jueves, 13 de abril de 2017

En clave de #Hospitalidad: Viernes Santo

1ª lectura:      Isaías 52,13-53,12
«El fue traspasado por nuestras rebeliones»
Salmo:            «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu»
2ª lectura:     Hebreos 4,14-16;5,7-9
«Experimentó la obediencia, y se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen»
Evangelio:     Juan 18,1-19,42

«Pasión de nuestro Señor Jesucristo»


Parece que todo ha terminado, allí está Jesús, crucificado entre dos malhechores, y abandonado por todos, incluso por sus amigos. 
Este es el estilo de Dios, siempre está, sufriendo en/por/con los demás, siempre está allí, presente, y sobre todo en los peores momentos de la vida del ser humano, haciendo suyo los dolores de toda la humanidad. En esta cruz muere Jesús y con él todas las víctimas de la humanidad.
Pero en esta muerte no está el final, aún queda espacio para la confianza, sí, aún hay espacio para confiar en el amor de un Dios lleno de misericordia.


miércoles, 12 de abril de 2017

En clave de #Hospitalidad: Jueves Santo

1ª lectura:      Éxodo 12,1-8.11-14
«Prescripciones sobre la cena pascual»
Salmo:            «El cáliz de la bendición es la comunión con la sangre de Cristo»
2ª lectura:     1 Corintios 11,23-26
«Cada vez que coméis del pan y bebéis de la copa, proclamáis la muerte del Señor»
Evangelio:     Juan13,1-15
«Los amó hasta el extremo»
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Llegó a Simón Pedro y éste le dice: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?» Jesús le replicó: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»  Pedro le dice: «No me lavarás los pies jamás.»  Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo.» Simón Pedro le dice: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.» Jesús le dice: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.» Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios». Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "El Maestro" y "El Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»



sábado, 8 de abril de 2017

En clave de #Hospitalidad: Domingo de Ramos

LA PROCESIÓN
Evangelio:     Mateo 21,1-11
«Bendito el que viene en nombre del Señor»
Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó dos discípulos, diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente, encontraréis en seguida una borrica atada con su pollino, desatadlos y traédmelos. Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto.» Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta: «Decid a la hija de Sión: Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila». Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos y Jesús se montó. La multitud extendió sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba: «¡Viva el Hijo de David!» «¡Bendito el que viene en nombre del Señor!» «¡Viva el Altísimo!» Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada: «¿Quién es éste?» La gente que venía con él decía: «Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea.»

MISA DE LA PASIÓN
1ª lectura:      Isaías 50,4-7
«No oculté el rostro a insultos; y sé que no quedaré avergonzado»
Salmo:            «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
2ª lectura:     Filipenses 2,6-11
«Se rebajó a sí mismo; por eso Dios lo levantó sobre todo»
Evangelio:     Mateo 26,14-27,66
«Pasión de nuestro Señor Jesucristo»




En clave de #Hospitalidad: Semana Santa

La nueva imagen del Retablo de la Hospitalidad quiere simbolizar toda la semana santa, intentando dar prioridad al jueves santo, día del amor fraterno, día del servicio, pero teniendo en mente la perspectiva de la cruz y la resurrección.
En eso consiste la hospitalidad en vivir cada día, de la semana santa, extrapolándolo a nuestra vida. En nuestra vida pasamos por momentos de alabanza, de servicio, de entrega y de resurrección.
La Semana Santa es la conmemoración anual cristiana de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. Da comienzo el Domingo de Ramos y finaliza el Domingo de Resurrección.
Los días más importantes de la Semana Santa son los formados por el llamado Triduo Pascual: La introducción al Triduo (el Jueves Santo y el Viernes Santo), en el que se conmemora la muerte de Cristo; Sábado Santo, en el que se conmemora a Cristo en el sepulcro, y el Domingo de Pascua de la Resurrección.

El Triduo Pascual se conforma de la siguiente manera:
DÍA
SIGNO
CELEBRAMOS
RITO
JUEVES
La cena (proemio)
Pascua ritual
In Cena Domine
VIERNES
La cruz
Inmolación de Cristo
Celebración de la pasión
SÁBADO
El sepulcro
Reposo de Cristo
Oficio de lectura
DOMINGO
Sepulcro vacío
Resurrección de Cristo
Vigilia pascual

En esta ocasión, en nuestro grupos vamos a continuar trabajando con la #hospitalidad, a través de cortas oraciones y reflexiones que nos ayuden a vivir estos días.


Traeremos para vosotros unos carteles que nos pueden iluminar y las oraciones las podemos compartir con el exterior a través del twitter (evangelización ad-intra y ad-extra).

Para acceder a la dinámica para la semana santa:





domingo, 2 de abril de 2017

Semillas de Hospitalidad y Humanización

Vamos a sembrar “Semillas de Hospitalidad y Humanización desde Bioética” a través de carteles con frases que nos hagan reflexionar sobre nuestra asistencia diaria. 


En esta ocasión la frase que hemos elegido es “Nuestra CAPACIDAD para cuidar supone CALIDAD DE VIDA para el enfermo” ¿Qué te sugiere?

sábado, 1 de abril de 2017

En clave de #Hospitalidad: Reflexión para el Domingo V de Cuaresma

1ª lectura:      Ezequiel 37,12-14
«Os infundiré mi espíritu y viviréis»
Salmo:            «Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa»
2ª lectura:     Romanos 8,8-11
«El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros»
Evangelio:     Juan 11,1-45
«Yo soy la resurrección y la vida»
En aquel tiempo, [un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera: el enfermo era su hermano Lázaro.] Las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús diciendo: «Señor, tu amigo está enfermo.» Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.» Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba. Sólo entonces dijo a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea.»
[Los discípulos le replican: «Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?» Jesús contestó: «¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz.» Dicho esto añadió: «Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo.» Entonces le dijeron sus discípulos: «Señor, si duerme, se salvará.» Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.» Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: «Vamos también nosotros, y muramos con él.»]
Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. [Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano.] Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.» Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.» Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.» Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.» [Y dicho esto fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: «El Maestro está ahí, y te llama.» Apenas lo oyó, se levantó y salió a donde estaba él: porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.»] Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y, muy conmovido, preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado? Le contestaron: «Señor, ven a verlo.» Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Como lo quería!» Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?» Jesús, sollozando de nuevo, llegó a la tumba. [Era una cavidad cubierta con una losa.] Dijo Jesús: «Quitad la losa.» Marta, la hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días.» Jesús le replicó: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?» Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.»

Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, ven afuera.» El muerto salió, los pies y las manos atadas con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar.» Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Compartimos dos carteles para la oración-reflexión:





sábado, 25 de marzo de 2017

En clave de #Hospitalidad: Reflexión para el Domingo IV de Cuaresma

1ª lectura:      1 Samuel 16,1b.6-7.10-13a
«David es ungido rey de Israel»
Salmo:            «El Señor es mi pastor, nada me falta»
2ª lectura:     Efesios 5,8-14
«Levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz»
Evangelio:     Juan 9,1-41
«Fue, se lavó, y volvió con vista»
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. [Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego?» Jesús contestó: «Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.» Dicho esto,] escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé» (que significa Enviado). Él fue, se lavó, y volvió con vista.
Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?» Unos decían: «El mismo.» Otros decían: «No es él, pero se le parece.» Él respondía: «Soy yo.» [Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto los ojos?» Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver.» Le preguntaron: «¿Dónde está él?» Contestó: «No sé.»]
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. [Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos.] También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo.» Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?» Él contestó: «Que es un profeta.» [Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?» Sus padres contestaron: «Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse.» Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.»
Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: «Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.» Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.» Le preguntan de nuevo: «¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?» Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?» Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.» Replicó él: «Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.»] Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron.
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del Hombre?» Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.» Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él. [Dijo Jesús: «Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos.» Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?» Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.»]

Compartimos dos carteles para la oración-reflexión: