domingo, 18 de noviembre de 2012

Demencia: Un camino hacia el olvido


El sábado 17 de noviembre, se realizaron las Jornadas Diocesanas de Pastoral en Salud Mental, me pidieron que realizara una ponencia sobre la persona con demencia; la titulé ‘Un camino hacia el olvido’. 




Aquí os dejo algo de ello:

·         Qué es la demencia

La Demencia es un conjunto de síntomas que incluyen la pérdida de memoria, de alguna forma disminuye la capacidad mental, es decir, la capacidad de pensar, de razonar y de recordar.

Hay muchas causas de demencia, siendo la más común el Alzheimer, (también la demencia vascular), por eso me voy a centrar en esta.

Los médicos describen la Enfermedad de Alzheimer como una “demencia progresiva degenerativa irreversible”. Esto quiere decir:

  • Demencia: conjunto de síntomas que incluyen pérdida de memoria, de comprensión y de juicio.
  • Progresiva: es decir en aumento. El daño que produce la enfermedad es cada vez mayor.
  • Degenerativa: porque las neuronas del cerebro se degeneran o mueren.
  • Irreversible: es decir, no hay curación. Los daños causados en las células del cerebro no se pueden recuperar.


Signos de alarma para detectar la enfermedad:

Ø  Pérdida de memoria que afecta la capacidad de trabajo (citas, nombres, números de teléfono).
Ø  Dificultad para realizar tareas familiares (problemas con la cocina).
Ø  Problemas de lenguaje (olvido y sustitución de palabras).
Ø  Desorientación en el tiempo y el espacio (dificultad para llegar a casa, o para ir al supermercado)
Ø  Conductas anómalas (como vestirse inadecuadamente para el momento o la época del año).
Ø  Problemas de pensamiento abstracto (olvidarse, por ejemplo, del significado del dinero).
Ø  Pérdida de objetos y ubicación incorrecta de los mismos.
Ø  Cambios de humor y de conducta.
Ø  Cambios en la personalidad.
Ø  Pérdida de iniciativa (pasividad).


·         El por qué de este título

Porque el Alzheimer se suele conocer como la enfermedad del olvido, pero yo considero que aunque se llegue a ese ‘olvido’ hay un camino previo, un camino en el que conocemos la psicobiografía de la persona, y por lo tanto, cuando llega el olvido podemos seguir manteniendo su dignidad desde esa psicobiografía, precisamente desde esa psicobiografía es que se realiza un acompañamiento espiritual.

·         Acompañamiento espiritual

En el último número de la revista de San Juan de Dios de la provincia Bética, ha salido publicado un artículo mío, en el que hablo de la metáfora de ‘comer el pan juntos’, considero que ese es un ejemplo de un acompañamiento espiritual (http://www.slideshare.net/NCRE/revista-n-561-norka-web)

Pues vamos a ponernos manos a la obra y vamos a utilizar cuatro pasos para cocinar un ‘acompañamiento sabroso’ (imaginaos como ejemplo una ensalada):

·         Conocer los ingredientes: el acompañante (profesional) y el acompañado (enfermo). En este paso, se da como un tanteo, nos saludamos, intercambiamos las primeras palabras… pero a la vez hay que estar atentos a lo que el enfermo es, cómo está, qué hace. Si nos guiamos por la metodología de Jesús, consistiría en el “ver”, un ver que no es superficial, ver también lo hondo del corazón. Que los enfermos sientan el interés que tenemos en querer empezar el camino, y que no queremos huir, por dura que parezca la situación; es decir, aproximarnos.

·         Mezclar los ingredientes, que se dé un encuentro verdadero, que el enfermo se sienta acogido en toda su vulnerabilidad, se trata de conocernos un poco más, sería como compartir lo emocional y espiritual, aquí ya habría colaboración, los dos estamos por la labor de seguir el camino juntos. Ya podemos dar un paso más en la metodología de Jesús, poner al enfermo en el centro, como protagonista de su vida, y preguntar, desde el respeto, aunque sepamos la respuesta, para que el enfermo pueda compartir desde la libertad lo que se mueve por dentro. Que vayan sintiendo que el encuentro afectivo se convierte en efectivo; el enfermo siente una mirada amiga.

·         Salpimentar al gusto: Es ahora cuando empieza la relación de ayuda pastoral, conocemos los sentimientos, preocupaciones, esperanzas; es ahora cuando se puede dar la confrontación, cuando realmente se hace camino con el enfermo; ya podemos sentarnos a la mesa emocional y espiritual del enfermo, pero, eso sí, teniendo presente que es él quien salpimenta a su gusto, es decir, que vamos a su ritmo, el que acompaña es sólo un invitado. Jesús lo hacía muy bien, Jesús operaba transformación; este paso lo daba desde la escucha y el acompañamiento de los sentimientos y las heridas. Tras conocer al enfermo, encontramos expectativas frustradas, proyectos o sueños rotos, muchas noches en vela, terapias agotadoras, cansancio; y nosotros no podemos curar el dolor, pero sí dialogar, orar, acompañar para confortar, poder transmitir un mensaje de esperanza, guiar en las decisiones éticas, pero siempre intentando ser espejo, ya que no transformamos nosotros, sino que se transforman ellos, son ellos los que van restaurando su vida.

·         Presentar en plato bonito, este último paso es acompañar al enfermo en esa apertura al Misterio, si él así lo ha decidido, confirmar y celebrar su vida, hacerle sentir la gracia del Espíritu y proponerle vivir su fe desde Aquel en el que puede encontrar la plenitud. Jesús lo expresaba con pocas palabras: “decid Padre nuestro”.

Ahora bien, no todos pasan necesariamente por estos cuatro pasos, depende de la apertura que tenga el enfermo a la gracia del espíritu;  desde la Pastoral y nuestra opción por Dios, se trata de dejarnos hacer por Él, y siguiendo el itinerario de Jesús nos aproximamos, luego acogemos, acompañamos, escuchamos, abrazamos, lloramos… y después de un proceso, si lo vemos oportuno, invitamos a compartir la mesa juntos.

Claro, y me podéis preguntar, ¿y en un enfermo con la enfermedad de Alzheimer?

Pues depende de la etapa de la enfermedad, por eso la importancia del camino antes de llegar al olvido, la importancia de conocerle, de haberle escuchado, de haber compartido, y de seguir haciéndolo si se puede…, y si se está en la etapa final, ya sólo se trata de presentar en plato bonito y por lo tanto estar al lado para ayudarle a esa apertura al misterio, a lo divino, a Dios.

Sinceramente creo, desde mi experiencia, que es importante el acompañamiento al enfermo con demencia, aunque no siempre es fácil, hay muchas maneras de acercarnos a los enfermos, ya sea mediante el lenguaje hablado en las primeras fases, o a través del lenguaje no verbal cuando no nos entienda 8º creamos que no nos entienda) los gestos, las caricias son super importantes, se puede establecer una comunicación cálida y podemos llegar a cierta empatía con una persona que ha perdido la memoria y que tiene trastornos de conducta.

Depende de las etapas de la enfermedad, además de todo el proceso anterior de acompañamiento

1. Etapa Inicial o Fase 1: esta primera etapa se caracteriza por tener algunas pérdidas de memoria. En esta fase es cuando desde la pastoral se puede realizar ese camino hacia el olvido del enfermo, pero de conocimiento por parte del que acompaña. (Contar experiencias vividas)

2. Etapa Intermedia o Fase 2: En esta fase se agrava la situación y ya no hay duda de su diagnóstico. Disminuye la memoria reciente. En esta etapa, pueden ir acompañados o se puede solicitar la visita al sacerdote, o a los equipos de pastoral de la parroquia para que los visiten y/o los acompañen a la parroquia. Se pueden utilizar las oraciones de siempre, las jaculatorias, que previamente hemos ido conociendo con ellos (Poner ejemplos)

3. Etapa Avanzada o Fase 3: En la última fase, el paciente depende por completo de terceras personas para su subsistencia. En esta etapa es cuando la familia suele pedir la santa unción, y también un momento muy adecuado para ayudar a la familia si aún no se ha hecho. (Invitar a las familias a formar grupos en los salones parroquiales para compartir experiencias, fe y vida)

Conforme avanza el deterioro cognitivo, disminuye la capacidad para comprender el lenguaje verbal, por ello la importancia de imitar a Jesús, aprender a mirar, sonreir, transmitir serenidad, comunicar amor; en otras palabras que con nuestros gestos seamos capaces de decir, venid a mi todos los que estáis cansado y agobiados.

Ahora podéis comprender la dificultad, del capellán, del agente de pastoral, del voluntario, en este acompañamiento espiritual, que normalmente no hemos tenido tiempo, de conocer los ingredientes, de juntarnos, ni de salpimentar al gusto, por lo que muchas veces nos toca ir a presentar el plato bonito, solo con la ayuda de los familiares y amigos que sí han hecho este camino, que conocen la psicobiografía, pero eso sí confiando plenamente en Dios, y contemplando el rostro de Cristo en nuestros hermanos con Alzheimer.

Creo que de alguna forma, así lo hace Dios, nosotros no le conocemos del todo, aún no hemos contemplado su rostro, y sin embargo sabemos que nos ama inmensamente, que nos cuida, que nos mima,… da igual que le conozcamos, porque él si nos conoce a nosotros.

Os voy a contar una historia, que algunos probablemente conocéis, si es pues aprovechad en contemplarla:

Un hombre de cierta edad fue a una clínica, para curarse una herida en la mano. Tenía bastante prisa y mientras lo atendían le preguntaron sobre el motivo de su urgencia.

Él aclaró que tenía que ir a una residencia de ancianos para desayunar con su mujer que vivía allí. Llevaba algún tiempo en ese lugar y sufría de la enfermedad de Alzheimer.

Mientras terminaban de vendarle la herida, le preguntaron si ella se alarmaría en caso de que él llegara tarde esa mañana.

Y él contestó, No, ella ya no sabe quién soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce.

Entonces, le preguntaron extrañados, ¿Y si ya no sabe quién es usted, por qué esa necesidad ir todas las mañanas y de llegar tan puntual?

Él sonrió, y dando una palmadita en la mano, a la persona que se la había vendado, le dijo: 


"Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella".  

No creéis que esto es para pensar "Esta es la clase de amor que quiero para mi vida; el verdadero amor no se reduce a lo físico o romántico, el verdadero amor, es la aceptación de todo lo que el otro verdaderamente es, de lo que ha sido, de lo que será, y de lo que ya nunca podrá ser".


Y es que hay que tener en cuenta una cosa, que hay una perdida de la memoria, pero es una perdida de memoria intelectual, las neuronas no funcionan, no sinaptan;  y no una perdida de la memoria del corazón, el corazón, como dice mi sobrino de dos años, sigo haciendo tic-tac, tic-tac, y mientras el corazón bombee, nuestra identidad permanece viva

Pues es allí en el corazón donde nos jugamos la vida, porque es en el corazón donde se dan las risas y los llantos, esos soplos de alegría y de tristeza, tal vez sea ese lugar que antiguamente llamaron “alma” donde habita el amor más puro. Mientras el corazón no pierda la memoria seguiremos siendo quienes somos, pero como le dijo Jesús a Pedro, será otro quien nos ciña.

·         Unas pinceladas sobre la familia o cuidador


Tener una persona querida enferma de Alzheimer y cuidarla las 24 horas del día es una situación muy difícil que remueve muchos sentimientos. Es importante identificar los sentimientos y no negarlos. Si los sentimientos controlan al cuidador, disminuyen sus posibilidades de sobreponerse ante esta situación y la afecta a la capacidad de cuidar. Llega un momento que puede que la persona encargada de cuidar al enfermo no entienda sus necesidades ni las de él.

Recomendaciones
  • Es indispensable descansar.
  • Procúrese tiempo para sí mismo.
  • Mantenga actividades lúdicas y conserve a sus amigos o haga amistades nuevas para romper el aislamiento que puede sentir el cuidador.
  • Es conveniente ponerse en contacto con el grupo de ayuda más cercano a su domicilio.
  • Cuando se está nervioso o de mal humor, es mejor que otra persona se ocupe del enfermo, pues el enfermo es muy sensible al interpretar nuestro estado de ánimo. El enfermo no pierde la capacidad afectiva.
  • No olvide que es un adulto aunque su comportamiento y forma de expresarse parezcan los de un niño.
Es conveniente retrasar en lo posible la institucionalización del enfermo, para evitar las cuestiones negativas que ésta acarrea.

Recomendaciones

  • Hacer coincidir la comunicación verbal y no verbal.
  • Transmitir sensación de seguridad. Hablar de forma suave y pausada
  • Gesticular poco a poco.
  • No poner nerviosa a la persona.
  • El enfermo de Alzheimer es muy sensible al interpretar el estado de ánimo de los demás y su estado de  se ve muy afectado por el estado de humor de las personas que le rodean.
  • Tener un contacto físico directo amable y cariñoso con él le transmite seguridad.
  • Adecuar el lenguaje a las constantes y cambiantes limitaciones que la enfermedad impone.
  • Los comentarios realizados con sentido del humor suelen ser más eficaces que el uso de imperativos.
  • Aunque la capacidad de entender y seguir las conversaciones haya disminuido, es importante incluir al enfermo y que él, de alguna manera, pueda participar.
  • Ante cuestiones o preguntas sin sentido, evite la discusión; es mejor cambiar de tema o seguirle la corriente.
  • Hablar en sitios donde no haya demasiadas distracciones ni ruido de fondo.
  • Utilizar frases cortas y concretas. Vocabulario sencillo.
  • Déjele tiempo para pensar.
  • Intentar enseñarle visualmente lo que le quiere decir.
  • Poner atención al tono emocional con que habla.
  • Mantener la calma y ser pacientes.
  • No discutir ni dar órdenes.
  • Es mejor decirle las cosas en positivo que en negativo.
  • No haga preguntas directas que requieran buena memoria para responderlas.

·         A la luz del Evangelio

No existen textos bíblicos específicos relacionados con la demencia senil o Alzheimer, al igual que no los hay sobre el aborto, ya que esto es relativamente nuevo; pero creo que hay dos textos, bueno habrá muchos más, que evocan de alguna forma la difícil realidad del sufrimiento en el envejecimiento y el de la familia.

  • Para hablar de la fragilidad de la vejez, tenemos el pasaje bíblico del evangelio de Juan (21,18) que se proclamó en las exequias del papa Juan Pablo II: "En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras."

Pues como veis se da una diferencia entre e Pedro de la juventud, en contraposición con el Pedro de la ancianidad, que como el enfermo de Alzheimer necesitará que otro le ciña, y que sean otros los que velen por su calidad de vida y den dignidad a su existir

Además si nos damos cuenta este texto viene a continuación de esa charla de Jesús con Pedro, que le pregunta en tres ocasiones: ‘Pedro, me amas’, necesita repetirle la pregunta en varias ocasiones, pero con paz, tal y como ocurre con los enfermos. Y en realidad, con esta repetición de la pregunta, Jesús, lo que hace es darle nuevamente confianza a su apóstol, después de la triple negación. Con este repetirle, Jesús restituye a Pedro en su verdad, alcanzando ese punto que está en lo más profundo, por debajo de las debilidades, de las fragilidades, de las vulnerabilidades, ese punto en el que lo que predomina es el amor, el descubrirse amado por Dios.

Incluso podríamos hablar de la teología del estar sentado: en Mateo 19,28 Jesús prometío a los discípulos que se sentarían en doce tronos, de alguna forma sentarse es ocupar un trono.

·         El de la familia sería el icono del buen samaritano, del que tantas veces hemos escuchado

Estas serían algunas actitudes que podemos descubrir a través de la narración del Evangelio:

·         Apertura de sentidos: atención despierta de su mirada, de sus oídos, de su ‘olfato’, para darse cuenta de que, en el borde del camino, alguien necesitaba ayuda.
·         Flexibilidad, disponibilidad: para renunciar a los propios proyectos, (como llegar a Jerusalén); ser capaz de renunciar a ellos y descentrarse, desplazarse, para poner al herido en el centro.
·         Ascética del presente: el sacerdote y el levita están pendientes de un ‘después’ (llegar al templo), mientras que el samaritano está entero en el ‘ahora’ de los personajes que entran en su vida de manera imprevista y reclama atención en el presente, no más tarde.
·         Capacidad de conducta alternativa: según la ley vigente, tocar un cadáver suponía incurrir en impureza ritual, y el herido de la cuneta podía estar muerto. Por eso, los que ‘dan un rodeo’ están comportándose correctamente, dentro de la estricta legalidad. Pero, el samaritano opta por una actitud contracultural: se atreve a romper con la corriente dominante y adopta una postura alternativa, que sin embargo, es la que se revela como acertada.
·         Capacidad de gratuidad: nada podía hacer prever al samaritano que iba a sacar algún provecho de portarse así con el herido, que, al parecer, le acarreó más pérdidas que ganancias; ni siquiera hay por parte de este una palabra de agradecimiento que pueda compensarle. El samaritano ha entrado en otro plano, el de la gratuidad, fuera de todo cálculo y de toda medida. Y ha acertado, porque ésa es la esfera de Jesús.

La Iglesia, siguiendo el ejemplo del buen samaritano, ha mostrado siempre una solicitud particular por los enfermos. A través de cada uno de sus miembros y de sus instituciones, sigue estando al lado de los que sufren, tratando de preservar su dignidad en esos momentos tan significativos de la existencia humana. Muchas de esas personas, profesionales de la asistencia sanitaria, sacerdotes, religiosos, agentes pastorales y voluntarios, e instituciones en todo el mundo sirven incansablemente a los enfermos, en hospitales, residencias y en unidades de cuidados paliativos.

Por otro lado, nosotros los católicos, celebramos cada Domingo la Eucaristía (algunos incluso cada día) y creemos en la presencia actual y real de Cristo en la Eucaristía, aunque físicamente no podamos verlo. Hacemos memoria, y al hacer memoria, la presencia de Jesús se actualiza, y sigue vivo no sólo en el recuerdo, sino también en el presente. Al hacer memoria lo pasamos por el corazón y decimos que está vivo; si no hiciéramos memoria estaría muerto ¿no?. Pues acompañar a un enfermo con la memoria deteriorada o sin memoria, es también hacer de  sus progresivas pérdidas una resurrección permanente.

El que concede amor en la asistencia al enfermo, le está diciendo constantemente que no está muerto, porque no lo olvidamos, por que hacemos junto a él su camino hacia el olvido, sigue siendo él mismo y por tanto, si dignidad sigue siendo la misma antes de la enfermedad, y a lo largo de la enfermedad.

Los familiares, junto con los profesionales, y los voluntarios, son la gran esperanza del enfermo sin memoria; y además son ESPERANZA con mayúscula, en nuestro mundo tan necesitado de buenos samaritanos que estén dispuestos a ceñir a otros desde el servicio y la gratuidad. Porque Jesús sigue preguntando: ¿me amas?... apacienta mis ovejas

A lo largo de esta reflexión,  creo que salta a la vista que  el seguimiento a Jesús se desarrolla en dos esferas.  Por un lado, el aspecto individual es  indiscutible en el desarrollo de este proceso (uno que se deja ceñir) pero también se enfatiza desde el  origen mismo del seguimiento, el aspecto comunitario (los que ciñen).  Los intercambios de singular a plural confirman que estas dos dimensiones no se excluyen, sino que son paralelas, e incluyentes.



Norka C. Risso Espinoza


lunes, 12 de noviembre de 2012

Los ancianos son útiles a la sociedad

El Papa Benedicto XVI señaló que es bello ser anciano y por lo tanto en sus rostros no debe estar nunca la tristeza, ya que son una riqueza para la sociedad y una escuela de vida para las jóvenes generaciones.




"Queridos hermanos y hermanas ancianos, a veces las jornadas pareces largas y vacías, con dificultadas, pocos esfuerzos y encuentros, no se desalienten nunca, ustedes con una riqueza para la sociedad, también en el sufrimiento y la enfermedad. Y esta fase de la vida es un don también para profundizar en la relación con Dios", dijo el Santo Padre.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Esclerosis Lateral Amiotrófica: ''La vida es digna siempre''


La vida es digna siempre. También cuando eres más débil, indefenso, cuando para vivir dependes de los demás. Inmóvil en una cama, por un accidente o por enfermedad; también cuando no trabajas, no produces porque estás enfermo o eres demasiado viejo.
El valor de la persona es inalienable. Parece sencillo, pero incluso en la realidad jurídica, médica, y cultural nos preguntamos si en ciertos casos se es capaz realmente de tutelar la dignidad de la persona.
Este es el punto de partida para el ciclo de encuentros, durante el año académico, con profesionales de la medicina y de las asociaciones, contando historias y escuchando testimonios.
El primer encuentro del Centro Ateneo por la Vida y la Universidad Católica del Sagrado Corazón en Roma, Italia, en colaboración con el Centro Cultural de Roma y el Policlínico universitario A. Gemelli, contó con la participación de diferentes ámbitos de la medicina para hablar de SLA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), una enfermedad poco conocida. Entre los ponentes se encontraba Mario Melazzini, oncólogo de 54 años, enfermo de SLA desde hace unos diez años. Actualmente es presidente nacional la Asociación Italiana de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (AISLA).
La periodista Monica Mondo dio la bienvenida a todos los asistentes y explicó el por qué de este ciclo. La intención es hablar sobre la fragilidad de la vida, profundizar en la idea de que la vida frágil también es vida. "No es un tema que afecte sólo a los especialistas y médicos, es un tema que nos concierne a todos" dijo la periodista.
Rocco Bellantone, presidente Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad Católica del Sagrado Corazón y Maurizio Guizzardi, director del Policlínico A. Gemelli, quisieron destacar el sentido de este Ateneo. Un lugar que no tendría motivo de existencia si fuera sólo un sitio donde se hace buena medicina, tiene su razón de ser en el momento en el que se crea una atención profunda, "no sólo a la enfermedad sino también al que sufre". "La religión católica tiene su fuerza en el amor al prójimo, el fundamento de nuestra religión es ser buen samaritano", dijo el doctor Bellantone. Y recordó a los estudiantes allí presentes la importancia de estar junto al que sufre, ser misericordiosos. El doctor Guizzardi también añadió : "que nuestra estrategia se convierta en realidad. Salud y calidad en nuestro dar al paciente"
A continuación, el profesor Paolo Maria Rossini, director del Instituto de Neurología Universidad Católica del Sagrado Corazón-Policlínico A. Gemelli, también destacó la importancia de dar una asistencia global al paciente. "La labor del profesor no es sólo formar buenos técnicos, sino formar buenos médicos en todos los sentidos, no buscar sólo la excelencia técnica", dijo el doctor Rossini. Destacó también la importancia de la humildad de los médicos al reconocer que ya no tienen más respuestas.
Tras estas intervenciones, participó el doctor Mario Melazzini con el discurso más emotivo de todos. Melazzini habló de SLA en primera persona; desde su silla de ruedas afirmó: "También con el sufrimiento y la enfermedad se puede salir adelante". Habló de los momentos más duros cuando descubres que tienes una enfermedad como esta: el médico que te dice que ya no se puede hacer más, el sentirse dependiente de los demás, cuanto te vienen pensamientos sobre ser tú mismo el que decida cuándo morir y no la enfermedad. Pero en esta dificultad, afirma Melazzini, puedes encontrar en el sufrimiento un valor añadido que te permite admitir la cotidianeidad con dignidad."La dignidad de la vida no puede depender de la calidad de esa vida".
Reconoció también que se puede ser feliz con una enfermedad. Aunque al principio se pasa por un periodo de rechazo y negación, "mi único deseo era querer morir", reconoce que tuvo suerte de conocer personas maravillosas que le ayudaron a entender que sí se puede ser feliz. Y añadió: "Cuando te pones un objetivo no por ti, sino por los otros, puedes alcanzarlo. Esto me permite ser feliz".
Para completar sus palabras, se proyectó un fragmento del video documental sobre su vida: "Yo estoy aquí. Apuntes de siete días de la vida de Mario Melazzini". En el video cuenta cómo fue el proceso de aceptación de la enfermedad, pasar de usar muletas a silla de ruedas para pasar consulta, leer e investigar sobre SLA.
A manos de Mario Sabatelli, investigador del Instituto de Neurología de la Universidad Católica, se hizo un repaso por la historia de esta enfermedad y algunos casos importantes. La SLA es una enfermedad rara con dificultad en el diagnóstico, en la investigación, en la terapia y en la asistencia. Por eso es necesario focalizarse en la obligación de dar la mejor calidad de vida posible.
El director del Instituto de Anestesiología, Massimo Antonelli, resaltó un aspecto importante en el recorrido de la enfermedad: cambiar la mentalidad, abrirse a la dignidad que se merecen los enfermos, y afirmó: "los enfermos nos han enseñado mucho".
La última intervención fue la de Dario Sacchini, profesor agregado del Instituto de Bioética. Comenzó diciendo que la bioética y el sufrimiento no son algo que sólo interese a los cristianos, "Una bioética sana que se acoja a la realidad. Ser de ayuda y alivio a la persona que afronta el sufrimiento". Recordó al fundador de la Universidad con una frase muy significativa: "La bioética no puede ser laica o católica". Concluyó diciendo que la medicina debe tener una visión completa del hombre. No se puede hablar en abstracto, es necesario estar en la realidad. Finalizó diciendo: "Hay que ver el caso particular, no ver SLA, sino a la persona que tiene SLA. Cada persona viva es digna en cuanto que es persona".
Para finalizar el encuentro se abrió un turno de preguntas en el que se vio la preocupación de los alumnos por aprender a ser un médico que sepa estar junto al enfermo, que sepa cómo comunicar de la mejor forma posible el diagnóstico. En estas reflexiones, Melazzini compartió un pensamiento que a él le ha ayudado: "Para estar junto al paciente hay que hacerlo a través de la mirada, la mirada que damos al otro y la que recibimos. Esa mirada tiene que transmitir dignidad". Para llenar de dignidad la vida del enfermo no se puede habituar uno a esta tarea y ver al paciente como persona no como enfermedad, tratarle por nombre y apellidos y no como un número de expediente y sobre todo, tener en cuenta la circunstancia personal de cada uno.
El doctor Antonelli destacó que durante el encuentro se pudo percibir una tensión emotiva y se dirigió a los presentes diciendo: "Mirad a los ojos de vuestros enfermos y mirad el mundo que hay detrás".
Por Rocío Lancho García
ROMA, domingo 10 noviembre 2012 (ZENIT.org)

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Dolor en Cuidados Paliativos


X Jornadas de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos

Toledo, 14/15 de noviembre de 2013

Durante los días 14 y 15 de noviembre de 2013, se celebrará en Toledo las X Jornadas Nacionales de SECPAL, ve reservando estas fechas en tu agenda.



El tema elegido para estas Jornadas es “Dolor en Cuidados Paliativos. Acercamiento entre sociedades científicas para un abordaje interdisciplinar”. Se tratarán, mediante conferencias, mesas, talleres y simposium, temas de interés en el abordaje del dolor en el final de la vida, lo más probable es que sea muy interesante para todos.


martes, 6 de noviembre de 2012

Cementerios, lugar de raíces, dolor y esperanza



Interesante entrevista que realizó ZENIT al fraile capuchino Luca Casalicchio, responsable de la Iglesia del cementerio principal de Roma: “El Verano”, sobre la cremación.

La Iglesia no aceptaba la cremación, si bien ahora sí, ¿por qué?
--Fray Luca: Hoy en día la cremación ha perdido la caracterización ideológica que tenía años atrás como contraposición a la idea de la resurrección y de la dimensión religiosa del hombre. Por otro lado existe una necesidad práctica: por ejemplo aquí en este cementerio de El Verano, sólo es posible ser ubicado si uno tiene una antigua tumba, pero a veces no se sabe cuánto espacio hay. Y la urna funeraria es una solución pues siempre encuentra una colocación.
La cremación antes del funeral se proporciona solamente en situaciones particularísimas, como en los casos de muerte en el extranjero, pues el transporte del cuerpo es compleja y también significa una dificultad económica. Mientras que el transporte de las cenizas es muy sencillo tanto desde el punto de vista económico, como desde el punto de vista burocrático.
¿Hay entretanto algunas sugerencias concretas?
--Fray Luca: La Iglesia recomienda una cosa: La cremación debe tener lugar solo después del funeral. Hacerla antes del funeral debe ser una excepción, como en los casos que acabo de mencionar. Y al igual que el ataúd, las cenizas deben ser acompañadas al cementerio por un ministro ordenado, con plegarias y una oración cuando se realiza la deposición de la urna en la tumba.
¿Es una obligación o una recomendación?
--Fray Luca: El Estado permite que uno pueda llevarlas a su casa, o que las cenizas sean esparcidas, etc. La Iglesia en cambio pide respeto por el cuerpo del difunto, e incluso si se reduce a ceniza debe mantenerse en el cementerio. Para la Iglesia, no es correcto llevarse a casa la urna con las cenizas.
En el caso del rito funerario cuando el difunto ya es ceniza en la urna, la Iglesia no proporciona ni el incienso ni la aspersión, a diferencia de lo que hacer con el ataúd, para así enfatizar la diferencia entre el cuerpo y las cenizas.
¿Las nuevas normas, cuando se han publicado?
--Fray Luca: La Conferencia Episcopal Italiana presentó en 2007 un pequeño libro titulado: "Anunciamos tu Resurrección", donde se disponían todas las normas sobre la cremación, las cuales en Italia entran en vigor este viernes.
¿Qué problemas existen en los cementerios de las grandes ciudades?
--Fray Luca: En los grandes cementerios urbanos, respecto a los cementerios de las ciudades pequeñas, está el componente de la despersonalización. Si bien por parte de la gente está la fe, las raíces, el lugar del dolor, las personas vienen a adornar las tumbas, a llevarle flores, a visitarlas, a pesar de la dificultad de la distancia.
¿Hoy en día en los cementerios se encuentra lugar para un entierro, digamos tradicional?
--Fray Luca: Sí, pero aquí en El Verano, solamente la familia que tiene una tumba, en cambio en otros cementerios hay lugar, sea de entierro o en nichos.
¿Su experiencia que le dice sobre la cremación?
--Fray Luca: Una cosa que me llamó particularmente la atención es que muchas personas se sienten culpables por haber hecho cremar a sus seres queridos, porque tienen la impresión de que ha habido violencia sobre su cuerpo, aunque la cremación acelera un proceso natural que dura entre 15 y 20 años y a veces más.
Porque después de dejar el cuerpo de un ser querido encuentran sus cenizas dentro de un recipiente, y a veces esto crea un fuerte trauma en las personas que acentúa eventualmente el sentido de culpa. Mi experiencia indica que muchas veces las palabras de consuelo tienen que ser dichas a los vivos para consolarles delante de esto que han experimentado. Incluso cuando existe la voluntad del difunto para ser incinerado, los vivos advierten la experiencia como un disgusto, mismo entendiendo que es una necesidad.
¿En las homilías que hay que decir?
--Fray Luca: Sin duda hay que infundir esperanza de la resurrección, y en el elemento de la retribución. Creo que sobre la dimensión del Juicio sea una buena clave de lectura la que presenta el papa Benedicto XVI en su encíclica Spes Salvi, que muestra el Juicio, como una lugar de esperanza.
¿La devoción popular en el culto a los muertos?
--Fray Luca: Hay un fuerte vínculo porque los cementerios son el lugar de las raíces. Es bonito ver especialmente el sábado, a familias enteras que llegan con niños para visitar a sus seres queridos.
Es también el sitio del dolor, donde enjugar las lágrimas de lo inconsolable, sobre todo en los casos de niños que han muerto.
Casos que son particularmente dolorosos
--Fray Luca: La parte nueva del cementerio en donde se encuentran las tumbas de los niños es la más dolorosa, donde hay juguetes, donde se ve a estas parejas jóvenes que se vienen todos los días, hay madres que vienen desde hace treinta años años para llorar a sus hijos, a veces poniendo en riesgo su propia seguridad ya que en invierno oscurece temprano y los caminos secundarios no siempre son seguros. También es un lugar de esperanza. Y en este cementerio en particular , un lugar de arte, de belleza y de historia.
También hay recorridos dentro de este cementerio, ¿no?
--Fray Luca: Tenemos recorridos con los próceres de Italia, toda una historia de nuestro país. Hay artistas, se puede hacer un recorrido de las grandes figuras religiosas del siglo XX que están enterrados aquí, o porque después fueron canonizados.
Por lo tanto, es una ciudad de los muertos, y también de los vivos, donde se pueden encontrar estas dos dimensiones en la espera de la resurrección.
¿Existe un sentimiento de vida eterna en la gente?
--Fray Luca: Hay un anhelo de algo que va más allá de esta vida, de que los afectos no se rompen y no terminan así, seguramente ese sentimiento está en el corazón. Sentimiento que debe ser purificado, educado, etc. Tal vez sea más difícil el concepto de la resurrección de la carne, que es fundamental para nosotros. Pero el sentido de vida eterna existe.

ROMA, jueves 1 noviembre 2012 en ZENIT.org por H. Sergio Mora

viernes, 2 de noviembre de 2012

Tu amistad es mi arcoiris


Los amigos son “colores”, cada uno con su  matiz, y una manera de ser siempre bien definida.

Está el amigo “color verde”: es aquél que en todo resalta la belleza de la vida y pone esperanza en ella. ¡El nos anima!

Está el amigo “color azul”: él siempre trae palabras de paz y de serenidad, dándonos la impresión, al oírlo, de que estamos en contacto directo con el cielo o con el profundo azul del mar. ¡El nos eleva!

Está el amigo “color amarillo”: él nos entibia, así  como el sol; nos hace reír, sonreír y encontrar que el brillo amarillo de las estrellas está bien al alcance de nuestras manos. ¡El nos alegra!

Está el amigo “color rojo”: es aquél que domina las reglas del vivir, es como nuestra sangre. Nos indica el peligro, mas nunca nos quita el coraje.  Es pródigo en palabras apasionadas y repletas de caluroso amor. ¡El nos vivifica!

Está el amigo “color naranja”: él nos trae la sensación de vigor, salud, enriquece nuestro espíritu con energías que son verdaderas vitaminas para nuestro crecimiento. ¡El nos fortalece!

Está el amigo “color gris”: él nos enseña el silencio, la internalización y el autoconocimiento. Es un inductor a pensamientos y reflexiones; nos ayuda a profundizar en nosotros mismos.

Está el amigo “color violeta”: él trae a tono nuestra esencia majestuosa, como la de los reyes. Sus palabras tienen nobleza, autoridad y sabiduría.

Está el amigo “color negro”: él  es maestro en mostrar nuestro lado más oscuro, con palabras generalmente firmes y con autoridad. Nos dice la verdad “sin anestesia” y  con buenas intenciones. Nos lleva a considerar mejor nuestra actitud frente a la vida. ¡El nos despierta!

Está el amigo “color blanco”: ése nos revela verdades nacidas de la  vivencia y de la adquisición de conocimientos. Nos prueba que, no solo él, sino también  todos los demás, tienen verdades aprendidas para compartir con nosotros.

Cada amigo es un reflejo de Cristo y si reunimos a todos en un gran encuentro veremos un arcoiris del Amor de Dios

domingo, 28 de octubre de 2012

Curad a los enfermos


Me ha llegado esta Catequesis sobre Pastoral de la Salud, desconozco quién es el autor. Me parece interesante y lo comparto con vosotros por si os resulta útil: 

1.- Punto de partida:

            La enfermedad es una realidad cercana, aunque a veces queramos ignorarla. El mundo está lleno de enfermos de todos los tipos: físicos y mentales, crónicos y discapacitados… Nosotros también hemos estado alguna vez enfermos.

            Pero hay diversos modos de mirar la enfermedad:
-          Con amargura.
-          Con ignorancia.
-          Con soledad.
-          Con esperanza.

Leemos algunos testimonios:

“El primer pensamiento que me invadió fue el de la inutilidad: Yo no valgo para nada –me decías a mí misma una y otra vez-, voy a ser una inútil. No hacía más que llorar. Mi familia, angustiada, tampoco sabía ayudarme” (Eulalia, asma, Madrid).

“Cuando me di cuenta, tenía el organismo completamente destrozado y, francamente,  cuando veo las caras tristes de mi familia, de mis hijos, mi marido, aparte de verme incapacitada para hacer las tareas comunes del hogar como las hace cualquier mujer que está sana…, esto me hace sufrir. A veces incluso digo: “Dios mío, ¿por qué estoy yo en este mundo, por qué no me llevas si soy una carga para los demás?” Sin embargo eso a mis hijos y a mi marido, que son personas formidables, les hace sufrir tremendamente y, riñéndome, me dicen: “tú no eres una carga para nosotros” (María Dolores, diabetes, El Ferrol).

“Ante una enfermedad como el cáncer el planteamiento de mi vida se derrumbó: desde mi relación personal con Dios, hasta mi trabajo y mi vida en relación con los demás. Yo dejaba de ser un hombre con una vida por delante, para entrar en el mundo de lo condicional: “… si vivo”. Esto me suponía una limitación muy grande para mirar mi vida con un poco de alegría. La tentación de rebeldía era una constante en aquellos primeros meses ante el hecho de mi enfermedad: ¿Por qué tenía que ser yo, a los 41 años…? (Javier, cáncer, Bilbao).

¿Has estado alguna vez enfermo? ¿Qué sentías?
Cuando has visto a algún familiar enfermo, ¿qué hiciste?
Escribe cinco clases de enfermedad que tú conozcas. Cuenta también con los discapacitados.

2.- Mensaje cristiano:

            Jesús estuvo siempre cerca de los enfermos. En los evangelios tenemos muchos ejemplos. Escribe tres de ellos:

            Y mandó a sus amigos que cuidaran de los enfermos. Y tanto lo pidió, que dijo que al final de nuestras vidas nos va a preguntar cómo fue nuestro comportamiento con ellos:

“Entonces dirá el rey a los de su derecha: Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y de disteis de comer, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme” (Mt 25, 34-36).

Subraya la frase principal de este texto.

Coloreamos estas tres curaciones de Jesús: El Señor dio habla a mudos, curó a paralíticos y resucitó a muertos.

Aprendemos la Fórmula de fe 68 (pág. 147): La Unción de enfermos es el Sacramento que nos fortalece en la enfermedad y ayuda a los que están en peligro de muerte, uniendo su sufrimiento al sufrimiento de Cristo.
            Y copiamos el dibujo de la pág. 81 del Catecismo, sobre la Unción de enfermos.

3. Actuamos:
            Siempre hubo cristianos preocupados por los enfermos, por ejemplo San Juan de Dios en Granada, el Padre Damián con los leprosos, la Madre Teresa de Calcuta con los enfermos más pobres de la India….
            En tu parroquia hay también personas que se dedican a estar cerca de los enfermos: • Les visitan y acompañan para darles esperanza y consuelo. • Les acercan los sacramentos del Perdón, la Unción y la Eucaristía. • Y también les acercan al templo para celebrar el “Día del Enfermo”.
            Los enfermos son también ancianos cargados de muchos años y de muchos achaques.
            ¿Qué podemos hacer nosotros por los enfermos?

            Leemos y comentamos el Decálogo de la visita al enfermo:
1. Para visitarlo, busca las horas más oportunas para el enfermo.
2. Actúa con naturalidad y sencillez.
3. Hay que dejarle que hable de su enfermedad y de sus dolores, mostrando interés por sus palabras.
4. No le canses con tu charla.
5. Hay que hablarle de la vida normal para que no se aísle.
6. No hay que decirle mentiras sobre su enfermedad, ni contarle toda la verdad, solo la que él pueda aceptar.
7. Hay que saberlo escuchar atentamente.
8. La cama es propiedad del enfermo. No se le debe invadir.
9. Lo que se habla en la habitación del enfermo es secreto. No valen los comentarios fuera.
10. Si el enfermo es creyente, hay que hablarle también de la fe en Cristo.

4. Oración por los enfermos:

Señor, te encomendamos
los enfermos de nuestra Parroquia.
Acompáñales en su camino.
Acoge sus quejas.
Mitiga sus dolores,
su angustia y su cansancio.
Dales aliento en su lucha,
y  fuerza  en su prueba.
Reanima su esperanza.
Sana sus heridas.
Hazles sentirse queridos.
Alegra sus corazones.
Llena sus vidas de amor y de sentido.
Dales tu paz y tu salvación.
Que no pierdan la esperanza
en el Padre Dios. Amén.

Oración por los que ayudan a los enfermos:

 Dios Padre nuestro.
Tú eres la fuente de la fuerza y de la esperanza.
Bendice a los que has escogido
para dar tu gracia a los enfermos.
Que donde haya peligro, mantengan la vida;
donde haya debilidad y dolor,
ofrezcan fortaleza y alivio;    
donde haya ansiedad y miedo,
ofrezcan aliento y ayuda.
Concede a cada uno de ellos, Señor,
un amor sensible
capaz de descubrir el tesoro que lleva dentro
todo enfermo.
Concédeles disponibilidad,
y que no sucumban al cansancio. AMÉN.