el pensar para afirmarse como una realidad óntica.

Pero también vamos a encontrar la postura de alguien como Agustín de Hipona o San Agustín; que al preguntarse sobre quién es él, San Agustín se encontrará con un Otro. No se encuentra primero consigo mismo, sino con Otro, con Dios y así a modo de diálogo con este Gran Otro, que le permitió ir conociéndose, descubriéndose.

Personas como San Agustín, dentro de la historia de la espiritualidad cristiana, son las que dan origen a la categoría de Homo Religiosus para la antropología religiosa. Son personas con capacidad de vivir el fenómeno religioso, que sólo es posible dentro de la dimensión espiritual.

La religión exige una opción personal, y por tanto es posible que nos encontremos con personas no religiosas cuya vida espiritual no está abierta a la trascendencia, aun Dios concreto, y sus creencias quedan referidas a la esfera de lo existencial, del mundo conocido. La espiritualidad es lo más específicamente humano, de ella no podemos renegar, mientras que sí podemos optar por declararnos no creyentes, no “re-ligarnos” a ningún tipo de fe.

José Carlos Bermejo explica de la siguiente forma la relación entre espiritualidad y religiosidad:

Aunque espiritualidad y religiosidad están íntimamente relacionadas y son incluyentes, no son necesariamente coincidentes entre sí. Mientras que la religiosidad comprende la disposición y vivencia de la persona de sus relaciones con Dios dentro del grupo al que pertenece como creyente y en sintonía con el modo concreto de expresar la fe y las relaciones, la espiritualidad abarca la dimensión religiosa y la incluye en parte. En ella podemos considerar como elementos fundamentales todo el complejo mundo de los calores, la pregunta por el sentido último de las cosas, las opciones fundamentales de la vida (la visión global de la vida).
Cuando la espiritualidad llega a cristalizar en la profesión de un credo religioso; cuando el mundo de los valores, de las opciones fundamentales y la pregunta por el sentido cristalizan en una relación con Dios, entonces hablamos de religiosidad. Muchos elementos pertenecen, pues, a la dimensión espiritual, irrenunciable para toda la persona, pero no todos los individuos dan el paso de la fe: la relación con Dios, la profesión de un credo, la adhesión a un grupo que comparte y concelebra el misterio de lo que cree.

Koenig planteó cuatro modelos sobre la relación de la salud mental y física con la religión y la espiritualidad o secularidad (laicidad):

Versión tradicional-histórica de espiritualidad: Se caracteriza por la profunda religiosidad. La religión, la espiritualidad y la secularidad (laicidad) son recursos que pueden promover estados mentales positivos como el propósito y significado de la vida. La espiritualidad en esta versión es un constructo completamente separado de las medidas de salud mental o física.

Versión moderna de espiritualidad: Se caracteriza porque amplía o va más allá del constructo de religión tradicional. Esta versión conceptualiza la comparación de la salud mental y física de los que son "espirituales religiosos", los que son "espirituales, pero no religiosos", y los que son "completamente seculares"

Versión tautológica (mismo pensamiento expresado de distintas maneras, pero que son equivalentes) moderna de espiritualidad: Aunque es similar a la anterior, se caracteriza porque se extiende hacia fuera incluyendo en su definición la salud mental positiva y los valores humanos. Este concepto de espiritualidad incluye no sólo indicadores religiosos tradicionales o una búsqueda de lo sagrado, sino también estados psicológicos positivos como propósito y significado de la vida, la conexión con los demás (la calidad de apoyo social), tranquilidad, armonía y bienestar. Se define como versión "tautológica" porque incluye indicadores de salud mental en la definición de espiritualidad, lo que asegura una correlación positiva entre estas dos variables

Versión clínica moderna de espiritualidad: Esta versión se caracteriza porque incluye las anteriores, es decir, el constructo de religión y los indicadores positivos de salud mental, sino también lo secular (laicismo) como elementos de su definición. En este modelo es considerado espiritual incluso lo agnóstico y lo ateo. Este es precisamente el modelo que actualmente se está trabajando desde la SECPAL.


Para finalizar quiero traer a Marcos Gómez Sancho: «Entender el asunto de que las necesidades espirituales y religiosas no son sinónimas tiene una gran importancia práctica. No es asunto exclusivo del sacerdote o pastor intentar hacer frente de este tipo de necesidades.» ya que tras ver la versión clínica de espiritualidad queda de forma más clara la importancia del trabajo interdisciplinar.