miércoles, 7 de agosto de 2013

Disposición para mejorar la religiosidad según NANDA-NOC-NIC

Este es otro esquema de los diagnósticos de enfermería:

Deterioro de la religiosidad según NANDA-NOC-NIC

En este esquema están los resultado e intervenciones para el 'Deterioro de la religiosidad':

Sufrimiento moral según NANDA-NOC-NIC

Otro de los diagnósticos de enfermería es el 'sufrimiento moral', aquí os dejo un esquema sobre el mismo:

Disposición para mejorar el bienestar espiritual según NANDA-NOC-NIC

Esquema sobre la 'Disposición para mejorar el bienestar espiritual' utilizando como herramienta  de trabajo el lenguaje NANDA NOC NIC.

Disposición para mejorar la esperanza según NANDA-NOC-NIC

Aquí os dejo un esquema sobre la 'Disposición para mejorar la esperanza' utilizando el lenguaje NANDA NOC NIC. Muy útil desde los cuidados de enfermería y para poder trabajar en equipo.

viernes, 2 de agosto de 2013

Hospitalidad

¡¡¡Parece mentira, esta es la entrada número 200 de este blog!!! Y puesto que lo que intento es poder realizar una labor evangelizadora desde la Hospitalidad, voy a tratar precisamente sobre ello en esta entrada, dando unas pinceladas sobre la hospitalidad en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios:

Podemos decir que el hombre, desde siempre, ha sido hospitalario, empleando cuidados cuando le ha tocado acompañar a un enfermo, ayudándole, consolándole, acompañándole en el tránsito de la vida a la muerte.

Los conceptos que se han trabajado a lo largo de la historia sobre la hospitalidad son variados, así por ejemplo, desde los griegos donde «la hospitalidad era un deber difundido dentro del mundo griego»[1] hasta nuestros días, en los que podríamos decir que realmente no sabemos dónde empieza y dónde termina el concepto de hospitalidad, ya que en ella podemos englobar acogida, amparo, cobijo, protección, recibimiento, alojamiento, asilo, solidaridad, compasión… o como considera actualmente la Orden Hospitalaria de san Juan de Dios, «la hospitalidad se expresa y se concreta en los cuatro valores guía, es decir calidad, respeto, responsabilidad y espiritualidad»[2]; por tanto, observamos una heterogeneidad de matices.

Si nos situamos en la actual definición que sobre hospitalidad encontramos en la Real Academia Española (RAE)[3], esta tiene tres acepciones:

1.      Virtud que se ejercita con peregrinos, menesterosos y desvalidos, recogiéndolos y prestándoles la debida asistencia en sus necesidades.
2.      Buena acogida y recibimiento que se hace a los extranjeros o visitantes.
3.      Estancia de los enfermos en el hospital.

Con lo que comprobamos que en el trasfondo del término, con todas sus connotaciones, siempre hay algo común, que es una relación de apertura al otro, en la Grecia antigua desde un deber, en la actualidad como una tarea o función de una entidad, pero parece que siempre se da lo que Levinas ha venido a llamar un «ser para los demás»[4].

La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios intenta seguir dando respuesta a las necesidades del hombre que sufre, toda la documentación salida de los superiores van en esta línea, señalar ante todo a los Padres Marchesi, Brian O´Donnel, Pascual Piles que escriben en esta perspectiva, han sido muy ricos los escritos que estimulan a renovar la espiritualidad hospitalaria siendo fieles a los principios y a la persona del enfermo y/o necesitado.

De hecho en las Declaraciones del LXIII Capítulo General[5] se pone de manifiesto que la nueva hospitalidad es, ante todo, un movimiento que mira a la Orden misma, a su más íntima identidad. Es, en primer lugar, la afirmación de la primacía de la evangelización sobre  las otras tareas de la Orden. No es un "nuevo carisma" ni su adaptación a los valores de nuestra sociedad; la novedad no está en el contenido del carisma, que permanece invariable. Consiste en vivir y manifestar hoy el don que hemos heredado de Juan de Dios con un lenguaje nuevo, unos gestos y métodos de apostolado, que respondan a las necesidades y expectativas del hombre y de la mujer que sufren a causa de la enfermedad, edad, marginación, minusvalías, pobreza y soledad.

En resumen, la hospitalidad en la Orden la encontramos en  las constituciones: «Somos acogedores con las personas que llegan a nuestras casas y las recibimos con bondad y sencillez, practicando la hospitalidad»[6], siempre en el intento de hacer el bien, ya que «si hacemos el mal o intencionadamente buscamos actuar con maldad, este mal nos hará sin duda peores»[7].





[1] Beltrami M., Ocio y viajes en la historia: antigüedad y medioevo, Edición electrónica gratuita, 2010, Texto completo en www.eumed.net/libros/2010a/646/ 
[2] http://www.oh-fbf.it/Objects/Pagina.asp?ID=3798
[3] http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=HOSPITALIDAD
[4] Levinas E., Totalidad e infinito, Sígueme, Salamanca 2002, pp. 121ss.
[5] Cf. LXIII CAPÍTULO GENERAL, La Nueva Evangelización y la Hospitalidad en los umbrales del tercer milenio, Bogotá, 1994.
[6] Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, Constituciones, Madrid 1984, 39.
[7] Cf. Keenan J. F., Virtudes de un cristiano, Mensajero, Bilbao 1999, p. 27.

Mama Carolina

¡Cómo la recuerdo! Estaba en la habitación 504 de mi querido hospital. Era de muy buena familia, una santa. Viuda y todo sacó adelante a sus cuatro hijos varones como cuatro soles. Mas el amor entre los hermanos falleció con la muerte de su padre. Y todo por culpa del maldito dinero. La herencia paterna abrió un abismo entre ellos.

A la madre, la señora Carolina, nadie se lo dijo pero ella sabía que era llegada su hora y no quería partir de este mundo dejando un infierno en casa. Pero había que esperar la "última hora" para la reconciliación familiar.

Cuando el médico me dice "Edelmiro, avisa a los hijos, que esto se acaba", llamo primero a un hijo, luego a otro y a otro. Y cuando Dios me lo dio a entender los reúno a todos y les digo; "Mamá se nos va y lleva una pena muy honda en su alma; de vosotros depende el quitarla. Vamos, entrad". Y entraron, mejor dicho, entramos. Dos hijos a cada lado y yo a los pies de la cama. Ella, ya no pudo hablar pero, juntando las manos, hizo un gesto de reconciliación. ¡Qué bien la entendieron! El hijo mayor tira de su cartera y reparte un fajo de billetes para luego fundirse en un abrazo de hermanos en torno a la cama de la madre. Y lloramos, ¡claro que lloramos! La madre cerró sus ojos dibujando en su rostro una sonrisa de paz. Se fue aquella misma tarde.

Era a finales de diciembre; la recuerdo como mi mejor Navidad. Mamá Carolina había hecho el milagro: el amor nacía otra vez en la tierra. ¡Gloria a Dios y Paz a los hombres...!

Luego dimos sepultura a su cuerpo en el Campo santo y su alma voló al cielo donde le esperaba Dios con otro abrazo. ¡Misión cumplida!

A los pocos días me llaman para celebrar la fiesta del retorno de los hijos pródigos a la casa materna... Ya sentados a la mesa les digo: “Chicos: sois formidables. ¡Enhorabuena! Cuando le llevaba la Sagrada Comunión a vuestra madre intuía una honda pena en su alma, la pena de no veros hermanados. Ahora que estáis reconciliados brindemos como hermanos.”

Alzamos la copa y brindamos. Saltaron de nuevo las lágrimas y sonaron los abrazos en aquella comida de fiesta y hermandad. Lágrimas de pena por la madre que se fue, y lágrimas de alegría por los hijos que retornan a casa.

Muchas veces había meditado la parábola de hijo pródigo pero nunca la había visto así de encarnada. Se encendió una luz en mi alma y comprendí como nunca el Sacramento de la Reconciliación.

Edelmiro Ulloa
Vivencias y actividades de un capellán

Lugo 2013


Acompáñeme hasta la frontera

Después de tanto tiempo ingresado en nuestro hospital Manuel ya era de casa. Cuán cierto es que "Un hermano puede no ser un amigo pero un amigo siempre es un hermano': y con el amigo Manuel todos nos sentíamos hermanados por el cariño que le teníamos y por carecer de familia de sangre. Él sabía que nunca le faltaba la visita diaria del capellán. No sé si por su carácter o por la enfermedad, nuestro amigo y hermano Manuel era reservado, de pocas palabras, y éstas, superficiales. Por eso me sorprendió aquella mañana cuando me dijo:

- Tiene prisa, padre?
- Ninguna, todo mi tiempo es tuyo.
- Pues siéntese aquí... Voy emprender un viaje. Le quiero a mi lado.

Manuel hacía tiempo que estaba sentenciado a muerte por una enfermedad que cada día le iba dejando más chupadito. Pronto percibo que el enfermo es consciente de su situación terminal. Acerco la silla a su cama y le digo:

- Qué, ¿te vas a tu tierra?
- No, más lejos. Y le quiero pedir un favor.
- ¿Qué quieres, Manuel? ¿Por qué quieres que te acompañe hasta la frontera?
- Porque al otro lado ya sé quién me espera.
- ¿Y quién te espera, Manuel?
- El Cristo del Cachorro y la Macarena (era de Sevilla).

Se hizo silencio y añado:

– Manuel, yo no sé quién de los dos cruzaremos primero esa frontera, pero si eres tú te doy mi palabra de estar a tu lado.

Luego me quedé sin palabras.

Aquel día no me moví de su lado toda la mañana pues presentía que mi presencia era sacramental. Quizás lo único que necesitaba y, ciertamente, lo que único que me pedía.

Recuerdo que una Auxiliar de Enfermería me trajo algo de comer y, a eso de las 18hs, tras un leve suspiro, se acercó hasta la frontera. Quise hacer uso del Ritual Sacramental pero se me cayó de las manos. De nuevo, aprieto fuerte sus manos entre las mías y rezo:

- "Cristo bendito del Cachorro, Virgen de la Macarena, ahí os va Manuel... lo dejo en vuestras manos”

Esto ocurría en la segunda planta del hospital. Instintivamente bajo a la capilla situada un piso más abajo pero allí me sentía como fuera de sitio. Donde el Señor me quería no era allí sino al lado de Manuel, en la habitación 217, un lugar sagrado. En aquel momento me parecía estar en el Calvario y que Cristo acababa de morir en mis brazos. Si la envidia es pecado, que Dios me perdone pero la fe de Manuel, en el momento de su muerte, me resultaba santamente envidiable.

Durante mis 30 años de capellán en el hospital he visto morir mucha gente pero a muy pocas con tanta paz y con una fe tan profunda.



Edelmiro Ulloa, 
Vivencias y actividades de un capellán, 
Lugo 2013

jueves, 1 de agosto de 2013

TESTIMONIO DE FE DE UNA EXTOXICÓMANA


Para re-descubrir que la Fe es un encuentro personal, que da sentido a nuestra vida y nos transforma tenemos el testimonio de fe de una chica que tuvo problemas con las drogas que le llevó a tocar suelo a ir a la cárcel y allí entre otras cosas recuperar la fe:

«La cura de desintoxicación hizo que pudiera verme a mí misma, y horrorizarme de lo que veía. Entonces fui consciente de que no había sido aquel hombre el que me había llevado a esa situación. Ni el ambiente de la universidad, ni las amistades que había frecuentado. Era mucho más sencillo y por eso más complejo de detectar: yo misma había provocado esta situación, huyendo de Dios como Jonás, y me veía tragada por la ballena de la desesperación y el fracaso. Dios llevaba años buscándome y yo había echado a correr en sentido contrario. Pero era un amante celoso que no pensaba abandonar a su amor. Esa situación límite –tocar fondo con la droga, la cárcel, tomar plena conciencia de la degradación que había supuesto mi alejamiento de Dios- fue la experiencia decisiva que me hizo levantarme y retomar el camino de vuelta hacia el Padre. Sentí en mi carne la realidad del pecado: rechazo del Amor, daño a mí misma y a los demás. Me vi abocada a un callejón sin salida, en las garras del más absurdo sinsentido. Así se despertó en mi corazón una imperiosa necesidad de reconciliarme con Dios, que me llevó a un armisticio conmigo misma y con los demás. Necesitaba ser purificada, restaurada, sanada, perdonada. Dios me ofrecía una liberación total, una vuelta del destierro al que me había llevado mi orgullo. Fue una de las experiencias más bellas de mi vida: me sentí inundada por la misericordia de un Dios compañero que me acogía de nuevo con amor y llenaba mi corazón de una inmensa paz. Necesité el desierto para escuchar el potente grito de un Dios enamorado de mí. Mi estancia en prisión fue una etapa clave en mi maduración humana y espiritual, un tiempo que viví con mucho dolor por la dureza que suponía pero con gran aceptación y serenidad interior. En ningún momento sentí rebeldía, sólo impotencia y miedo. Aproveché ese tiempo para reflexionar sobre mi situación existencial y replantearme mi vida de cara al futuro. La prisión fue para mí una verdadera escuela de vida. Allí entré en contacto con el mundo de la marginación y la delincuencia, desconocido hasta entonces para mí. Aprendí a ser más humana, a conocer más de cerca la dureza de la vida, a compartir el sufrimiento de mis hermanas reclusas poniéndome en su lugar y tratando de comprender su situación, a no escandalizarme de sus pecados, a no juzgar precipitadamente, pues la experiencia me decía que todos, en unas circunstancias concretas, somos capaces de cualquier cosa. Aprendí a ser más tolerante, más compasiva, a mirar con ojos de misericordia a tantas víctimas de un sistema injusto que excluye a los débiles y margina a los pequeños. Aprendí a llorar con las que lloran y a gozarme con sus alegrías, a escuchar, a aliviar heridas, y acoger vidas rotas. Aprendí, en definitiva, a identificarme un poco más con aquel Jesús al que había rechazado.»


CAMINO DE EMAÚS


Agradecemos a nuestro compañero Iñaki, él tiene dos citas que le gustan "TODO LO QUE NO SE DA PIERDE". "GRATIS HABÉIS RECIBIDO, DADLO GRATIS", y por eso comparte con nosotros estas reflexiones:

Vamos a ir comentando este texto, fijándonos en la gran descripción que hace del estado anímico de los personajes y como se transforman durante el encuentro con Jesús:

“Aquel mismo día, dos de los discípulos se dirigían a una aldea llamada Emaús, que dista de Jerusalén unos once kilómetros. Iban hablando de todo lo sucedido. Mientras hablaban y discutían, Jesús mismo se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos estaban ofuscados y no eran capaces de reconocerlo.

Nos encontramos con dos discípulos que abandonan Jerusalén después de la  crucifixión de Jesús. Son dos personas desesperanzadas, hundidas, en plena crisis de vida y fe. Van discutiendo. Jesús se acerca pero tienen los ojos (la vista y el corazón) nublados, no pueden reconocerle, pero vemos que Jesús sale a su encuentro y al nuestro en la vida.

“Él les dijo: -¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?”

Jesús les pregunta y nos pregunta delicadamente qué nos pasa.

“Ellos se detuvieron entristecidos, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: -¿Eres tú el único en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días?”

Vuelven a decirnos que lo dos discípulos (y nosotros a veces) nos encontramos entristecidos y deprimidos. Uno que se llama Cleofás (cada uno puede poner aquí su nombre) suavemente le dice a Jesús: ¿Pero tú no te has enterado de nada? En nuestros días diríamos: ¿Es que no has leído el periódico, oído la radio, visto la tele o conectado a Internet?.

“Él les preguntó: -¿Qué ha pasado?”

Jesús tranquilamente les y nos dice: pues contármelo vosotros, ponerme al cabo de la situación.

“Ellos contestaron: -Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo. ¿No sabes que los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran y crucificaron? Nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel. Y sin embargo, ya hace tres días que ocurrió esto. Bien es verdad que algunas de nuestras mujeres nos han sobresaltado, porque fueron temprano al sepulcro y no encontraron el cuerpo. Hablaban incluso de que se les habían aparecido unos ángeles que decían que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y lo hallaron todo como las mujeres decían, pero a él no le vieron.”

Aquí ellos y nosotros muestran y mostramos el punto central del asunto. Es verdad que seguir a Jesús está muy bien, hizo grandes signos y nosotros pensábamos que iba a cambiar esta situación pero no, toda ha acabado en fracaso, en frustración y en sin sentido. Es cierto que ha habido algunos signos extraños pero nuestro corazón sigue dolorido.

“Entonces Jesús les dijo: -¡Qué torpes sois para comprender, y que cerrados estáis para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era preciso que el Mesías sufriera todo esto para entrar en su gloria? Y empezando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que decían de él las escrituras”.

Jesús les dice y nos dice el punto central de este encuentro ¿no sabéis que el plan de Dios pasa por el silencio, el fracaso y la debilidad? ¿Acaso las escrituras no muestran que el camino de la fe no es una autopista sino un sendero que sube a la montaña y lleno de obstáculos? Y Jesús por distintos medios (acontecimientos, personas, lecturas...etc) comparte con nosotros su mensaje.

“Al llegar a la aldea adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron diciendo: -Quédate con nosotros, porque es tarde y está anocheciendo. Y entró para quedarse con ellos.”

Jesús le da y nos da libertad para expresar cómo nos sentimos. Ellos y nosotros nos sentimos a gusto con Jesús y nos atrevemos a pedirle que se quede con nosotros y él lo hace.

“Cuando estaba sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero Jesús desapareció de su lado.”

Jesús hace gestos para que entendamos que es él. Aquí se vuelve a compartir delante de ellos y de nosotros y es entonces cuando podemos reconocerle.

“Y se dijeron uno a otro: -¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? En aquel mismo instante se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once y a todos los demás, que les dijeron: -Es verdad, el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón. Y ellos contaban lo que les había ocurrido cuando iban de camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.”

A los dos discípulos de Emaús y a nosotros nos cambia la vida y la mirada. Cómo nos indica la pintura que tenemos en la entrada de San José II: “LA MIRADA SIEMPRE HABLA DEL CORAZÓN”. Ahora podemos volver a  Jerusalén y a cualquier lugar y compartir nuestras experiencias y enriquecernos mutuamente.

Iñaki Mardones Aja


miércoles, 31 de julio de 2013

Religión, espiritualidad y ética para tiempos de incertidumbre


Explorar laslibro dimensiones de la espiritualidad, la religión y la ética en tiempos de incertidumbre puede parecer una osadía, una provocación o un sinsentido. sin embargo, en tiempos recios, cuando más expuesta aparece la fragilidad humana y social, hay que intentarlo. los autores que colaboran en esta obra tratan de bucear en las oportunidades y desafíos que plantea un tema transversal en estos momentos. No pretenden resolver todas las cuestiones que se entrelazan en este escenario de crisis, pero no renuncian a plantear aquellas que no están en las primeras páginas de los diarios o en los titulares de los informativos.
Tras la presentación de Francisco José Alarcos Martínez, el libro está dividido en cinco capítulos, escrito cada uno por diferentes autores:
  1. Religión y ética ante la incertidumbre, por Francisco José Alarcos Martínez
  2. ¿Qué se entiende por “espiritualidad”?, por José Serafín Béjar Bacas
  3. El cultivo de la inteligencia espiritual, por Francesc Torralba Roselló
  4. Las respuestas de las religiones ante el sufrimiento, por José Luis Sánchez Nogales
  5. Conflictos morales y creencias religiosas, por Eduardo López Azpitarte
Espero que os guste.

lunes, 29 de julio de 2013

Oración del buen samaritano

Señor, no quiero pasar de lejos
ante el hombre herido en el camino de la vida.
Quiero acercarme
y contagiarme de tu compasión
para expresar tu ternura,
para ofrecer el aceite que cura heridas,
el vino que recrea y enamora.

Tú, Jesús, buen samaritano,
acércate a mí,
como hiciste siempre.

Ven a mí para introducirme en la posada de tu corazón.
acércate a mí,
herido por las flechas de la vida,
por el dolor de tantos hermanos,
por los misiles de la guerra,
por la violencia de los poderosos.

Sí, acércate a mí,
buen samaritano;
llévame en tus hombros, pues soy oveja perdida;
carga con todas mis caídas,
ayúdame en todas mis tribulaciones,
hazte presente en todas mis horas bajas.

Ven, buen samaritano,
y hazme a mí tener tus mismos sentimientos,
para no dar nunca ningún rodeo
ante el hermano que sufre,
sino hacerme compañero de sus caminos,
amigo de tus soledades,
cercano a tus dolencias,
para ser, como Tú, "ilimitadamente bueno"
y pasar por el mundo "haciendo el bien"
y "curando las dolencias"
Amén.

sábado, 27 de julio de 2013

Responsabilidad en Pastoral de la salud

 
responsabilidad-compartida
Antes de empezar resumiría esto en que actuar con responsabilidad es procurar hacer el bien a los demás, sobre todo en los contextos más vulnerables; y… ¿quiénes son los más vulnerables? 

He aprendido, mejor dicho voy aprendiendo, (y me queda mucho por aprender), que hablar de responsabilidad no es quedarnos en las reflexiones teóricas que nos indican lo que debemos hacer, sino llegar al corazón, y hablar desde el sentimiento, desde lo que nos toca por dentro (desde la práctica directa): creo que es aquí donde, desde la pastoral, se hace hincapié en trabajar nuestra “humanidad”, desde el corazón, desde el amor, desde la ternura...

Cuando pensaba cómo compartir mi reflexión empecé a escribir sobre mi misión como agente de pastoral, pero, no puedo hablar de responsabilidad si sólo hablo de mi papel de agente de pastoral y mi relación con otras disciplinas, tengo que hablar de ‘pastoral de la salud’, y allí integrarme, porque, desde mi punto de vista, ser agente de pastoral es una misión eclesial, y como tal no es individual.

Sí puedo decir, que la presencia responsable de la pastoral de la salud en el mundo del dolor no se queda sólo en el acompañamiento, no se trata sólo de «ser para los demás», sino que está abierta también a una lucha profética en contra de las injusticias sanitarias, a dar importancia en la clínica al papel de los sentimientos, a aportar los dones del espíritu como herramienta de deliberación en el análisis de los problemas morales de la medicina.

Desde la Pastoral de la salud lo que se pretende es responder a cómo reivindicar la importancia al ‘tú’ al igual que nos lo encontramos en los textos bíblicos; se trata de ayudar a dar sentido a la vida, en definitiva lo que intentamos en nuestro servicio para que sea responsable es, por llamarlo de alguna forma, buscar la moral del encuentro.
Hablar de responsabilidad tiene sentido si desde el encuentro, desde la comunión entre todos los seres humanos, vivimos desde: una existencia proyectada fuera de nosotros para ofrecer a la persona vulnerable esa cercanía afectuosa, esa ayuda concreta y todos esos servicios cotidianos de los que tiene necesidad, en una misión acompañada de la caridad, logrando una humanidad en la que reinen la verdad, la justicia, la libertad y el amor, pilares fundamentales e insustituibles de una verdadera convivencia.

A través del encuentro y de la comunión entre los hermanos que sufren (creyentes y/o no creyentes) se transforma nuestra sociedad, es cuando podemos hablar de responsabilidad, porque remueve los corazones de los hombres y mujeres que desde el servicio (diakonía) quieren llegar a toda la humanidad para paliar el sufrimiento, para ‘curar y cuidar’ al enfermo, en una apuesta por la vida, incluso el final de la vida, para que ésta se viva en plenitud.

Creo que esto es el fundamento de la responsabilidad y en esto debe consistir nuestra entrega al necesitado: acoger, cuidar, mimar y comprometernos con el hombre. La responsabilidad implica la hospitalidad y la acogida a quien lo necesite.

Con todo lo dicho, mi forma personal de entender la responsabilidad, es ‘responder al amor de quien nos amó primero’.

Norka C. Risso Espinoza

 
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Los amigos curan

Queridos lectores, nuestro compañero José Alfonso Magaña Pérez me ha enviado esta presentación para que la comparta con todos vosotros, espero que os guste:


sábado, 22 de junio de 2013

viernes, 21 de junio de 2013

Los gestos de la escucha activa

Ocho minutos interesantes en los que Teresa Baró nos comenta algunos gestos de la escucha activa... pues, ¡a escuchar más y a hablar menos! 


domingo, 9 de junio de 2013

Máscaras

Me he encontrado en esta web http://www.el-adolescente.com/ varios cuentos interesantes, sobre todo para jóvenes; uno de ellos está relacionado con la hipocresía, yo lo enfocaría más con las inseguridades, el caso es que como reflexión final tiene lo siguiente (ver imagen), que lo comparto con vosotros porque creo está muy relacionado con nuestros momentos de bajón, que también se dan cuando estamos enfermos o estamos sufriendo e intentamos disimular de muchas maneras hasta engañándonos a nosotros mismos, y al final caemos en la cuenta que eso nos perjudica más que nos alivia:
engaño

domingo, 5 de mayo de 2013

Aborto


En el lenguaje corriente, el aborto es la interrupción y finalización prematura del embarazo; pero... también es algo más:
 

Por favor, pide ayuda antes de tomar una decisión…

sábado, 4 de mayo de 2013

Pascua del Enfermo 2013: liturgia y mensaje de los Obispos



Liturgia Pascua del Enfermo
VI Domingo de Pascua , 5 de Mayo de 2013

 EL BUEN SAMARITANO
“Anda y haz tú lo mismo” (Lc 10, 37)





Mensaje de los Obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral
Pascua del Enfermo, 5 de Mayo de 2013

EL BUEN SAMARITANO
“Anda y haz tú lo mismo” (Lc 10, 37)


1.      La Pascua es un tiempo de vida y esperanza para celebrar con gozo el triunfo de Cristo sobre el mal y la muerte. Es la respuesta definitiva a las preguntas que han angustiado a la humanidad desde sus orígenes. En estos días de celebración y fiesta la Pascua del Enfermo en la Iglesia española constituye una excelente oportunidad para evocar algunas claves de referencia cristiana ante el sufrimiento humano, vivido en términos de acompañamiento o en términos de experiencia propia del mismo. Jesús ilumina ambas situaciones con su vida, su praxis y su palabra. Él constituye siempre nuestro referente ético y pastoral para hacer bien al que sufre y hacer bien con el propio sufrimiento.
2.      La mirada a la parábola del Buen Samaritano realizada en la campaña de este año, constituye un regalo saludable para enfermos, personas con discapacidad, personas mayores necesitadas de cuidados, agentes de pastoral –presbíteros, religiosos, seglares-… Las parábolas tienen el poder de sorprendernos y dibujarnos un camino seguro para construir un mundo que sea más de Dios, más humanizado. El Buen Samaritano evoca la urgencia de la compasión ante el sufrimiento ajeno. En nuestros días se está rescatando la importancia de esta actitud genuinamente humana y humanizadora. El corazón del ser humano se mide por su capacidad para aliviar el sufrimiento, propio y ajeno. No podríamos hacer una justa lectura de la historia sin el lenguaje de la compasión.
3.      La compasión, lejos de ser un mero sentimiento superficial de lástima, comporta la comprensión de la totalidad de la persona necesitada y desencadena inevitablemente un deseo que se traduce en verdadero compromiso por aliviar o reducir su sufrimiento. Pablo de Tarso invitaba a “reír con los que ríen y llorar con los que lloran” (Rm, 15, 12), reforzando así la idea de compartir las vicisitudes solidariamente.
4.      El encuentro compasivo al que la parábola nos invita (“Anda y haz tú lo mismo” Lc 10, 37) será tal, cuando esté caracterizado por esa gratuidad propia de quien siente que no hay nada que ofrecer a cambio de quien se muestra compasivo. Tiene la característica de la eficaz proximidad traducida en comportamientos sanantes de tocar, ver, acercarse, dejarse afectar, comprometer la propia energía liberadora ante el sufrimiento. Y el encuentro compasivo tiene siempre una nota de hondura que permite asomarse al abismo esencial de lo que es el otro, descubriendo una forma de servicio efectivo.
5.      El cristianismo, y especialmente San Agustín, habla de compasión como misericordia y amor al prójimo, que viene del amor a Dios. En la tradición bíblica, compadecerse se expresa como un estremecimiento de las entrañas que comporta la misericordia y tiene diferentes momentos: ver, es decir, entrar en contacto con alguna realidad de sufrimiento mediante los sentidos; estremecerse, es decir, el impulso interior o movimiento íntimo de las entrañas; y actuar, es decir, que no es un impulso infecundo, sino que mueve a la acción. Se trata, pues de una voluntad de “volver del revés el cuenco del corazón” y derramarse compasivamente sobre el sufrimiento ajeno sentido en uno mismo. Agustín de Hipona a la misericordia la llamó “el lustre del alma” que la enriquece y la hace aparecer buena y hermosa.
6.      La genuina compasión compromete a trabajar por eliminar, evitar, aliviar, reducir o minimizar el sufrimiento. Nada más cristiano que esto. La compasión no admite indiferencia o impasibilidad ante el sufrimiento. El sufrimiento del otro me incumbe a mi, me afecta, me hace sentir incómodo, me hace “sentir con”, asumir el sufrimiento del otro como propio. Al lado del misterio del sufrimiento hay que colocar el misterio de la compasión y, abiertos al lenguaje de la sensibilidad, crear una atmosfera que se extiende y hace real en la vida comunitaria. No se trata de un individuo hospitalario, sino de una comunidad que en sus entrañas vive la compasión.
7.      La acción pastoral en el mundo del sufrimiento humano ha de estar impregnada de esta genuina compasión con la inteligencia compasiva y solidaria del corazón. El acompañamiento compasivo y solidario, se realiza como sabiduría, deliberación y narración, y reconoce que hay un lugar privilegiado para acceder a la vulnerabilidad ajena, a los empobrecidos.
8.      “Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana” (Spe Salvi 38). Se subraya así el potencial humanizador de la compasión ante el sufrimiento humano que se encarna, entre otras formas en la empatía que ha de caracterizar todo acompañamiento en el sufrir, con la ternura a la que nos ha invitado el Papa Francisco en sus primeras intervenciones.
9.      La hospitalidad compasiva es esa forma particular de dar respuesta comprensiva y acogedora a quien se revela necesitado. La empatía y la compasión, reclaman la acogida del mundo del otro. Y acoger es un arte que también se traduce en la liturgia del encuentro con el que sufre. Los mensajes serán así percibidos de manera clara: “eres bienvenido a mi corazón”. “Este es el consuelo que ofrezco en mi acompañamiento pastoral: mi persona hospitalaria”. Al ejercer la hospitalidad compasiva, se invita al otro extraño a formar parte del propio mundo. La carta a los hebreos, considerándola fundamental, la reclama con esta sentencia: “No olvidéis la hospitalidad” (Heb 13,2). La acogida de la hospitalidad exige que uno esté atento incesantemente a la meteorología del corazón del otro, a lo que siente y vive. La experiencia de sentirse o no acogido está relacionada con diferentes variables y sentidos. Hay una acogida espacial, una acomodación al universo del lenguaje, una acogida en la intimidad del corazón…
10.  No habrá palabra oportuna y hospitalaria en el acompañamiento pastoral, si no está profundamente arraigada en la gran clave de la hospitalidad, que es la escucha activa en la que se encarna el comportamiento compasivo y la empatía. Sentirse escuchado, comprendido en el mundo de los sentimientos, ser captado en el voltaje emocional y espiritual con que uno vive, ser visto con el ojo del espíritu, son frutos de la hospitalidad compasiva. Entre el anfitrión y el huésped, el juego de miradas revelará la calidad del contacto que estamos dispuestos a tener, la calidad de la comunicación que pretendemos desplegar en la acogida. Sentirse acogido en el corazón tiene que ver con esa experiencia de confort emocional y espiritual que uno hace cuando experimenta que lo más íntimo es también observado, contemplado, no juzgado y entrañablemente cuidado por el que acoge.
11.  Es en este contexto de hospitalidad compasiva en el que se entiende la expresión evangélica “no tengáis miedo” (Mt 10,28), que lejos de ser una exhortación a no experimentar un sentimiento, es una cualidad de la acogida: quien acoge de verdad, inspira confianza, no miedo. Esta hospitalidad compasiva para con el sufrimiento ajeno se refiere tanto al sufrimiento evitable como al inevitable. En efecto, la capacidad de silencio, de asombro y admiración, de contemplar y de discernir, de profundidad, de trascender, de conciencia de lo sagrado y de comportamientos virtuosos como el perdón, la gratitud, la humildad o la compasión son elementos propios de lo que entendemos por inteligencia y competencia espiritual, necesarias para la formación del corazón de los agentes de pastoral y profesionales de la salud (Deus Caritas Est 31).
12.  Mirando a la parábola del Buen Samaritano, descubrimos también al personaje del herido que se deja curar y cuidar por un extraño del que, en principio, no cabe esperar nada bueno. Una genuina provocación del Señor que nos puede permitir preguntarnos a todos por nuestras propias vulnerabilidades y nuestra disposición a dejarnos querer, cuidar y ayudar, estemos enfermos o suframos de cualquier forma, porque todos somos a la vez heridos y agentes de pastoral, sanadores heridos, en el fondo.
13.  Nos unimos en la oración a quienes se encuentran en el duro trance de la enfermedad, la dependencia, la discapacidad, la violencia o cualquier forma de sufrimiento. Miramos a María, Salud de los enfermos y consuelo de los afligidos y, viéndola junto a la cruz, hacemos una llamada a la solidaridad afectiva y efectiva ante el sufrimiento ajeno para que la compasión sea piedra angular de la evangelización.

  

Los Obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral

Sebastià Taltavull Anglada, Obispo Auxiliar de Barcelona
Rafael Palmero Ramos, Obispo emérito de Orihuela-Alicante
Francesc Pardo Artigas, Obispo de Girona
José Manuel Lorca Planes, Obispo de Cartagena-Murcia
José Vilaplana Blasco, Obispo de Huelva


viernes, 3 de mayo de 2013

Escuela de Pacientes



Conoce material audiovisual que puede servir de ayuda a familiares y pacientes que se enfrentan a una situación de cuidados paliativos. Escuela de Pacientes · Videos

sábado, 27 de abril de 2013

Material Pastoral Bioética Paliativos

 

Amigos:

He añadido en Dropbox este material, podéis acceder a más títulos relacionados con Pastoral, Bioética y Paliativos en https://www.dropbox.com/sh/de3g28xa9ygwusx/C2rUPaItk1, o pinchando en la imagen de Dropbox que encontraréis en el lateral derecho de este blog.

varios

Los títulos son:

Espero que sea de vuestro interés, ya me iréis contando.

sábado, 20 de abril de 2013

La pastoral de la salud. Sanación global

 

Sal Terrae ha publicado recientemente el libro de Arnaldo Pangrazzi: ‘La pastoral de la salud. Sanación global’; este libro, de carácter pastoral, intenta ofrecer prospectivas o ventanas desde las cuales comprender y relacionarse con el complejo mundo de la salud y la enfermedad.

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El objetivo de este libro es  orecer un marco de referencia general para comprender el significado y el valor de las pastoral de la salud como un componente esencial del testimonio de la Iglesia, tras las huellas de Jesús, médico del cuerpo y del alma.

Los capítulos introductorios enmarcan la pastoral de la salud dentro de la dimensión bíblica, teológica e histórica de la misión de la Iglesia. Se presta atención especial a los sacerdotes como agentes primarios en la sensibilización de la comunidad en el cuidado de los enfermos; su acción será mucho más eficaz si actúan no solo inspirados por el principio de buena voluntad, sino también dispuestos a comprometerse en un camino de formación (a nivel humano, espiritual, pastoral) para servir mejor a quien sufre.

Un enfoque específico del libro consiste en subrayar que la pastoral de la salud no está destinada solo a los enfermos, sino también a las familias, a los profesionales y a la comunidad más grande. Contemplada desde esta perspectiva más amplia, la pastoral de la salud requiere, de parte de los agentes pastorales, creatividad para saber interpretar una variedad de roles según los contextos, habilidades comunicativas para relacionarse bien con las personas, competencia emocional para adentrarse y acompañar el impacto con las fragilidades, capacidad de trabajar en equipo para manejar los múltiples problemas que se presentan, y dinamismo para elaborar e implementar proyectos que encarnen la proximidad de la Iglesia en el tiempo del sufrimiento.