lunes, 25 de abril de 2011

Luz en el sufrimiento

A veces nos parece que nuestras fuerzas flaquean,
que nuestra mente se enturbia,
que en el vaivén de nuestra noria el corazón se marea;
sin embargo, sabemos, sentimos,
que Tú eres nuestra fortaleza.

¡Todo parece tan lento, tan contradictorio!,
pero, como Juan, el discípulo amado,
permítenos apoyar nuestra cabeza en tu pecho
y al sentir tu abrazo misericordioso, pedirte, Señor,
que aceptes nuestras limitaciones,
alivies nuestros cansancios,
fortalezcas nuestra debilidad,…

Anhelamos que, como lluvia,
tu esperanza, consuelo y alivio inunde nuestros corazones,
y nos haga ver que el amor es más fuerte que el dolor.
Anhelamos que, a pesar del Getsemaní de nuestros sufrimientos,
cuando la angustia atenaza el pecho,
seamos capaces de responder a tu llamada,
y hacer tu voluntad.

Gracias, Señor, por ser luz que guía nuestro caminar,
que no nos ciega ante el sufrimiento,
sino todo lo contrario, iluminas nuestra oscuridad
y aunque no seamos conscientes de ello
nos ayudas a ser luz para el que sufre a nuestro lado.

Norka C. Risso Espinoza

viernes, 22 de abril de 2011

Crucificados junto a los crucificados del mundo

Ha llegado la hora,
silencio, adoración, sobrecogimiento,…


Señor, en este tiempo tan especial
danos conocimiento interno de Ti
para más amarte y seguirte en nuestros amigos enfermos,
danos tus ojos para interpretar los tiempos de vulnerabilidad
y tus oídos para escuchar al espíritu de los necesitados,
danos tus manos para ofrecerlas a los cansados y agobiados
y tus pies para caminar con los humildes y sencillos,
danos tus labios para anunciar tu amor
y tus brazos para acoger a todos,
danos tus espaldas para sostener a tus predilectos
y tu palabra para alentar en la vida del que sufre,
danos, Señor, tu corazón para dar la vida contigo
crucificados al mundo
junto a los crucificados del mundo.

Adaptación de una oración de Magis

domingo, 10 de abril de 2011

Pensando en ellos...


Mi plegaria, Señor, por mis amigos
(Tú conoces sus nombres),
ilumínalos y bendícelos en este momento
en el que todos son uno y uno son todos,
compartiendo la vida misma
con sus incertidumbres y sus sueños,
donde el afecto, el calor, el amor…
han echado raíces y ahora ayudan a ser piña
en el sufrimiento, la enfermedad, la angustia…

Señor, sé para ellos bálsamo en este momento de dolor,
ayúdales a encontrar la fuerza y la paz
para que la enfermedad no tambalee tu edificio de amor,
sí, Señor, aún estando en tus manos son momentos de miedo,
ya ves siempre la misma paradoja,
pero a pesar de que duela, angustie, paralice,…
que este momento de espera sea una espera amorosa en la fe,
que se sientan acompañados y queridos
y si se puede restablecer la salud, mejor que mejor.

Norka C. Risso Espinoza

viernes, 1 de abril de 2011

LA BIOÉTICA, REFLEJO DEL PADRE, COMO APUESTA POR LA VIDA



Continuando con la entrada anterior:

La Bioética podría simbolizar al Padre, como apuesta por la vida, se trataría de caminar hacia el crecimiento interno de la persona, de estudiar y valorar cuándo una actuación humaniza o deshumaniza el final de la vida; por ello, la importancia de que los grandes avances médicos, biológicos y técnicos, que se van dando actualmente en nuestra sociedad, vayan de la mano de un acompañamiento ético, en un intento de conseguir que la finalidad de estos avances sean para dignificar el final de la vida, porque hablar de ética en relación al final de la vida significa hablar del bien y del mal, de la bondad o maldad de las acciones humanas y de los valores inherentes a ellas. El padre es el dador de la vida, se le atribuye a él la obra de la creación y el plan de salvación. El mundo ha sido creado «por una decisión totalmente libre y misteriosa de la sabiduría y bondad»[1] del Padre. Si atribuimos al Padre la obra de la creación, consecuentemente, también podemos atribuirle a Él la fuerza de la razón, estableciendo un puente entre la creatura y la capacidad de razón para orientar el comportamiento humano; lo cual me sirve de lazo de unión con la bioética, como medio conciliador en el que se conjuguen las premisas de la ética teleológica del utilitarismo y la del deber por el deber propia del deontologicismo, reduciendo la subjetividad que caracteriza a ambas posturas, para deliberar sobre los posibles dilemas éticos del final de la vida. El ser humano, ha sido creado para amar, para vivir trinitariamente las relaciones humanas, para ser instrumento de misericordia, por tanto, «es urgente una movilización general de las conciencias y un común esfuerzo ético, para poner en práctica una gran estrategia en favor de la vida. Todos juntos debemos construir una nueva cultura de la vida: nueva, para que sea capaz de afrontar y resolver los problemas propios de hoy sobre la vida del hombre»[2]. Eso es lo que enseña la filosofía del ser humano, ser, como «decía Zubiri, animal de realidades, animal que se hace cargo de la realidad, y como decía Ellacuría, animal que además de hacerse cargo de la realidad carga con ella, el animal vulnerable hecho animal responsable»[3].


[1] «Constitución dogmática Lumen gentium, sobre la Iglesia», en Concilio Ecuménico Vaticano II. Constituciones, Decretos y Declaraciones, BAC Madrid 2004, 69-78.
[2] JUAN PABLO II, Evangelium vitae. El evangelio de la vida, 1995, en línea, http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_25031995_evangelium-vitae_sp.html (Consulta el 10 de febrero de 2011)
[3] J. MASIÁ CLAVEL, Animal vulnerable y reconciliable, 2007, en línea, http://antropologiajmasia.wordpress.com/2010/04/11/animal-vulnerable-y-reconciliable (Consulta el 12 de febrero de 2011).


Norka C. Risso Espinoza

lunes, 28 de marzo de 2011

Bioética, Cuidados Paliativos y Pastoral de la Salud Reflejo de la Trinidad en el Final de la Vida


«Bioética, Cuidados Paliativos y Pastoral de la Salud reflejo de la Trinidad en el final de la vida». Mi intención es integrar las tres perspectivas en el enfermo que se encuentra al final de la vida; dejando claro que los tres planos de acercamiento son distintos pero tienen un punto en común, la persona a la que van dirigidas, el enfermo, un ser vulnerable[1]. Aunque el hecho de utilizarlos dentro del tema trinitario lo hago de forma un poco genérica, creo que es importante mostrar que en determinadas fases de la vida se pueden hilvanar.

Los pasos, como he dicho, los iré dando desde la Bioética, desde los Cuidados Paliativos y desde la Pastoral de la Salud, avanzando por un camino que en ocasiones puede ser pedregoso, ya que se trata de caminar en torno al final de la vida, etapa en la que se suele pasar por grandes dosis de sufrimiento, con temas que en ocasiones puede hacernos daño, porque en nuestra sociedad no estamos acostumbrados a afrontar un conjunto de circunstancias que suelen rodear al ser humano en este tramo de la vida, como pueden ser la vulnerabilidad, la fragilidad, la pequeñez,… del ser humano.

Las huellas que van dejando estas tres disciplinas son como un ‘reflejo de la trinidad’, que confluyen en un mismo fin: encender una luz de esperanza, que nos ayude a irradiar el amor hacia el ser humano, con el objetivo no sólo de curar, sino también de cuidar, y de hacerlo de una forma holística.

Puede parecer muy atrevido hablar de ‘reflejo de la trinidad’, pero, parto de la base de que todo lo que conlleva ‘curar-cuidar’ el final de la vida, se hace desde el amor, un amor que brota de cada ser humano hacia el prójimo, por el hecho de ser prójimo, y eso es precisamente lo que se va intentando realizar desde este trinomio.

La Bioética, los Cuidados Paliativos y la Pastoral de la Salud están íntimamente unidas en su ser y en su actuar, las tres se encuentran con el ser humano que padece dolor y sufre, de ahí que esta coincidencia haga que sus cometidos, su búsqueda de posibilidades ante los dilemas que puedan surgir, se puedan iluminar y completar mutuamente, en una comunión intratrinitaria, por lo que también el fin a conseguir les une, desde el amor, alivio del sufrimiento de la persona, en este caso, diríamos que se complementan para conseguir el alivio de la persona que está ante el proceso de la muerte.

En la comunión trinitaria se asume la categoría de “otro”[2] tal como la propone M. Lévinas, que implicaría pensar, por ejemplo, en el respeto a la autonomía que posee cualquier ser humano. El otro nos hace experimentar una diferencia entre él y yo mismo, lo cual implicaría reconocerle como otro, y nuestra actuación consistiría en proteger su propia dignidad e integridad como persona. Este otro es como una llamada que nos viene de lejos y nos inquieta, nos invita a salir de nosotros mismos para darnos aunque sólo sea por justicia ética.


[1] J. L. MANZANO, «Limitación de tratamiento a los pacientes críticos». Medicina Clínica: Vol. 102, (1994), 540-542.
[2] M. DIEZ CUESTA, Introducción al pensamiento de Emmanuel Levinas, Instituto Emmanuel Mounier, Madrid 1992, 19-23.


Norka C. Risso Espinoza

martes, 22 de marzo de 2011

Mirar por dentro

No sé Señor si el querer ocultarme es lo mejor,
no ocultarte a ti, ocultar mi ego;
no se Señor si no querer enterarme es realmente no saber,
Tú lo haces llegar por tantos medios…
Yo no quiero ver, hay tanto miedo,
pero Tú quieres que sienta, que viva, que sea,…
¿un rostro crucificado, un rostro bello?
No se trata de mirarme en el espejo,
se trata de mirarte a ti, en el rostro del hermano,
en el rostro del extranjero, sí y también en el espejo;
Ir más allá del rostro, entrar por dentro,
traspasar murallas, ir al centro.
¿Dónde estás? ¿dónde te encuentro?
No busques fuera, busca por dentro.
Allí donde te halle, allí estarán ellos,
probablemente debo buscarlos primero a ellos.
Palabras, palabras, palabras ¿por qué no hacerlas vida?
Si el Verbo se hizo carne ¿qué hacemos con el verbo?
Mis hermanos, mirarlos a ellos,
contemplar tu rostro, mirar por dentro…

Norka C. Risso Espinoza

miércoles, 9 de marzo de 2011

Necesidades espirituales en salud mental

A cada una de las tres grandes estructuras psicopatológicas corresponde una concepción de Dios:
  • Estructura neurótica: núcleo básico la indefensión. Necesidad de un Dios poderoso, salvador.

  • Estructura psicótica: núcleo básico el narcisismo. El sujeto es Dios.

  • Estructura caracterial: núcleo básico la autosuficiencia. Rebeldía contra Dios. Necesidad de establecer una transferencia positiva.
La vivencia espiritual de los enfermos mentales, como en todas las personas, manifiesta externamente a través de comportamientos observables; a través de actitudes y de respuestas, que aún pudiéndose registrar a niveles psicológicos, nos damos cuenta de que estos no agotan todo su alcance. Nos damos cuenta de que necesitamos buscar otros registros complementarios, pero más adecuados, que nos ayuden a leer y a comprender el significado profundo de la relación del hombre con el objeto mental, Dios.

Así mismo para situarnos correctamente en el diagnóstico de:
  • Qué aspectos de la vida espiritual del paciente son rescatables como sanos y por tanto, como fuente de salud.

  • Qué aspectos de la vida espiritual del paciente están distorsionados y por lo tanto, son fuente de patología.

  • ¿Cómo ayudar a reconducir la experiencia de relación con el objeto mental, Dios, tanto en el primero como en el segundo de los casos?.
Sin pretender abarcar todas las posibilidades de la vivencia religioso-espiritual del enfermo mental, pero a la vez, intentando ser fiel a la observación a partir de la praxis de la intervención pastoral cotidiana, podemos decir que en el enfermo mental se pueden dar cuatro posibilidades de vivencia religiosa (Esta es una manera de dividir, para identificar: Otra podría ser por su vivencia, según patología psicológica, etc…) y a cada una de ellas requeriría una intervención profesional, diferenciada y adecuada:
  • Hay casos en los que observamos que, aun habiendo un claro y bien diagnosticado trastorno mental, la vida religiosa de la persona, queda preservada. permanece inalterada, aunque sí, enmascarada por la patología mental. En nuestra práctica clínica, muchas veces quedamos sorprendidos al constatar que algunos enfermos de expresión incoherente, manifiestan una notable lucidez, cuando entramos en sintonía a partir de su experiencia vivencial con Dios.

  • Puede ocurrir también, que la vivencia espiritual, no solo esté recubierta por la enfermedad, sino más bién hipertrofiada. En estos casos pierde su papel saludable de síntesis y tiende a invadir pulsionalmente al campo psíquico, manifestándose bien desde una escrupulosidad pecaminosa, o bien desde una fanfarronería triunfalista y apartada de la realidad.

  • No obstante, quizás, la distorsión más frecuente de la vivencia religiosa en el mundo de los enfermos mentales, es la vivencia desviada. Esta es una alteración ya cualitativa. En esta se da una auténtica distorsión con el objeto mental, Dios. El hecho religioso se manifiesta desviado de la realidad, y siempre en relación a la trayectoria de su psicopatología.

  • También se da como cuarta posibilidad, una vida religiosa extinguida. A veces, se puede llegar por diversos caminos:
  1. Porque la disgregación o la destrucción psicopatológica llega a tal grado, que ya no hay canales o vías de expresión; es lo que se daría en un “Estado mental comatoso”.

  2. A veces la destrucción del objeto mental, Dios, no es más que una búsqueda, una reivindicación y búsqueda de la posesión de lo absoluto, a lo cual se combate y se intenta destruir.

  3. Se puede llegar ala extinción del hecho religioso también por el camino de la represión, que puede ser tan intensa, y prolongada, que le impida llegar al consciente.

  4. También en los casos en los que ha acontecido la desestructuración y destrucción antes de consolidarse el sistema de valores.

Necesidad des espirituales

CULTURA RELIGIOSA TRADICIONAL (necesidad expresión religiosa)
  • Celebraciones
ESPIRITUALIDAD (dar sentido a su situación)
  • Esperanza-Desesperanza

  • Reconciliación-Perdón-Culpabilidad

  • Pérdidas-Duelos

  • Trascendencia-Más allá-Continuidad


(Varios autores)

BIENAVENTURANZAS DEL ENFERMO MENTAL



Bienaventurado si al verme sucio y maloliente por la calle
te identificas con Cristo, compasivo y misericordioso.

Bienaventurado si me consideras, aunque sea loco de atar,
como un enfermo, sin más.

Bienaventurado cuando comprendas que mis pensamientos
son confusos y mi voluntad, a veces, se tambalea.

Bienaventurado, cuando corrigiendo al niño
no dices nunca: ¡que viene el loco!

Bienaventurado cuando haces lo indecible
para que yo salga del mutismo y aislamiento.

Bienaventurado cuando aceptas que para mí,
ciertos rituales son imprescindibles.

Bienaventurado cuando me calmas,
si mi comportamiento es agresivo.

Bienaventurado, tú, cuando me ayudes, aunque loco,
a vivir mi vida espiritual.

(autor desconocido)

jueves, 3 de febrero de 2011

EL MUNDO DEL SUFRIMIENTO HUMANO INVOCA SIN PAUSA OTRO MUNDO



Hace unos años los valores de la sabiduría, la experiencia, la ternura, etc., eran los baluartes de nuestra sociedad, pero hoy en día se da más valor a lo que es rentable, útil, exitoso, rechazando todo lo que resulte viejo, enfermo o estéticamente desagradable, sobre todo si supone una carga o un estorbo social. Sin embargo, como afirma Hume, deberíamos «conceder a nuestro corazón un cierto grado de benevolencia, por pequeño que sea; alguna chispa de simpatía o de amistad hacia el género humano. Por muy débiles que supongamos que sean estos sentimientos generosos, y aunque resulten insuficientes para mover una mano o un dedo de nuestro cuerpo, deben, sin embargo, dirigir las determinaciones de nuestra mente; y en igualdad de circunstancias, darán lugar a una fría preferencia por lo que es útil y servicial para la humanidad»[1].

En este sentido, las personas que sufren, y quiero incluir aquí a aquellas que se encuentran al final de la vida, nos pueden ayudar a realizar una convivencia justa, pacífica y reconciliadora con el mundo del sufrimiento, ya que un buen estímulo y gestión de los sentimientos pueden estar al servicio de la solidaridad.

Aprovecho un texto de Etxeberria[2] sobre los sentimientos en el ámbito público que voy a adaptar para el ámbito sanitario: los enfermos terminales y ancianos pueden ser la prueba determinante para definir la calidad moral de nuestras vidas afectivas: los sentimientos que despierten o no despierten en nosotros, las solidaridades que motiven o no motiven, las acciones hacia las que nos empujen etc., serán a este respecto especialmente iluminadores de nuestra calidad moral. Los enfermos terminales y ancianos, además, son los que nos libran de la cómoda abstracción de los buenos sentimientos no confrontada realmente con nada ni nadie, así como la referencia que nos reta a definir tanto las orientaciones precisas de nuestra afectividad.

J. Moltmann[3] nos ha recordado que la creación es el juego divino, porque ni es necesaria para Dios, ni es arbitraria, porque se trata de un Dios Amor y no de un diablo caprichoso. La creación es el juego de la complacencia divina, el lugar de recreo para la misma gloria de Dios. Dios no puede ser interesado al crear al hombre y a la mujer a su imagen y para que se hagan semejantes a él. Al contrario, Dios juega con la nada para crear; el hombre no puede jugar de este modo; únicamente puede jugar con el amor. Y en ello estriba la más sublime analogía. Por tanto, siempre debemos recordar que «La vida es tiempo. No sólo tiempo físico u objetivo sino además tiempo nuestro, un tiempo vivido desde el que no nos resignamos a pensarnos mortales. La finitud es la estructura misma de nuestra vida, la finitud pone ante nosotros el carácter irreversible de la evolución biológica, incluso nos despierta cuando creemos que la nuestra es una máquina perfecta. La ancianidad (o enfermedad) nos despierta para una vida moral menos perfecta y todopoderosa de lo que nos creemos»[4] porque a nosotros sus criaturas nos va la vida en el amor, ese es nuestro juego: amar al pobre, al necesitado, al enfermo; transformando la pérdida, el dolor y la tristeza en ganancia, gozo y alegría.

Además, al hablar del sufrimiento en la persona que se encuentra al final de la vida, es cuando podríamos caer en la cuenta de que la enfermedad nos hace más humanos, «pone de manifiesto un ‘fin’ posible, en sentido teleológico del término, para nuestra sociedad especializada en proveernos de bienes. Y, a la vez, expondría la validación de un ‘deber’ inexcusable, en el sentido deontológico, a saber, hacer bienes que sean buenos, que merezcan la pena, y que sirvan para satisfacer necesidades que nos humanicen, que nos dignifiquen»[5].

Muy importante es considerar que el ser humano tiene conocimiento y vivencia de la enfermedad y del morir y como consecuencia de ello lucha por superarlas. Desde siempre el hombre ha combatido y ha intentado alejar la muerte[6]; sin embargo «Todo tiene su momento y cada cosa su tiempo bajo el cielo; su tiempo el nacer y su tiempo el morir…»[7]

Gracias a los grandes avances que se han ido dando tanto en la técnica como en la medicina se ha logrado prolongar la vida, o mantener las funciones vitales hasta límites, que hace algunos años ni sospechábamos, pero aún así se aspira a seguir viviendo con buena calidad, y también podríamos decir que con calidez.

Los medios que se han puesto para vencer la enfermedad han llevado a que la medicina se especialice, de hecho, podemos hablar, de especialidad de geriatría, de cuidados intensivos, de cuidados paliativos,…; todo esto ha supuesto un gran avance en la lucha contra las enfermedades graves y contra la propia muerte, pero sobre todo una mejora en la calidad y en los cuidados en el proceso de morir. Eso sí, recalcar que a medida que la capacidad de curación de enfermedades antes incurables se hace mayor, es importante que nos convenzamos de que el poder de la medicina no es absoluto.

Debido a estas circunstancias un grupo de expertos mundiales reunidos por el Hasting Center[8] con el objetivo de emprender un ambicioso estudio sobre los fines de la medicina, cuya hipótesis de trabajo que motivaba el encuentro era poco discutible: el progreso de la ciencia médica y la biotecnología y el aumento de las necesidades humanas unido a la escasez de recursos para satisfacerlas habían producido un cambio radical que obligaba a pensar de nuevo si entendemos la medicina en sus justos términos, llegó a lo siguiente:

  • han de poner un énfasis especial en aspectos como la prevención de las enfermedades

  • la paliación del dolor y el sufrimiento

  • han de situar al mismo nivel el curar y el cuidar

  • y advertir contra la tentación de prolongar la vida indebidamente.

Estos aspectos, y sobre todo los tres últimos son de gran importancia cuando nos referimos a enfermo en el final de su vida.


[1] D. HUME, Investigación sobre los principios de la moral (Alianza Editorial, Madrid, 1993)
[2] X. ETXEBERRIA MAULEON, Por una ética de los sentimientos en el ámbito público (Bakeaz, Bilbao, 2008)
[3] J. MOLTMANN, Sobre la libertad, la alegría y el juego (Sígueme, Salamanca, 1972)
[4] A. D. MORATALLA, Ética y ancianidad: entre la tutela y el respeto, en J. GAFO (ed.), Ética y ancianidad (Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, 1995)
[5] G. GONZÁLEZ R. ARNAIZ, Dignidad del ser humano: entre la percepción pre-filosófica y su consideración moral, en J. DE LA TORRE (ed.), Dignidad humana y bioética (Universidad Pontificia Comillas, Madrid, 2008)
[6] E. ALBURQUERQUE, Bioética. Una apuesta por la vida (CCS, Madrid, 2006)
[7] Eclesiastés 3, 1-2
[8] FUNDACIÓ VICTOR GRIFOLS I LUCAS, Los fines de la medicina. El establecimiento de unas prioridades nuevas (Fundació Víctor Grífols i Lucas, Barcelona, 2004)


Norka C. Risso Espinoza

sábado, 22 de enero de 2011

En el rostro de los enfermos está el de Cristo, afirma el Papa

Mensaje de Benedicto XVI para la XIX Jornada Mundial del Enfermo

En su mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará como cada año el 11 de febrero, memoria de la Beata Virgen de Lourdes, el Papa Benedicto XVI invita a reconocer en el rostro de los enfermos el de Jesús, y a ponerse al servicio del prójimo sufriente.

La Jornada Mundial del Enfermo, subraya el Papa, es una “ocasión propicia para reflexionar sobre el misterio del sufrimiento y, sobre todo, para hacer a nuestras comunidades y a la sociedad civil más sensibles hacia los hermanos y las hermanas enfermos”.

“Si cada hombre es hermano nuestro, tanto más el débil, el sufriente y el necesitado de cuidados deben estar en el centro de nuestra atención, para que ninguno de ellos se sienta olvidado o marginado”, observa, añadiendo que “la medida de la humanidad se determina esencialmente en la relación con el sufrimiento y con el que sufre”.

“Que en el rostro de los enfermos sepáis ver siempre el Rostro de los rostros: el de Cristo”, pide el Papa.

Llagas redentoras

En el Mensaje, el Pontífice recuerda su viaje a Turín del pasado 2 de mayo, cuando pudo “estar en reflexión y oración ante la Sagrada Síndone, ante ese rostro sufriente, que nos invita a meditar sobre Aquel que llevó sobre sí la pasión del hombre de todo tiempo y de todo lugar, y también nuestros sufrimientos, nuestras dificultades, nuestros pecados”.

“El Hijo de Dios sufrió, murió, pero ha resucitado, y precisamente por esto esas llagas se convierten en el signo de nuestra redención, del perdón y de la reconciliación con el Padre”.

Pero la pasión es también “un banco de prueba para la fe de los discípulos y para nuestra fe: cada vez que el Señor habla de su pasión y muerte, ellos no comprenden, rechazan, se oponen”, reconoce. “Para ellos, como para nosotros, el sufrimiento permanece siempre lleno de misterio, difícil de aceptar y de llevar”.

Dirigiéndose a los “queridos enfermos”, el Papa recuerda que “es precisamente a través de las llagas de Cristo como nosotros podemos ver, con ojos de esperanza, todos los males que afligen a la humanidad”.

“Resucitando, el Señor no ha quitado el sufrimiento ni el mal del mundo, sino que los ha vencido de raíz. A la prepotencia del mal ha opuesto la omnipotencia de su Amor. Nos indicó, así, que el camino de la paz y de la alegría es el Amor”.

“Dios, la Verdad y el Amor en persona, quiso sufrir por nosotros y con nosotros; se hizo hombre para poder com-padecer con el hombre, de modo real, en carne y sangre”.

Por esto, “en cada sufrimiento humano, ha entrado Uno que comparte el sufrimiento y la soportación; el cada sufrimiento se difunde la con-solatio, la consolación del amor partícipe de Dios para hacer surgir la estrella de la esperanza”.

Jóvenes

Ante la próxima Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en Madrid (España) en agosto de 2011, el Papa dirige también “un pensamiento particular a los jóvenes, especialmente a aquellos que viven la experiencia de la enfermedad”.

“A menudo la Pasión, la Cruz de Jesús dan miedo, porque parecen ser la negación de la vida. ¡En realidad, es exactamente al contrario! La Cruz es el 'sí' de Dios al hombre, la expresión más alta y más intensa de su amor y la fuente de la que brota la vida eterna.”.

“Del corazón atravesado de Jesús ha brotado esta vida divina. Solo Él es capaz de liberar el mundo del mal y de hacer crecer su Reino de justicia, de paz y de amor al que todos aspiramos”.

En este contexto, anima a los jóvenes a aprender “a 'ver' y a 'encontrar' a Jesús en la Eucaristía, donde está presente de modo real por nosotros, hasta el punto de hacerse alimento para el camino”, pero también a saberlo “reconocer y servir en los pobres, en los enfermos, en los hermanos sufrientes y en dificultad, que necesitan vuestra ayuda”.

“A todos vosotros jóvenes, enfermos y sanos, repito la invitación a crear puentes de amor y de solidaridad, para que nadie se sienta solo, sino cercano a Dios y parte de la gran familia de sus hijos ”, añade.

Por último, invita a las autoridades “para que inviertan cada vez más energías en estructuras sanitarias que sean de ayuda y de apoyo a los que sufren, sobre todo a los más pobres y necesitados”.

Podéis encontrar la noticia en: http://www.zenit.org/article-37692?l=spanish

sábado, 27 de noviembre de 2010

Queremos ver a Jesús... con los cinco sentidos

En el siguiente enlace puedes encontrar material para este tiempo de Adviento



El lema para este Adviento es 'Queremos ver a Jesús... con los cinco sentidos'

Deseo que te sea útil.

Buen tiempo de Adviento

viernes, 19 de noviembre de 2010

'LA DISCAPACIDAD' ES AMOR

Quiero empezar por esta descripción: se trata de un ser indefenso, al que hay que cuidar, no se le puede dejar sólo durante mucho tiempo porque ni siquiera se vale por si mismo para realizar sus AVD’s (actividades en la vida diaria), de hecho, si preguntamos a su cuidadora principal, en la escala Barthel tendría un cero; incontinencia total, para algunos imposible mantener una conversación coherente, sólo te mira, sonríe, se puede pasar el día llorando, como puede ser que sonría constantemente, probablemente te encante contemplarlo,… Hay que darle de comer, beber, escoger los alimentos adecuados, bañarlo, también hay que acariciarlo, mimarlo, es mejor no hacer mucho ruido en su presencia, pasa la mayor parte del día en una cama, no controla mucho el movimiento de su cabeza, hay que estar pendiente de ponerle una mantita para que esté abrigado, hay que cuidarlo con mucha delicadeza, tener paciencia, y lo cuidamos en casa ¡qué trabajo! ¿verdad? Ahora bien, es un ser que te hace salir de ti mismo para que le dediques tu tiempo, tu vida, este ser pequeño, vulnerable, te enseña a amar, y es que en medio de la oscuridad, en el silencio, en el impacto, Dios pronuncia su palabra; aunque también tienes otras posibilidades…

Con las características que te estoy dando probablemente puedas estar pensando en un ser con discapacidad, tal vez, en un anciano, en un enfermo,… desde luego un ser vulnerable, ¿verdad? Alguien pequeñito, con el que es difícil compartir muchas cosas, pero que sin embargo, te cambia sin que tú lo adviertas, se convierte en tu centro.


Yo, en realidad, estoy pensando en un bebe, además un bebé muy especial, porque concretamente estoy pensando en el Niño Jesús; ya que se acerca un tiempo especial. Tiempo de esperanza, tiempo para prepararnos para la venida del Salvador, la kenosis del Hijo de Dios que nace en un pesebre, vulnerable, para identificarse con tantos discapacitados, para identificarse con sus predilectos; para que caigamos en la cuenta que en cada ser en el que hemos pensado al principio del escrito, está Él, dando vida cada instante, y es que nuestro querido Niño Jesús que nació donde nadie se lo esperaba, en un pesebre, sigue haciendo lo mismo, sigue estando donde nadie se lo espera, se hace grandioso precisamente en medio de lo pequeñito, de la incapacidad, de los incomprendidos de nuestra sociedad, en medio de la indefensión y vulnerabilidad, esa es la realidad, se hace uno de nosotros para seguir estando en medio de nosotros; debemos tener presente que «la analogía entre la generación del Hijo por naturaleza y la creación de las criaturas por un acto soberanamente libre, a pesar de la distancia que sigue siendo inconmensurable, puede establecer puentes tanto para que el Hijo pueda hacerse criatura como para que nosotros podamos renacer (Jn 3, 3.7)» [H. Urs von Baltasar, Teodramática III, El hombre en Cristo, 213 (nota 18)] de Dios y en Dios.


Norka C. Risso Espinoza

domingo, 7 de noviembre de 2010

ORAR CON LOS CINCO SENTIDOS

Vamos tan deprisa por la vida que apenas si nos damos cuenta de las maravillas que se encierran en nuestro propio cuerpo:
• La maravilla de ver…
  (mirar a personas enfermas: Lc 13, 12)
• La maravilla de oír…
  (a la escucha de las necesidades de la gente: Jn 5, 6)
• La maravilla de gustar…
  (su buen gusto al crear: Gn 1, 1-31)
• La maravilla de oler…
  (irradiar el buen olor de Cristo: 2Cor 2, 15)
• La maravilla de tocar…
  (curar con las manos: Mc 1, 40-45)

1. ORAR CON LA VISTA

Se puede mirar de muchas maneras…

Pero sólo una es la adecuada.

¡Aprender a mirar

Es un ejercicio imprescindible!

“El más excelso acto de amor que puedes realizar no es un acto de servicio, sino un acto de contemplación, de visión. Cuando sirves a las personas, lo que haces es ayudar, apoyar, consolar, aliviar su dolor… Cuando las ves en su belleza y bondad interiores, lo que haces es transformar y crear” (Anthony de Mello)

2. ORAR CON EL OÍDO

Hay un dicho que dice:

¡No es lo mismo oír que escuchar! Oír, es más superficial.

Escuchar, requiere estar muy atento y más en un mundo como el nuestro en el que estamos rodeados de ruidos por todas partes.

“Tus oídos están afinados al dinero, y eso es lo que oyen. Basta la campanilla mínima de una moneda sobre el asfalto para que se llenen tus oídos, lo que ven tus ojos y lo que desea tu corazón. Oímos lo que queremos. En cambio estás desafinado ante los oídos de la naturaleza. Tienes muy buen oído pero estás sordo. Y no sólo del oído, sino de todo. Estás cerrado a la belleza y a la alegría y a los colores del día y a los sonidos del aire” (Carlos G. Vallés)

3. ORAR CON EL GUSTO

Gustar es sinónimo de paladear, saborear…

Y a las personas las solemos clasificar entre las que tienen “buen gusto” o “mal gusto”.

¡Tal vez este sentido

sea más importante

de lo que parece a primera vista!.

“Gracias por la creatividad plural de los sabores, por las diferencias de gustos. Gracias por la comida cristiana, por tu palabra narrada como Buena Noticia en torno a la mesa. No dejes que la lengua se me vuelva amnésica, no dejes que me sacie y me harte. Acompáñame en las tentaciones consumistas y absolutizadoras. Enséñame a compartir y a no ruborizarme por comer con cualquier persona por el hecho de serlo. Enséñame a mirar con cariño y esperanza mis recursos y confiar en su capacidad multiplicadora, a pensar en términos de levadura que pudriendo fermenta, en compartir que restando multiplica…” (Mercedes Navarro)

4. ORAR CON EL OLFATO

¿El “hermano pobre” de los cinco sentidos?

¿Al que menos atendemos?

¿No nos estaremos privando de una fuente de bienestar?

“Siempre he pensado que lo sutil tiene algo que ver con el sentido del olfato y con el olfato mismo. El olfato se sensibiliza con la esencia sin cuerpo ni materia definida; con aquello que no ocupa lugar y sin embargo penetra en cualquier lugar. Puede estar sin aparecer. Esta vacuidad, apertura al vacío, es el aspecto más característico de este sentido y su componente oloroso. Y también es lo que más le acerca a lo espiritual, a lo enteramente divino. Sabes que está, lo percibes en tu propio aliento, pero es imposible ubicarlo en un espacio determinado ni darle una forma definitiva… El olfato es sensación de sutilezas. Se cultiva desde dentro y se siente en la ascesis de lo corpóreo. Es hábito relacionado con la delicadeza del espíritu humano” (Trinidad León)

5. ORAR CON EL TACTO

¡Cuántas cosas haces con tus manos! ¡Y qué olvidadas las tienes!
Ellas también necesitan tu atención,

para que descubras sus maravillas

y les estés eternamente agradecido.

“Llevamos inscrita en nuestras manos la opción fundamental que ha adoptado nuestra vida, ellas revelan nuestras inquietudes, nuestra generosidad… son la imagen externa de nuestro corazón endurecido o sensible. Las manos de un cristiano tienen un apretado programa de trabajo” (Isabel Gómez Acebo)

Resumiendo: ORAR CON LOS CINCO SENTIDOS (Iniciación a la experiencia de Dios. Sal Terrae, 2009)
Espero que te sirva. Que tengas un buen día.

domingo, 4 de julio de 2010

EL MORIR

El morir pertenece a la vida como su última fase. Por esta razón, debe ser considerado como su momento final. Interpela, por tanto, la responsabilidad terapéutica del agente de la salud, no menos que todos los otros momentos del vivir humano.

El moribundo no debe ser declarado como incurable y abandonado a su soledad y a la de la familia, sino que va encomendado al cuidado de médicos y enfermeras. Éstos, actuando e integrándose con la asistencia de capellanes, asistentes sociales, voluntarios, parientes y amigos, le dan soporte al agonizante para aceptar y vivir la muerte .

Ayudar a una persona a morir significa ayudarla a vivir intensamente la última experiencia de su vida. Cuando sea factible y el interesado lo desee, concédasele la posibilidad de terminar su vida en familia con oportuna asistencia sanitaria.

Al enfermo terminal se le practica el tratamiento médico que contribuye a aliviarle el sufrimiento del morir. En esta perspectiva entra la así llamada cura paliativa o sintomática.

El primer cuidado que ha de realizarse al lado del agonizante es el de una «presencia amorosa». Ésta es una presencia propiamente médico-sanitaria que, sin ilusionarlo, lo hace sentir vivo, persona entre personas; destinatario, como todo ser necesitado, de atenciones y de cuidados. Esta presencia atenta y cuidadosa, infunde confianza y esperanza en el enfermo y lo reconcilia con la muerte. Es una contribución única que enfermeras y médicos, con su ejercicio humano y cristiano, primero aún que con su función, pueden y deben dar a quien está viviendo el momento supremo de la partida, para que el rechazo sea sustituido por la aceptación y sobre la angustia prevalezca la esperanza.

Se sustrae así el morir humano del ‘fenómeno de la medicalización’, que ve la fase terminal de la vida ‘desenvolverse en ambientes agolpados y agitados, bajo el control del personal médico-sanitario preocupado prevalentemente del aspecto biofísica de la enfermedad’. Todo esto «es sentido en medida creciente como poco respetuoso de la compleja situación humana de la persona sufriente».

El derecho a la vida se precisa en el en enfermo terminal como «derecho a morir con toda serenidad, con dignidad humana y cristiana» .

Esto no designa el poder de procurarse o hacerse procurar la muerte, como tampoco el de evitarla ‘a toda costa’, sino de vivir humana y cristianamente la muerte. Este derecho ha venido surgiendo en la conciencia explícita del hombre de hoy para protegerlo, en el momento de la muerte de «un tecnicismo que arriesga convertirse en abusivo» .


Norka C. Risso Espinoza


domingo, 13 de junio de 2010

LA ÉTICA DEL CUIDADO

Cuando el enfermo esta en situación de terminalidad, en la que ya no se puede recuperar la salud, una atención curativa ya no tendría sentido, porque incluso podríamos pecar de obstinación terapéutica, es entonces cuando la necesidad de cuidado se hace más palpable.

Es claro el avance en cuanto a cambio de mentalidad que se ha dado en los profesionales sanitarios, de formación y tradición curativa, el salto cualitativo que se ha dado por una mejor atención al enfermo es impresionante, ya no se trata de cuidar, sino también de curar, por ello lo de curar-cuidar en equilibrio como un único objetivo. Ya se está incorporando el cuidado a la práctica clínica diaria, y esto se palpa principalmente en las unidades de cuidados paliativos.

Hace ya más de diez años que desde la Bioética se planteó que los fines de la medicina deberían ir más allá de la curación de la enfermedad y el alargamiento de la vida. El grupo internacional de trabajo del Hastings Center que participó en el proyecto, consideró que era necesario reformular estos fines, y que, sin dar prioridad a ninguno de ellos, debían ser:
  • La prevención de enfermedades y lesiones y la promoción y la conservación de la salud.
  • El alivio del dolor y el sufrimiento causado por males.
  • La atención y la curación de los enfermos y los cuidados a los incurables.
  • La evitación de la muerte prematura y la búsqueda de una muerte tranquila.
En las situaciones de dependencia y vulnerabilidad, cuando hay sufrimiento o se acerca la muerte, es cuando más claramente se entrelazan los problemas médicos con los sociales, económicos, familiares o afectivos. El cuidado implica dar respuestas a todas estas dimensiones y exige conocer y poner a disposición de las personas enfermas y sus familiares, los servicios asistenciales y sociales que les puedan ayudar a enfrentarse a la diversidad de problemas que se les plantean.



Norka C. Risso Espinoza

viernes, 23 de abril de 2010

El gran perdonador

El nuevo testamento presenta a Jesús como el gran perdonador, el gran terapeuta del perdón. En Él se hace presente toda la misericordia de Dios. Jesús se preocupaba de las personas en su totalidad, descendiendo hasta su misma interioridad, hasta su corazón; al perdonar, Jesús desencadena en el perdonado un proceso de reajuste total. En Jesús se revela la misericordia, no la violencia. La encarnación es el abajamiento de Dios (kénosis de Dios). Es la señal de que Dios no es violento. Ama a todos, porque es el icono de Dios y Dios es Amor (1 Jn 4, 8). Jesús presenta a su Abba no como patrón, sino como amigo; no como dominador, sino como servidor; afirma que las cosas esenciales no son reveladas a los sabios, sino a los pequeños (Mt 11, 25; Lc 10, 21). EI hilo conductor de la historia, iniciada por Jesús, es la reducción de las estructuras fuertes, la renuncia a la violencia y el eficientismo; por eso, recomienda tanto el perdón e invita a volver a empezar una y otra vez (¡hasta setenta veces siete!).


La identificación de Jesús con los que tienen hambre, sed, con los desplazados, con los enfermos, con los prisioneros y todos los necesitados (Mt 25, 34-45), manifiesta hasta dónde llega la misericordia que él encarna. Jesús mismo es, como aquellos con quienes se identifica, víctima de la violencia. Él no recibe misericordia y hasta se pregunta en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27, 46). El Hijo fue, sin embargo, escuchado, y su oración fructificó en la Resurrección. Resucitó desde las entrañas misericordiosas del Abba.

Por lo tanto la aplicación que sigue estando vigente hoy es que los pobres, marginados, enfermos y pecadores son los destinatarios privilegiados de la acción y mensaje de Jesús, acción y mensaje que nosotros debemos seguir llevando. En todo caso la pregunta que sigue estando abierta es ¿Cómo? ¿Cómo transmitir a los predilectos del Señor que Abba es un Dios misericordioso y no un Dios juez, un Dios castigador…? ¿Cómo transmitir que la muerte de Cristo tiene sentido? O ¿cómo hablar de Dios amor en medio de tanta catástrofe, crisis económica, atentados, secuestros… en medio de personas que sufren la desesperanza? Supongo que la respuesta es al estilo del buen samaritano, dando testimonio y siendo testigo.


Norka C. Risso Espinoza

domingo, 18 de abril de 2010

Exequias


Es saludable poder decir adiós al ser querido muerto, ritualizar la despedida, honrar su memoria, agradecer su existencia... Conforta a los compañeros escuchar lo significativo que fue su ser querido para ellos, que será recordado positivamente...
En la liturgia de las exequias (responso, funeral, despedida del cadáver, etc.) la finalidad de los ritos cristianos no es venerar los cuerpos sino celebrar la memoria del difunto, afirmar el valor de la vida y situar el acontecimiento de la muerte en el horizonte de la pascua de Cristo.
Estos actos litúrgicos dan un sentido de continuidad a la vida y fomentan la pertenencia al pueblo de Dios. A su vez, facilitan la elaboración del duelo al contribuir a:
  • Afrontar la realidad de la muerte sin negarla u ocultarla.
  • Exteriorizar la pena liberando las emociones.
  • Reavivar la fe y la esperanza en los presentes.
  • Despedir comunitariamente a un paciente del centro.
  • Reflexionar sobre la muerte evangelizando la vida.
El duelo se “hace” en estos “lugares” de la persona
  • En el hablar: rompiendo el aturdimiento inicial expresando el sufrimiento, comunicándose.
  • En el corazón: desahogando la pena y canalizando la energía afectiva con un sano amor, en verdad y libertad.
  • En la mente: esclareciendo y superando concepciones erróneas, ideas insanas.
  • En la fe: esperanza en la Resurrección, vivencia de una fe madura, con sana concepción de Dios.
  • En la acción: volver a reinsertarse en la vida con un proyecto significativo de vida, con futuro, siendo feliz.

Norka C. Risso Espinoza


domingo, 7 de marzo de 2010

Muerte y Resurrección del Hijo

Muerte y resurrección del Hijo tiene relación con la Misericordia del Padre. La fidelidad y el amor de Dios se ha expresado al máximo en el sacrificio redentor del Hijo. El Padre no ha retrocedido ante el sacrificio de su Hijo, sino que en ese momento crucial de la historia de la salvación ha permanecido fiel a sí mismo y fiel a las promesas hechas al hombre. El texto de Filipenses nos dice que Dios “se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre, se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz.”[1] El Dios omnipotente renunció a la voluntad de poder: “estoy en medio de vosotros como el que sirve”. (Lc 22, 27) El Dios omnipotente no destruye mecánicamente el mal y la muerte, sino que lo asume. Por esto, ante el sufrimiento de los inocentes, o los episodios ‘absurdos’ de la vida, nuestro Dios se muestra como debilidad invencible. Y porque Dios se manifiesta como débil, por eso sufre con el ser humano. Se podría decir que el sufrimiento es el pan que Dios comparte con nosotros. La misericordia divina es como la debilidad de Dios. La debilidad de Dios corresponde a la debilidad del ser humano. Nuestro Dios se presenta siempre como protagonista del perdón. Perdonando, practicando la misericordia, es como Dios se revela al ser humano en cuanto Dios.

El nuevo testamento presenta a Jesús como el gran perdonador, el gran terapeuta del perdón. En Él se hace presente toda la misericordia de Dios. Jesús se preocupaba de las personas en su totalidad, descendiendo hasta su misma interioridad, hasta su corazón; al perdonar, Jesús desencadena en el perdonado un proceso de reajuste total. En Jesús se revela la misericordia, no la violencia. La encarnación es el abajamiento de Dios (kénosis de Dios). Es la señal de que Dios no es violento. Ama a todos, porque es el icono de Dios y Dios es Amor (1 Jn 4, 8). Jesús presenta a su Abba no como patrón, sino como amigo; no como dominador, sino como servidor; afirma que las cosas esenciales no son reveladas a los sabios, sino a los pequeños (Mt 11, 25; Lc 10, 21). EI hilo conductor de la historia, iniciada por Jesús, es la reducción de las estructuras fuertes, la renuncia a la violencia y el eficientismo; por eso, recomienda tanto el perdón e invita a volver a empezar una y otra vez (¡hasta setenta veces siete!).

La identificación de Jesús con los que tienen hambre, sed, con los desplazados, con los enfermos, con los prisioneros y todos los necesitados (Mt 25, 34-45), manifiesta hasta dónde llega la misericordia que él encarna. Jesús mismo es, como aquellos con quienes se identifica, víctima de la violencia. Él no recibe misericordia y hasta se pregunta en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27, 46). El Hijo fue, sin embargo, escuchado, y su oración fructificó en la Resurrección. Resucitó desde las entrañas misericordiosas del Abba.

Por lo tanto la aplicación que sigue estando vigente hoy es que los pobres, marginados, enfermos y pecadores son los destinatarios privilegiados de la acción y mensaje de Jesús, acción y mensaje que nosotros debemos seguir llevando. En todo caso la pregunta que sigue estando abierta es ¿Cómo? ¿Cómo transmitir a los predilectos del Señor que Abba es un Dios misericordioso y no un Dios juez, un Dios castigador…? ¿Cómo transmitir que la muerte de Cristo tiene sentido? O ¿cómo hablar de Dios amor en medio de tanta catástrofe, crisis económica, atentados, secuestros… en medio de personas que sufren la desesperanza? Supongo que la respuesta es al estilo del buen samaritano, dando testimonio y siendo testigo.


[1] Flp 2, 7-8, tomado de Biblia de Jerusalén, Desclée de Brouwer, Bilbao 1999.


Norka C. Risso Espinoza

domingo, 31 de enero de 2010

FE, ESPERANZA Y CARIDAD

En el dolor y en el sufrimiento hay como un espacio común, por el que pasamos todos, pero es un espacio en el que muchas veces no queremos entrar, y cuando lo hacemos queremos huir de él, porque solidarizarnos con el sufrimiento del otro, también produce sufrimiento; pero, el expulsar de nosotros este espacio común nos impediría hablar de quién es el Dios de Jesucristo; de las relaciones de fe, esperanza y amor; y de relaciones de dependencia que se posibilitan.

Además, el creer precisa de una luz externa que nos es gratuitamente dada, y también de una luz interior que es capaz de otear desde el corazón y no sólo desde la superficialidad.

Con el paso de los años, nos damos cuenta que la fe, la esperanza y la caridad, llegan como dones, que nos hacen salir de nosotros mismos, ya no se trata de buscar culpables, sino con la confianza puesta en Dios aportar nuestro granito de arena al bien común, ver como Dios se abaja en forma de cualquier realidad que no llegamos a comprender y que consideramos injusticia, y nos invita a dar una respuesta, a salir de nosotros mismos, porque es también por medio de cada uno de nosotros como Dios se hace realidad, se hace vida, se hace presencia en los otros. Se trata de aprender a mirar al otro por ser otro, de encontrarnos con el rostro del otro y sólo ese encuentro me invite a actuar, desde el consentimiento, el desistimiento y el reconocimiento, porque ponerme ante el rostro del otro es ponerme ante lo divino.

Eso es la fe en último término, aprender a mirar en la misma dirección que mira Dios, a compartir su ángulo óptico, su perspectiva; de tal forma que terminemos viendo lo que Él ve, y por tanto surge una respuesta en forma de entrega, de servicio a los hermanos; sí fue Él, el Dios Trino, quién tomó la iniciativa y por eso nos sentimos llamados a ir más allá de lo que nuestras propias capacidades nos dan a entender que podemos hacer/ser/estar, siempre hay un más, y cuando miramos hacia atrás no comprendemos cómo ha sido posible poderlo realizar, aún así, seguimos caminando, confiando en la esperanza última que dinamiza nuestra vida hacia aquello que es prometido; esa esperanza es la que posibilita el sostenernos en la dirección y sentido de la realización de la existencia.

Sí, a partir de una experiencia que parece pasa inadvertida, Dios se hace presente, llega a nosotros como luz que ilumina nuestro interior, nuestro anhelo de salida, nuestra capacidad de ver la realidad y nos lleva más allá de lo que somos, hasta el ¡hágase en mí!.


Norka C. Risso Espinoza

domingo, 27 de diciembre de 2009

María en el Misterio de Cristo



La vida de María se resume en un ‘Sí’ a los planes salvíficos de Dios. De este modo “se consagró totalmente como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo”, “cooperó a la salvación de los hombres (LG 56) y estuvo unida al Hijo en la obra de la salvación desde el momento de la Concepción virginal de Cristo hasta su muerte” (LG 57)

Cada momento de la vida de la Virgen es como epifanía, manifestación, cercanía y comunicación del misterio de Cristo en nuestras circunstancias humanas. Por medio de su ‘Sí’ en fidelidad, se hace transparencia e instrumento de Cristo en la visitación a Isabel y en la santificación del Precursor, en la manifestación a los Pastores y a los Magos, en la Presentación en el Templo de Jerusalén.

Su fidelidad a Cristo contribuyó a suscitar la fe de los primeros discípulos (Jn. 19, 25ss), y cooperó en la preparación para recibir las gracias del Espíritu Santo el día de Pentecostés. (Hch. 1, 14).

“La Virgen fue en su vida ejemplo de aquel amor maternal con que es necesario que estén animados todos aquellos que, en la misión apostólica de la Iglesia, cooperan a la regeneración de los hombres” (LG 65).


Norka C. Risso Espinoza

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Cristo, a través de la Iglesia, en el mundo sanitario

En la Revista Juan Ciudad (Nº 537 - Nov 09) han publicado este artículo que escribí hace algún tiempo, y del cual ya había dado aquí algunas pistas:

Se parte ‘de’ y se ama ‘al’ hombre y al mundo sanitario de hoy como son; creo que esta es la premisa para realizar un verdadero trabajo de Pastoral de la Salud, donde debemos dar el paso para encontrarnos con el rostro de Dios encarnado en muchas historias de dolor, sufrimiento, soledad, exclusión,… donde una y otra vez hay que elegir entre permanecer o marcharnos, entre la vida o la muerte; ya que la relación con Dios es estar constantemente en peregrinación para adentrarnos verdaderamente en la maleza de lo humano. Dentro del mundo sanitario, debemos tener pasión por aquello que otros no quieren, pobreza, vejez, discapacidad, enfermedad; pero, también por la familia, por los compañeros de trabajo; por el deseo de amar y compartir, de transmitir sensaciones de conectar con el Espíritu; en definitiva, la Pastoral de la Salud debe comunicar el mensaje de salvación de Jesús, estando al servicio de la dignidad de la persona, se trata de una evangelización atenta a la urgencia de la justicia.

Para comunicar el mensaje de Jesús, tenemos tres referencias obligadas: Cristo (desde donde se es), la Iglesia (en donde se es), y el Mundo sanitario (para donde se es), por ello es importante que en la Pastoral de la Salud haya personas que tengan:

- Formación teológica: hay que ser capaz de dar razón de la fe (1Pe 3, 15). La fe es razonable. La acción pastoral de la Iglesia se convierte en transformadora del mundo desde las exigencias del Rei­no y es posibilidad de diálogo con quienes, desde otros presupues­tos, buscan un mundo y una sociedad transformados similarmente. No se trata sólo de evangelizar a personas, sino de iluminar con la fe los problemas del mundo de la salud.

- Formación antropológica: hay que llevar un mensaje encarnado a cada situación, comprender el mundo de la salud en el que viven nuestros hombres y mujeres de este tiempo, sus sufrimientos, sus miedos, sus bloqueos, sus heridas, sus dudas, sus preguntas,… como hizo Jesús con los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35); es importante caminar por las sendas que el Concilio Vaticano II abrió: las del diálogo y la renovación, la de la puesta al día constante de la Iglesia para llevar la salvación a los hombres y la de la escucha atenta de los nuevos signos de los tiempos a través de los cuales Dios sigue manifestán­dose.

- Formación pedagógica: el hacer también es importante, el arte de estar en la cabecera de la cama de un enfermo, de dar una caricia, de acoger; el arte de dar catequesis, de llevar grupos de reflexión, de religión,…. Todo es importante porque nos lleva a hacer experiencia de oración, de acercarnos a la Palabra de Dios, de celebrar los sacramentos,… de animar al seguimiento de Jesús, hasta decir ‘Maestro, enséñanos a orar’ (Lc 11, 1). No consiste en repetir en todos los lugares y de la misma forma cada acción, sino en acomodarlas y expresarlas en un lenguaje asequible a las personas que acompañamos.

- Formación espiritual: sería como todo el tono evangélico que envuelve al Agente de Pastoral (o al que acompaña); ser, estar y hacer, desde el encuentro con el Espíritu, dejarnos tocar y guiar. Hay que nadar por las aguas de la vida interior, porque ‘quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará’ (Mt 16, 25). Somos creyentes delante de los otros para que encuentren su propia respuesta; y ser creyentes dando testimonio de vida sin actitud farisaica, sino con confianza íntima en el amor misericordioso de Jesucristo.

En definitiva, puesto que la vida humana no es un hecho meramente biológico, sino que el componente trascendental es imprescindible para que cada persona alcance lo que llamamos calidad de vida, la Iglesia debe ser, desde la Pastoral de la Salud, ‘servidora y sacramento’ de la humanidad; es decir, experta en humanismo, en cuyo interior debe darse una mediación privilegiada, en comunión intratrinitaria, por los preferidos del Señor; se trata de hacer, dentro del mundo sanitario, un hueco al otro (enfermo, anciano, discapacitado, sin techo,…), querer acoger y recibir su presencia, su palabra y sentimientos, junto con sus necesidades y recursos, escuchar y percibir sus gestos, despertar nuestro ser entero ante el suyo. Abrir el espacio cerrado que somos cuando nos centramos totalmente en nuestras cosas, se tiene que acallar nuestra voz interior para que resuene la palabra del otro, siendo conscientes que este otro saca también del acompañante lo ‘peor’, los miedos, las inseguridades, las dudas,…

Finalmente, decir que el objeto de la Pastoral consistiría en llevar, en el mundo de la sanidad, a los hombres y mujeres de nuestro tiempo la revelación de Dios, de modo que sea comprensible para ellos, que toque los corazones y emocione, de forma que encuentren en ello su salvación, teniendo siempre presente que, como nos dijo Juan Pablo II, la doctrina cristiana se propone, pero no se impone; y que nuestra vida cristiana está presidida por el amor desinteresado y misericordioso de Dios, y este amor es el motor de la vida.


Norka C. Risso Espinoza